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   Colaboración

La actualización del psicoanálisis y la neurobiología
  Por Sergio  Rodríguez
   
 
Recibí un mail de una estimada colega del movimiento psicoanalítico en el que, entre otras cosas me decía: “Te comento algo respecto a tu artículo de acercamiento a las neuro. Me parece que ellos no están muy interesados pero tal vez es un prejuicio mío. Respecto al autismo me parece que queda des-responsabilizado el Otro materno, a quien el niño rechaza probablemente como respuesta a un rechazo mayor. Tal vez es un poco simplista pensar esto pero sigo priorizando lo que le viene del Otro y no de las neuronas.”

Con gran honestidad, la colega sospecha que puede estar cayendo en simplificaciones, y tiene razón en dicha sospecha. Simplifica, cuando cae en la disyunción entre priorizar lo que viene del Otro, al subordinarle lo que “viene” de las neuronas. Lo que hay, es un circuito de retroalimentación permanente entre ambas estructuras.
No son, la una, sin la otra.
Lo nuevo es que con los descubrimientos de muchos neurobiólogos entre los que a mi entender se destacan, Eric Kandel y Antonio Damasio, se abren condiciones para que prácticas terapéuticas diversas, operen sinérgicamente sobre ambas estructuras.

La actualización en neurobiología, puede facilitarnos a los psicoanalistas a entender cómo, la complejidad de letras y significantes1, se encarna en unidades formadas por átomos, moléculas, desplazamientos eléctricos de bajo voltaje, células, circuitos neurales. Aquella complejidad deducida entre Freud, Saussure y Lacan, puede facilitarles a los neurobiólogos diseñar próximas rutas de investigación. Acompañados por brújulas aportables por los psicoanalistas, extraídas de nuestra práctica clínica con neuróticos graves, psicóticos, autistas y oligofrénicos devenidos de causas diversas. Se abre un horizonte enorme de posibilidades de manipular incidencias genéticas con objetivos terapéuticos y utilización de fármacos, en combinación con el psicoanálisis, otras prácticas psicoterapéuticas y corporales. Se abren nuevas y enormes condiciones de posibilidad para curas que hasta ahora resultan sumamente dificultosas, cuando no imposibles. La incidencia de genes y sus mutaciones, en relación con los “marcadores somáticos”2, nos muestran bases cerebrales y corporales en las que se soportan las realizaciones subjetivas del homo eroticus-sapiens-faber3.

Genéticamente, nada está definido para cumplir una determinada función. Heredamos disposiciones, no definiciones, para cubrir funciones según las exigencias provenientes del medio ambiente. Esto ocurre en virtud de la maleabilidad y capacidad de cambio inherente a las neuronas y sus conexiones. En estas cualidades se condensan los subversivos descubrimientos de las neurobiologías en las últimas décadas y principalmente en la última.
Sobre esa capacidad se apoyan y operan: lo real, lo simbólico, lo imaginario. Desde este trío inciden, centralmente, las funciones Madre y del Nombre del Padre, que condicionan a lo pulsional para que se vayan intrincando y afectando áreas corporales. O sea sobre el objeto “a” que somos cada uno de nosotros, atrapados en el centro del nudo4. Freud conjeturó ese tipo de funcionalidades y sus consiguientes consecuencias: las imaginó en las células ϕ como “facilitaciones de contacto” y “barreras de resistencia”5. Pueden observarse actualmente, con microfotografías y micro videos. Los psicoanalistas podemos proponer investigar la memoria de largo plazo, en función de experiencias, como las relativas a caracteres anales que tienen una memoria prodigiosa para reconocer antiguos aromas. También, que el asco a algunos olores es una adquisición en la historia de cada uno. Las conexiones entre neuronas se arborizan buscando contactar diversas espículas6 al servicio de determinada función, lo que logran a través de una multiplicidad de conexiones. Se llama “sinaptogénesis” a estos procesos. A lo largo de la vida, hay génesis, evolución y destrucción de conexiones. Este descubrimiento fundamental sustrae la discusión sobre la capacidad o incapacidad de reproducción de neuronas. La dotación multimillonaria inicial hace innecesaria una producción mayor. Nacemos con unas cien mil millones de neuronas. De esas neuronas una tasa pequeña, dependiendo de noxas y afrentas de la vida, se perderán. Pero sobre el final de la gestación y hasta los dos años de vida, se produce una altísima tasa de muerte neuronal. Se dio en llamar apoptosis a este proceso, genéticamente programado. En el autismo hay una superpoblación de neuronas, lo que lleva a suponer que la apoptosis no se efectivizó plenamente. ¿Dicha poda, servirá para reducir conexiones y facilitar la recepción del medio ambiente?

El neurocognitivismo explica, desde este punto de vista, la amnesia infantil. La piensa, por pérdida de conexiones redundantes con lo que reducen la cuestión, exclusivamente a lo biológico. Yo creo importante distinguir la amnesia de los tiempos de represión primaria por no disposición de un mínimo manejo de lengua y lenguaje en el momento de los acontecimientos, de la represión secundaria. En aquellos, hubo ausencia radical de gramática, sintaxis, y enorme pobreza semántica. Escenas de esos tiempos resultan de imposible relato al afectado. He conocido experiencias de sueños traumáticos en los que sólo se escuchaban explosiones y tableteos. Sólo después pudieron ser discernidas por el soñante, cuando fue anoticiado sobre el bombardeo y ametrallamiento que habían sufrido sus padres y la casa cuando él era bebé. Hipotetizo: los sueños traumáticos, le reproducían imágenes auditivas y cenestésicas anidadas en una red de espículas y sostenían con su recurrencia, una memoria de largo plazo asentada en ellas y a la vez que realimentándolas.

Otro hallazgo de los neurobiólogos es el de pruning (poda) dendrítica. Hay un pruning temprano, y otro que ocurre en la pubertad y adolescencia. En este período, las modificaciones hormonales y desarrollos corporales reconfiguran también el sistema nervioso. Comienzan nuevos funcionamientos cerebrales. Es cuando los genitales se desarrollan a la forma y nivel adulta. “Reseteo” en el que representaciones muy consolidadas se reconfiguran, a partir de nuevas experiencias de socialización y sexualidad. Me parece importante subrayar, no sólo la coincidencia con el descubrimiento freudiano, sino también el valor que toman las transformaciones anátomo histo fisiológicas de esta edad, como sustento exigente desde la biología y lo real. O sea, desde lo material, y desde lo radicalmente no sabido, por esos púberes y adolescentes sobre su cuerpo que los sorprende, y los exige a simbolizar e imaginar diferente, a como lo hacían en su vida previa.
La génesis, involución y hasta destrucción de espículas dendríticas, ¿será el apoyo en la materialidad del cerebro para procesar las capacidades inventivas de la materialidad del significante? Mientras las letras y los significantes son el alma que la cultura nos trasmite, la sinaptogénesis es la materia sobre la que trabaja dicha alma para sostener al hablante en sus movimientos de invención, de metáfora, que lo van subjetivando. Si el no uso de la memoria trae pruning de espículas, creo que el invento y la metáfora, estimulan sinaptogénesis. El resultado final, de la asociación entre nuestra batería significante y el terreno sobre el que se depositó y la laboró, habrá resultado en la invención, la metáfora generadora de nuevas referencias.

Tengamos presente que la diferencia que torna “radicalmente” distintos a los seres humanos de cualquier otra especie animal es la metáfora, y una de sus consecuencias: la capacidad de invención. Ninguna otra especie animal es capaz de inventar. Sí de aprender. De ahí el error de los neurocognitivistas de practicar técnicas basadas esencialmente en el aprendizaje y no, como hacemos los psicoanalistas en el análisis del discurso en su relación con la sexualidad historiada, para develar el atravesamiento de la barra de la represión por la metáfora, momento puntual y exquisito de subjetivación, de emergencia del sujeto del Inconsciente para reconstruir y poner en cuestión creencias fantasmáticas que mal gobernaron la vida del paciente. El concepto de Lacan sobre la letra, como el soporte material que el discurso toma del lenguaje y que funciona como litoral entre lo real y lo simbólico, desborda a las letras de los abecedarios, hacia gesticulaciones, palabras y hasta frases, actos, prosodias, etc. Son previas a significantes y productoras de ellos. Es lo único primario, y litoral, de los agujeros en el saber. E invocan al goce en la invención, lo que suele comportar cierta angustia, en tanto lo no sabido pre-existente muerde desde lo real a lo imaginario convocando a nuevas simbolizaciones.

Insisto: la metáfora y la invención, son las únicas capacidades que distinguen radicalmente a la especie humana, para bien y para mal, del resto de las especies animales. Lo que nos aportan los neurobiólogos es cómo esas cualidades específicamente humanas se van encarnando, también para bien y para mal, en el complejo perceptual, neuronal, corporal, para reactuar desde ahí, sobre los vínculos sociales y la cultura.
La colega que cité al inicio, está atrapada en disyunciones y reducciones a razones “en última instancia” típicas no de Marx, pero sí de la vulgarización del marxismo. Y no de Lacan y sí de algunos vulgarizadores de Lacan. Ambos teóricos se apoyaron siempre, contrariamente a la simplificación reconocida por la colega, en el concepto de Freud sobre la sobredeterminación de sueños, síntomas, actos fallidos y demás formaciones del Inconsciente.

Nota: Este artículo integra aportes de Gabriel Brarda, Fernando Alvarez, Laura Lueiro, Silvia Sisto, Carlos Názara, Eva Cristóbal, Alejandro del Carril, Miguel Calvano, Cristina Oyarzabal, y los alumnos del Seminario: “Cruces entre Psicoanálisis y Neurociencias”.
______________
1. Con los sentidos con que Lacan los redefine para el psicoanálisis, a partir de su Lingüistería (“Encore” 1972).
2. Concepto acuñado por Antonio Damasio. Ver su libro: El error de Descartes.
3. Frase mía, para definir los tres vectores principales que constituyen a cada miembro de la especie humana.
4. Ver: Lacan, “La Tercera de Roma”.
5. “Proyecto de Psicología para Neurólogos” y “Pizarra Mágica”.
6. Brotes micrométricos de las dendritas neuronales.
 
 
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