Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Nuevas tribus urbanas

Las cyber tribus
  Por Clelia  Conde
   
 
Al tratar temas de actualidad siempre se sufre el temor a carecer de perspectiva: o se corre con la desventaja de la precipitación por la falta de la dimensión del tiempo o se cae en la falsa ventaja del oportunismo. Parece ser más difícil leer lo que recién se está escribiendo. Sin embargo algo lleva a la tentación de buscarle una lógica a los fenómenos sociales, como son por ejemplo las tribus urbanas. A veces por el simple hecho de mostrar que el psicoanálisis no es una práctica tan privada, tan individual como se pretende, que es una práctica atravesada por el discurso de su época. A veces por esa necesidad de aire fresco, de buscar otros horizontes que los que marca el círculo de la clínica, pero, más profundamente, creo, porque el psicoanalista es un lector del síntoma de su época y no puede sustraerse a ello. Los psicoanalistas, en fin, hacemos una práctica de comprender que lo que parece obvio no es tan obvio y que lo obvio dista mucho de ser simple.
Respecto de la aparición, bastante mediática, de las tribus urbanas, se han producido debates y cantidad de textos explicativos. Estos textos rondan apreciaciones de índole antropológica señalando que estas formas de lazo social se producen fundamentalmente como reacción generacional a la cultura adultocéntrica.

No podría negar que se trate de un movimiento con características de subversión generacional, sin embargo me parece altamente llamativo que llamemos a la época de los lifting, los botox, la búsqueda de bebés a edades avanzadas, el enaltecimiento del estilo Dorian Gray, una época adultocéntrica. Los que atendemos niños escuchamos en la consulta padres culpabililizados hasta niveles insostenibles por sus hijos. El niño es un objeto de consumo, de compra, de venta y generador de un mercado inmenso y abigarrado de productos. Los jóvenes responden a un target alto de consumo per cápita, dan lugar a inversiones de capitales inmensos y hay un movimiento económico expandido de objetos, lugares y actividades sólo para jóvenes. La adultez tiene una prensa pésima en el discurso capitalista. El adulto es prácticamente una categoría perdida entre el enaltecimiento de la juventud y la amenaza patética de la vejez.
Sólo podría entender estos fenómenos entonces como una reacción al lugar privilegiado que tienen en la sociedad. Como forma de decir “no” respecto al lugar fálico que el capitalismo les otorga.

Pero, ¿se trata en el caso de las tribus urbanas de un “rechazo”, de un decir “no”? Tal vez lo sea de una manera especial que implicaría llevar al extremo, exorcizar por la vía de demostrarlo hasta la exasperación ese deseo de “eterna juventud”, de vida eterna en la imagen perfecta. Vemos justamente que estas tribus se caracterizan por un control casi obsesivo por la imagen que, sea más estética o no según los gustos, debe responder a un patrón que no deja resquicio. No hay posibilidad de confundir jamás una tribu con otra, tan calculada está, desde lo formal, su apariencia.

Con cierta aprehensión a parecer anticuada o moralista podría decir que es llamativo el poco discurso que producen estos movimientos. Se pueden deducir algunos principios muy básicos de declaraciones y slogans aislados: del lado de los emos, un “nada vale, todo es igual”, con un estilo melancólico y del lado de los floggers un todo de la alegría con los colores y lo simple. Se trata claramente de la lógica bifásica del Todo-Nada que define el discurso de la segregación.
Pero, en suma, a falta de argumentaciones propias sobre su ideología, las que se generan a su alrededor parecen coincidir en el punto de la necesidad de trasgresión. La trasgresión es una especie de Joker omniexplicativo y tiene una tendencia a ser reivindicativo de las acciones más que a comprenderlas por dentro. Desde “Kant con Sade” sabemos que el Bien ordena el Mal y que la conciencia moral tiene su lado oscuro en el sadismo. No hay trasgresión en el sentido de un “más allá de”, porque la trasgresión misma es el borde de un discurso. Toda trasgresión fracasa en la medida en que supone el orden que pretende alterar. La explicación de estos fenómenos por vía de la trasgresión es una posición débil, justamente porque los episodios de enfrentamiento que se producen entre ambas tribus, de un orden meramente especular, no producen ningún otro efecto social más que la violencia. Una violencia sin un cariz de corte sino como acumulación entrópica de agresividad. No se verifica hasta ahora que lo producido por las tribus tenga alguna consecuencia sobre el lazo social, como efecto de crítica o denuncia.

Por otra parte, en las tribus de las que tenemos experiencia, distantes de por ejemplo las “maras” de otras partes de Latinoamérica, no se proponen nuevas formas de filiación, ni economías alternativas, ni un código de lealtad o de intercambio específico.

En el caso de las tribus urbanas los autores que se han dedicado al tema hacen especial mención a la cuestión de cómo trasgredir cuando ya ninguna trasgresión es posible. Vuelvo sobre el punto. Tal vez hoy día sea más claro que nunca que ninguna trasgresión sea posible, pero es de la lógica intrínseca de la trasgresión su fracaso.
Entonces me pregunto y me induzco a pensar alguna cosa que pudiera servir no para eliminar un problema o para incorporarlo, sino para ese loco objetivo que significa pensar lo que pasa. Sin ninguna idea moral, sin objetivos por fuera del pensar mismo.

Quizás debiéramos volver a las bases y preguntarnos: ¿qué es una tribu, para qué surge? Aunque esta tribu sea más cibernética que real proponerse no soltar de las manos “Tótem y Tabú”, y con eso ir lo que se pueda para adelante.
Antes de la instauración de la comunidad, ese lazo por el que se supone que sobrellevamos nuestras diferencias a favor de un bien común, nos es necesario identificarnos, ser un Uno. Si no fuéramos ese uno, el sacrificio necesario de nuestra parcialidad para llevar a cabo la pertenencia a lo común sería un mero engaño.
Freud nos enseña que las identificaciones las hacemos con insignias, con restos, construimos una identidad que es un patchwork de lo recibido. Cada generación toma entonces esos restos “vistos y oídos” y construye una clase de pertenencia. Clase que no es todavía un conjunto, que aún no incluye el lugar vacío de la ley.

Esta generación es la generación del diseño, los restos de la cultura son las imágenes que inundan su mundo. Y han construido las tribus con esos restos de imágenes: las del hippismo, las del punk, las del rock pesado, las del flower power, rediseñandolas como en un collage. Si hubiese alguna trasgresión posible, entendida como un decir no, es la invención: la construcción de lo nuevo con los restos de lo viejo. Lo que técnicamente llamaríamos una sublimación.
Cuando Masotta escribe sobre el pop-art dice que los cuadros de Warhol o Lichtenstein no informan ya sobre la realidad, sino que dicen sobre la realidad preexistente, representan lo ya representado. A diferencia de lo que reproducía un cuadro de Botticelli –la realidad–, el pop-art trabajaba en forma de collage el discurso preexistente, pero su discurso pre existente eran también imágenes plásticas.
Las cyber tribus también tienen como su rasgo diferencial, no trabajar con lo que la realidad ya perdida trae, sino con las imágenes de las imágenes de esa realidad. Su collage a veces puede resultar pobre, pero como toda máscara, sea quizá la reducción a lo mínimo de las miles de millones de imágenes en las que ha crecido esta generación.

Su discurso se desarrolla en el terreno cibernético porque de allí provienen esas imágenes recibidas, la “vida en fotos”, fotos constantemente cambiantes, tan actuales que hasta pierden su dimensión testimonial. Se fotografía uno mismo hace un minuto, hace dos. Tal vez, entonces, su aporte generacional sea mostrar, exacerbadamente, qué tiempo es el tiempo actual, de una instantaneidad de semejante magnitud que parece, incluso, pasado.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 192 | octubre 2015 | Enredados 
» Imago Agenda Nº 122 | agosto 2008 | La búsqueda  

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com