Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Nuevas tribus urbanas

Las tribus urbanas un síntoma de nuestra cultura
  Por Enrique Carpintero
   
 
Si nos detenemos en las escalinatas del shopping Abasto podemos observar a jóvenes vestidos en forma llamativa que se dan a sí mismos diferentes denominaciones. Los emos se distinguen por estar de negro maquillados de color fucsia con un ojo tapado por el flequillo. Las chicas de los góticos emulan el estilo victoriano con vestidos de encaje sobre un traje negro y con maquillaje gótico. Los floggers están con pantalones “chupines” y lentes de sol. Pero no son los únicos, también en el espacio urbano podemos encontrar a los punks, los skind, los rastras, los veganos (vegetarianos fundamentalistas), los metaleros, los cuarteteros, los otakus (fanáticos de los dibujos animados japoneses) y podríamos seguir con una larga lista. Se los conoce como tribus urbanas. Es un fenómeno mundial que toma rasgos y características de la cultura local.
Se calcula que entre el 20% y el 30% de los jóvenes adolescentes se identifican con las “tribus urbanas”. Si bien son grupos pequeños tienen una gran importancia en tanto producen una visibilidad que permite dar cuenta de algunas particularidades de la actualidad de nuestra cultura.

La cultura como espacio-soporte. Cuando Freud analiza el término “cultura” lo remite a un proceso al servicio del Eros que, a lo largo de la historia, fue uniendo a la humanidad toda. A este desarrollo se opone la pulsión de muerte que actúa en cada sujeto. De esta manera la cultura crea un espacio donde se desarrollan los intercambios libidinales. Este espacio ofrece la posibilidad de que los sujetos se encuentren en comunidades de intereses, en las cuales se establecen lazos afectivos y simbólicos que permiten dar cuenta de los conflictos que se producen. Allí el desarrollo de las posibilidades creativas genera la capacidad de sublimación de las pulsiones sexuales y el desplazamiento de la violencia destructiva y autodestructiva. Es así como este espacio se convierte en soporte de los efectos de la pulsión de muerte.
En la actualidad las características principales de nuestra sociedad son conocidas: vínculo social basado en la competencia de todos contra todos, mercantilización de las relaciones sociales, precariedad de los puestos de trabajo, privatización del espacio público. En definitiva: máximo rendimiento para una minoría, endeudamiento para la mayoría de la población.
De esta manera la cultura no puede crear lo que denominamos un “espacio-soporte” generando una comunidad destructiva. Una comunidad donde la afirmación de uno implica la destrucción del otro. Esta ruptura del lazo social tiene como consecuencia el vaciamiento de la subjetividad y los procesos de desidentificación. Su escenario fundamental es el espacio urbano.
En otro texto decíamos que la palabra “urbanidad” tiene dos acepciones. La primera designa el gobierno de una ciudad y data del siglo XIV. La segunda se refiere a las cualidades del hombre y la mujer de la ciudad, es la que designa la cortesía y la afabilidad natural de usanzas mundanas. Si el primer sentido del término, la urbanidad como gobierno de una ciudad, desapareció hace mucho tiempo, el segundo se transformó en su contrario. Hoy podríamos decir que en el capitalismo mundializado, urbanidad significa entre otras cosas individualismo, violencia y aislamiento.
Es que la ciudad, quizás, debido a la gran concentración de sus habitantes, también reúne las múltiples manifestaciones de la crisis de nuestra cultura, y muestra espacialmente lo que se inscribe en la subjetividad de aquellos que la habitan.
Es esta ciudad la que ha generado las tribus urbanas.

De los primeros hippies a los floggers. La necesidad de agruparse es propia de los adolescentes ya que en el grupo encuentran un lugar identificatorio que les permite sostener sus angustias y ansiedades. Si en otras épocas eran grupos ligados a espacios territoriales que les otorgaban pertenencia y cohesión (el club, la esquina del barrio) hoy no están localizados en algún sector de la ciudad. Su espacio se ha ampliado construyendo un escenario virtual que ha potenciado su visión del mundo y sus rituales de pertenencia.
La juventud, como concepto sociológico, comienza a ser estudiado en la década de los ’60. Al participar en los conflictos sociales y políticos generan una subcultura que trasciende las fronteras nacionales. Sus valores son contrahegemónicos de los patrones dominantes otorgándole un valor crítico a la racionalidad consumista. Un ejemplo son los hippies que surgen a partir del movimiento pacifista en EEUU que se opone a la guerra de Vietnam.
En las décadas de los ’80 y los ’90 el neoliberalismo afianza el proceso de mundialización capitalista. Su resultado es una desarticulación de los proyectos colectivos y una crisis de las identidades individuales y sociales que se experimenta en el descalabro de los valores cuya expresión es la desintegración de los espacios comunitarios. En este período los jóvenes crean nuevas formas de agruparse que comienzan a denominarse tribus urbanas.

Este concepto fue concebido en 1990 por Michael Maffesoli y se ha difundido en los medios de comunicación hasta transformarse en un estereotipo social. Se lo presenta en los medios como un “combo” de identidad social para jóvenes “raros” que se caracterizan por el desinterés de todo compromiso social y político. Sus múltiples significados permiten que sea usado a la vez como marca periodística, apelativo estigmatizador y concepto académico.
La mayoría de los autores que estudiaron sus características sostienen que las tribus urbanas están compuestas por jóvenes adolescentes que se mueven de acuerdo con las particularidades de la ideología de una subcultura que se origina y desarrolla en una ciudad. Son jóvenes que se visten parecidos con un tipo de ropa que no es la que se compra en los negocios. El lenguaje tiene términos y vocablos producidos a partir de sus propias experiencias. El cuerpo tiene las marcas, a través de los tatuajes, los piercing y los perfumes, que identifican su pertenencia. La música que escuchan es un elemento central para cohesionar al grupo. Ésta funciona como el vehículo cultural mediante el que se transmiten valores y creencias propios. Podríamos decir que en las letras de las canciones que escuchan vamos a encontrar la ética particular que sostiene a cada grupo.

De esta manera delimitan un espacio subjetivo donde los rituales, los juegos y los códigos propios proveen de símbolos y máscaras que reafirman la pertenencia grupal. Se los puede entender como comunidades emocionales donde los jóvenes adquieren una identidad y comparten experiencias afectivas y sensoriales en las que se pone en juego lo corporal, lo visual, la imagen, lo auditivo, lo táctil.
Cada grupo tiene un componente ideológico o un sistema de creencias particular. Algunas tribus han desarrollado sistemas ideológicos más profundos que otras, pero todas participan de una visión del mundo que las define y que condiciona su manera de estar en el mundo. Muchas tribus conservan el aspecto propio de las pandillas, y definen también a otras tribus como enemigas. Otras mantienen una alianza con los medios de comunicación, como los floggers. Esta es una tribu que se relaciona a través de las comunidades de fotolog. Su líder llamada Cumbio es una figura conocida en los medios lo que llevo a que una importante editorial publicara un libro contando su experiencia. La cantidad de usuarios del link en Youtube de Cumbio provocó el interés del presidente de Fotolog Internacional que viajó a la Argentina para participar en reuniones del grupo.

El concepto de habitus desarrollado por Pierre Bourdieu define el funcionamiento de las tribus urbanas: “Solo los agentes del habitus, generador de prácticas y representaciones, poseen el código interpretativo inmediato de la información que allí circula. Información que no se encuentra al alcance con la misma inmediatez de quienes no participan de sus códigos”. El habitus para ser comprendido debe ser entendido como prácticas de los sujetos que tienen una cara objetiva (estructura social) y otra cara subjetiva (emociones, aspiraciones, gustos). Se puede decir que tanto interioriza lo externo como que, a la inversa, exterioriza lo interior.
De esta manera las tribus urbanas, con las características propias de cada grupo, son una respuesta a la ruptura de los lazos sociales al generar un espacio-soporte de la emergencia de lo pulsional fortaleciendo al joven en el interior del grupo. Este espacio, en tanto interior-exterior, lo contiene emocionalmente y le permite escapar de la soledad a través de la autoafirmación de su subjetividad que parte de la apropiación de la ciudad como espacio simbólico donde constituye su identidad. De allí su fuerza pero también su fragilidad.

Las tribus urbanas debemos entenderlas como un grupo de ruptura-integración de la cultura hegemónica basada en la creación de un subcultura donde lo que consumen forma parte de un estilo que le da una identidad que la diferencia del “común de la gente”. Sin embargo son un modelo de consumo definido por las leyes del mercado, de ahí lo efímero de su existencia y sus límites como identidad individual y social.
En la cultura actual el proceso de conformación identitario se vuelve más complejo en la medida que las sociedades se fragmentan y dividen. Es así como nos encontramos frente a una tensión aún no resuelta entre una subjetividad construida en la fragmentación y vulnerabilidad de las relaciones sociales y la búsqueda de nuevas formas de reagrupamiento; entre la disolución y la reconstrucción de las identidades individuales y colectivas.
En este sentido las tribus urbanas ponen en evidencia la tribalización del conjunto de la sociedad. De allí la necesidad de recuperar la identidad de género, generación y clase social que permita encontrar formas de solidaridad que generen comunidad.

Bibliografía
Bourdieu, Pierre, Campo de poder, campo intelectual, Montressor, Buenos Aires, 2002.
— — Cosas dichas, Gedisa, Barcelona, 1993
Carpintero, Enrique, La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud, Topía, Buenos Aires, 2007 (segunda edición corregida y aumentada)
— — “La identidad de la alegría de lo necesario”, Revista Topía, Nº 46, abril de 2006.
Freud, Sigmund, Más allá del principio de placer (1920), Amorrortu, O. C. Tomo XVIII, Buenos Aires, 1976.
— — El malestar en la cultura (1930), tomo XXI.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | 20 años de la revista Topía 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com