Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   La responsabilidad del paciente

Una paradoja ética: Responsabilidad y Transferencia
  Por Juan Dobón
   
 
El intervalo Psi-jurídico: derechos/responsabilidad. Este escrito se enmarca en un tiempo donde el concierto de discursos se encuentra atravesado por el pensamiento formalizado como discurso capitalista. Todo hecho de discurso, determina prácticas, estableciendo vínculos y lazos sociales. En el campo de la salud la relación médico-paciente se ve afectada por dicha cuestión. Aquí trataremos en particular otro lazo: el de transferencia que se establece entre analista-analizante y en qué forma éste difiere del anterior. Centraremos en la cuestión de la responsabilidad el punto de tensión y dificultad que se desprende de la extensión de la práctica psicoanalítica a los ámbitos institucionales.

El concepto responsabilidad del paciente es introducido y legislado bajo la égida de los derechos del hombre, en particular en el derecho a la salud. Sin embargo su extensión, y los modos de uso resultan a todas luces defensivos, ante la proliferación indiscriminada y mercantilista de juicios de mala praxis. No existe hospital universitario, privado o público, en Estados Unidos o en la Unión Europea que no cuente en la actualidad con un manual o códice de responsabilidades del paciente. En los años ’80 este fenómeno se extendió por América Latina a través de los estudios en Bioética, especialmente en el acápite de la Autonomía del Paciente, en donde la responsabilidad se valora siempre en cada caso particular, de acuerdo a la condición socioeconómica y cultural. Pero definitivamente este concepto se encuadra en lo que establece el discurso jurídico.

En cuanto al capítulo de sus derechos, se plantea en general, que como paciente, –usuario– o consumidor –nótense los términos empleados– debe recibir un cuidado respetuoso y de calidad, así como toda la información acerca del alcance y las consecuencias de su enfermedad y tratamiento. A que las decisiones sobre su cuidado médico se encuentren sujetas a un marco de privacidad y confidencialidad1.
Se incluye en estos apartados la idea de acatar las normas de la institución, hospital, etc., que conciernen a su cuidado; incluyendo la consideración y respeto por los derechos y la propiedad de otros pacientes.
Como puede leerse en esta somera introducción este criterio de responsabilidad propone un paciente conciente, ciudadano de derecho y siempre responsable a priori. Donde su implicación como “usuario” está dada por la comprensión o no, de las consecuencias de su acto. De este modo se le presuponen capacidades cognitivas, de inteligencia y de juicio siempre como sujeto conciente de sus acciones2. Dicha valoración de responsabilidad está centrada en los actos ante sí y terceros. Lo que trasluce la capacidad del sujeto conciente de interpretar y actuar de acuerdo a la ley jurídica.
En este contexto, discursivo y temporal, transcurre nuestra práctica analítica. Abordaremos aquí las diferencias y particularidades del concepto de responsabilidad en su vertiente subjetiva.

La responsabilidad limitada. La praxis analítica no puede alegar desconocimiento del andamiaje anterior, ni las diferencias sustanciales entre responsabilidad y culpa.
En nuestro campo la pertinencia y el uso del significante “responsabilidad”, a diferencia de la relación médico-paciente, no puede pensarse como ajena al lazo analista-analizante, lo que responde a la posición y al ejercicio de la función de aquel. Cabe aclarar que la senda que sostiene el psicoanálisis es la del Bien decir, soporte de su ética. Advertidos de no confundir los planos, dado que la alusión a la responsabilidad del analista refiere al estatuto formativo y al plano de su política. En cambio una ética de la responsabilidad pertenecería a otro paradigma y otras prácticas como la política, la economía o aún la religión.

Podemos precisar el margen de responsabilidad que implica al analista en dos tiempos determinantes. En los inicios de una cura a partir de la decisión personal de comenzar a asistir el pathos de otro y las consecuencias de esto. Decisión que etimológicamente remite a decidire, de ahí una de las razones de su quehacer, “decir-cortar-separar”. La triada freudiana da cuenta de este quehacer, sostenido en su labor con otros analistas, su análisis personal y espacios de formación, es decir de un analizante que deviene en analista. El otro tiempo, donde este margen alcanza a manifestarse, de algún modo, es justamente en los finales. En el ejercicio de su función cuenta con un motor que vectoriza la cura, el deseo del analista, que anima su provocación al saber. En los finales se pondrá en juego la destitución de su propia encarnadura como soporte del sujeto supuesto saber, lejos de toda cuestión de fe. De lograrse, su función habrá sido la de enfrentar al sujeto con los trazos de saber que van delineándose como letra y una posición diferente ante la verdad. Se trata de un saber caer hasta el final. Hecho que se ira construyendo a lo largo de la cura en función de su abstinencia. Sin embargo, he aquí el límite y el alcance de la responsabilidad.

En tanto soporte del objeto a, causa del deseo de su analizante, el analista es intervenido por esto, in extremis el analista en su función(a) y en el acto ya no esta allí. En ese punto no es, ni responde ante otros por ello...
En los desarrollos de la “Proposición del 9 de octubre de 1967. Sobre el psicoanalista de Escuela” acerca de esta cuestión crucial del final, Lacan propone un punto de falta, sin sutura, entre la terminación y la finalidad misma de la praxis.
Aunque ausente en el acto que de él se espera, tendrá que dar cuenta de esto formalizando su quehacer, lo que define también su política.
Esto no debe hacernos olvidar que en nuestro dispositivo esta en juego solo un Sujeto, el analizante. La presencia de otra subjetividad en el lazo, será una forma de resistencia del analista o bien la degradación a una práctica terapéutica intersubjetiva-intersugestiva. Es decir, hablamos de responsabilidad subjetiva, no sugestiva.
Esta dimensión subjetiva pertenece siempre al territorio de la falta y el deseo; aquel que sitúa al sujeto en el campo del deseo (inconsciente) y la culpa estructural. No en vano se retrocede ante el deseo en nombre de ideales, del bien o de un valor en la cultura. En ocasiones tales argumentaciones son una coartada para el neurótico, al servicio de ceder en su deseo y sostener un garante consistente de tal defección. “Si de algo somos verdaderamente culpables es de haber cedido en nuestro deseo”3, retrocediendo al goce y la repetición.

Sófocles, en Edipo Rey, da a leer la antigua culpa, del propio goce, por la cual el sujeto pagará con su cuerpo, su linaje, el precio del destino y la repetición trágica. Su posición de analizante podrá tomar a cargo ese goce y desprenderse de él. Aquello que conocemos como rectificación subjetiva acontece como una posición diferente frente a los sentidos que el goce coagula o fija.
Al plantear esta cuestión, ahora sí en función del analizante, podemos recurrir a Freud, cuando escribe en su texto “Sobre la responsabilidad moral del contenido de los sueños”, que tales contenidos no pertenecen a la inspiración de espíritus divinos sino a una parte del propio ser del soñante. No hay cuestión del ser que resulte ajena al hecho de ser hablantes y habitados por el lenguaje. En ese sentido, los contenidos actúan desde el “interior” y no pueden ser negados o suprimidos. Ante toda pretensión de clasificación moral de una tendencia, en buena o mala, el soñante deberá implicarse en su propia valoración asumiendo en definitiva que no es posible alegar desconocimiento, inconsciencia o represión por lo soñado o, digamos, por lo deseado. Una disposición contraria deja al analizante por fuera del campo psicoanalítico.

En función de esta perspectiva podemos leer la afirmación de Lacan en su escrito de 1966, “La ciencia y la verdad” cuando señala en forma imperativa que “de nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”. Su reiteración en las citas sobre estos ítems, no nos exime de contextuarla y verificar su validez. Por otra parte, en el mismo párrafo concluye “llamen a eso terrorismo donde quieran”, indicando que esto debe ser llevado hasta el final.
El término empleado es posición de sujeto, y resulta un deslizamiento inconducente considerarlo como punto de vista, enfoque o una categoría del sujeto, incurriendo así en el error de darle entidad y sustancia. En el mismo texto propone que la cuestión convoca al sujeto en su-posición, frente a la causa de su deseo y la verdad. Posición solo verificable en el lugar de lo que se enuncia, la distancia entre enunciados y enunciación en juego. El analizante dará cuenta en sus asociaciones y no en otro lugar de tal posición ante la verdad, como pregunta por la causa y el malestar. La verdad que aquí suponemos no es filosófica, sino aquella que se afirma en el significante e implica los límites del saber y la razón.
El uso de lo que bajo este imperativo surja, en ámbitos ajenos a la cura analítica, lo transformaría sin más en un dispositivo confesional, forma directa de “coerción”; traicionando su ética y su aplicación terapéutica. Por esto sostenemos una práctica que marcha en la senda ética del bien decir antes que ninguna pretensión de decir el bien. Así el silencio extiende el horizonte ético de nuestro campo.

Si coincidimos en que la definición de Sujeto del inconsciente no es más que un efecto desustancializado, en la representación de un significante ante otro, difícilmente a ese efecto de división pueda alegarse “responsabilidad”. Lo que da lugar a pensar al Sujeto como inocente. En cambio el analizante sorprendido en su equivocación, deberá apostar a su evocación, siendo quien tenga a su cargo las consecuencias de tal efecto en el decir. A modo de artificio decimos que el Sujeto del deseo inconsciente es inocente –(a)rresponsable–, en su efecto al ser dicho antes que dichoso. Lo(a)rresponsable trata también de su división por la causa del deseo y por tanto este término empleado da cuenta que no lo proponemos como irresponsable. El analizante se hará responsable si toma el relevo de lo dicho y la causa en cuestión. En última instancia para el analizante, no habrá otro que clame por la palabra “empeñada”. Solo contamos con Otro que hace oír su inconsistencia en sus resonancias equívocas.

Nuestra idea de responsabilidad subjetiva es paradojal. El psicoanálisis no pretende un analizante responsable a priori. La regla fundamental de su dispositivo lo conmina en la asociación libre a un punto de imposibilidad de estructura, la del decir todo. Hecho que lo confronta con el límite del saber. Lo que en definitiva nos muestra que a pesar de su inconsistencia, hay insistencia del Otro. Se hace oír en sus metáforas o bajo el deslizamiento metonímico. La ética del Bien decir es consecuencialista, que a diferencia de otras, deja al analizante un segundo tiempo de toma de responsabilidad y de riesgo en la asunción de su posición, que encuentra un correlato conceptual con aquella posición presentada por Lacan como asentimiento subjetivo4. Asentimiento como afirmación e implicación, una forma diferente y no punitiva de sanción. Allí el analizante se afirma, tal como acontece en un juramento, sancionando lo dicho como verdadero. El asentimiento subjetivo solo afirma quién dice y desde dónde se dice, en el devenir de los enunciados. No se re-encauza bajo ningún aspecto a la persona (adaptacionismo) sino que restituye al decir algún valor de verdad.
Esencial a la hora de discernir las diferencias entre comprender como mero hecho cognitivo, tal como se piensa la responsabilidad del paciente y lo que aquí reintroducimos. El carácter de lo (a)rresponsable que otorga al analizante –no al Sujeto– la posibilidad de asunción de responsabilidad y de decisión. Siempre particular y nunca tipificable.
Pero si de lo imposible del encuentro trata una cura, qué decir de este que aquí presentamos, entre un Sujeto inocente pero (a)rresponsable y un analista que en el acto que de él se espera ya no está.
_______________
1. Fuente: “Carta de Derechos y Responsabilidades del Paciente”, Ley 194, del 9/07/1003, Estado libre asociado Puerto Rico.
2. Fuente. “Declaración de Derechos y Responsabilidades del Paciente”, Hospital Northwestern Memorial, Illinois, Springfield, IL 62761, USA. Enero de 2007.
3. Lacan, J. Seminario 7, La Ética del psicoanálisis. Ed Paidós, Bs. As.
4. Lacan, J. “Introducción a las funciones del Psicoanálisis en Criminología”. Escritos 1. Sigloveintiuno Editores.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 158 | marzo 2012 | Hacia otro orden de vulnerabilidad  Psicoanálisis y Derechos Humanos
» Imago Agenda Nº 55 | noviembre 2001 | La intimidad ¿legislada? 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com