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   La responsabilidad del paciente

Del ideal de responsabilidad a la responsabilidad del sujeto
  Por Silvia Migdalek
   
 
En nuestra realidad cotidiana, distintos contextos discursivos, invocan a la responsabilidad como atributo deseable de una conducta, a la que en términos amplios, se califica de “ética”. Los distintos discursos que hacen de la responsabilidad un principio inapelable, abrevan, sin embargo, en referencias discursivas diversas que es necesario reconocer para evitar extrapolaciones que desdibujen la pertinencia de su uso en un marco conceptual u otro. La responsabilidad es promovida –pudiendo tener la forma de una interpelación, o de una exigencia moral– mediante el incuestionable principio del “actuar responsablemente”.

En las tres prácticas que Freud nombró como “profesiones imposibles”, gobernar, educar, y psicoanalizar, la responsabilidad es una noción que participa de algún modo de sus respectivas coordenadas conceptuales. Por ello mismo, los usos de este término deben ser referidos a los marcos referenciales precisos donde aparecen, para poder establecer luego, sus articulaciones y sus diferencias. Hecha esta primera petición de principios, digamos de entrada que los que nos interesará desplegar es la especificad y la pertinencia de su aplicación o uso en la práctica del psicoanálisis. Para ello nos serviremos de la posible intersección con el campo del discurso jurídico.
Antes de adentrarnos en ello, me gustaría hacer unas breves pinceladas de una problemática de nuestra “época”, que merece este atributo de “lo epocal”, por haber sido denominada así en nuestro tiempo: “el flagelo de la droga”. Requiere entonces la intervención de políticas de “salud” que combatan ese flagelo social. Admitido este carácter, el Estado, entonces, debe asumir la “responsabilidad” de administrar políticas sanitarias, lo que por supuesto supone algunas ideas acerca de la enfermedad que se debe combatir.

En el tratamiento de las “adicciones”, por ejemplo, conocemos una terapéutica denominada abstencionista. Esta es solidaria de la idea de que la sustancia misma o el tóxico, son la “causa” de la adicción, por lo tanto para desintoxicar, se postula la abstinencia total y obligatoria de la sustancia. Como efecto de ella, se producen otros estados tóxicos “secundarios”, que son tratados con drogas más benignas que aquellas que se supone la causa de la adicción. En cierta contraposición con esta terapéutica, tributaria de un “para todos” igual –que afortunadamente no pocas veces fracasa– ha crecido una idea, que supone otra manera de ubicar la “causalidad” y por ende la terapéutica. Se trata de una “oferta” de tratamiento, que implica también otra manera de pensar una “política de salud”. Se la conoce como programa de reducción de daños, este último, se asocia con una invocación a la responsabilidad por la vía de la promoción del “consumo responsable”. En esto, hay más que una mera cuestión terminológica, hay una invocación a algún sujeto de la adicción, y como sabemos la clínica de las adicciones, al menos en sus formas más extremas, testimonia de su desvanecimiento. Hacer lugar, entonces, a la “emergencia” del sujeto, es una apuesta a la contingencia de un encuentro con la oferta del “que se diga”, “oferta” que hará lugar al decir de “un” sujeto, que con suerte y viento a favor, hará la experiencia de “sujeto responsable”. El tratamiento de cada caso posibilita la introducción y creación de un marco de discurso, lugar en que el sujeto puede identificarse como sujeto responsable de eso que habla, de algún decir, que inscriba sus marcas en Otro Escenario que su cuerpo.

Para avanzar en la cuestión de la pertinencia de término responsabilidad en el psicoanálisis, debemos iluminar el uso que se le da en discurso jurídico. Discurso éste, que se encuentra en intersección con el del psicoanálisis. Cuando hablamos de responsabilidad del sujeto, tenemos que especificar de qué sujeto hablamos, el sujeto responsable del derecho jurídico, no es homologable a la responsabilidad del sujeto del inconsciente. Sus leyes son otras...Volveremos sobre esto al final.

Consideraciones acerca del término responsabilidad en el campo jurídico: Nos abrevaremos en un texto, del que recomendamos fervientemente su lectura, se trata de un breve seminario del año 1977 dictado por Michel Villey, (1914-1988) “Esbozo histórico acerca del término responsable”.1
Se interroga por las diversas formas del pensamiento jurídico moderno, aunque no vacila en inspirarse en la obra de Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino, pero a la vez sin dejar de dialogar con los filósofos del derecho de su época.
Partiremos de una idea rectora del seminario que nos sirve para nuestro recorrido: “… revalorizando las cuestiones de fondo, esbozaremos la historia de un término: digo ‘historia’ porque pienso que la polisemia del término ‘responsable’ es el resultado de su evolución, y que distinguiendo las variadas capas sucesivas de sentidos acumulados sobre el mismo término y revelando las diversas estructuras semánticas o los diferentes sistemas de pensamiento, lograremos esclarecerlo.”
El autor hace un interesante recorrido en el que las referencias etimológicas y sus transformaciones históricas no dejan de ser un recurso interesante. El término “responsabilidad”, tan exitoso en la doctrina jurídica contemporánea, no existe en el Derecho Romano. Este aparece en las lenguas europeas un poco antes del final del siglo XVIII y su uso efectivo se inicia recién en el siglo siguiente. Sin embargo está presente desde el siglo XIII en el derecho erudito, y se torna corriente bajo la forma de responsum, término derivado de respondere.

Etimología: “Respondre nos reenvía a sponsio, institución que poseía un lugar fundamental en el derecho romano arcaico, y a spondere (de donde surge sponsus, ‘novio’ o ‘esposo’). El sponsor es un deudor. El responsor era especialmente el garante; en otras palabras, era quien estaba obligado a responder por la deuda principal de otro, el que está obligado a responder por otro.” Como vemos, en el uso primero del término, ser responsable es ofrecerse como garantía, en consecuencia, el término responder implica la idea de posicionarse como el garante del desarrollo de ciertos hechos venideros.
El autor transita por estos orígenes etimológicos e históricos para concluir afirmando: “De todos los textos anteriormente citados concluiré que, en su origen, responder o ser responsable no implicaba de ninguna manera la culpa, ni tampoco el hecho sometido al sujeto. Un ejemplo, contemporáneo: “el señor decano Carbonnier es el ‘responsable’ del doctorado en sociología jurídica, lo que lo obliga a trabajar gratis. No sé por culpa de qué le damos a él ese título.”
Entonces responsabilidad y culpa, hasta aquí, no son nociones equivalentes tampoco en la historia del derecho. La vinculación entre estos dos términos es relativamente reciente en la historia del derecho, y surge alrededor del derecho “contractual”, y muy especialmente a partir de la ciencia criminológica, que se ocupa específicamente de los crímenes, nunca se trata de una culpa voluntaria, Edipo es considerado responsable en Edipo Rey, a pesar de haberse metido en el lecho de su madre Yocasta y de haber asesinado a Layo ignorando sus identidades.

Este breve recorrido nos muestra cómo el término responsabilidad tiene un origen jurídico, que luego fue utilizado haciéndose extensivo a otros campos interesados en él, como por ejemplo la moral, la teología, la filosofía, la ética, la política y el psicoanálisis, del que nos ocuparemos al final.

La responsabilidad en el campo del psicoanálisis
. En el campo del psicoanálisis, la responsabilidad tiene resonancias propias, inherentes al campo de la práctica analítica y a sus coordenadas. Es un término, al que podríamos calificar de “prestigioso”, hacerse responsable es quizá uno de los mandatos culturales más utilizado con propósitos educativos. Sellando el fin de la infancia, nunca falta la admonición “realmente proferida” por la instancia parental ¡ahora ya sos grande, sos responsable!

Me gustaría partir de la siguiente cita de Freud: “se comprende también que los objetos predilectos de los hombres, sus ideales, provengan de las mismas percepciones y vivencias que los más aborrecidos por ellos, y en el origen se distingan unos de otros sólo por ínfimas modificaciones”.2
La responsabilidad, puede ser también ideal de responsabilidad, y como tal no supone ninguna elección del sujeto, el sujeto no es responsable, sino más bien sujetado, y como sigue diciendo Freud, respecto de las representaciones éticas y culturales del individuo: “Nunca entendimos esta condición en el sentido de que la persona tuviera un conocimiento meramente intelectual de la existencia de esas representaciones; supusimos siempre que las acepta como normativas, se somete a las exigencias que de ellas derivan. La represión, hemos dicho, parte del yo”3.

¿Qué son esta exigencias a las que el yo se somete “sin saber” que lo hace? No es esta acaso, la forma como se presentan muchos analizantes “sin saber” que su sufrimiento vehiculiza una oscura satisfacción, de la que por supuesto, lo menos que puede decirse de ella, es que al inicio de un tratamiento el sujeto no está en posición de hacerse responsable de “ello”.
En el texto “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, texto de 1925, el inconsciente ya es un descubrimiento que al modo de la revolución copernicana, ha mostrado que el yo no es amo en su propia casa. El inconsciente, saber no sabido por definición, no nos hace por ello menos responsables de los sueños, aún aquellos más inmorales, que muestran a esos delincuentes embozados que son, “como en el mundo de la vida de vigilia, incomparablemente más frecuentes que los declarados y confesos”. ¿Debemos asumir la responsabilidad por el contenido de nuestros sueños? la respuesta de Freud es: … “¿Qué se querría hacer, si no, con ello? Si el contenido del sueño, no es el envío de un espíritu extraño, es una parte de mi ser; si, de acuerdo con criterios sociales, quiero clasificar como buenas o malas las aspiraciones que encuentro en mí, debo asumir la responsabilidad por ambas clases, y si para defenderme digo que lo desconocido, inconsciente, reprimido que hay en mí no es mi ‘yo’, no me sitúo en el terreno del psicoanálisis, no he aceptado sus conclusiones… Puedo llegar a averiguar que eso desmentido por mí no sólo ‘está’ en mí, sino en ocasiones también ‘produce efectos’ desde mí”.4
El yo que hunde sus raíces en el ello, el “eso” es más fuerte que yo, eso gobierna, una acción sin sujeto. Freud sorprende al final del texto con la conclusión: “El médico dejará al jurista la tarea de instituir una responsabilidad artificialmente limitada al yo metapsicológico”. Pero si no debemos restringir la responsabilidad al yo metapsicológico, entonces la intencionalidad no se restringe a las fronteras del yo, y no alcanzan las intenciones.

¿Qué quiere decir Lacan cuando afirma que “de nuestra posición como sujeto somos siempre responsables”? La responsabilidad que podemos esperar del sujeto en la práctica analítica es frente a la convicción adquirida de la existencia del inconsciente, por haber “aprehendido” algo de lo que lo determina como sujeto del inconsciente. Es responsable de sus marcas, pero también de lo hace con ellas. Hay pues determinación inconsciente pero también responsabilidad. Así, el psicoanálisis nos presenta un sujeto que no puede considerarse amo y señor de sí mismo, de sus discursos y sus actos, pero que tiene que hacerse cargo de aquello que lo determina como algo que también es “suyo”, le concierne. “De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables. Llamen a eso terrorismo donde quieran… el error de buena fe es entre todos el más imperdonable”5. En la confusión entre culpa y responsabilidad quizá anida el abuso de la atribución de responsabilidad por el goce padeciente de un sujeto. Es menester que la culpa aparezca en la escena analítica, que adquiera sus formas más obscenas, como sentimiento inconsciente de culpa, necesidad de castigo y satisfacción en la enfermedad, “cultivo puro de la pulsión de muerte”, para que algo de la responsabilidad del sujeto despunte bajo la forma de una elección. Me interesa subrayar la precedencia lógica necesaria del trabajo por el que se verifica el determinismo inconsciente, pero la estructura del inconsciente contiene también lo indecible que abre el margen de “libertad” que permite escapar a un determinismo si no absoluto. Respecto de cómo cada uno goza de su inconsciente, es esperable una elección.
______________
1. Versión traducida disponible en www.elpsicoanalistalector.com.
2. S. Freud,OC, Ed. Amorrortu, T XIV, “La represión”.
3. S. Freud, OC, Ed. Amorrortu, T.XIV, “Introducción al concepto de Narcisismo”.
4. S. Freud, OC, Ed. Amorrortu T. XIX, “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto, B La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”.
5. J. Lacan, Escritos I, “La ciencia y la verdad”, Siglo XXI.
 
 
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