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   Colaboración

Lacan y la importación conceptual mutativa
  Por Oscar Lamorgia
   
 
La hospitalidad devoradora de Lacan. En 1998, apareció (en su versión castellana) un libro perteneciente a los físicos Alan Sokal y Jean Bricmont que generó bastante repercusión, se llama Imposturas intelectuales y en su línea de tiro anida la intención de demostrar que quienes tienen que ver con las ciencias humanísticas a veces hacen un uso abusivo, desautorizado e impertinente, de cuestiones que –es de suponer– son patrimonio de la física y de la matemática, por citar sólo dos ejemplos. Hay en dicha obra, alusiones muy claras y muy directas –de hecho les consagra sendos capítulos– a Lacan, Deleuze, Baudrillard, Guattari, Lyotard y también a Julia Kristeva, pero fundamentalmente la toman con el primero de ellos.

Es interesante observar, aunque sólo se trate de un recurso de marketing, el detalle de que en la tapa del libro aparecen algunas expresiones utilizadas por psicoanalistas y por otros intelectuales, en ocasiones con alguna liviandad, como por ejemplo: “relatividad”; “geometría no euclidiana”; “mecánica cuántica”; “números transfinitos”; etc.
La posición de ambos (Sokal y Bricmont), queda resumida en el siguiente párrafo respectivo a la introducción de la obra que nos ocupa:
“Al parecer, amplios sectores pertenecientes al ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales han adoptado una filosofía que llamaremos –a falta de un término mejor– “posmodernismo”, una corriente intelectual caracterizada por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por elaboraciones teóricas desconectadas de cualquier prueba empírica, y por un relativismo cognitivo y cultural que considera que la ciencia no es nada más que una “narración”, un “mito” o una construcción social.”1

Es notable que la crítica apoye sus palancas argumentales en el devalúo del matiz conjetural que aún las ciencias denominadas “duras” poseen, salvo que estos autores gocen del raro privilegio de haber visto a Einstein viajando sobre un haz lumínico.
En cierto sentido Sokal y Bricmont detectan una paradoja, dado que por momentos da la impresión de que Lacan estuviera echando mano de elementos a cuyo campo él es ajeno, y de los que se supone, abomina, para justificar sus propios planteos.

En lo que no repara (fundamentalmente) Sokal es en la mutación que suscita Lacan a la hora de incorporar elementos provenientes de las ciencias afines y también de las que no lo son tanto. Aplicando ese criterio, es que la lingüística una vez que Lacan la toma ya no es la lingüística saussureana, y otro tanto ocurre con la topología. La topología que Lacan instaura y que también transmite, recibe una suerte de fecundación que –al estar de Juan David Nasio– podemos denominar con otro neologismo, a saber, topologería.

Entonces, como dentro de lo que le atañe al juicio que pesa sobre su cientificidad, querría recordar de Bachelard que aquello que tiene que ver con la justificación epistemológica del psicoanálisis, necesita de los conceptos de ruptura y de obstáculo epistemológicos. Justamente ahí donde está el obstáculo, donde está lo que no cierra, es donde Bachelard sostiene que descansa la riqueza de la ciencia y el quebranto de un paradigma previo.
El psicoanálisis también se sectoriza hacia allí, ya que justamente lo que no cierra es un punto disruptivo en el discurso y, en consecuencia, productivo. Si hay algo del orden científico que salpica a nuestra práctica, tiene que ver con la singularidad de lo disruptivo, y de qué hace luego el sujeto con eso que de allí surge, en tanto umbral ético a traspasar con la soledad radical de su acto.

El diagnóstico psicoanalítico es “no euclidiano”


En el gráfico III tenemos: A + B + C = 180º, al sumar los tres ángulos da 180º, esto es un ejemplo de los alcances de dicho campo.
En cambio, en los gráficos I y II vamos a hablar de una geometría no euclidiana. Entonces tenemos que en el (Gráfico I) A + B + C = < 180º. No puedo decir en qué proporción es menor. La forma de los ángulos hace que no llegue de ninguna manera a 180º. Por la misma razón en esta otra figura (Gráfico II) siempre va a dar más de 180º, aunque no pueda establecer con justeza en qué dimensión.
La nosografía y la nosología, a lo que apuntan es a que las estructuras clínicas o peor aún, que los cuadros clínicos, lleguen a un grado de certeza incompatible con las vicisitudes del sujeto. (Gráfico III) Si el psicoanálisis toma a las estructuras con ribetes casi nosográficos, también apuntará a un grado tal de certidumbre (Gráfico III), lo sepa el analista o no. Pero nosotros trabajamos con algo del orden de los Gráficos I y II, nunca va a dar con exactitud 180º y –por otra parte– jamás vamos a saber esa inexactitud de cuánto es.
La crítica enarbolada por estos físicos tiene cierto aval popperiano, de modo tal que es necesario tomar con una seriedad carente de estériles ecolalias, a la vez que con suma humildad, la pertinencia de cualquier incursión en campos de conocimiento que usualmente nos exceden, so pena de avivar –más aún– las brasas de los detractores del psicoanálisis, cuyas campañas no cesan de escribirse.

¿Estructura o posición existencial? Para pensar, dentro de nuestra praxis, alguna entidad teórica –si bien no es la única– “no euclidiana”, tomemos el caso de la perversión. Dentro del capítulo del excelente libro de Alain Juranville2, hay un ejemplo que es el de la perversión tomada en sus tres manifestaciones principales, esto es: sadismo, masoquismo y... narcisismo, vía –esta última– a través de la cual el sujeto sutura la castración por la escarpada ruta consistente en la inflamación de lo imaginario.
Es precisamente con el objetivo de metaforizar lo que ocurre en este último caso, que el maestro francés hace uso del recurso –torpedeado por Sokal y Bricmont– de desarrollar la raíz cuadrada de -1.
De hecho en algunas escuelas de psicoanálisis está en tela de juicio de si –tratándose de la perversión– estamos en presencia de una estructura o si se trata de rasgos que se añaden a las otras dos estructuras que componen el tríptico freudiano, a saber, neurosis y psicosis. Con la perversión y con la sublimación, es donde más claro aparece el concepto de posición existencial.

La sexualidad, por definición es infantil y es perversa. En el perverso hay formaciones del inconsciente, hay renegación de la castración; y además ¿el fantasma neurótico no reniega de la castración? ¿No es acaso el fantasma un instrumento, una máquina que está al servicio de renegar la castración en el Otro? Bajo qué forma. Pues bajo la forma de anticipar qué quiere el Otro de mí y proceder en consecuencia dándose el sujeto una respuesta tranquilizadora.
Y el delirio, en última instancia, un fenómeno elemental en la psicosis –y no lo digo porque sea la psicosis la única estructura donde se puede hablar de fenómenos elementales– ¿no está al servicio también de recusar la castración en el Otro? ¿No es esto lo que acontece cuando Schreber se feminiza ante un Dios gozador? Entonces, ¿la especificidad de la perversión, está dada en forma exclusiva por recusar la castración? Tampoco. La aceptación y la negación de la castración es inherente a la escisión del yo.

Uno podría preguntarse entonces ¿dónde está tal especificidad?
Alguien que no se cuestionaba por haber cohabitado con su tío, por tener un hijo con su propio padre, por haber caído en una carrera delincuencial bastante pesada, drogarse y demás menesteres, se angustia cuando se entera –en medio de las entrevistas– de que su hijo tiene HIV, se angustia al punto de solicitar venir al consultorio con mayor frecuencia. La angustia de esta mujer era desbordante, realmente arrolladora. Allí entra en un dispositivo lindero con el discurso histérico. El pescador va por un pez, pero cuando lo pesca ya es un pescado. Un pescador nunca puede obtener un pez y acá pasa lo mismo. Se dice que el perverso está incapacitado para establecer un lazo transferencial, pero resulta que los diagnósticos en psicoanálisis, son bajo transferencia. Es un embrollo.
¿Cómo acusamos recibo de la perversión? O por datos sociológicos o por la queja de un neurótico que es partenaire de un supuesto perverso, pero cuando (un perverso) entra en análisis ¿sigue siendo perverso? ¿Es un dato clínico la perversión, o sólo se trata de una conjetura?
Entonces justamente la demostración más evidente de lo que es una posición existencial lo constituye la perversión, porque en realidad puede ser una posición frente a la vida, una posición frente a los goces que no implica, en modo alguno, que en algún momento esa actuación no pueda decaer hallando un límite cernido por la angustia, como ocurre con el más standar de los neuróticos.

La sublimación como cuarta posición existencial postanalítica. La sublimación, comparte con la perversión la creación de algo antes ausente. En la perversión, será la creación de una nueva legalidad, que es una ley transgresora de otra ley previa, que no es otra que la ley que se dicta por consenso, que aquella propia del derecho positivo que compartimos y que para el perverso es transgresiva dado que violenta a la naturaleza. El perverso en esta trasgresión primera y que él considera transgresiva, intenta efectuar una operación del siguiente tenor, menos por menos: más (¡goce!). Entonces hay una legalidad en el perverso, una atadura al Gran Otro y por eso existe una distancia entre el acto toxicómano y la puesta en escena perversa. No porque no haya toxicómanos perversos, sino para deshabilitar la futilidad con la que muchas veces detrás del acto toxicómano se vislumbra perversión por defecto. El perverso está pendiente del Gran Otro, en tanto que el toxicómano deja al Gran Otro abolido mientras dura la acción farmacoquímica del tóxico.

El acto creativo del perverso es esta ley transgresiva y en la sublimación se opera un acto creativo que tendrá que ver con la creación de un objeto nuevo y que nomina al sujeto, a la vez que en el pasaje a lo público se consolida el lazo social. Es decir que el sujeto encuentra una nueva nominación, un pasaje del Nombre del Padre a ser Padre del Nombre a través de un objeto creado. Sería de esperar que nadie componga una sinfonía para escucharla en el sótano de su casa para sí mismo.
Precisamente hay una escena así en la película Fama. Había un muchacho que era un virtuoso de los teclados y la composición y tocaba lo que componía sólo para sí, frente a lo cual el profesor del Studio –con brutal sinceridad– le dice: ¡eso es masturbación!

Cada analista es objeto creado por la sublimación de Freud. El analista en lo que implica la tarea analítica, no sublima. Sublima, en todo caso, si construye teoría, pero ahí no es analista, ahí es un escritor, es un teórico, es otra cosa. No escribe siendo analista del mismo modo que cuando uno está en la playa con el barrenador y el snorkel y le preguntan ¿vos qué sos? Si dice soy analista está mal, porque ahí es un bañista más, y con el paciente uno no dice soy analista porque el paciente ya lo sabe. Entonces siempre está mal decir que uno es analista. Strictu sensu, nunca es adecuado afirmar algo así. Si se está dando clase en la facultad también está mal decirlo, porque ahí uno es profesor.
Está bien que cada analista sea un objeto de la obra analítica. En todo caso se podría decir que cada analista es un objeto generado, adviene merced a la sublimación de Freud.

Nada como el ojo clínico… Hay una anécdota graciosa. En la facultad se estilaba decir que el neurótico venía solo, el psicótico venía acompañado y el perverso no venía. Entonces, con un compañero nos preguntábamos: ¿A dónde conduce esta receta? A que cuando tocan el timbre del consultorio uno observa por la mirilla, si vemos a una persona sola es neurótica, si está acompañada de un familiar o un amigo, es psicótica, y si no hay nadie, ¿es perversa?
Como se puede apreciar, todas esas categorías vacilan cuando uno mueve una sola de sus variables. Una sola de ellas hace trastabillar todo el andamiaje argumental.
Entonces de allí surge la idea de tensar el concepto de estructura clínica lo más posible, de cara a que el matrimonio –necesariamente mal avenido– entre psicopatología y psicoanálisis, revele su naturaleza de oxímoron.
No olvidar que el padre del psicoanálisis sostuvo que –en última instancia– la psicopatología se da en la vida cotidiana…


Referencias bibliográficas
AA.VV.: Rasgos de perversión en las estructuras clínicas. Manantial.
André, Serge: La impostura perversa. Paidós.
Bachelard, Gastón: La formación del espíritu científico. Siglo XXI.
Bohm, David: La totalidad y el orden implicado. Kairós.
Dör, Joel: Estructura y perversiones. Gedisa.
Juranville, Alain: Lacan y la filosofía. Nueva Visión.
Sokal, Alan y Bricmont, Jean: Imposturas intelectuales. Paidós.
_____________________
1. Sokal, A. y Bricmont, J.: Imposturas intelectuales (pag. 19) Paidós.
2. Juranville, Alain: Las estructuras existenciales (en Lacan y la filosofía. Nueva Visión).
 
 
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