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   Serie: La Función del Sujeto

Mi corazón
  Por Darío Gigena
   
 
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Al emprender una tarea no es poco dejarse acompañar por el entusiasmo (Del lat. tardío enthusiasmus, y este del gr. ἐνθουσιασμός).1 El entusiasmo es furor o arrobamiento de las sibilas al dar sus oráculos. Es inspiración fogosa y arrebatada del escritor o del artista, y especialmente del poeta o del orador. Pero es, además, una voz formada de ´entheus´ o ´enthous´: el que lleva un dios dentro. Pero la figura del analista no coincide con la del poeta ni con la del orador. Tampoco con la de las sibilas, mujeres sabias de la antigua Grecia a quienes los sacerdotes creyeron dotadas con el poder de la profecía. Entusiasmado, con un entusiasmo que no será tampoco el del oráculo formulado, comparto algunas notas fruto del trabajo realizado.

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Quisiera alcanzar al menos dos puntos: intentaré articular la función del analista con la categoría del saber. El saber se inventa, dice Lacan.2 Con respecto a la invención, cada analista está llamado a reinventar el psicoanálisis3. Lacan lo considera una insistente recomendación de Freud: “excluir todo lo que él sabe cada vez que aborda un nuevo caso.”4 Consigna difícil de entender. Propongo tomarla como una invitación a formular las particularidades del aporte freudiano en la cultura, en la época en que a cada analista le ha tocado desarrollar su práctica, a la hora de abordar un nuevo caso. La contribución de Freud al mundo quiero llamarla aquí el psicoanalista.

Freud agregó al mundo una pieza inexistente: el psicoanalista. Lacan tematizó ese agregado en términos de objeto. A tal objeto lo llamó a. Y ese, dijo él, fue su único invento.5 El problema es qué saber se corresponde con semejante invento.
Pues bien. Hay áreas del saber del psicoanálisis (con Lacan, saber referencial6) que permiten pensar ese objeto, el analista: la formación del analista, el análisis del analista, la autorización del analista, el discurso del analista. Pero hay otras tanto o más interesantes: el deseo del analista, la transferencia del analista, la angustia del analista. Más interesantes puesto que demarcan el límite y hasta el desfallecimiento de aquél saber y que dan paso a otra cosa.
Esa otra cosa participa del asunto del psicoanálisis e involucra decididamente al psicoanalista. Lo involucra en primer lugar7.

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Pues las preocupaciones podrían ser las que significan muy poco8. Se quisiera saber en qué consiste interpretar, cómo si eso fuera lo propio del psicoanalista. Saber qué o cómo interpretar. Se quiere saber para desde allí, hacer.
Muy bien. El analista es alguien que habla. Dice cosas más o menos inteligentes; a veces oportunas, otras a destiempo. Cosas que mueven a risa, o que con-mueven... hasta las lágrimas. Ocurre cada tanto la contingencia de que su palabra in-moviliza, o que a lo sumo in-quieta. Visto desde aquí, se subraya lo que el analista hace al decir. Por lo demás, su palabra (que haría bien en no ser suya si su práctica es relativa a una ética que llamaremos del silencio: del silencio de sus preguntas, de sus prejuicios, de sus fantasmas, etc.) es oráculo: “Intérprete de lo que me es presentado en afirmaciones o en actos, yo decido sobre mi oráculo y lo articulo a mi capricho, único amo en mi barco después de Dios...9 Se enfatiza el lugar de la interpretación. Y acaso se descuide el acto consistente en la puesta en movimiento de algo.
El movimiento supone un ir hacia, un dirigirse a, de un punto x a otro punto y. Incluye además un cambio de posición. El movimiento entraña una determinada operación y dos puntos. Y esto, en una cierta relación al tiempo.

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El analista es al menos dos, dice Lacan: “El analista para tener efectos es el analista que, a esos efectos, los teoriza.”10 Imitando la cita, a la hora de postular el sujeto que su práctica pone en función nos vemos precisados a que ese sujeto sea también al menos dos términos. Quiero llamarlos el sujeto y el Otro.
En efecto, para una postulación apropiada del sujeto, la inclusión del Otro es condición de una ética que se asienta en la castración, concebida como falta, y que apunta al establecimiento del lazo, concebido como discurso11. El Otro, en definitiva, es un término del sujeto12. Es, bien mirado, lo que habita su más extrema y pura intimidad. Eso radicalmente exterior a mí ubicado moebianamente en mi corazón.
Solo de este modo se instaura esa topología del entre dos que funda la estructura y que es propia al espacio analítico.

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En el encuentro con los que habitan el decir de la locura13 el asunto se vuelve candente. Pues muchas veces es claro que de lo que se trata es de agregar otro lado14, operación que, sostenemos, genera estructura.
Situaremos entonces para la locura un punto de partida que designa a un Uno radicado en el exterior, reinado de lo no-oculto y lo no-escondido. Un Uno asediado y concernido por el registro de la percepción, que se implanta en términos de invasión por efecto, diría, de un simbólico reproducido al infinito y al extremo de su automatización. Allí la palabra no resuena en ninguna alteridad imaginaria. Es un verdadero quedar atrapado afuera por lo inercial de la palabra misma -que mata- y que, vía interpretación delirante intentará apresar algo que se escabulle una y otra vez. El retorno es en calidad de alteridad radical de lo que se dice: las voces, sin que ellas consistan en llamado a una respuesta. La voz alucinada “pone al Otro, al psicótico, en posición, no de hablar, sino de mostrarse (se montrer), y esa es la dimensión monstruosa (monstrueuse) de la monstración (monstration)15
Decía un paciente: “Escucho los diálogos de los conductores deportivos en la radio y me meto ahí, quedo atrapado en el relato y siento que estoy donde están ellos.” La locura es extinción de toda interioridad y representa aquí la amenaza de irrupción de lo público en lo privado16.

La operación no puede consistir en reproducir el funcionamiento maquínico del lenguaje. Las maniobras se interesarán por engendrar trazos de pérdida de ser y de saber (artificios tendientes al ahuecamiento, al horadamiento, al vaciado) mediante el agregado de lo otro en calidad de presencia. Aquello que presente lo que no es lo mismo que uno. Y esto, en el marco de una ficción que ponga en juego el parecer que toca al ser, negativizándolo.
Agregado de lo otro que instaure bordes distinguiendo interior de exterior. Lo otro en que la locura se refleje. Lo otro a partir de lo cual resulte posible una reflexión de la locura. El saldo dejará restos: pequeñas diferencias entre lo uno y lo otro.
En resumen, movimiento tendiente a construir formas de alteridad frente a lo deforme o sin forma adjunto a la locura. Tarea que propende a fundar espacio y, así, posibles alternancias. Anudamiento, por fin, de imágenes que resistan y hagan tope a lo expansivo y multiplicativo del lenguaje.

Tocará al analista encarnar esa presencia, diferida en el espacio y el tiempo, o indicarla, señalarla, haciendo lugar al intervalo como modo de respuesta a la insuficiencia del lenguaje y al límite de la palabra: experiencia próxima a la práxis mística que se juega allí donde el no-saber brota, tal vez, con el nombre de Dios. Y vale el término en la medida en que se trata también de una batalla contra la increencia psicótica (con fachada de certeza) urdiendo instancias de alteridad que no sean las de un elemental afuera que amenaza. Digamos así, invención de alternativas que posibiliten llevar un Dios dentro.
Ocasión para que se produzca de ese modo la direccionalidad: de un uno al otro, fundamento mismo de la demanda.
Pero consideremos ésto como válido para todo análisis, si leemos en Lacan, al hablar de una obra que representaba el caso Dora: “Ahí tenemos a la histeria que yo podría decir incompleta, quiero decir que la histeria es siempre - en fin, desde Freud - es siempre dos.”17

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¿Sostendré una posición que concibe a las nociones deseo del analista, transferencia del analista o angustia del analista como aquellas que distinguen ese espacio y ese tiempo en los que el analista, como el místico, experimentan sin saber? ¿Partiré de allí al situar ese otro término de la estructura (“...la presencia del psicoanalista (...), debe incluirse en el concepto de inconsciente18) y diré que se trata in extremis de una presencia que no sabe ni significa y sobre todo que no interpreta? ¿Concluiré que esa presencia no se despliega sino bajo la forma de cualquier semblante –ahora sí, incluso, bajo el semblante del interpretante o del escucha? ¿Y diré por fin que esa presencia es la que da cuerpo y a la vez soporta el dispositivo por el cual alguien puede hablar creyendo decir todo lo que se le ocurre, y que esa presencia es a la vez motor (causa) y obstáculo (resistencia) del trabajo asociativo conducente, quizá, a elegir decir no cualquier cosa19? O elegir decir no, a secas. La resistencia es del analista.

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Ni feminizado, ni identificado al falo, el analista es ranura por la que un decir dirá del Otro en tanto falta en ser y falta en el saber: modos de llamar al inconsciente.
El analista aguarda. Su espera es condición de una aparición que en su resplandor e inmediato ocaso la justificará.
El analista guarda silencio. Calla conforme a su función, que es ardua: parecer ser en el mundo el último guardián de la voz.
El analista lee, y en su lectura procede sacrificando el placer de recordar.
¿Su palabra? Eco de un llamado proveniente de ningún Otro que interesa así al cuerpo y al destino.
El analista agrega. Su agregado es pregunta que interroga por lo que a un analizante le ocurre o le ha ocurrido... con el lenguaje.
El analista separa, hace corte. Lo nombran ningún saber y ciertas formas del vacío.20
Su lugar se determina por las condiciones en que se estructura un dispositivo. A ese armado no lo llamamos amor. Le decimos transferencia.


Octubre de 2008

Bibliografía

Diccionario Enciclopédico Abreviado Espasa-Calpe S. A..
Di Vita, Liliana. Interrogar el autismo- hacer espacio del lenguaje. Ediciones Del cifrado.
Freud, Sigmund. Observaciones sobre el amor de transferencia. Edit. López Ballesteros.
Green, André. De locuras privadas. Amorrortu Edit.
Kreszes, David. Comunicación verbal en el marco del comentario de material clínico presentado en 2008.
Lacan, Jacques. Proposición del 9 de Octubre de 1967. En Ornicar? 1. Ediciones Petrel.
Lacan, Jacques. Proposición del 9 de Octubre de 1967. En Ornicar? 1. Ediciones Petrel.
Lacan, Jacques. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1. Siglo Veintiuno editores.
Lacan, Jacques. La dirección de la cura y los principios de su poder. Cap. ¿Quién analiza hoy? Escritos 2. Siglo Veintiuno editores.
Lacan, Jacques. Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis. Paidós.
Lacan, Jacques. Seminario 21. Les Non-Dupes Errent. Inédito
Lacan, Jacques. Seminario 22. RSI. Inédito
Lacan, Jacques. Radiofonía. Inédito
Lacan, Jacques. Seminario 23. El sinthome. Piados.
Lacan, Jacques. Seminario 26. La topología y el tiempo. Inédito
Leibson, Leonardo. Movimientos en la psicosis. Redes de la letra. 12/13. Ediciones Legere.
Szuster, Mauricio. Experiencia mística y experiencia psicoanalítica. ELSigma.com. Sección colaboraciones
Toté, Susana. Historiar la locura. Inédito.


1 Diccionario Enciclopédico Abreviado Espasa-Calpe S. A.
2 Lacan, Jacques. Seminario 21. Les Non-Dupes Errent. Clase 11 del 9 de Abril de 1974. Inédito.
3 En julio de 1978, en el congreso de la EFP sobre la transmisión, Lacan confirma que el pase lo ha decepcionado. Al instaurar el pase con la proposición, dijo “...haber confiado en algo que se llamaría transmisión si hubiera una transmisión del psicoanálisis”; y prosigue: “...según lo que he llegado a pensar ahora, el psicoanálisis es intransmisible, resulta muy fastidioso [ ... ] que cada psicoanalista se vea obligado ( ... ) a reinventar el psicoanálisis.”
4 Lacan, Jacques. Proposición del 9 de Octubre de 1967. En Ornicar? 1. Ediciones Petrel.
5 Lacan, Jacques. Seminario 21. Les Non-Dupes Errent. Clase 11 del 9 de Abril de 1974. Inédito.
6 Lacan, Jacques. Proposición del 9 de Octubre de 1967. En Ornicar? 1. Ediciones Petrel.
7 “Qué significa esto sino que el psicoanálisis depende de aquél que debe ser llamado psicoanalista...” Lacan, Jacques. Op. cit.
8 Freud, Sigmund. Observaciones sobre el amor de transferencia. Edit. López Ballesteros.
9 Lacan, Jacques. La dirección de la cura y los principios de su poder. Cap. ¿Quién analiza hoy? Escritos 2. Siglo Veintiuno editores.
10 Lacan, Jacques. Seminario 22. RSI. Inédito
11 “El discurso que digo analítico, es el lazo social determinado por la práctica de un análisis. Merece ser puesto a la altura de los más fundamentales entre los lazos que permanecen para nosotros en actividad.” Lacan, Jacques. Radiofonía.
12 Kreszes, David. Comunicación verbal en el marco del comentario de material clínico presentado en 2008.
13 Leibson, Leonardo. Movimientos en la psicosis. Redes de la letra. 12/13. Ediciones Legere.
14 Di Vita, Liliana. Interrogar el autismo- hacer espacio del lenguaje. Ediciones Del cifrado.
15 Lacan, Jacques. Seminario 26. La topología y el tiempo. Clase 9. Inédito
16 Toté, Susana. Historiar la locura. Inédito.
17 Lacan, Jacques. Seminario 23. El sinthome. Piados.
18 Lacan, Jacques. Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis. Paidós.
19 Di Vita, Mirta. Exposición oral en torno al seminario 9 de Jacques Lacan.
20 “Desempeñamos un papel de registro… Testigo invocado de la sinceridad del sujeto, depositario del acta de su discurso, referencia de su exactitud, fiador de su rectitud, guardián de su testamento, escribano de sus codicilos, el analista tiene algo de escriba.” Lacan, Jacques.

 
 
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