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   Colaboraciones exclusivas

Freud y Jung, encuentros y desencuentros
  Por Antonio  Las Heras  y Laura Mazal
   
 
Carl G. Jung tuvo su primer encuentro con la obra de Sigmund Freud –en 1900– a través de “La Interpretación de los Sueños.” Sin embargo, el mismo Jung confesó en “Recuerdos Sueños, Pensamientos” (1957), que debió postergar su lectura debido a que “no lo comprendía aún”, retomándolo tres años después. Allí encontró que el “mecanismo de represión” explicaba las anomalías que, muy frecuentemente, ocurrían en algunas personas cuando aplicaba el test de asociación de palabras diseñado por el psiquiatra suizo.

En 1906 se inició la correspondencia entre ambos, luego de que Jung enviara a Freud su ensayo “Estudios Diagnósticos de la Asociación”, y continuó hasta 1913. Si bien nunca tuvieron plenas coincidencias, tanto uno como el otro recorrían el mismo camino en la investigación del psiquismo humano, y eso los unió fuertemente, hasta que diversos hechos que se fueron sucediendo provocaron la tan conocida ruptura. Pero antes de que esto aconteciera, el crecimiento de la figura de Jung en el ámbito psicoanalítico, sumado al especial vínculo que lo unía a Freud, hicieron que éste último lo nombrara su sucesor públicamente. Sobre este tema llaman la atención dos cuestiones: en primer lugar que Freud apresurara tal designación y, en segundo lugar, que Jung aceptara; ya que los dos eran conscientes de que sus diferencias eran importantes. La única explicación posible es que el Maestro de Viena lo hiciera para asegurar el rumbo de los pensamientos de Jung, y éste para encontrar la fuerza para no alejarse del sendero psicoanalítico. Lo que, por supuesto no prosperó por no ser, ninguna de las dos, decisiones auténticas sino forzadas.

Freud y Jung discrepaban sobre varios temas, aunque lo más difundido haya sido su diferente interpretación de la “teoría sexual”, tal como se refirió a ella Freud en una ocasión en la que Jung recuerda que le dijo: “Mi querido Jung, prométame que nunca desechará la teoría sexual. Es lo más importante de todo”. Es cierto que en esto no coincidía con Freud. Pero hubo más elementos discordantes entre ambos. Jung le otorgaba mucha importancia a la Parapsicología y a la autenticidad de los entonces llamados “fenómenos ocultos”. Ya en 1909, en casa de Freud, se había generado una discusión entre los dos hombres sobre este asunto. Freud se oponía terminantemente a estudiar estas cuestiones bajo el argumento de que le haría mucho daño al psicoanálisis que –de por sí– ya era muy resistido. Formulaba que esto presentaría obstáculos para su definitivo reconocimiento. Pero Jung no abandonó su interés por estos temas que lo venían ocupando desde que los planteó en 1899 con su tesis de doctorado en Medicina, titulada “Psicopatología de los fenómenos ocultos.”

Otras de las diferencias entre Freud y Jung fue sobre el concepto de “restos arcaicos”. Para el primero éstos eran ciertos contenidos inconscientes “heredados”, mientras que el Maestro de Zurich, mediante el análisis de los sueños de sus pacientes, así como de la interpretación que hizo de diferentes mitos producidos por diversas culturas, sumado a la investigación de la simbología alquímica, creó una topología del inconsciente distinta a la del psicoanálisis, sin por ello considerar que se había alejado del camino sino, por el contrario, que había colaborado en la continuación de la obra freudiana.
Así es como, mediante la amplificación de la idea de “restos arcaicos” de Freud, Jung formuló la existencia de lo inconsciente colectivo. Entendido éste último como algo común a la naturaleza humana, que se halla en cada persona en el mismo instante de su nacimiento, constituido por estructuras arquetípicas derivadas de los momentos emocionales más trascendentes de la humanidad que dan como resultado el ancestral temor a la oscuridad, la idea de Dios, del Bien, de lo Demoníaco, entre algunos ejemplos. Jung creó también el concepto de “complejo”, del cual dice que su núcleo se halla en el inconsciente colectivo.
Para Jung, entonces, la psique está integrada por lo conciente, el inconsciente personal y el inconsciente colectivo.

A pesar de habérselo acusado de abandonar el tema de la sexualidad y los restos arcaicos –las mayores preocupaciones de Freud–, el Sabio de Zurich sostuvo siempre que esto no fue así. En sus memorias lo expresa de este modo: “Mirando hacia atrás puedo decir que he sido el único en seguir ocupándome debidamente de los dos problemas que más interesaron a Freud: el de los ‘restos arcaicos’ y el de la sexualidad. Es un error muy frecuente pretender que no he sabido ver el valor de la sexualidad. Por el contrario, desempeña un importante papel en mi psicología, concretamente como expresión esencial –aunque no única– de la integridad psíquica”.
Aún sabiendo que no era comprendido, Jung publicó sus obras asumiendo el riesgo de ser desterrado del campo psicoanalítico, lo que finalmente sucedió. Pero a pesar de ello, continuó en su tarea de científico comprometido y convencido del importante aporte que estaba efectuando a la obra de Freud. Aunque esto le costó la ruptura definitiva con él.

Los años posteriores inmediatos a este distanciamiento fueron especialmente difíciles para Jung, porque quedó sumido en una completa soledad, a excepción de Riklin y Maeder que lo acompañaron siempre. Pero no por ello su obra dejó de ser fructífera. Por el contrario, continuó trabajando incansablemente hasta su muerte, producida en 1961.

Antonio Las Heras es presidente de la Asociación Junguiana Argentina (AJA). Laura Mazal es Directora del Departamento de Psicología Clínica del Instituto Humanístico de Buenos Aires. www.jung-argentina.com.ar
 
 
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