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Novela familiar... la otra historia
  Por Mónica Fudin
   
 
“Entre el grito que nos origina y el silencio final, somos danza del significante, susurro de la lengua, prisioneros de nombres que no hemos elegido, ocupas de mitos que nos recorren mientras tratamos de librarnos de un destino que solo en tanto ilusión nos pertenece” Sefir1

Las fantasías elaboradas por los pacientes en relación con su familia interesaron a Freud desde el comienzo 1909 en su trabajo “La novela familiar de los neuróticos”. La hipótesis freudiana parte de la idea de que el desasimiento de la autoridad parental es en el individuo que crece “una de las operaciones mas necesarias, pero mas dolorosas del desarrollo”. También suele construirse una historia con situaciones traumáticas que el paciente relata o el analista infiere en los casos graves con pacientes psicosomáticos o psicóticos o niños. Y tal como la describe Freud la construcción sería el equivalente a la creación de la novela.

Para Lacan hablar implica no saber lo que se dice, la articulación alrededor de lo real y del objeto a nos aportan otras vías de acceso a lo inconsciente. En la construcción de la novela individual de un sujeto, el analista pone en escena fantasías que va atribuir al pasado infantil e imaginario del paciente Si ponemos el énfasis en lo que Freud consideraba “llenar las lagunas mnémicas”, si buscamos la rememoración del recuerdo cuando hacemos una construcción, no será necesaria nuestra comprobación, para tener certeza de la elaboración.

La atención flotante del analista es necesaria y se corresponde con la asociación libre del paciente para ir forjando, modificando o estructurando una realidad discursiva de la vida del mismo en el transcurso de un análisis, cuestión que se ve entorpecida cuando el analista queda fijado a una sola historia, imposibilitando que surjan otras. La noción de historia como un relato que registra acontecimientos en una sucesión temporal lineal ha ido modificándose. Será en esas revisiones constantes donde se cuestionarán los hechos apareciendo “varias historias” en un mismo plano, coexistentes y no excluyentes.
Si bien en un primer momento dan figura y forma a las fantasías y deseos inconscientes, el peligro −señala Piera Aulagnier− esta en “sustituir un singular que se busca, por un universal que se posee” o se cree poseer. Los celos y la rivalidad vinculados a la conflictiva edípica aportan los elementos teóricos necesarios para entender y describir la neurosis, dándole características de fantasías universales al estilo de las fantasías originales. No alcanza con contar la historia, tiene que ser una historia donde haya afectos contrariados, frustraciones, conflictos, una forma novelada de organizarla, entramado de pasiones, diferente de una anamnesis.
Freud considera que la novela familiar se constituye en varios estadios o capítulos al modo de un teleteatro.

Un período inicial en el cual el niño idealiza a sus padres. Posteriormente relegado asociado al nacimiento de hermanos u otros motivos, donde aparece la crítica a sus padres.
El estadío siguiente donde se constituye la novela familiar propiamente dicha, en la prepubertad, fantasías que surgen en adultos como recuerdos o asociación libre, coexistiendo con otras ideas sobre su familia. La construcción de la novela tendría el movil de librar al protagonista de sus padres menospreciados sustituyéndolos por otros de posición social mas elevada, también aparece la idea de ser hijo bastardo o adoptivo. Configurándose dos familias: la original degradada y la ficticia enaltecida.

Desilusión, angustia, enigma se confunden y se matizan cuando se relata la historia familiar. Un tío mujeriego, noctámbulo, piola, puede pasar a ser un sujeto incapaz de sostener una relación amorosa y despegar del acogedor regazo de su madre, de su casa paterna para armar su vida, y no tiene expectativas laborales más allá del día a día. Una hermana casera y siempre dispuesta a cuidar sobrinos puede pasar a ser vista en su condición evitativa y aislada del otro social. Un padre que llegaba tarde todas las noches porque su trabajo lo requería puede convertirse en sospechoso de haber tenido ocultas aventuras amorosas. Una madre victimizada por su marido jugador presenta la cara de haber vivido una vida de holgura económica que le permitía hacer su vida sin privaciones. Asi sucesivos momentos de las historias donde familiares, o padres idealizados de la primera etapa de la novela, pasan a la degradación y menosprecio de la segunda parte. La creación de la novela es el exponente de la ruptura de ese orden y un intento de ligadura. Da explicaciones sobre los orígenes y forma parte del proceso ideal del yo.

Una historia que se hace y se deshace en ilusiones permanentemente. Freud destaca con dos palabras diferentes la historia real y objetiva −que sería el “acontecer histórico”− y la historia vivencial −es decir, como ocurrió para cada hombre−. Así desde el punto de vista del acontecer histórico una familia es la auténtica y la otra la ficticia, la de la invención literaria. “Las dos familias son espejamientos de la propia”. Así pasamos a la tercera familia −que denomina la propia− y que proviene del encuentro de un conjunto de historia que hace aparecer de su conjunción con su nueva realidad.
Como psicoanalistas solemos tener en cuenta las vivencias del paciente en relación con la historia objetiva, sin embargo no podemos quedar pregnados de ciertos hechos, lo que equivaldría a admitir una sola versión del acontecimiento y haríamos depender la dirección de una cura de ese hecho. Se pueden crear las condiciones mediante asociaciones de posibilitar la vivencia del hecho, cambiando el orden de la historia.

El significado de Real o ficción no es unívoco, cambia con la cultura. El mundo del cuento de hadas no altera el mundo real, se da por descontada la magia, equivalente a la primera etapa de la novela donde el niño enaltece la figura de los padres en el rey y la reina. En la etapa de latencia la concepción de un mundo previsible y lineal es irrumpido por fantasías puberales, la novela familiar propiamente dicha por Freud. La creación de novelas forma parte de algo que contribuye al desarrollo de capacidades creativas y simbólicas. Para Maud Mannoni son signos de salud siempre y cuando no quede prisionero de su ensoñación. Es importante que tenga en lo imaginario un público a donde dirigir su escena. El público “lo otro” del narcisismo, representa para quien y ante quien se crea la novela que en la infancia son seguramente los padres. En la neurosis conviven disociadamente ambas familias sin poder crear la propia, reprimiéndose aspectos de la novela, siendo causa de síntomas y malestares.

Para concluir
Freud decía “repetidamente he oído expresar a mis enfermos, cuando les prometía ayuda o alivio por medio de la cura catártica, la objeción siguiente… –Usted mismo me ha dicho que mi padecimiento depende probablemente de mi destino y circunstancias personales. ¿Cómo no pudiendo usted cambiar nada de ello, va a curarme? - A esta objeción he podido contestar –No dudo que para el Destino sería mas fácil que para mi curarla, pero ya se convencerá Ud. de que adelantaríamos mucho si consiguiéramos transformar su miseria en un infortunio corriente”

En la reconstrucción de su historia muchas veces el ser humano recurre a la noción de destino para explicar lo inexorable, lo que no se puede cambiar, lo repetitivo, lo que no da posibilidades y nos enfrenta a la falta de opciones. La opción de elegir una alternativa u otra conlleva siempre un significado. Los relatos basados en la noción de destino como inexorable reservan la ilusión de que los hechos hablan por si solos. Los episodios históricos no se repiten si bien se establece entre ellos una relación de transformación, y están sujetos a reconstrucción a partir de los signos perceptibles en la superficie de los hechos. Destino equivale a falta de opciones, compulsión a la repetición. El establecimiento de opciones se aproxima mas al deseo, posibilita el acceso a nuevos niveles de la realidad. El destino suele asociarse por una parte a lo biológico, a lo genético y por otra a los grandes acontecimientos sociales, como si la propia historia del sujeto se moviera entre esas dos variantes. Cada intervención del analista abre nuevas opciones, nada hay fuera de la historia a pesar de ser escrita luego de los acontecimientos, desde lo actual es posible reordenar e interpretar los hechos pasados y darles nuevos sentidos.

A la historia propia de la familia que el sujeto relata no la equiparamos con la de la realidad histórica objetiva o con la verdad material, sino con la realidad individual abierta a nuevas experiencias en la que cada uno va encontrando y perdiendo lugares en una reconstrucción continua. La historia familiar no es una verdad inmutable, pues la significación creativa de las producciones fantaseadas destaca que de la familia con la que se convive y de la ficticia surge la propia historia familiar. Después de todo como dice el dicho popular “a la familia uno no la elige” y ya que esto ocurre es necesario hacer algo con ello.

Bibliografía
Aulagnier, Pierra. “Vías de entrada en la psicosis” n/A n° 7 1994 cap 3 Mexico Ed. Siglo XXI
Freud, Sigmund. “La novela familiar de los neuroticos” AE IX Moisés y la religión monoteísta AE
Mannoni, Maud. Amor odio separación Bs. As. Ed. Nueva Vision 1994
Winnicott Donald. Realidad y juego Barcelona Gedisa 1982
Turjansky D. “La novela familiar... otra historia”. Revista de psicoanálisis APA n° 3 julio 2002


1 Schoffer Wechler La metáfora milenaria Ed. Paidos. Bs. As. 1993 pag 19
 
 
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