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   Colaboraciones exclusivas

Infancias desveladas.
  100 después del caso Juanito
   
  Por Sergio Ferraiuolo
   
 
Dos niños diferentes, en un período de 100 años. El primero, el conocido Juanito, caso clínico estudiado por Freud. El segundo, Alan, de nuestros días.
Esta casuística, no quiere demostrar que ambos son representativos de una época, no hay uniformidad ni modelo único de niños. Existe una diversidad de sujetos que determina que existan “Las infancias”. Hay casos a mostrar, con subjetividades muy diferentes, aunque ambos son efecto de lenguaje de sus lugares y épocas, de lo que en psicoanálisis se conoce como el Otro.
Es a ese Otro al que pretendo analizar, puesto que el ambiente cultural en el que se desarrolla Juanito, produjo su neurosis, precio que se paga por pertenecer a una sociedad, la moderna. Alan pertenece a otro contexto, la posmodernidad. El Otro es diferente, la operación sobre la diferencia que se hace en ésta ha alterado los efectos de sujeto. Y los precios a pagar también.

La “cosita” de Juanito
Juanito es un niño de 5 años que tiene fobia a los caballos, tiene miedo que lo muerdan y por eso no quiere salir a la calle. Desde los 3 años y medio, se manifiesta interesado por saber por la “cosita de hacer pipí”. Le pregunta a la mamá si la tiene, la cuál le responde que sí. Además persiste en tocársela, lo cuál origina que se le advierta que si vuelve a hacerlo, “llamaremos al doctor para que te la corte”.
Luego dirige su curiosidad hacia el padre, y le pregunta como es su cosita, y supone que la tiene como la de un caballo.
La investigación de Juanito apunta a saber como nació su hermanita. Él, al oír los quejidos de su madre en el parto, pregunta “¿Por qué tose mamá?”, y se responde a sí mismo “hoy viene la cigüeña conforme a la explicación que le han dado los padres.
La teoría de la cigüeña le genera innumerables preguntas a su padres, como por ejemplo, de donde ha venido, como hizo para conseguir a los niños y para transportarlos, etc., originando la incomodidad de sus padres y aumentar su desconfianza.

Nacida la hermanita, observa sus genitales y exclama “¡que pequeña tiene la cosita!, y agrega que ya le va ha crecer. El tema del valor del pene a ser observado y como fuente de excitación es central en el niño. La higienización materna lo ha incrementado, aunque ahora con un montaje de angustia. Comienza su miedo a ser mordido y ser castrado por un caballo.
Este cambio del placer a la angustia hace afirmar a Freud que aparecen en Juanito, los efectos de la represión del complejo de Edipo. Angustia derivada, en lugar de hacerlo hacia una inervación somática, hacia el caballo. Se instala un goce imposible de acceder, un cuerpo debe renunciar a algo. Esa operación imaginaria, con efectos simbólicos (la ley del incesto) deja un resto. El carácter persecutorio y amenazante del caballo, causa de la necesidad de esconderse en su casa, por temor a ser mordido. El superyó, es ese resto, y es el precio que debe pagar por ser sujeto de una ley.

Juanito elabora teorías sobre el nacimiento de su hermana, quiere saber como fue concebida, cuál fue el papel del padre, como nació, por que parte del cuerpo materno lo hizo. Todas sus teorías se elaboran sobre la premisa universal del pene, a pesar de todas las evidencias en contra, reniega de la falta de pene en la mujer. A su propia renegación colabora la teoría de la cigüeña de los padres, que, a modo de evitar un tema muy incómodo para ellos, parecía satisfacer a ambos. Pero el síntoma de Juanito se constituyó en la causa para persistir en la búsqueda de la verdad, como escapando de los efectos de la represión, quiere llegar a conocer “la cosita”.
La propuesta freudiana es transmitida al padre de Juanito. Interpelar al síntoma, dejarlo desplegar las palabras, y nunca ocultar. Permitir que se levante la represión, y de esa manera disminuir el sufrimiento del niño, a reducir el precio del encuentro con el Otro: la neurosis.
Juanito es efecto del lenguaje de la modernidad, de una época donde temas como la sexualidad y la muerte aparecían ocultos. Moral de una época que Freud denunció en obras como “El malestar en la cultura”, o Nietzche en toda su literatura. Sociedad victoriana, cuyos efectos aparecen en la psicopatología de la obra freudiana.

Lo demoníaco en Alan

Alan es un niño de nuestros días. Lo tengo este año y su historia la obtengo de su legajo y por versión de su cuidadora, su tía abuela.
Siempre fue muy inquieto, lo cuál generó en la madre, el impulso de arrojarlo a las vías del tren, sin tener informaciones de cómo fue salvado.
El padre, por su cuenta, en estado de ebriedad, lo ató a la cama, encerrándolo en un cuarto, al cuál le llevaban algo de alimento. Es descubierto por los vecinos avisando a la policía. El juez les quita la tenencia a ambos progenitores, sabiéndose que el padre fue preso por robo y la madre está en un centro de rehabilitación de adictos al alcohol.

En la escuela, recibe atención individual, porque no se queda quieto para hacer alguna actividad mental o manual, arremete a sus compañeros e inclusive a docentes, pretende ser el que determine lo que se deba hacer, y ante cualquier oposición a ello, se enfurece y le grita “no me toques, sos el demonio”. Cabe agregar que pese a su edad, no ha adquirido el lenguaje escrito, dice odiar las palabras.
Luego de conocer estos rasgos de su vida, me surgió la pregunta sobre la subjetividad de alguien, sometido a la presencia del Otro sin límite. ¿Cómo se construye una infancia con el Otro de tanta obscenidad, tan presente, tan desvelado? Otro que se considera dueño de la vida y de la muerte de su hijo. Subjetividad como la de muchos niños que saben demasiado sobre su goce. Protagonistas u objetos de sexo y violencia, sus efectos se producen. Efectos de un goce sin marcas de alguna ley que lo interdicten, pulsión sin significantes para obrar como sustitutivos. Su goce se desvela, se exhibe. Alan sabe demasiado que el lugar en la historia familiar ha sido una cama, y la vía del tren. No son significantes que remitan a otro significante, remiten a la cosa misma. No hay metáfora en ese lenguaje.

El Otro que se le desvela no reconoce la falta, la repudia. Alan, sujeto efecto del lenguaje, sólo puede identificarse con ese Otro desvelado, el demonio. Preso en ese significante, sin posibilidad de correrse, de encontrar Otro del Otro, un segundo que barre al primero. La posibilidad se pierde cuando el efecto producido es el repudio de la diferencia, y sus síntoma pasa a ser el objeto persecutorio demonio, que a diferencia del caballo de Juanito, no puede ser desplegado en un discurso para llegar finalmente al objeto causa, la cosita. Alan fue objeto de palabras que marcaron su división de la verdad, alienación que lo condena a su psicosis.

El ejemplo suyo, repito, no es pretensión de hacer de él paradigma de los niños de la posmodernidad, aunque la frecuencia con la que vemos casos parecidos por su hiperactividad, problemas de aprendizaje, de conducta, etc., me ha llevado a pensar sobre las infancias actuales, y sobre el tratamiento que se hace sobre la diferencia, sobre los operativos simbólico imaginarios que cada sociedad construye sobre la falta. Represión en la modernidad, da como resultado un objeto idealizado, y un sujeto sintomático neurótico.
La posmodernidad, parece repudiar la diferencia, y en lugar de la falta, aparece el objeto persecutorio, demoníaco. El sujeto sintomático resultante, es desvelado, atado a ese goce, imposibilitado de atravesar el fantasma para llegar a su verdad.

Para finalizar, quisiera agregar, que éste trabajo, además de intentar producir saberes sobre las infancias, pretende ser un saber hacer sobre la materia. Nuestro trabajo, tanto desde la clínica como las escuelas, nos generan la necesidad, no solo de brindar asistencia puntual a los casos que nos llegan, sino de hacer algo más. Hacer donde se pueda interpelar a los distintos actores sociales, que desde los lugares del Estado, medios de comunicación, que tienen tanta influencia sobre los chicos. Es en ese entramado simbólico imaginario donde se producen los efectos. Es a ese Otro al que se le debe producir la división de sujeto, se lo debe barrar.
Por eso agrego, la necesidad imperiosa de establecer políticas de Estado, sobre la niñez, que eviten que sigamos pagando un precio cada vez más alto por el repudio.
 
 
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