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   Serie: La Función del Sujeto

NEGRO sobre BLANCO
  Por Daniel Rubinsztejn
   
 
De cerca la gente no es normal.
La gente debería venir con un instructivo.
De un análisis

1.
“Una vez emergida la imagen, declara el enfermo verla fragmentarse y desvanecerse conforme avanza en la descripción. El paciente la va gastando (la desmonta) y extinguiendo al irla traduciendo (trasponerla) en palabras”1

Transliterar significa más allá; del otro lado…de la letra. Es representar con signos de un sistema a signos de otro.
La escritura es rajadura, una marca que en el instante que se traza, divide, como en una placa de arcilla. “La letra necesita de lo discontinuo, es discreción significante, es contra analógica” (R. Barthes2); es decir, no se parece a nada, no se desprendió del pictograma, sino que se opuso a él. La letra es tachadura... de ninguna huella previa. La transliteración en palabras tacha la imagen, la fragmenta y desmonta el montaje de escenas. Al escuchar el relato de un sueño, la imagen se desvanece y se comienza a rescribir lo escrito en el sueño.

La escucha analítica es sensible al surgimiento de alguna homofonía, porque gracias a ella, se produce la operación transliteración cuando la lectura le concede una voz3. Allouch sostiene que hay consubstancialidad entre literalidad (leer la letra) y homofonía, esta última es la dimensión donde la letra se manifiesta en el Inconsciente. De allí la propuesta de Lacan de tomar (leer) el deseo a la letra, una letra que se hace carne porque el material del significante somos nosotros quienes lo proveemos, es con “nuestros propios miembros – lo imaginario es eso – que armamos el alfabeto de ese discurso que es inconsciente”4.
El sujeto se constituye como efecto de la mortificación del significante en el cuerpo, se puede afirmar, entonces, que el significante es causa de sujeto. “El efecto de lenguaje es la causa introducida en el sujeto…Pues su causa es el significante sin el cual no habría ningún sujeto en lo real.”5

La letra a (la que se usa para escribir la identidad: a = a), anota que en su división, el sujeto se constituye como no idéntico a si mismo, se pierde - en este acto - la identidad, es decir que se pierde lo que jamás se tuvo. No se postula entonces, una identidad originaria y una posterior división. No; el eje pasa por pensar la constitución misma, la genealogía del sujeto dividida. El acento está puesto en la división, y el resto de esta operación, el objeto a, escribe la imposibilidad de una división perfecta. Escribe así una constitución fallada, cuyo núcleo es la división, cuya causa es el…significante; es decir que no habría una disyunción entre significante (que causa la división) y objeto causa (del deseo). Son los elementos esenciales en la operación de constitución subjetiva: función del objeto y función del significante.

2
El deseo del analista formula una regla: diga todo lo que se le ocurra. En su enunciación, hay una suposición: quien habla no sabe que dijo ni qué dijo. Es decir que el analista en el acto de enunciar la regla, deja dicho que:

1. Se trata de palabras
2. El saber está del lado de quién emprende la tarea, aunque lo ignora
3. Supone que (en un tiempo por venir) habrá sujeto, función de sujeto

Se apunta así a la enunciación. No al enunciado de la palabra, ni a significados. El se trata de palabras más que relevar tal o cual palabra, pone en juego las funciones de la palabra.
Entiendo que enunciación es ubicar quién habla, a quién le habla y el momento en que habla, haciendo resonar que se dice más o menos que lo que se intenta decir. Escucha y lectura hacen vibrar en acto la división del sujeto. Lo ha dicho, nadie se lo ha hecho decir: no hay vuelta atrás, Ud. lo ha dicho!
Como los espíritus del Averno, el sujeto de la enunciación acude a nuestra invocación, engendrado de nuevo cada vez para volver a eclipsarse, hasta la próxima nueva cita. Un extraño tiempo verbal lo habita: No estaba en el pasado, no es seguro que retorne, su presente es tan fugaz como fugitivo, entonces habrá estado en el instante del acto mismo del decir. En el eco del acto se podrá escuchar un mensaje inédito. El sujeto de la enunciación se constituye como un “habiendo sido” cercano al adagio “Wo Es war, soll Ich werden”, de Freud. Allí donde eso era, el sujeto debiera advenir. Pero ¿adviene? Y si adviniera ¿quedaría estático?, ¿con alguna identidad? Este sujeto (acéfalo) es nadie... que pueda decir yo deseo.

El “escándalo” de la enunciación es que revela que el sujeto es más soporte que agente de la articulación significante, es la consecuencia de una (in)determinada articulación. Sujeto indeterminado que se pierde en la medida que se encuentra. Por cierto, un encuentro extraño. Porque el sujeto de la enunciación sólo se enuncia en tercera persona, en tanto el:
“El no lo sabía”, un minuto más y estaba por saberlo... pero ¿llega a saberlo? ¿Habrá al fin coincidencia entre el sujeto y el saber?
Esa tercera persona (EL) arrastra en la constitución del sujeto una marca de lo impersonal es decir: allí donde el Eso era.

El Usted (pronombre de segunda persona del singular) se conjuga en castellano de igual modo que el singular de la tercera persona, su uso en análisis presentifica esta marca (el eso). Un Eso que produce ambigüedad, indeterminación del sujeto. Entonces, introducir el Ud. en el análisis mantiene la tensión entre la segunda y la tercera persona.
No se trata de contenidos, de representaciones sino que el conjunto vacío, la negación (no lo negado) es lo que representa a nuestro sujeto de la enunciación. El sujeto nunca puede llegar a ser, no puede realizarse plenamente, sólo ex- siste como vacío.

La afirmación de cierto ser implica la pérdida de ser. Todo juicio implica pérdida. Concluir: soy blanco implica que no soy negro. Por eso a veces no se llega al tiempo de concluir el tiempo para comprender. El acto, el juicio, implica ganancia y pérdida.
El sujeto no es más que un efecto del lenguaje, un efecto de vacío.
Cuando Lacan afirma: se trata de un “sujeto que desea sexualmente”, resalta que hay cuerpo, zonas erógenas, pulsión. La función sujeto, no es sin cuerpo. Reitero la cita: El sujeto se constituye como efecto de la mortificación del significante… en el cuerpo.

3
El efecto del lenguaje introduce la causa en el sujeto por eso nuestro sujeto no es causa de si mismo, “lleva en si el gusano de la causa que lo hiende. Pues su causa es el significante sin el cual no habría ningún sujeto en lo real.”(Posición del Inconsciente)
Las dos operaciones de constitución del sujeto son alienación y separación. La alienación plantea que más que representados en el Otro, “hay rechazo del Otro, en tanto que este Otro ha venido al lugar de esta interrogación por el ser”. Es un del ambiguo que no dice claramente si el rechazo es del Otro al sujeto, o desde el “sujeto” hacia el Otro (genitivo subjetivo u objetivo).
La división del sujeto entre saber y verdad revela que el sujeto no coincide con lo pensado, sino que está excluido: en lo pensado, no alcanzará “el ser”. No es en el saber como conjunto de representaciones en donde el sujeto se encuentra representado. Por el contrario, allí el sujeto está ausente. En este sentido sujeto “es” lo que falta al saber. “Es” esa disyunción misma que no se reduce ni al ser ni al pensar, es la barra que divide. Subvierte así al cogito, al introducir un ni que relaciona al pensar con el ser: penser. (Neologismo en español, pensar en francés)

La intersección entre ser y pensar es vacía, como el sujeto mismo: entre un ser, que es falta-en-ser, y que intenta significarse en el campo simbólico del pensar; y el conjunto de los significantes al que le falta aquel significante que pudiera representar al sujeto. La patria significante lo aloja y a la vez lo exilia: alienación.
Hay entonces, una inclusión radical del Otro en la definición de sujeto.
El segundo momento es el encuentro con la falta del Otro. El sujeto advino como no siendo, y se articulará a algo que falta en el Otro. Separación.
La barradura del Otro se actualiza en el análisis, en el instante en que el analista oferta intervalo. Favorece la aparición del intervalo que aproxime al sujeto a poner en acto su deseo, aunque sea indecible plenamente.
Siendo que el sujeto es efecto del significante y el objeto su producto, ambos quedan ligados al concepto de corte. En algunas ocasiones Lacan lo define al sujeto, otras al objeto, otras al inconsciente como corte. Si bien cada ocasión merece detenerse en las particularidades de su argumentación, podemos considerar que el corte da cuenta de la incidencia del significante y de sus consecuencias en el sujeto.

El deseo es corte, en tanto requiere de los intersticios entre significantes para circular por la cadena (se presenta articulado pero no es articulable). El significante, se articula en la repetición que es la operación (de separación) que engendra sujeto (definido como corte) y algo cae (objeto a como resto de la operación).

Nuevamente 1
Comentando el chiste “es el primer vuelo=robo (vol, en francés) del águila”, Freud dice que es una condensación que vuelve superfluo al sustituto, un efecto de condensación donde un mismo término se sustituye a sí mismo, siendo él mismo y el otro. Es un efecto de otredad de lo mismo: son las mismas palabras las que retornan como otras. Hay aquí un intervalo.
De un análisis:
Hablando acerca de quien gasta más o menos, dice ella: “al lado de mi marido soy una miserable”. Hay intervalo: miserable no es igual a miserable.
De otro análisis
Una homofonía: ”me gusta ir en el coche y que me digan piropos”
Analista: ¿por qué le gusta Irene?
Analizante: “Irene fue mi amiga de infancia algo mayor que yo, fue ella la que me avivó, manteníamos juegos sexuales.”

La lectura pone en acto la imposibilidad de representación del significante, es decir que sólo representa a un sujeto.
No es una lectura entonces que pretenda una traducción (atada al un-sentido), o una trascripción de sonidos (escritura fonética), se acerca a lo textual, y opera por homofonía.
“La transliteración escribe el escrito, equivale al desciframiento que escribe la cifra”. (J.A.)
Recordando La Metapsicolgía, se acercaría a lo que Freud llama cambio de estado meramente funcional de una huella. La escucha, leyendo, transmuta a lo escuchado en leído. Gracias a la voz.
“Hay que recordar que el trazo negro de cada palabra se torna inteligible en el libro merced al blanco de la página. Ese blanco del que la palabra brota y en el que acaba por desaparecer es el silencio primordial. El blanco escribe para nosotros lo fundamental de toda escritura: el círculo de misterio6 que envuelve nuestra existencia.
La palabra portadora de misterio demanda una lectura lenta, que se interrumpe para meditar, tratar de absorber lo inconmensurable, pide relectura, consideración del blanco.7
Leo entonces, desde esta cita de Murena, mi texto y descubro que blanco, corte, intervalo, silencio, y separación insisten en estas líneas. Marcas de lo inconmensurable en alguna medida posible, que en las huellas de la repetición engendran la función sujeto.


BIBLIOGRAFIA
Barthes, R.: Variaciones sobre la escritura, Paidós, Buenos Aires 2003.
Allouch, J.: Letra por Letra. Edelp. Buenos Aires
Psicoterapia de la histeria (1896) Cáp. 2, O.C., Tomo 1, Pág.118, Biblioteca Nueva, Madrid, 1948
Seminario 6, inédito
Lacan, J.: Escritos 2, Posición del inconsciente, Siglo XXI, Méjico 1976.
Murena Héctor, “Historia del silencio”, en La metáfora y lo sagrado. Visiones de Babel, FCE, Méjico, 2002. Pág. 436

1 Psicoterapia de la histeria (1896) cap 2, O.C., Tomo 1, Pag.118, Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.
2 Barthes, R.: Variaciones sobre la escritura, Paidos, Buenos Aires 2003.
3 Allouch, J., Letra por Letra. Edelp. Buenos Aires
4 Seminario 6, inédito
5 Lacan, J.: Escritos 2, Posición del inconsciente, Siglo XXI, Méjico 1976.

6 Misterio: Según Jankelevitch el misterio es adverbial, no es verbal ni sustantivo: casi, ya no, todavía no. Citado por J.Ritvo en Imago-agenda nº 125.*
7 Murena Héctor, “Historia del silencio”, en La metáfora y lo sagrado. Visiones de Babel, FCE, Méjico, 2002. Pag 436
 
 
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