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   Serie: La Función del Sujeto

La letra leída
  Por Silvina Dal Maso
   
 
El analista, él, zanja (tranche). Lo que dice es corte,
es decir participa de la escritura, en esto precisamente:
que para él equivoca sobre la ortografía.
Escribe diferidamente de modo que por gracia de la ortografía,
por un modo diferente de escribir, sueña otra cosa que lo que es dicho,
que lo que es dicho con intención de decir, es decir conscientemente (...)
Es por eso que digo que, ni en lo que dice el analizante
ni en lo que dice el analista hay otra cosa que escritura”.1

Freud encontró en los síntomas y los sueños la insistencia de un lenguaje que llamaba, si alguien se interesaba en ello, a realizar una lectura2. A partir de allí, la interpretación tendrá la función de leer lo que en la insistencia del inconciente se cifra. Ese cifrado no implica sólo la eventualidad de un mensaje, en el caso de que haya quien lo lea, sino que implica tanto la dimensión del deseo inconciente como de la satisfacción pulsional.
Resulta interesante pensar el recorrido que realiza Lacan con respecto a la obra de Freud, en el sentido de que, para restituirle su carácter verdaderamente subversivo, propone situar la experiencia en torno a la noción de sujeto la cual es solidaria de la función del significante. La letra será su soporte y, según los distintos ángulos desde donde la aborde, acentuará diversas dimensiones de la experiencia analítica.

Este movimiento le permite establecer una vía para resolver los callejones sin salida de una clínica que se aplastaba por jugarse de lleno en terreno imaginario. El significante le permite distinguir la dimensión del signo como lo que representa algo para alguien. En tanto el significante representa un sujeto para otro significante, se borran tanto el algo como el alguien. El sujeto surge como efecto de la articulación significante. El objeto que le conviene a esta operatoria es el que se funda en la estructura del objeto perdido de Freud.3 Será tanto producto de la articulación significante como causa del deseo inconciente.
Así es que Lacan propone adjudicar la noción de sujeto a lo que se despliega en la obra freudiana en términos de Inconciente. Sujeto del inconciente subvierte la concepción forjada en el terreno de la filosofía de un sujeto que conoce a su objeto.
Este nuevo sujeto se define como una relación nueva: la relación de un sujeto a un no saber4. Sujeto del inconciente dice del saber no sabido, de los pensamientos sin agente, también del límite de lo que es pasible de articularse como saber.
Entonces, la estructura del inconciente es la de un lenguaje, y de él se desprenderá, como efecto, el sujeto dividido entre los significantes. Para ello deberá mediar la función de la palabra.

A partir del seminario de La identificación, el significante tomado del terreno lingüístico, cuyos efectos se habían situado a partir de la dimensión retórica, asumirá desde allí otro carácter, un carácter lógico.
Ya no sólo será diferente de todos los demás, sino de sí mismo. El rasgo unario es lo que sitúa esa diferencia radical consigo mismo. Esto va a implicar que la repetición del mismo significante será, en principio, una verdadera paradoja, ya que sólo podría haber repetición del significante en tanto diferencia. Toda vez que podamos situar con un analizante que algo se repitió en tanto significante, se habrá repetido una pura diferencia.
Es así que será posible deslindar la cara significante como esa pura diferencia, y la cara real de la repetición como lo que yerra el blanco al tratar de alcanzar la identidad, la mismidad perdida. Ese yerro constituirá el lugar del encuentro fallido con lo real, esa será la mismidad alcanzada: la de volver a pasar por el lugar donde la estructura fracasa en capturar lo real.
Entonces, la letra que anteriormente se había planteado, a propósito de la retórica, como “la estructura esencialmente localizada del significante”5, aparecerá ahora, en el marco lógico, como soporte del significante en tanto pura diferencia, como rasgo unario.
Lacan formula la conjetura de que la escritura es contemporánea del surgimiento del lenguaje, en tanto implica el borramiento de la huella (como índice del objeto), y ese borramiento se produce por la fonetización del rasgo que implica el surgimiento del significante, cuyo soporte es la huella que queda borrada, la pura marca, la traza, la letra.
En este punto no considera lo escrito como lo puesto sobre el papel, sino las marcas que el lenguaje deja en el cuerpo y cuya lectura hace surgir como efecto un sujeto. Recordemos el esclavo de La subversión del sujeto, el cual porta “.un saber que no comporta el menor conocimiento, (…) que está inscripto en un discurso del cual, a la manera del esclavo-mensajero del uso antiguo, el sujeto que lleva bajo su cabellera su codicilo que le condena a muerte no sabe ni su sentido ni su texto, ni en qué lengua está escrito, ni siquiera que lo han tatuado en su cuero cabelludo rasurado mientras dormía.”6

En el seminario De un Otro al otro, retoma la cuestión de la marca indicando que el animal que habla se distingue por tratarse de un ser que puede leer su traza, su huella, y, en tanto lo hace, puede reinscribirse en otro lugar que allí de donde la ha sacado. Tal reinscripción constituye el lazo que lo liga al Otro. Aquí define al sujeto como el que reemplaza sus trazas por su firma.7
En este punto diremos que, si bien el sujeto es lo que un significante representa para otro significante, esto sólo es situable en acto en el análisis en relación a la presencia y la intervención del analista. Es así que ese sujeto se especifica por ser sujeto de un decir8. Y Lacan destaca que si bien el deseo no puede decirse (es articulado pero no articulable), “no es más que la desinencia del decir, y por eso esta desinencia primero debe delimitarse en el puro decir….”9
Tenemos, entonces, la relevancia del acto del decir10 y también de los significantes que a partir de ese acto se podrán situar por el recorte que hará la intervención del analista. No sólo se podrá dar lugar al sujeto que será el efecto de esa articulación significante, sino que en esta experiencia misma será posible situar lo imposible de la estructura.

Ahora bien, la letra en tanto pura marca a partir de la cual puede haber lectura, y esto sucede en tanto se articulan en ella los significantes, aparece a través de la repetición. En su marco nos invita Lacan a ubicar el automatismo de repetición en la repetición sintomática: lo que aparenta ser un ciclo repetitivo es la puesta en acto de un significante, lo que sólo puede soportar aquello que Lacan propone definir como letra. El comportamiento se repite para hacer surgir un significante reprimido, se presenta en su lugar. 11
A ello se deberá que proponga que lo que opera en la interpretación no es el efecto de sentido, sino la articulación en el síntoma de los significantes (sin ningún sentido) que se encuentran allí apresados.12
Al mismo tiempo, en su estructura misma la repetición significante vuelve a borrar la marca13, y a la vez engendra algo: se produce el sujeto mismo como su efecto, y a la vez se produce el objeto a cae como producto de la operación significante misma14. Es decir que la repetición repite la borradura de la marca de la que surge el significante, tratando de alcanzar lo que la misma operación repite como pérdida: el objeto. Se trata de la operación por la que se engendra el sujeto, cada vez, ya que sólo hay sujeto en tanto el significante insiste y lo divide y, a la vez, sólo hay borradura de la marca si la lectura, fonetizándola, la convierte en significante

La repetición permite al analista situar los significantes que determinan al sujeto y lo dividen, pero además fijan la satisfacción pulsional. Nos podemos preguntar en qué sentido promover la aparición de ese sujeto evanescente, con nuestra presencia y por nuestra intervención, tendría consecuencias a nivel de resolver algo del sufrimiento del que consulta, sufrimiento en el que (desde Freud estamos advertidos) se juega un goce, una satisfacción paradojal.
¿La puesta en juego del imperativo freudiano “Wo es war soll ich werden” que Lacan traduce como donde eso estaba, Je como sujeto debo advenir, por sí mismo produciría efectos a nivel de lo que insiste de la satisfacción pulsional fijada a nivel del fantasma como significación absoluta? ¿De qué modo?
Conviene subrayar que no basta con señalar la repetición, no basta situar que algo se repite. Eso representaría un primer paso, pero se requerirá avanzar en su abordaje para que se produzcan consecuencias diferentes a las que arriba la neurosis por sí sola.
Tal vez por ello Lacan insista en que el analista debe leer para incidir sobre la dimensión del goce. Es posible que la insistencia en la letra y la lectura, al final de su enseñanza, consista en subrayar una posición crucial en cuanto a la ética del psicoanálisis, y no necesariamente implique un renegar de todo lo articulado anteriormente en su acentuación del significante. Esa posición podría enunciarse como: no es posible que la experiencia se sostenga como un interminable deslizamiento, un puro bla-bla sin consecuencias. La pregunta que da cuenta de esa posición, que sería necesario sostener como analistas, y que debería guiar su posición en la dirección de la cura es: ¿cómo incidir sobre los modos fijos de satisfacción?

En el seminario L´insu… se sitúa que “el psicoanalista depende de la lectura que hace de su analizante, de lo que éste dice en sus propios términos, que cree decirle. Eso quiere decir que todo lo que el analista escucha no puede ser tomado al pie de la letra” 15 Aquí debemos ubicar que no tomar lo que el analizante dice al pie de la letra equivale, aunque parezca contradictorio, a apelar a la literalidad de la letra, es decir a su posibilidad de ser equivocada por la lectura; allí podrá tener lugar la resonancia homofónica.

Podemos suponer una diferencia entre la letra portada (grabada en el cuero cabelludo, actuada en el síntoma) y la letra leída en el transcurso de un análisis. Esa lectura promovería que se fuera perdiendo el goce que repetía, en el lugar del Otro; se perdería algo del goce superyoico que se articula al fantasma.
Se podría decir que resulta una letra equivocada por la lectura del analista. En ese sentido, el analista no es el que acierta en la lectura con su saber, sino el que logra equivocarla, equivocar la lectura que hizo el fantasma con otra lectura cuyo límite le aporta lo real de la letra.
Vía la palabra incidimos en la pulsión al situar el pasaje de la voz pasiva propia del fantasma: ser pegado, a la voz activa de la pulsión: la dimensión del hacerse pegar. No pienso en intervenciones acusatorias al modo de “¡Usted goza con eso!”, erradas doblemente porque creen dirigirse al sujeto cuando se dirigen al yo del analizante y porque lejos de reducir ese goce, lo fijan superyoicamente. El camino más bien consistiría en crear las condiciones de posibilidad para su desprendimiento.
Al abrir la significación fantasmática, equivocándola, se podrá situar lo activo de la pulsión para que, al ser desprendida de aquella significación absoluta, encuentre otra vía de respuesta al significante de la falta en el Otro (sublimación16, saber-hacer ahí17).

Una analizante que releyó su libro favorito, por primera vez, y para su sorpresa, lo hizo de otro modo. Sucedió a partir de cierto atravesamiento fantasmático. El mismo texto, por la nueva lectura, produjo otra historia, una historia que se presentaba como consecuencias de ciertas decisiones y no ya como producto de un destino cruel, que, en tanto fantasma, sostenía y se sostenía en el goce de la privación.
Leer de otro modo que el modo del fantasma equivale a escribir de otra manera con esa ¿misma? letra.
Allí donde eso era, podemos decir, donde la letra insistía y en su insistencia realizaba una satisfacción fijada a la significación absoluta del fantasma, que el Je como sujeto deba advenir implicará, vía lectura del analista, que se lea y por lo tanto se escriba de otro modo.


1 Lacan, J. Seminario XXV, Momento de concluir, Clase 20/12/77, Inédito.
2 Freud, S. Estudios sobre la histeria. Katharina, Pág. 144: “A menudo habíamos comparado [Breuer y yo] la sintomatología histérica con una escritura figural que, tras descubrir algunos casos bilingües, atinábamos a leer.” Tomo II. Obras Completas. Amorrortu Editores.
Y, Freud, S. La interpretación de loa sueños: “El contenido del sueño nos es dado, por así decir, en una pictografía, cada uno de cuyos signos ha de trasferirse al lenguaje de los pensamientos del sueño. Equivocaríamos manifiestamente el camino si quisiésemos leer esos signos según su valor figural en lugar de hacerlo según su referencia signante. (…) me empeño en remplazar cada figura por una sílaba o una palabra que aquella es capaz de figurar en virtud de una referencia cualquiera. Las palabras que así se combinan ya no carecen de sentido, sino que pueden dar por resultado la más bella y significativa sentencia poética. Ahora bien, el sueño es un rébus de esa índole”. Obras Completas. Amorrortu Editores.
3 Vivencia de satisfacción en Proyecto de Psicología, Pág. 362, e Interpretación de los sueños, Pág. 557.
4  Lacan, J. Seminario XII, Clase 12/05/65. Inédito
5 Lacan, J. La instancia de la letra, Escritos 1. Siglo XXI Editores.
6 Lacan, J. La subversión del sujeto. Escritos 2. Siglo XXI Editores. Pág. 783.
7 Lacan, J. Seminario 16, Clase 14/05/69. Paidós. Pág. 286
8 “El sujeto es el efecto, la dependencia, de ese decir. (…) Nunca jamás surge un sujeto sino porque el hecho es dicho, Tenemos que trabajar entre estas dos fronteras. Lo que del hecho no puede decirse se designa, pero en el decir, por su falta, y eso es la verdad”. Lacan, J. Clase 4/12/68, Pág. 60/1. Inédito.
9 ID, Pág. 68/9.
10 “Decir por otra parte que lo real es lo imposible es también enunciar que es solo el estrechamiento más extremo del decir, en la medida en que el decir introduce lo imposible y no simplemente lo enuncia”. ID.
11 Lacan, J. Seminario IX, Clase 13/5/61. Inédito.
12 Lacan, J. Posición del Inconciente. Escritos 2. Siglo XXI Editores. Pág. 821
13 “Es por eso que la repetición se ejerce de lo que repite la marca, pero para que la marca provoque la repetición buscada hace falta que sobre lo buscado, la marca se borre a nivel de lo que ha marcado; porque en la repetición lo buscado, que por su naturaleza se borra, deja perder esto: que la marca no podría redoblarse más que borrando, repitiendo la marca primera, dejándola desdoblar fuera de su alcance.” Lacan, J. Seminario XIV, Clase 23/11/66. Inédito.
14 “el objeto a lo hemos definido y representado como lo que cae en la estructura a nivel del acto fundamental de la existencia del sujeto, ya que es el acto en que el sujeto se engendra, a saber: la repetición. El hecho significante, lo que se repite, he aquí lo que engendra al sujeto y algo que cae”. ID., Clase 19/4/67.
15 Lacan, J. Seminario XXIV, Clase 19/4/77. Inédito.
16 “Para el neurótico el saber es el goce del sujeto supuesto saber. Por eso él es incapaz de sublimación. La sublimación es lo propio de quien sabe contornear eso a lo que se reduce el sujeto supuesto saber. (el obj. a)”. Lacan, J. Seminario XVI, Clase XXII. Paidós. Pág 320.
17“Uno sólo es responsable en la medida de su saber-hacer (savoir-faire). ¿Qué es el saber-hacer? Digamos que es el Arte, el artificio, lo que da al arte del que uno es capaz un valor notable, ¿notable en qué, puesto que no hay Otro del Otro para operar el juicio último? Al menos, soy yo quien lo enuncia así.”. Lacan, J. Seminario XXIII, Clase 4. Paidós. Pág. 59.


Bibliografía

Freud, S., (1893-95) Estudios sobre la histeria. Katharina, Tomo II. Obras Completas. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1992.
Freud, S., (1950) Proyecto de Psicología, Tomo I, Obras Completas. A. Editores. Buenos Aires. 1991.
Freud, S., (1900) La interpretación de los sueños, Obras Completas. A. Editores. Buenos Aires .1991.
Lacan, J., Seminario 9. Inédito
Lacan, J., Seminario 12. Inédito
Lacan, J., Seminario 14. Inédito
Lacan, J., Seminario 16. Paidós. Buenos Aires. 2008.
Lacan, J., Seminario 23. Paidós. Buenos Aires. 2006.
Lacan, J., Seminario 24. Inédito
Lacan, J., Seminario 25, Momento de concluir, Clase 20/12/77, Inédito.
Lacan, J., (1966) La instancia de la letra, Escritos 1. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. 1985.
Lacan, J., (1966) La subversión del sujeto. Escritos 2. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. 1987.
Lacan, J., (1966) Posición del Inconciente. Escritos 2. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. 1987.
 
 
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