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   Colaboraciones exclusivas

Intervenciones posibles, en un caso llamado de violencia
  Apuntes sobre la mirada
   
  Por María Cristina Castillo
   
 
La practica analítica me lleva a pensar en un caso que, rápidamente, pueden ser coagulado bajo la nominación de ” violencia”, cuando en realidad, la apuesta en un análisis es rescatar la singularidad en un sujeto que padece, intentando interrogar las trazas de su historia, sin desconocer la emergencia de lo contingente.

Andrea consulta porque dice tener problemas con su pareja. Vive con R hace dos años a partir de un embarazo del cual tiene una hija que promedia el año y medio en el momento de la consulta.
Dice que R la ha golpeado en algunas oportunidades, que es muy agresivo y prepotente. Justifica este accionar por el lugar que ocupa éste en su propia familia de origen.
Muy lejos del estereotipo imaginario de la mujer golpeada, Andrea, de unos 30 años, siempre esta arreglada, habla, escucha y se desenvuelve muy bien. Dejó una carrera universitaria y su trabajo, perdiendo eso sí, mucho de su lazo social cuando se va a vivir con R.

En Buenos Aires solo tenia una hermana, con la cual difícilmente podía contar, ya que se encontraba subsumida en el alcohol y las drogas, siendo Andrea, muchas veces, sostén de su hermana mayor. Con esta hermana existía una relación que fluctuaba entre la compasión y la rivalidad. La misma portaba título universitario, cosa muy preciada en el ámbito familiar.
Su madre, nominada la señora “Utilísima”, sabía combinar flores perfumes y moños en una inmaculada casa que incomodaba a cualquier “visitante”, quien no podía dejar huellas allí; y un padre que había decidido irse de esa casa con una mujer no tan perfecta, en el mismo tiempo que transcurría el análisis de Andrea.
Volviendo a este tiempo, la paciente había quedado bajo la nominación “patito feo” circulando en la historia familiar como tal, identificándose al mismo lugar.
En una sesión llega con anteojos oscuros y una polera con 30º de calor, ocultando magullones. Le pregunto que le sucede y comienza una letanía llena de improperios contra ella “no sirvo para nada””no puedo cambiar” justificando esos golpes que a su vez intentaba ocultar. Comienzo allí a interrogar el moretón de su ojo, con lo cual se sorprende y me pregunta enojada si la estoy escuchando, a lo cual respondo que estoy sumamente preocupada porque está lastimada y que la estoy mirando.
Fue necesario acompañar el discurso con la mirada para sacarla del lugar de la renegación.
Esta mirada que la angustia, causa y abre una dimensión que permite interrogar esos dichos injuriantes, aquellos que sostenidos desde el discurso materno la convocaban a sostener una escena donde el cuerpo era magullado.
 
Una madre “utilísima” que decía “algo habrás hecho”, “ tenés que pensar en tu hija”, sumado a un padre que huye sin poder poner palabra que haga tope a la madre y sus injurias, sostienen una desmentida que la arrojaba detrás de sus lentes oscuros y su polera.
El hematoma en lo real estaba allí para ser interrogando.
El análisis transcurre en medio de ruidosas separaciones y reconciliaciones.
La fragilidad de la ley psíquica (cuando esta no funciona) me llevó a convocar la ley social y a las instituciones que trabajan con ellas, con una fuerte intervención en lo real.
Andrea, producto de su análisis comienza a poder pedir ayuda en los lugares adecuados. Denuncia allí donde corresponde denunciar, pide ayuda en los espacios públicos nominados a tal cuestión.
Tiene ella misma que atravesar los prejuicio de estos espacios cuando le piden que deje su análisis para incorporarse a “grupos de mujeres como ella”.
Es en ese punto muy interesante cuando puede recortarse con su singularidad “yo no estoy tan hecha mierda como esas minas, no quiero ir.” Esto la coloca en un lugar diferenciado pero a la vez la Institución -que trabajaba en ese momento con mujeres golpeadas- la desaloja violentamente también. De este modo como analista intervengo comunicándome con la Dirección del área que le estaba negando el patrocinio. Hubo un cambio fundamental tanto en el trato como en el diligenciamiento que se le estaba negando.

El “patito feo” se transforma en un significante ha ser gastado, entra en la serie de aquello a lo cual se puede interrogar, cuando también puede abstraerse de algunos lugares que la pegotean aun más.
Puede apropiarse de una diferencia con las mujeres maltratadas, en lo particular del “mal-trato” del cual ella proviene.
Unarizarse, tomar la traza y hacerla propia la despega de esta maza golpeada, pegoteada

Andrea comienza a conectarse con algo de su posición deseante, mientras marchaba su separación y la ley ordenaba, comienza a tomar clases de baile, mas específicamente SALSA de esta manera se convierte en una muy buena bailarina y comienza una carrera que la lleva a viajar por distintos países.
Hace rotar la mirada de un Otro que la baile a poder bailar la salsa, dándole una vuelta a su feminidad cortando así con un lugar de fijación, no siendo objeto de fijación sino objeto de deseo.

Julio 2009
 
 
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