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   Colaboraciones exclusivas

La palabra arrinconada [primera parte]
  Por Jorge Helman
   
 
Conferencia dictada en el HOSPITAL ÁLVAREZ, en el ciclo: “Del infans al nacimiento del sujeto”, dentro del Servicio de Psicopatología, coordinado por la Dra. Nora Villa y la Lic. Jorgelina Butta, en Buenos Aires (Argentina), los días 6 y 27 de mayo de 2009. Versión desgrabada, corregida y ampliada.

…el pasado que no ha sido amansado con palabras no es memoria, es acechanza.
Laura Restrepo


Debo comenzar haciendo una confesión. Cuando Jorgelina Butta me pidió el título de esta conferencia, pensé en “la palabra amurallada”. Pero luego se dio lo que Borges denominaría una especie de coincidencia cósmica. Hace un mes aproximadamente, entre Fernando e Isidro, dos barrios con nombres de santos, a alguien se le ocurrió construir una muralla; hecho que algún periodista, con prudencia, calificó de estupidez. Reconozco entonces que para no quedar pegoteado a eso, cambié el título por “la palabra arrinconada”. Pero “arrinconada” o “amurallada”, sea uno u otro, están en realidad inspirados en el libro La palabra amenazada1 de la lingüista argentina Ivonne Bordelois.

TÍTULOS
Como de ellos se trata, me voy a detener entonces en el título de este ciclo que tan inteligentemente han diseñado las coordinadoras, porque cubre un amplio espectro. Va desde la morfología subjetiva hasta las vicisitudes que ella va causando, es decir, los resquebrajamientos que se producen a lo largo de su construcción y las estrategias psicoterapéuticas emergentes. El programa es muy generoso en ese sentido.
Quiero tomar el título de este curso: “Del infans al nacimiento del sujeto”, la conferencia de hoy se va a demorar en su análisis, en su retorcimiento; éste convoca a un referente particular, el lacaniano. Más aún, el uso de la palabra infans, en lengua francesa, nos hace pensar en esa procedencia; no solamente por el contenido del enunciado, sino también por el contexto en el cual se emite. Este es un servicio de psicopatología, que ofrece la ciudad de Buenos Aires, con una fuerte tradición lacaniana. Y el significado que posee el título está profundamente arraigado al pensamiento de Lacan; es lo que todos, empujados por el enunciado, esperamos encontrar.

En este sentido, el pasaje que va del infans al sujeto humano, aun cuando emerge en el interior del “clima” lacaniano, guarda una rigurosa solidaridad con el pensamiento de Freud. (Hablando de coincidencias cósmicas, hoy conmemoramos un aniversario de su natalicio, fue un 6 de mayo... de 1856).
Esa solidaridad, entre ambas reflexiones, se percibe cuando acudimos a un concepto de Freud implantado en Introducción del narcisismo2 de 1911. En este texto, él sostiene que el pasaje que va del autoerotismo al narcisismo se produce a la luz del surgimiento de un nuevo acto psíquico, que podemos precisar como el nacimiento del Yo. Y así como se puede pasar del autoerotismo al narcisismo, ocurre lo mismo con la mudanza del infans (que traducido al español quiere decir “no hablante”) al sujeto psíquico o al sujeto humano. Si allí, en Freud, lo que intervenía era la emergencia del Yo, aquí, en Lacan, lo que media es la presencia del LENGUAJE. Esto se deja traducir, en términos de Levi-Strauss, como el viraje de la Naturaleza a la Cultura.

SUJETOS

Éste es el significado esperable del enunciado que gobierna este curso sobre psicosis infantil. Sin embargo, yo me voy a demorar en el significado inesperado, en la pregunta sobre cuándo nace el sujeto, más allá de las precisiones puntuales que cada uno de nosotros tengamos, y más acá de cuándo nació un sujeto en particular. Rebasando ese significado puntual, hay una pregunta que es cuándo nace el sujeto en la historia de las ideas... Salvo que pensemos, erróneamente, que el sujeto siempre existió; esto sería algo análogo a suponer que el universo siempre estuvo. Hoy sabemos, merced a la teoría del Big Bang, que el universo tuvo un momento de nacimiento, otro de crecimiento y expansión; tendrá, también, una fase de decrepitud y, por último, de fallecimiento. Con el concepto de sujeto, pasa algo análogo.

HISTORIAS
Voy a tratar de conducirlos a través de un viaje en el tiempo, compactado, que nos permita conocer la historia de la teoría del sujeto.
En la Antigüedad griega, no existía la palabra sujeto; sin embargo, hallamos en los textos de Aristóteles, un concepto que se le aproxima, es la voz hypokeimenon. ¿Qué significaba este término? Para Aristóteles, era el soporte de las cualidades, el ser de las cosas. Todos los entes, incluidas, por supuesto, las personas, son un hypokeimenon. Quiere decir que somos el sostén material que está apuntalando a un conjunto de atributos, aunque no viene al caso cuáles son; éstos se encuentran atados a una materialidad. La mejor traducción que se puede hacer de esa palabra es sustrato. Recuerden que estamos situados tres siglos antes de la era cristiana.

Ahora vamos a realizar un salto generoso en el tiempo, nos trasladaremos al siglo VIII, que es cuando brota por vez primera la palabra subjectum (que traducido significa: “caído o movido hacia abajo”). Como es sabido, todo el dispositivo lexical de una comunidad constituye una estructura dominada por la lógica de las oposiciones (quiere decir que una palabra se afirma para denegar la existencia de todas las otras), de modo tal que cuando brota el término subjectum es para oponerse a otro: objectum; esta voz se sitúa en la vereda de enfrente de aquélla.
Objectum significa “objeto” y se traduce como “lo que está frente a mí”. En esta oposición, se evidencia el modo en que el Objeto somete a su contrario, o sea, al Sujeto.

El sufijo jectum expresa movimiento, la lengua española lo recolecta del latín; por ejemplo, la palabra abyecto denota un movimiento de repulsión. Si digo subjecto, me refiero a algo literalmente “movido o caído abajo”, como lo señalé con anterioridad; introyecto es algo que se mueve hacia adentro; la proyección alude a lo que es expulsado hacia afuera.
Pero ¿cuál es la sala de parto de la cual brotan estas palabras, estas voces latinas? La gnoseología, o sea, la teoría del conocimiento. Los pensadores medievales entendían que el sujeto se encontraba amarrado, atado, aferrado, sujetado a las condiciones del objeto. Expresado en otros términos, SUJETO supone amarre, sujeción y sometimiento a un OBJETO. En este sentido, el pensamiento medieval opera con dos términos: sujeto y objeto, pero todavía estamos lejos del sujeto tal cual lo conocemos hoy.

MODERNIDADES
Tenemos que saltar nuevamente en el tiempo para fijar ciertas estaciones ideológicas, donde se irán produciendo transformaciones, que van cambiando la mirada. Así debemos, ineludiblemente, posarnos en el siglo XVII y, fundamentalmente, en un texto capital: El discurso del método3 de René Descartes, de donde surge el conocido cogito cartesiano: pienso, luego existo. Acá se produce un corte altamente significativo que se distancia del concepto medieval; se trata del sujeto de la conciencia y sus aledaños, no es solamente de la conciencia. Descartes, con esto, funda un sujeto que es un vecino muy próximo del que actualmente conocemos.

Descartes escribió varios tratados, trabajó en Bélgica durante mucho tiempo, y estampó también el Tratado de las pasiones del alma4 donde analiza sueños. Vale decir que Freud no fue el primero en analizarlos; en este sentido, se puede acudir al propio testimonio freudiano, básicamente, al primer capítulo del libro de los sueños, que se llama La literatura onirocrítica que opera como introducción enérgica del libro La interpretación de los sueños5.

Algunos años más tarde del pienso, luego existo6, alrededor de sesenta años después del Discurso del método, el empirista inglés John Locke escribe el Tratado sobre el entendimiento humano7. Y unos 20 años más tarde, el matemático alemán Godofred Leibniz le escribe una respuesta al empirista inglés llamada Nuevo ensayo sobre el entendimiento humano8.
Disponemos, en consecuencia, del pensamiento de Descartes, del de Locke (quien además tuvo una influencia notable sobre David Hume9) y del de Leibniz, con una diferencia de setenta años aproximadamente. Para nosotros, es una cifra inconmensurable de tiempo, pero para la historia de las ideas es prácticamente insustancial.

Propongo, merced a un juego imaginativo, un ejercicio lúdico: sobrevolar con un helicóptero para percibir el tráfico ya no de automóviles, sino de las ideas. Y vamos a ver allí un fenómeno muy destacado; una especie de “atolladero” o “follón”.
Por una parte, observamos que el sujeto se transforma en objeto de estudio, lo que nos permite percibir el nacimiento de la Psicología moderna. Porque ¿qué estudia la Psicología que hoy conocemos? Más allá de cualquiera de las definiciones que hagamos de ella, de las precisiones que hubiésemos obtenido en las materias introductorias de las carreras de Psicología, tales como Psicología general u otras afines, esas nociones tendrán que ver con el sujeto humano. Ya sea que hablemos de conducta como hace José Bleger10, o de estudio del entendimiento humano, lo cierto es que existen algunos acontecimientos sumamente fuertes ocurridos durante ese período de la historia de la humanidad.

El surgimiento de la Psicología moderna es una ineludible consecuencia del nacimiento de la ciencia en la Modernidad. Ésta opera, precisamente, como causa, ya que los descubrimientos de Isaac Newton, promovidos desde el campo de la física, se han expandido a vastos territorios del saber humano, sus postulados epistemológicos siguen aun hoy vigentes.
O sea que estamos en plena época de la Modernidad, con un pensamiento que responde a cánones y protocolos que tienen como origen las ideas fundadas durante el siglo XVII. Incluso, cuando Freud piensa en CIENCIA, lo hace sobre el horizonte de postulados instalados por Isaac Newton. Aun a riesgo de reiteración, es importante resaltar que lo que hoy nos llega como conocimiento científico no es más que la herencia de los desarrollos cognoscitivos instalados a lo ancho y a lo largo del siglo XVII.
De modo tal que estos hechos constituyen el anverso y el reverso de un mismo proceso que comprende la aparición férrea de métodos, objetos y procedimientos de aprehensión cognitiva, y el surgimiento del estudio del sujeto humano como objetivo.

DESVÍOS

Algunas digresiones vecinas a lo arriba enunciado. Harold Bloom, un historiador y pensador estadounidense, escribió, no hace demasiado tiempo, un libro que se llama Hamlet o la invención de lo humano11, o sea que según él, lo humano nace a la luz de lo que Shakespeare plantea en Hamlet. Múltiples son los ejemplos que podemos encontrar que le dan la razón a Bloom. Nos podemos remitir al segundo acto de la obra Hamlet donde el personaje expresa el enunciado “algo se ha desordenado en la naturaleza” (se refería a la muerte de su padre y al temprano casamiento de Gertrudis, su madre, con su tío Claudio). Ahora, el hombre que puede decir ésto es porque está fuera de la naturaleza y la puede observar; lo hace porque está hablando desde la cultura.

La cultura, ya que hago mención a ella, nace en la Modernidad... pero ¿antes no existía “cultura”? Por supuesto que sí, pero no había conciencia de ella. Algo análogo aconteció con la idea de infancia, que nació en el siglo XVI. Pero antes ¿no había niños? Sí, por supuesto que sí... ¡si no, no hubiesen existido los adultos! Lo que ocurre es que nadie posaba la mirada en ellos; yo me baso, al hacer esta afirmación, en las investigaciones que Juan Carlos Volnovich estableció acerca del tema. En otras palabras, recién en el siglo XVI se comienza a reflexionar sobre la infancia; antes no se la consideraba como un “observable” particular, y todo esto tiene que ver con el surgimiento de la Modernidad.
Por el momento dejaré, entre paréntesis, este trayecto para introducir un interrogante; luego volveré sobre lo desarrollado hasta ahora.
Quiero invitarlos entonces a imaginar dos escenarios diferentes para que al compararlos, emerja una conclusión. Por un lado, se trata de la escena donde la Historia (por lo menos en el pensamiento occidental), aparece como forma de memoria colectiva; y por otro, la singularidad de cada uno de los sujetos en su materialidad concreta, como modo de expresar la memoria particular. A ambos escenarios, los voy a interrogar planteándoles cuándo han nacido.

Aun hoy, seguimos polemizando sobre el inicio de la Modernidad. Algunos opinan que fue luego de la caída del Imperio Bizantino, tras la toma de Constantinopla por manos turcas, merced al sultán Mehmed II, ocurrido en 1453. Otros autores sitúan su nacimiento con la invención de la imprenta de Gutenberg, hecho sucedido en el año 1440 en Alemania. Otros pensadores lo ubicarán junto al descubrimiento de América en 1492, que es coincidente con el decreto firmado por los Reyes Católicos, de expulsión de judíos y moros del territorio hispano. Lo cierto es que no hay una fecha precisa, la vacilación fluctúa aproximadamente en un período de cuarenta años; una cifra irrelevante en la memoria colectiva.
Volquemos ahora la misma pregunta sobre la segunda escena, la del nacimiento de la subjetividad. Sabemos que aquí el lenguaje juega un protagonismo hegemónico. ¿Cuándo habla un niño?, ¿cuándo balbucea?, ¿cuándo emite sus primeros sonidos, que los adultos cercanos traducen como “palabras”? O ¿cuándo, siguiendo a Piaget, se ha instalado el pensamiento abstracto12? No hay una fecha precisa, al igual que en la escena histórica. Se puede inferir, comparando ambas escenas, que la ontogénesis clona o duplica a la filogénesis... ¡como afirmase un tal Sigmund Freud!

Voy a concluir, con este período de la Modernidad, haciendo algunas puntuaciones y comentarios adicionales, para luego retornar a la “máquina del tiempo” en busca de nuestro objetivo: encontrar al concepto de sujeto que manejamos en la actualidad.
Este período, que nace en el siglo XVII y se extiende hasta nuestros días, ha generado múltiples innovaciones. Una muy destacable es el surgimiento de una nueva modalidad de relatos. Los que hasta la época medieval constituían relatos a secas, ahora se han divorciado en dos grandes territorios. Por un lado, ha nacido la novela (nouvelle), que es el habitáculo de las fantasías (llámese “subjetividad” o “realidad psíquica”); y por otro, surge el ensayo, que es el espacio donde se albergan los conocimientos objetivos provisorios (¡de ahí su nombre de ensayo!), conocido como “realidad objetiva”.

Con relación a la subjetividad, anteriormente mencionada, algo importante aconteció. Cuando surge, en el siglo XVII, el pensamiento sobre el sujeto de la conciencia, emerge la autorreflexión, y esta noción se alterna con la de subjetividad (opera como sinónimo). Se trata de la idea de un sujeto que está partido y repartido en sí mismo, o sea, un sujeto desdoblado y en diálogo (o monólogo) interior. Podemos hablar de una escisión “intelectual”, porque luego vendrá acompañada de otra, que designaremos como “afectiva”.

Por eso, anteriormente decía, a propósito de Descartes, que no se trataba solo del sujeto de la conciencia en estado puro, sino de sus parámetros afines. Esto implica que hemos adquirido la posibilidad de auto-pensarnos.
El concepto de reflexión nace en el espacio de la óptica, lo trae Baruj Spinoza13 que era, además de filósofo, óptico. La idea de reflexión implica que alguien se piensa a sí mismo, lo que llamamos anteriormente “escisión intelectual”, y viene acompañada de otro desdoblamiento, que designamos como “afectivo”. Se trata del narcisismo.
Y ¿qué es el narcisismo sino el amor que alguien se profesa a sí mismo? Esto presupone una disociación entre una parte amada (pasiva) y otra amante (activa); estos retazos del Yo configuran la subjetividad. Señala Freud en Introducción del narcisismo que las grandes lastimaduras al sistema narcisista no brotan de la multiplicidad de yoes, atento a que se pueden construir muchos álter ego. Un ejemplo adicional del mismo autor; en 1908, escribe el texto El poeta y la creación fantástica14, donde señala que el escritor puede fabricar distintas alternancias de sí mismo. En rigor, y volviendo sobre el texto de 1911, las auténticas ofensas a la estabilidad yoica surgen del devenir; lo que lastima a la estructura narcisista es la enfermedad, la fragilidad que tiene el yo corporal, aliado al paso del tiempo.

En síntesis, y aún a riesgo de reiteración, hay una serie de acontecimientos muy sobresalientes que hacen que se deposite la mirada sobre algo que sí se ha transformado en la Modernidad: es el surgimiento del sujeto de la conciencia y sus confines, es decir, también de lo que le va dando contorno. “YO pienso, luego, YO existo” significa que hay un YO que está operando ya en vecindad con el sujeto tal cual hoy lo conocemos.
Reitero que Descartes trabaja con tres términos, rompiendo el dualismo sujeto-objeto vigente en el pensamiento medieval. Ese tercer término, garante de los anteriores, es Dios, quien, desde las sombras, avala su vínculo.
Una consideración adicional con relación a este período fundacional. Como bien lo ha señalado Umberto Eco15, la Modernidad ha liberado fuerzas que estaban oprimidas durante el período medieval; ha producido una suerte de estallido expansivo de sentimientos e ideas innovadoras. Se ha pasado de un mundo cerrado a un universo infinito, siguiendo la feliz expresión impuesta por Alexandre Koyré16. Simultáneamente, esa explosión ha generado muchos momentos altamente críticos en la historia; uno de ellos es el actual.

La hoy llamada postmodernidad, situación histórica que va desde el siglo XX hasta nuestros días, en estado ya de declinación, ha producido una mutación en los modos de pensamiento y en el sentir del ser humano, de forma novedosa e impredecible, desde el punto de vista de las resonancias subjetivas.
Numerosos autores han reflexionado acerca de este período17; apelando a diferentes nomenclaturas. Un rasgo, entre otros, rescatable es el surgimiento de una modalidad particular de narcisismo: se trata de un Yo tan repleto de estímulos que, aturdido por ellos, ha extraviado su identidad (aunque ésta sea imaginaria y transitoria). En última instancia, esas estimulaciones concluyen vaciando a ese mismo YO, hecho resaltado por Gilles Lipovetzky18.

Otro trazo atendible acerca de estos tiempos que ya están caducando, lo representa la irrupción del descrédito; llamado también “el fin de las ideologías” o “el fin de los grandes relatos”. Estas ideologías (¡porque, al fin de cuentas, aunque “light”, lo son!) descreen de todas las formas de representación; y como lo señala la ya citada Ivonne Bordelois, aparece LA PALABRA AMENAZADA. Este quiebre de la creencia en la representatividad se expande en vastos en territorios y forja una atmósfera de desconfianza... Y así como, en 1927, Freud escribió el libro EL PORVENIR DE UNA ILUSIÓN19 hoy “podría” escribir otro texto en respuesta a aquél que se titulase: EL PORVENIR DE UNA DESILUSIÓN... ¡con la plena garantía de que ocuparía un sitio privilegiado en las bibliotecas de los psicoanalistas!

Pero tal vez una viñeta humorística sirva no sólo para ilustrar estos tiempos actuales, sino también para aliviar el espíritu del lector de esta exposición. Esa pincelada surge de una humorada de Woody Allen, y funciona adecuadamente como “pintura de nuestra época”. En un film de reciente factura, el cineasta es interrogado por un interlocutor acerca de qué religión profesa, ante lo cual el humorista le responde: “nací dentro del judaísmo, luego me convertí al cristianismo, pero hoy soy un ferviente devoto del narcisismo”.



1 BORDELOIS, Ivonne - La palabra amenazada - Libros del Zorzal - Buenos Aires – 2003.
2 FREUD, Sigmund – Introducción del narcisismo – (1911) en Obras completas correspondientes a las ediciones españolas de Biblioteca Nueva (1948) y Amorrortu Ediciones de 1978; a la edición alemana de Conditio Humana - Buchdrukerei Eugen Göbel, Ed. S. Fischer Verlag GmbH - Frankfurt am Main de 1975. En adelante, sólo se señalará el título del trabajo y la fecha de su factura.
3 DESCARTES, René - Discurso del método - (traducción de Juan Carlos García Borrón) - Bruguera (Libro clásico) - (fecha original: 1637) - Barcelona - 1980.
4 DESCARTES, Renato - Tratado de las pasiones del alma - Biblioteca Nueva - (fecha original: 1649) - Barcelona - 1980.
5 FREUD, Sigmund – La interpretación de los sueños – 1900.
6 ¡Que en otro orden de cosas incluye, en la penumbra, un tercer término además del pienso-existo y es Dios, quien opera como garante en ese vínculo!
7 LOCKE, John - Ensayo sobre el entendimiento humano - (fecha original: 1690) – Fondo de cultura económica – México – 1983.
8 LEIBNIZ, Godofredo Guillermo - Nuevo ensayo sobre el entendimiento humano - (fecha original: 1714) - Aguilar - Buenos Aires - 1980
9 HUME, David - Tratado de la naturaleza humana - (traducción de Félix Duque) TOMOS I y II - (fecha original: 1734) - Editora Nacional - Madrid 1981.
10 BLEGER, José - Psicología de la Conducta - Paidós (Biblioteca de Psiquiatría, Psicopatología y Psicosomática) - Buenos Aires - 1967.

11 BLOOM, Harold - La invención de lo humano – Editorial Norma – Buenos Aires – 2001.
12 PIAGET, Jean –Seis estudios de Psicología – (fecha original: 1964) - Paidós – Buenos Aires – 1973.
13 SPINOZA, Baruch - La ética geométrica demostrata (fecha de escritura: 1661, fecha de publicación: 1677) - Aguilar Argentina - Buenos Aires - 1980.
14 FREUD, Sigmund – El poeta y la creación fantástica – 1908.
15 ECO, Umberto - De los espejos y otros ensayos - Editorial Lumen - Barcelona -1988.
16 KOYRÉ, Alexandre - Del mundo cerrado al universo infinito - Siglo XXI Editores - Madrid - 1982.
17 Tan solo con el ánimo de puntuar algunos referentes, remitimos a: BAUMAN, Zygmunt – Modernidad líquida – Fondo de Cultura Económica – Buenos Aires – 2002; VATTIMO, Gianni - El fin de la Modernidad (Nihilismo y hermeneútica en la cultura postmoderna) - (fecha original: 1985) - Gedisa - México – 1986; HELMAN, Jorge - La subjetividad entre la escritura y lo inconsciente. - (Incluido en LA ESCRITURA EN ESCENA) - Editorial Corregidor (Colección Norte-Sur) - (fecha original: 1993) - Buenos Aires - 1994. - Reproducido por ACHERONTA N° 2 (Primera Revista psicoanalítica en formato electrónico) - Acceso directo a Internet: www.acheronta.org; CASULLO, Nicolás - El debate modernidad - postmodernidad - autores varios - Puntosur - Buenos Aires – 1989, entre otros.
18 LIPOVETZKY, Gilles - La era del vacío - Anagrama - Barcelona – 1986.
19 FREUD, Sigmud – El porvenir de una ilusión – 1927.
 
 
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