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Lectura del seminario XV – El acto psicoanalítico [Primera parte]
  Por Norma Alberro
   
 
Lacan introduce el concepto de Acto en su seminario del año 1967-68 que fue interrumpido por los acontecimientos de Mayo del ’68. Si bien Lacan lamentó la suspensión de su seminario, sin embargo no dejó de experimentar una cierta satisfacción por este movimiento -tal como lo expresa en una conferencia que sostuvo en junio del 68- puesto que su discurso había sido interrumpido por algo que, le parecía, ponía en juego una dimensión que estaba en relación con el acto, tal como él lo trataba en su Seminario.

Acto destinado a los psicoanalistas afín de permitirle a ellos y a los otros: “una justa estima del peso que tienen que soportar cuando algo, precisamente, marca una dimensión de paradoja, de antinomia interna, de profunda contradicción, pero que permite concebir la dificultad que representa para ellos sostener la carga”.
Desde que Freud reveló la existencia del inconsciente, del sujeto del inconsciente, una suerte de revolución copernicana se impuso en la cual se podría decir que, actualmente el Acto no es más el centro de su voluntad propia sino que es otro lugar, un sol que, como la muerte, no puede mirarse de frente, otro lugar es el centro; además, ese centro seria el de una elipse.
El acto, en el campo del psicoanálisis, se sitúa bajo el paradigma de la paradoja.

Voy a intentar darles una idea de su recorrido en las cuatro primeras lecciones del Seminario siguiendo algunos hilos conductores, surgidos de mi lectura y de las numerosas indicaciones que Lacan da acerca de lo que es leer.
Intentaré también, no soslayar la dimensión del cuestionamiento tal como se encuentra tomado en el hilo de una palabra, de una enunciación.
En la lección del 24 de enero del 68, Lacan se refiere a estas cuatro primeras lecciones para justificar la impresión de un cierto “flou” (es la palabra que utilizó), diciendo que antes de poder articular lo que él llama el “punto-nudo” (en las lecciones 5 y 6), es decir su cuadrángulo, su “referencia estructural”, necesitaba conquistar esta referencia, “puesto que está en su naturaleza no poder ser dada desde el principio”. De esta manera, la unidad de sus primeras cuatro lecciones está dada por el tiempo de la conquista.

Para Lacan se trata de promover un significante nuevo: “el acto psicoanalítico”, en el que es necesario encontrar el lado verdaderamente sorprendente. Esta “pareja de palabras extrañas”, estos términos acoplados, nos plantea desde el comienzo la cuestión de saber si ellos hacen relación, si hay acto analítico, como para el acto sexual, ya que Lacan hace referencia a la Lógica del fantasma. Lanzar ese significante “acto psicoanalítico” plantea radicalmente, la cuestión de saber si esto designa algo y en ese caso, qué era ese algo antes de ser nombrado. Lacan se propone, en un primer tiempo “dar una forma a ese sentido”.
Una “pareja de palabras extrañas”: unheimlich, podría decirse con Freud. Efecto de unheimlich, puesto que va a sacar a la luz, sobre la escena, una serie de cuestiones esenciales pero que, sin embargo, han sido “desconocidas”, “elididas”, “veladas”. El desconocimiento de estas cuestiones por parte de los psicoanalistas y en el seno de las instituciones psicoanalíticas, no es por azar, sino que se relaciona con la identidad misma del analista. El es en su acto. Dichas cuestiones, Lacan las nombra en esta primera lección:

¿Qué es el “fin” de análisis? Fin en sus dos acepciones.
¿Cómo concebir la transferencia y su interpretación, en tanto que, de esta concepción dependen las diversas modalidades del agrupamiento de psicoanalistas en Instituciones?
¿Cómo hablar de psicoanálisis y transmitir algo que sería del orden de la enseñanza?
En un párrafo, al comienzo, Lacan afirma que se supone que el psicoanálisis “hace algo”. Decirlo así, es dar por sobreentendido que hace algo, pero que no se sabe bien en qué consiste este hacer. También supone que no hay acuerdo sobre lo que cada uno escucha y de lo que puede encontrar.
Es posible remarcar que es por lo que sería su efecto que nos aproximamos a la cuestión del acto. Esto nos permite afirmar que un acto tiene efecto, pero ¿sobre qué o quién?
Lacan precisa que no es en el sentido de la Poesía, que también hace algo. ¿Por qué necesita precisarlo?, ¿es que sería posible confundirlos? Si bien él aleja esta “visión poética de la cosa”, como lo expresa, sin embargo, hay algo de indicativo en esta referencia a la poesía. Las dimensiones de la escritura y de la lectura están puestas inmediatamente en relieve, pero también sugiere un desplazamiento: el efecto del poema, ¿no sería sobre aquél que lo escribe, es decir el poeta, en donde habría que percibir el alcance de ese efecto?

Luego, continuando con la lectura, Lacan establece dos bordes:
El psicoanálisis como puesta en acto de un sujeto que la dimensión del inconsciente renueva constantemente. Por otro lado, esta formulación anterior (Los cuatro conceptos, Seminario XI), Lacan la presenta como una aproximación que convendría ponerla a trabajar: la transferencia como puesta en acto del inconsciente.
Luego, va a proceder a hacer una limpieza semántica de la palabra “acto”. Se trata de despojarla de algunos rastros de usos comunes de la lengua que parecen transportar una evidencia, pero también cierta ambigüedad.
Veamos:
Franqueamiento, compromiso, decisión, cuando se comienza un análisis.
Inscripción en algún lado, cuando nos instalamos como psicoanalistas.
Intervención por medio del instrumento propio del psicoanalista, la interpretación, cuando se ejerce el psicoanálisis.
Incluso si estos esclarecimientos no van muy lejos –Lacan mismo lo dice- es evidente que los ejemplos que toma, ordenan un marco dentro del cual se ubica su reflexión: entre el comienzo y el fin del análisis.

Luego de esta limpieza semántica, Lacan aborda una limpieza en el plano de la teoría. Se trata de cernir el acto, al comienzo, por lo que no es y con lo cual se podría confundir. Lacan va a mostrar cómo la acción puede jugar, en la teoría psicoanalítica un rol de referencia para explicar el pensamiento. Por ejemplo como “modelo reducido” de la acción –lo que apunta a preservarse de un desliz metafísico, como si la acción ofreciera un fundamento más real.
Luego, en la segunda reducción la acción se halla identificada con la motricidad, según el famoso modelo del arco reflejo. En la medida en que Lacan avanza sobre el plano del Sujeto y del Significante, este “modelo falaz”, el de la respuesta motriz, (Lacan toma el ejemplo del reflejo tendinoso), solo tiene valor de signo. Signo de la integridad del aparato y de su funcionamiento. Signo que solo toma valor indicativo cuando está ausente. Es decir que por lo que al acto se refiere, es mejor buscar del lado del clínico, de su interrogación, e incluso de su deseo.
Lacan nos invita a preguntarnos acerca de aquello que puede motivar una pretendida teoría psicoanalítica sostenida por esta “referencia fisiologizante” del aparato psíquico. Este se lee como un síntoma, nos dice Lacan, es decir, peguntarse ¿qué es aquello que, reprimido, retorna?

Ahora bien, el psicoanálisis como experiencia, como “técnica”, dice Lacan, impone, como evidencia, “otra dimensión”. Esta dimensión otra es la del significante, del “correlato de significante que no falta nunca en lo que constituye un acto”.
Un ejemplo que da Lacan: caminar de un lado para otro, no es un acto, pero franquear un cierto umbral y por ello, situarse fuera de la ley -en ese caso, la motricidad tendrá valor de acto- y, por este franqueamiento mismo, se vuelve significante: es decir que un Sujeto se habrá, allí, manifestado.
En este punto, Lacan va a operar una de esos bucles a los que nos tiene acostumbrados: esta dimensión de significante que afirma para caracterizar el acto en general, lo pone a trabajar y lo aplica al psicoanálisis mismo, en tanto que él tiene su “acto de nacimiento”.
Este es el punto nodal que organiza toda la primera lección. A partir de este punto plantea una cuestión que según las palabras de Lacan es “esencial”, “de peso”, “de gran alcance” (parece que no son suficientes los calificativos para darle), que es la siguiente: ¿Es que el Inconsciente, como campo que el psicoanálisis organiza, existía antes del nacimiento del psicoanálisis?
Ahora bien, nadie duda, incluso Freud lo afirmaba, que el Inconsciente hacía sentir sus efectos antes de su descubrimiento por parte de él. Sin embargo la cuestión se mantiene y adopta esta forma: ¿Quién lo sabía? ¿Se puede decir que era un saber? ¿Y a ese saber, se le puede imputar un Sujeto?
En estos interrogantes se puede reconocer lo que va a ser el cuestionamiento radical en este seminario acerca del Sujeto-supuesto-saber. Pero en estas primeras lecciones no es aún designado como tal. Son sólo preguntas abiertas que es necesario mantenerlas así, sin intentar responderlas rápidamente.

Entonces, podemos afirmar que el Inconsciente que preexistía al nacimiento del psicoanálisis no es el concepto de Inconsciente en el sentido que lo entendemos; es decir en el sentido en que el psicoanálisis forma parte de él. (Seminario XI). Es el psicoanálisis como técnica, como operación a partir de la transferencia, reconocido como puesta en acto del Inconsciente, por el cual “el Inconsciente es lisible”. Es esto lo que hace nacer el inconsciente como un saber inédito.
Este cuestionamiento plantea un dilema. Suponer un Sujeto al saber antes que se haga su descubrimiento, es intentar asegurarse de que hay otro que lo garantiza, de una autoridad previa, es decir una anterioridad de la autoridad. En este sentido es la dimensión divina la que se encuentra convocada.
Entonces, poner el S.s.s en cuestión, en suspenso con el recurso del significante « suposición” es ir a confrontarse al “vacío del Otro”. Es así como lo plantea Lacan a propósito de Cantor y sus transinfinitos. También es una manera de prepararse para pensar que el no-sabido se pueda ordenar como el marco del saber.
Luego, para terminar esta primera lección, Lacan hace un tour en su referencia fisiologisante por Pavlov. No le falta humor pero tampoco rigor a esta frase para referirse a la reflexología: “¡No se trata de despreciar los trabajos inscritos en esta ideología!”
Lacan insiste en afirmar que el mérito de la teoría de Pavlov consiste en ser un proyecto de elaboración estrictamente materialista del funcionamiento del organismo viviente. Todos conocemos el dispositivo experimental de Pavlov. Si todos lo conocemos es como ideología, en el sentido de un impensado colectivo que ha sabido imponerse. Incluso, actualmente, está presente como referente en algunas psicoterapias y en el campo de la investigación de lo que se llaman ciencias de la educación.
Esta ideología, se le impuso también a Lacan y se nos impone, a nosotros, descifrar lo implícito.
Lacan va a desconstruir la experimentación de Pavlov para mostrar lo que tiene de extraordinariamente correcto en su opinión y, al mismo tiempo, lo que ella ignora de sus presupuestos.
Correcta, porque es “estructuralista al comienzo”. En efecto, Pavlov muestra en qué sentido la ligazón significante y significado es subjetivante. Demuestra que el Sujeto es aquel que sopla en la trompeta, es decir, Pavlov mismo. El golpe de trompeta, signo, señal para el perro adopta el rango de significante en tanto que viene a representar el Sujeto-Pavlov, el experimentador.
De la misma manera, el signo de la secreción salival toma el rango de significante al ligarse al primer significante, al mismo tiempo que se encuentra desconectado, desarticulado del objeto de la necesidad que es el que produce la saliva. Toma valor significante por ser un “efecto de engaño”. La maliciosa sustitución, por parte de Pavlov, de la trompeta por la campana encuentra allí su precisión.
Lo que muestra este engaño bien organizado del organismo, es la toma del significante, su efecto sobre el campo de lo viviente: « Allí donde el lenguaje existe, dice Lacan, no hay necesidad de buscar una referencia en una entidad espiritual”. Sería desconocer el orden y la función del Inconsciente, forcluir el Sujeto del experimentador.
Es así como la ciencia despliega su alcance materialista, soslayando el sujeto experimentador. La ciencia, al forcluir el Sujeto, el sujeto del deseo, ignora la función y el lugar de un Sujeto supuesto saber (S.s.s.)

Lección 2

Es una lección sinuosa, difícil des seguir, porque Lacan convoca numerosos textos, en particular de los Escritos. Este es el punto de unidad profunda: es un trabajo de lectura al que se libra Lacan delante de nosotros. No en el sentido de una lectura o relectura de sus propios escritos, sino la lectura de la manera cómo fueron leídos: mal tomado, mal comprendido, mal entendido.
Será un acto de Lacan, hacer la lectura de esos malos entendidos, del equívoco, engaño (méprise) en la lectura, como acto fallido. Lo que plantea la cuestión ¿dónde está el acto? ¿Del lado de aquel que se equivoca, o del lado del que hace la lectura en un segundo tiempo?
Es bastante habitual en Lacan que en la segunda lección de sus seminarios, cada año, hiciera lugar a lo que pudo haber sido entendido en la primera. Aquí se articula desde el comienzo, a la cuestión de la dirección de sus seminarios. Es decir, a quienes va dirigido. Sin duda a los psicoanalistas y al acto analítico en su práctica. Lacan se cuestiona: ¿es la interpretación o la transferencia, la esencia del acto psicoanalítico?
En esta etapa Lacan vuelve a Freud, a la Psicopatología de la vida cotidiana.

Para acercarse a la cuestión ¿qué es el acto analítico? Es necesario a pasar por esta otra: ¿Qué es un acto, en general, para un analista?
Lacan encuentra que ni la motricidad ni la palabra no son suficientes para hacer acto. Es necesario esperar la dimensión significante. El equívoco, el lapsus, o lo inesperado, la aparente vacuidad de lo que Freud llama los”actos sintomáticos” necesitan ser tomados, en un segundo movimiento, por la dimensión significante para ser acto.
En este punto es inevitable pensar en la topología del doble bucle, del ocho interior, en donde un Sujeto estará allí representado. Lacan insiste, siguiendo a Freud, que este acto sintomático contiene algo que lo prepara para acceder a una lectura significante. Aquí comienza a plantearse la cuestión de la interpretación.

Lacan va a leer el informe de Olivier Flournoy al que considera como un “acto de afirmación del psicoanalista”. Ante todo se interesa por el modo de cuestionar la transferencia. Un cuestionamiento radical que sostiene que la transferencia, como concepto es una defensa para el analista. Es un concepto explicativo formulado intelectualmente como efecto de la situación, del encuadre, “sin que el analista tenga algo que ver allí”. Sería una manera de tomar distancia, dice Lacan, de descargarse de su responsabilidad. La consecuencia mayor de esta posición del analista sería llevar la experiencia analítica a una situación de dos, donde uno de ellos –el analista- se encontraría en posición de garantizar lo que sería la realidad objetiva.

Insostenible posición para el analista, que se le requiere “integridad” y ausencia de las consecuencias que se podrían desprender de este poder del Establishment a quien el analista respondería.
Lo que queda ausente en esta deriva hacia la realidad objetiva, nos dice Lacan, es la dimensión de la verdad en tanto que palabra, ella misma mentirosa y que es pronunciada como llamado a la verdad, precisamente.
Lacan subraya también que el término de “intersubjetividad” estructura todo el pensamiento de Flournoy, pero del lado de la reciprocidad. Es decir a contrasentido de lo que Lacan pudo expresar con este significante, en su informe de Roma.
Se podría objetar que el concepto de intersubjetividad no pertenece a nadie, ni a Lacan ni a Flournoy, pero éste, en un lapsus o acto fallido, se va a declarar lector de los Escritos y con esto devela lo que hace de su lectura.
El lapsus de Flournoy es que cita a Lacan pero comete un error de atribución en el sentido de la enunciación, tal como la entienden los lingüistas. Se trata de un pasaje de la Dirección de la cura… en donde Flournoy atribuye a Lacan el empleo de la palabra “enfermo” para sorprenderse, sorpresa que vale como crítica, incluso con intención de ridiculizar.

Lo que Lacan, alertado, encuentra al término de una búsqueda en la relectura de sus Escritos, y nos cuenta lo fastidioso de este recorrido, es que el contexto de donde se extrajo la cita, participa precisamente de una lectura crítica respecto de la relación de objeto y de su degradación a partir de Abraham, su “origen noble”, dice los Escritos, y es a Abraham a quien se le atribuye el empleo de la palabra “enfermo” mediante una lectura correcta de estilo directo.
¿Qué verdad encierra esto? Flournoy se indica lector de Lacan, pero un lector que tiene problemas en reconocer lo que le debe a Lacan, que deforma y plagia a éste. Es una manera “de renegar de mí” dice Lacan, tanto por lo que le toma prestado como por lo que le atribuye.

Esta lectura, en tanto que pone en relieve el acto fallido, es para Lacan un acto.
La clase concluye con un elogio a la estupidez en función del desconocimiento.
 
 
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