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   Colaboraciones exclusivas

Estructura del Seminario de Lacan [Primera parte]
  Por Carlos Faig
   
 
Introducción. Parto de una cita que figura en la contratapa del seminario XI: “(Nuestro discurso) −resume Lacan− durante diez años se había dosificado según las capacidades de los especialistas (…). Aprestamos un organon para su uso, emitiéndolo según una propedéutica que no anticipaba ningún piso antes de haber dejado bien sentado el fundamento del anterior. Nos pareció que teníamos que trastocar esta presentación, al encontrar en la crisis, más que la ocasión para una síntesis, el deber de esclarecer lo abrupto de lo real que restaurábamos en el campo que Freud legó a nuestro cuidado.”
Voy a pasar rápidamente por cuatro sectores del Seminario, con la idea de aislar tres cortes. Los sectores van desde el seminario I al X, el primero, desde el XI al XV, el segundo (la cita del resumen de Lacan del seminario XI refiere a los dos primeros sectores, los ubica), desde el XVI al XX, el tercero, y desde el XXI al XXVII, el cuarto y último. Con el Seminario dividido en cuatro partes quedan tres articulaciones, tres cortes, que es lo que vamos a tratar de atender más, de interrogar.
Voy a dar el mapping de la cosa, el dibujo, para que se puedan ubicar por anticipado y seguir más fácilmente los pasos de esta charla. La estructura del seminario se compone del organon, es decir la primera vuelta; una segunda vuelta en banda de Moebius sobre este recorrido anterior, sobre su otra faz, concerniendo a lo real (se atiene a la relación del sujeto supuesto saber con la imposibilidad de la relación sexual); la tercera etapa se liga al agujero de la estructura que resulta, se evidencia al dar las dos vueltas, y se tematiza en los cuatro discursos y las fórmulas de la sexuación; y, finalmente, una investigación de lo real que se prosigue en los nudos y aparece como consecuencia de los desarrollos anteriores.

Primer grupo. Nos hallamos aquí en lo que leí para comenzar: el organon. Vamos a llegar a percibir, quizá a demostrar, que organon también tiene el sentido de instrumento, de instrumento copulatorio, de falo, y no únicamente un sentido lógico. No se ha elegido el término aristotélico en vano.
En este grupo, adelanto el concepto, partimos de la falta de objeto para llegar a la falta misma en tanto objeto. Este es el concepto del recorrido, de la ilación, de la primera parte del Seminario.

Los desarrollos sobre la falta de objeto son muy conocidos. Se encuentran en el seminario IV. Hacen básicamente al objeto metonímico. Podemos resumir el seminario IV con dos modelos que resultan de una simplificación en una relación ternaria del esquema L, que es cuaternario. Tenemos para la neurosis una distribución entre el sujeto, el objeto y el más allá del objeto (el falo, las estructuras de parentesco, etc.); y para la perversión, la distribución interpone el velo entre sujeto y objeto. Esto produce Verleugnung, escinde el objeto. En un caso el objeto vale por el más allá; en otro, el objeto está más allá. En ambos, pues, es metonímico.
Este objeto metonímico se conecta directamente con el seminario V en tanto de un lado del grafo, del lado de la derecha, en los primeros grafos del seminario va el código, el lugar del A, y en el otro lado, el mensaje que conecta con el objeto metonímico, abajo en otra línea, y que circula en la significación. En la Subversión…, si cotejamos, el objeto metonímico ya ha desaparecido.

Yendo un poco más atrás, en tanto el seminario III se compone de dos escritos, La instancia de la letra y De una cuestión preliminar, por vía del primero podemos aludir a la metáfora, a la falla de la metáfora, es decir, al significante faltante (el hecho de que la cadena significante es “inestable”: tiene un significante menos y produce un significante más; cosa que aquí se persigue en la psicosis, en el hecho de que el Nombre del Padre es el significante del significante, es decir, garantiza al Otro que no puede garantizarse a sí mismo, le falta ese significante), y decir con Lacan que la significación es básicamente metafórica.

Entonces tenemos que el seminario III y el IV se abrochan, convergen en el grafo. De un lado la significación es principalmente metafórica; de otro, el objeto es metonímico.
Si el V los engancha, con el VI se produce la primera definición que conocemos del objeto (a): es el significante del sujeto en el deseo, dado que el deseo no tiene sujeto, no hay significante que lo sitúe como deseante y por eso un elemento extralingüístico, eminentemente no simbólico, es elevado al rango de significante del sujeto en el deseo. El objeto metonímico deviene objeto (a), cumple su ciclo. Hasta ahí el objeto estaba ligado al sentido, al mensaje. Circulaba entre código y mensaje. Rebotaba. Ahora, lo que viene es una parte separada del cuerpo y esto empieza a cambiar las cosas.
Para seguir este repaso rápido del Seminario, salto el VII. Se trata de un seminario que Lacan no dejaba salir de la biblioteca de la EFP. Incluso impidió que se publicara el resumen de Safouan, que había tomado el relevo de Pontalis. Al pasar digo por qué: al menos en parte, Kant con Sade lo refuta, porque empieza a situar lo imposible. Y una vez que lo imposible se demuestra no hay transgresión. El seminario VII, si nos fijamos un poco, está montado sobre figuras transgresivas: Antígona, Sade, el deseo en general.

Quedan tres seminarios fuera del recorrido que estoy haciendo, pero para simplificar, los dejo al margen. Se pueden situar sin mayor dificultad en el organon; pero hoy, para ganar tiempo, no los voy a ubicar.
¿Qué toman los seminarios VIII, IX y X?
La transferencia comienza a interrogar la relación entre (a) y menos fi. El objeto para participar del A, para instalarse transferencialmente, necesita ser negativizado por la función fálica. Este movimiento lo compatibiliza con el significante, con el A.

El seminario IX en la definición más contundente −o por lo menos que nos concierne de esa forma a nosotros− de identificación plantea una ecuación donde (a)=raíz de menos uno, y el sujeto se considera equivalente a la ausencia de (a). Cito: “En el fantasma el sujeto se hace menos (a), ausencia de (a), en el nivel de la identificación al rasgo unario, la identificación no se introduce, no opera sino en el producto menos (a) por (a).” (Lección del 9 de mayo de 1962, la número 19.)
Para el propósito que perseguimos esto demuestra la equivalencia entre objeto y falta. El objeto puede valer, funcionar como una falta. Pero aun no es una falta.
Con esto solo resta un último paso, el seminario X. Directamente aquí la falta es tomada como objeto: menos fi. Alcanzamos así el concepto que sitúe en inicio, el movimiento del organon. Decía que el desarrollo central de este grupo de seminarios, del I al X, va de la falta de objeto al objeto en tanto es una falta. Del objeto metonímico al menos fi. Y los pasos serían entonces, restituyendo el organon:

III                significante faltante
IV                objeto faltante
V y VI          objeto en lugar del significante
VIII y IX      correspondencia entre objeto y falta
X                 objeto=falta

Preciso un poco la diferencia entre el objeto y la menos fi. No es lo mismo que el objeto haya estado y se pierda, caso del seno, del objeto anal, etc., y lo que ocurre con el objeto fálico. El pene no se separa del cuerpo. No hay una fase de pérdida. Además, el pene nunca funcionó como amboceptor. Por un lado, no se trata de que estuvo y se perdió; y, por otro, no estuvo situado entre el sujeto y el Otro. De ahí que valga como falta y que esta falta actúe a posteriori sobre las pérdidas. Otro aspecto que sitúa de manera diferente al objeto fálico es que con él se invierte la dirección de la pérdida. Si antes, el objeto se separaba del cuerpo, el cuerpo quedaba marcado y lo parcial iba para el lado del objeto; ahora, en el nivel fálico, lo “perdido” está en el cuerpo. Y en todo caso, el cuerpo mismo es parcial.

Cito algunos desarrollos del seminario X para concluir con este grupo: “En el nivel del estadio fálico (…) la función de (a) está representada por una falta, a saber el defecto del falo como constituyente de la disyunción que une el deseo al goce”. (pp. 341-342, edición Seuil). Otra cita en la misma dirección: “El hombre no está en la mujer más que por delegación de su presencia, bajo la forma de este órgano caduco, este órgano del cual está fundamentalmente castrado en la relación sexual y por la relación sexual” (p. 353, ed. Seuil). (Lecciones del 19 y 26 junio de 1963.)
Con esto comienza un desarrollo nuevo del complejo de castración. Incluso, dicho con menos timidez, comienza el desarrollo del complejo de castración −veremos en un momento que Lacan considera a esta altura de su enseñanza que la castración todavía persiste como un terreno no hollado−.

Segundo grupo
. Entramos en la segunda vuelta. Voy a comenzar con una cita del seminario XIII, para situar lo que quiero alcanzar aquí: “Rehago −dice Lacan− una segunda vez el giro, redoblo la banda de Moebius freudiana. El drama del Edipo tiene otra cara por la cual se podría articularla de punta a punta al hacer todo el giro. La consideración del objeto (a) y de su función (…) concerniente al complejo de castración atañe al surgimiento de un grupo (en el sentido matemático) que permite el funcionamiento de menos fi (…) en una estructura lógica. Esto permitirá abordar (el año próximo) el terreno propiamente hablando virgen del complejo de castración”. La cita es del 15 de junio de 1966 y la tomé de la versión de la Asociación Freudiana Internacional. El segundo giro, atañe, se deduce de la cita, a la función combinatoria del (a), es decir, su relación con menos fi.

Sigo con los seminarios. El XI se focaliza sobre el deseo del analista. Hay que recordar que el título original era Fundamentos del psicoanálisis y no Los cuatro conceptos. Recuerdo esto porque los cuatro conceptos no son verdaderos conceptos, están atravesados por el deseo del analista, que funciona como la otra faz de la transferencia, como una perforación sobre cada concepto que permite pasar el hilo que hace al collar. Una tematización, por supuesto, es el deseo de Freud. Las menciones a ambos términos están a lo largo de todo el seminario, múltiples, passim (como se dice). Tenemos entonces un primer seminario del grupo referido al deseo, pero al deseo en cuanto está tomado en la dimensión de la transferencia, en relación con el SSS. En el escrito que resume este seminario, Posición del inconsciente, esto es todavía más visible. En este escrito se encuentran básicamente los movimientos de alienación y separación en relación con el deseo del analista y la transferencia.

El segundo seminario, Problemas cruciales, aborda la cuestión en juego, el SSS, desde el punto de vista del sujeto, que aquí figura como el significante faltante de la díada sexual. Este es el concepto que debemos retener: el sujeto como supuesto en la díada y en tanto ese supuesto mismo la abastece, la constituye. En la medida en que la representación del sujeto es fálica −el espacio de la representación es fálico− se sostiene la relación sexual, se sostiene la existencia del partenaire. Y por eso, en este grupo de seminarios, estamos tomando la cosa desde el lado de lo real −es “lo abrupto de lo real”, que mencioné al comienzo en la cita de la contratapa del seminario XI−. En el tercer sector que compone a este seminario, ligado a la demostración que Lacan propone en Problemas cruciales, hallamos al SSS como rechazo del sexo, esta idea remata las suturas que desarrolla el seminario XII. Cito: “El sujeto supuesto saber en tanto sujeto del inconsciente. Dicho de otro modo, el sujeto supuesto saber: lo que no debe saberse en ningún caso”. Más adelante (es la lección siguiente): “El saber halla refugio en un lugar de pudor original respecto del cual todo saber se instituye en un horror insobrepasable respecto del sitio donde habita el secreto del sexo” (lecciones del 12 y 19 de mayo de 1965). Cito varios sectores porque la idea que introduje es difícil de asimilar, paradójica, en la medida en que se piensa que el psicoanálisis se ocupa de la sexualidad y, por lo tanto, no podría sostener su exclusión. La idea de rechazo del sexo es, sin embargo, muy importante para ordenar el Seminario. Y aquí, en este grupo en particular, específicamente en el XII, el SSS se emparienta, converge con la forclusión de lo sexual. Asimismo en este seminario la posición fetiche del analista, y el hecho de que se le adscriba la mitad del síntoma, que lo invista, van en la misma dirección. Van hacia la sutura: el objeto rechazado, imposible, de un lado; la inscripción, la marca, de otro.

El tercero, El objeto del psicoanálisis, el XIII, toma el problema desde el punto de vista del objeto. Lo que está en juego en la constitución del SSS es el (a), bajo la especie −aquí, en este seminario− de la mirada. Por ejemplo, esto es manifiesto en Las Meninas, donde Velázquez es supuesto ver todo. Y además se halla, se lo encuentra pintándose pintar. (Este seminario es de importancia para situar el tema de la pulsión, la circularidad de la mirada en un espacio proyectivo lleva para ese lado, pero hoy no voy a abordar este concepto. Lo dejo ahí.)

El XIV, La logique du fantasme, aborda la menos fi. Es el objeto que tiene función de cierre en los dos modelos que componen el seminario. En el grupo de Klein, está al final de la diagonal que cruza el rectángulo desde el SSS, arriba a la derecha, hacia el vértice opuesto. Y en el número de oro, es decir, en el acto sexual, menos fi figura la evacuación del elemento tercero. Este tercero es el punto donde la copula se cierra. Es, por ejemplo, aquel que contempla el acto sexual y se maravilla: “¡Cómo gozan!” Se hace cargo de la insatisfacción.
En el XV voy a tomar básicamente la disyunción entre menos fi y (a), que luego comento.

Tenemos entonces:

XI                     deseo
XII                    sujeto
XIII                  objeto SSS
XIV                   menos fi
XV                    (a)/menos fi

Ahora se ve, al armar todo el grupo, que en los seminarios XII y el XIII los títulos mismos ya llevaban a situarlos en relación al sujeto (Posiciones subjetivas del Ser, es el nombre del seminario XII que Lacan adelanta y luego modifica), y al objeto, El objeto del psicoanálisis.
En este grupo estamos, si queremos verlo así, en una distribución todavía similar, relativamente próxima, a la que proponen los grafos:


XI                        XII               XIII
d            →           S       ◊       (a)
                                    -φ
                                   XIV

En cierta forma, aunque los desarrollos se han complejizado mucho, no hemos salido de allí. De donde la importancia de la nota en Posición del inconsciente en la que Lacan asume que todavía faltan desarrollos para alcanzar el valor de menos fi como causa del complejo de castración (Écrits, p. 850). Y esto en 1966, es decir, ya a la altura del seminario XIII.
Con el acto las cosas cambian. Toda la estructura armada hasta aquí se disuelve, se transforma. Y esto sí lo voy a comentar un poco más en detalle. Pero para hacerlo paso a la primera articulación.

Articulación del primer corte. Voy a intentar ejemplificar que menos fi está formada por el (a) y es una falta. Supongamos que (a) son los números enteros y menos fi es el lugar que marca la numeración posicional (esto es solo un ejemplo, vale lo que vale, y aclaro que la numeración posicional no tiene nada que ver con la menos fi y el (a)):

1 1 1

Leo “ciento once” porque distingo, ordeno, centenas, decenas y unidades. Caso contrario, serían marcas o bien “uno, uno, uno”. Si pudiera sacar los números dejando la numeración posicional en su lugar:

_ _ _

Obtendría la “ausencia de numeración” (no digo: “ausencia de número”), con lo que quiero ejemplificar la menos fi.
Otro ejemplo: los cuadros de Archimboldo. Una serie que está en el Louvre: La primavera, El verano, El invierno, El otoño. Estos cuadros muestran rostros humanos enteramente dibujados por frutos de estación. Es un retrato hecho de ramas, hojas, limones, etc. Pero el rostro no tiene un trazado aparte del que forman los frutos. No está delineado, contorneado. Si pudiera sacar todos los frutos, obtendría, realizaría “la ausencia de rostro”. Esto nos lleva al tema de un objeto que se caracteriza por faltar y sin embargo comporta consecuencias lógicas; nos lleva tanto al viejo tema de la causalidad metonímica, como al del objeto causa del complejo de castración. Esto que intentaba ejemplificar es lo que Lacan llama “estructura combinatoria del (a)” en el seminario XIII.

De esta forma se justifica el campo del objeto, si se puede decir así, como falta. Este movimiento es el que produce un objeto retroplanteado, après coup, que debió estar allí y que se produce antes sin haber estado antes. Y, además, explica por qué, tratándose del objeto, hablamos de una letra, de a minúscula. El objeto inscribe algo que falta, permite leerlo. De ahí (a) minúscula toma su valor combinatorio. Esto permite ubicar en un mismo conjunto, por decirlo así, materias muy disímiles: la voz, la menos fi, el seno, etc. Y, sobre todo, lo que hay que deducir es que la convergencia entre (a) y menos fi es correlativa al SSS, lo produce. Otro modo de decirlo: la sustitución del objeto a la función sexual se corresponde, converge con el SSS (esto produce asimismo la pulsión como parcial, pero hoy no entro, ya dije, en este tema).

Si en el primer grupo, con el organon, teníamos una laboriosa serie que conducía al objeto (a) como menos fi, ahora en el segundo grupo llegamos a obtener la disyunción de menos fi y (a) −es lo esencial de este desarrollo: la vuelta inversa−. Cuando en una cara de la cinta de Moebius avanzo desde (a) hacia menos fi, en la otra simultáneamente voy produciendo la disyunción de estos términos.


(a) lleva a -φ
----------------------->

<----------------------
(a) en disyunción con -φ


Sobre la representación del sujeto en el significante, que es un vel, o sujeto o significante, ahora obtenemos la S barrada por la lectura, la imposición de la falta. Se hace aquí del defecto virtud, de la castración sujeto. Concluyo este punto con otra cita que está al final del segundo grupo: “Retraigamos el acto analítico a lo que deja a quien alivia de lo que le ha encaminado: le resta denunciado que el goce, privilegiado por gobernar la relación sexual, se ofrece por un acto interdicto, pero únicamente para enmascarar que esa relación solo se establece por no ser verificable en tanto exige el término medio que se distingue por faltar allí: lo que se llama haber hecho de la castración sujeto”. La cita es del resumen de Lacan del seminario XV, en Ornicar? nº 29, p. 22 (en castellano en Reseñas de enseñanza, p. 54 ).

Subrayo tres partes de la cita: goce interdicto; relación no verificable; y el término medio que falta. Por tanto, subrayo: prohibición, imposibilidad y menos fi. Es un resumen, pues, de lo que estoy articulando hasta ahora, del punto mismo al que llegué.
Vemos entonces, claramente, las dos vueltas que estamos persiguiendo: lo interdicto y lo no verificable, es decir, lo real. Y también vemos el “verdadero” y último valor de la S barrida, es decir, un significante elidido a consecuencia de la castración, de la falta del término medio.
 
 
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