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   Colaboraciones exclusivas

Estructura del Seminario de Lacan [Segunda parte]
  Por Carlos Faig
   
 
Tercer grupo. Cuando, al completar el circuito, deberíamos tener el panorama completo, cernir todo, ocurre, por el contrario, que topamos con un agujero. Este agujero que se abre con menos fi, el que circunscribe el acto analítico, remite obviamente al Falo en tanto Fi mayúscula, significante del goce. El objeto al volatilizarse en el análisis, al sufrir deyección, deja libre la función de la castración y esto nos remite directamente a la función del Falo como símbolo. Menos fi al realizarse como falta conecta con el goce en su aspecto real. Funciona como un borde, un límite a lo que puede aprehenderse del terreno sexual. Estamos aquí frente al pasaje entre la menos fi y el Falo simbólico. Queda abierta la forclusión del goce, y un significante convencional la designa. Lo que se abre entonces es una estructura perforada. Es lo que aborda, en primer lugar, el seminario XVI: la relación entre saber y goce.
La unión de las dos vueltas aparece de la forma más visible, manifiesta, bajo el aspecto de los cuatro discursos. En el piso superior tenemos la imposibilidad (la imposibilidad de las parejas: gobernar, educar, etc.) y en el inferior, la impotencia o la verdad. Y la impotencia cubre, hace de tapón, respecto de la imposibilidad.

Todo esto conlleva la idea de una estructura perforada, donde ningún discurso da cuenta de la sexualidad y el sentido huye (y por esto el psicoanálisis descubre un revés del discurso). La sexualidad es el horizonte inaccesible sobre el que giran los discursos. Es el punto de fuga, si se quiere. Y el único mérito del discurso analítico, en estos desarrollos, es haber situado ese hecho. Que la sexualidad no es el trasfondo del discurso (lo que enuncia y sostiene el discurso histérico), que no hay acceso.

En el otro gran tema de este grupo ocurre lo mismo. Tenemos aquí la distribución en los términos de una lógica de cuantores enrarecida de las posiciones del hombre y la mujer. Y lo sexual también hace irrupción allí. Es verdad que se es hombre o mujer, pero en ese universo dividido por una línea de ecuador, lo real del sexo es lo inesperado que horada, atraviesa ese mundo. Igualmente ocurre, llevado a un plano formal, con la oposición verdadero/falso. Lo real del sexo no es del orden de la verdad, ni de lo falso. Irrumpe, perfora la distribución. Esto es contrario al sentido común, a las cosas admitidas en el psicoanálisis, por donde el sexo se ubicaría básicamente en relación a la verdad (vía el síntoma, por ejemplo).
Por el momento, y en relación a las dos caras de las fórmulas, cito un sector del seminario XIX: “Es precisamente porque es la misma cosa, ese “pienso” y lo que pienso, “luego soy” que no es equivalente. En una cosa, dos caras. Esto es no solo no equivalente, no es reemplazable uno por otro... Es por eso que hablé de la Cosa freudiana en cierto estilo (…) Porque no se puede hablar de eso (…) Yo la hago hablar a ella”. Es la lección del 8 de marzo de 1972 de …Ou pire.
Este tema lo voy a retomar más adelante cuando aborde la cuestión de la significación del falo.

Paso a la ilación de este grupo. Para situar el seminario XVI voy a citar la página 321 (ed. Seuil): “Fi mayúscula designa el goce sexual, radicalmente forcluido”. En este seminario se trata en parte de consolidar las consecuencias que se han desprendido del acto analítico, de la función del analista como chivo emisario, el que va a pagar el pato del desarreglo de la sexualidad, el tema, sobre todo, de la forclusión del sexo y de la falla concomitante del acto analítico (sobre el que tenemos todavía una concepción un tanto pietista).

El XVII hace una especie de profilaxis de campo: elimina el goce de cualquier discurso. Si antes vaciamos de goce al cuerpo, ahora vaciamos al discurso. Y con el XVIII, donde esta idea se enuncia como una hipótesis condicional y negativa, De un discurso que no sería de la apariencia, no hay discurso que inscriba la relación sexual, se termina de elaborar este concepto. Pero aquí además se escribe que no hay ese discurso, se escribe lo que hace que no haya, y comenzamos con las fórmulas de la sexuación. Por eso en este sector de la obra de Lacan, vemos dos temas funcionando más o menos juntos: los cuatro discursos y las fórmulas. En cuanto la exclusión del sexo halla escritura, en cuanto se le puede dar sentido −se le da sentido a lo que se escribe de la exclusión, pero no a la exclusión en sí misma−, en tanto se puede relanzar el agujero que constituye el Falo (aunque esto no lo resuelva) surge la posibilidad de identificarse sexualmente. Y eso son las fórmulas de la sexuación.

Finalmente, entonces, en los seminarios XIX y XX encontramos dos argumentos para la función fálica, para el vaciamiento del goce: el Uno, del lado masculino, y el Otro, que tiene el mismo derecho que el Uno para hacer argumento de la función (porque es otro Uno), del lado femenino. Y llegamos así a Encore, que es el desarrollo de la parte mujer de la identificación sexual.
Y resumo nuevamente: en los dos primeros seminarios de este grupo situamos la cuestión fálica, fuera de sistema, en ninguna parte, llegamos con el rastrillaje a encontrar una zona vacía. En el seminario XVIII, el S de A barrada, la letra en general, sitúa esa zona vacía, la escribe. Esto es la estructura misma sobre la que está armado el seminario del semblant. Y luego se siguen las identificaciones del lado hombre y el lado mujer, que resultan de la inscripción fálica.

                                                                                                                                                 XVI         vaciamiento de goce del cuerpo
                                                                                                                                                XVII         agujero de los discursos
                                                                                                                                               XVIII         Fi y S de A barrada
                                                                                                                                                 XIX          lado hombre
                                                                                                                                                   XX         lado mujer


Articulación del segundo corte. Retomo para abordar este corte la cuestión de las dos caras en una y la sustitución. ¿Por qué el Falo está de los dos lados? ¿Por qué es el significante convencional que designa la forclusión del sexo y, a la vez, aparece en la identificación sexuada? Esto nos lleva a la relación entre la significación del Falo y la sustitución del sentido al sexo, patente en las fórmulas de la sexuación. En la expresión “la significación del falo” tenemos dos aspectos del genitivo: lo que significa el falo, y lo que significa al falo. El Falo figura como significante y como significado (tenemos las dos caras). Si toda significación es fálica, aceptado eso como una premisa, y agregando que el falo no podría significar si no es antes significado, obtenemos una imposibilidad (tenemos el agujero que se agrega a las caras y funciona conjuntamente). Lo ejemplifico. El Falo lacaniano es como una birome que para escribir exige que ella misma escriba sobre sí su marca: Bic-Falo. Pero para escribir la marca tendría que antes escribir. Esto hace agujero. Y este agujero, esta imposibilidad, se puede equiparar, es homologa, a la cuestión del reenvío significante. Que cada significante remita a otro u otros, que haga cadena, en un ciclo circular, infinito, o que se quiere infinito (porque la sexualidad lo perfora), es, en otro plano, el homologo, a lo que ocurre con la significación del falo. El lenguaje gira alrededor de la Bedeutung fálica. Y esto tanto como antes −señalo la homología− el (a) giraba sobre menos fi en el grupo combinatorio.
Resumo: en un plano la remisión del falo a sí mismo, el carácter impar del Falo, es equivalente, en otro plano, a la sustitución del sexo por el sentido. Y con esto contestamos la pregunta: por qué el Falo es a la vez significación y sentido, agujero y función.

Una cita más, del seminario XVIII, para situar el saber en plus de la lengua, incluso el saber hacer al que conduce, y la relación, por supuesto, entre el sentido, la sexualidad y el Falo: “No hay −dice Lacan− en el lenguaje otra Bedeutung que el Falo. El lenguaje en su función de existente no connota en último análisis más que la imposibilidad de simbolizar la relación sexual”. Un poco más adelante: “El lenguaje no se constituye más que por una sola Bedeutung de la que extrae su estructura…” Y aun más adelante: “Nadie me ha relanzado sobre lo que sabe (lo que es) el lenguaje, a saber Die Bedeutung des Phallus”. (Lección del 9 de junio de 1971.)

Cuarto grupo. Una vez ligadas las cosas así, el desarrollo debe seguir obligada y naturalmente por lo real. No tiene otro horizonte. Es lo que se impone investigar. Todo el movimiento, centrado en el complejo de castración, produjo la forclusión de la relación sexual. Luego, los discursos y las fórmulas de la sexuación sitúan el agujero en sus estructuras. Pero ahí todavía estamos del lado de cómo se pierde, y de lo que está en su lugar, y sufre los efectos de lo excluido, estamos del lado de la suplencia. Ahora nos vemos frente al agujero mismo.

De esta época, y a propósito de lo real, querría citar un fragmento del escrito del ‘74 donde Lacan comenta El despertar de la primavera de Wedekind: “Aquello que Freud ubicó de la sexualidad hace agujero en lo real, y es lo que intuimos al ver que en tanto nadie sale bien librado de allí ya nadie se preocupa del asunto” (en Ornicar? nº 39, p. 6; y en castellano, en Intervenciones y textos 2, Manantial, p. 110). Subrayo de la cita: la sexualidad hace agujero en lo real.
Este real, por supuesto, es el tema que abordan los nudos, al anudarse de la manera particular en que lo hacen, es decir, comportando no-relación.

Ahora bien, está investigación de lo real podría no haber sido matemática, podría no haberse ligado a la topología de los nudos. El 4 de noviembre de 1973, en la Letra nº 15, en p. 244, Lacan la enuncia como matemática y actúa en consecuencia. Enuncia otro proyecto, otro programa teórico que suplanta al que venía prosiguiéndose desde Función y campo. (Hoy, lo digo al pasar, no hay un programa en el lacanismo. Quizá no lo haya en el psicoanálisis en general.)
En este grupo de seminarios “borromeanos” se persigue la relación sexual, se intenta aislarla. Este es el concepto. No obstante, esto no conduce a una demostración (sobre todo en lo que concierne al número). En primer término, con el seminario XXI lo real se persigue en el cifrado de lalengua. Otra forma de investigarlo remite al término stoikeion, es decir, lo que hace uno (en La troisième, por ejemplo). El elemento, el Uno, Lacan lo sitúa en lalengua. Lo que constituye elemento es una forma de aprehensión de lo real. Otra idea en el XXI es la distancia entre lalengua y la lógica (contemporánea de la distinción entre cifra y número, y más claramente desarrollada en las letras que en el seminario). Esa distancia sitúa a lalengua haciendo borde con lo real. El seminario XXII toma el tema del sentido blanco, el sens blanc (por ejemplo, la lección del l1 de marzo de 1975 del seminario XXII, y passim), y se correlaciona con el alcance real del sentido. El XXIII prosigue en la vía del cuarto nudo y el síntoma. En el seminario XXIV se trata de la huella, si hay o no huella de lo real. El seminario XXV conjetura que la numeración es un residuo de la relación sexual, y que además es el único. Esta idea es prácticamente desconocida. Se la ha salteado en la lectura de Lacan. El XXVI persigue el aislamiento de la relación sexual a través del nudo borromeano generalizado, pero fracasa. En el XXVII, discutido como seminario, La disolución, hallamos la idea de un real del psicoanálisis que se extiende más allá de la institución analítica (ese real se liga al malentendido, a la causa fálica, etc.).

A pesar de que no hay una demostración contundente y una progresión hacia ella, encontramos una ilación parcial si atendemos al hecho de que el número de redondeles se va incrementando. Del XXI al XXII pasamos de tres a cuatro, esto sigue en el XXIII, y posteriormente el nudo se generaliza. En el XXVII, el redondel de hilo que sostiene todo es el propio Lacan y por tanto, con su acto, desanuda su Escuela. Asimismo, entre el XXII y el XXIII existe ilación por el tema del síntoma por un lado, y por otro, porque Lacan enuncia al final del XXII la existencia de una nominación real, que no pasa por lo simbólico, y que lleva a Joyce. En fin, se puede buscar una continuidad entre estos seminarios pero es más lábil.


                                                                                                                                                XXI                            tres
                                                                                                                                               XXII                           cuatro, síntoma
                                                                                                                                              XXIII                          cuatro, síntoma (sinthome)
                                                                                                                                               XXIV                          cuatro y el toro; el trique; etc.
                                                                                                                                                XXV                           la numeración es residuo de la relación sexual
                                                                                                                                               XXVI                          nudo generalizado
                                                                                                                                              XXVII                          nudo=escuela

Articulación del tercer corte. El problema que presenta este grupo de seminarios hace a la relación del nudo borromeano y el número, por un lado, y, por otro, la idea de aislar la relación sexual. La tesis de este grupo, según se puede entonces intuir, refiere a la relación del número con el goce. “Es evidente −dice Lacan− que los números tienen un sentido, el sentido por el cual se denuncia su función de goce sexual”. Esto está en la Letra nº 15, p. 74. Y, según creo, es lo que da la articulación entre el tercero y el cuarto grupo. La suplencia del sentido se desplaza a la relación entre lalengua y el número, o bien, a la diferencia entre cifra y número.

Conclusión. Las tres articulaciones principales son las siguientes:


                                                                                                                                                        I/X                   (a)
                                                                                                                                           1ª     ↓
                                                                                                                                                     XI/XV            menos fi
                                                                                                                                           2ª     ↓
                                                                                                                                                    XVI/XX                 Fi
                                                                                                                                           3ª     ↓
                                                                                                                                                 XXI/XXVII         Real/número



Una vez que reducimos el seminario así, para darle un sentido de conjunto la pregunta es la siguiente: ¿cuál es la articulación que hay que privilegiar? La articulación principal del seminario, en mi opinión, es la segunda. La que se ubica en el pasaje entre los primeros quince seminarios y los doce siguientes. Se halla entre una particular y muy elaborada concepción del complejo de castración y la suplencia del sentido. Hace, por tanto, al transito desde el objeto fálico al significante fálico. Leído como un artículo, el Seminario demuestra el valor de estructura del complejo de castración. Por eso sitúo la articulación mayor en el segundo pasaje. De otro modo, la sexualidad “humana” iría por un lado, y la castración interferiría o funcionaría como fantasía. Al ubicar la diferencia de los sexos, o la sexualidad que llamaba “humana”, en el plano del sentido, se completa el alcance estructural de la castración −que sustituya a la relación sexual−.
 
 
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