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   Límites terapéuticos del psicoanálisis

Límites del psicoanálisis
  Por Gerardo  Pasqualini
   
 
Lacan en el acta de fundación propone la división: en análisis en “intensión” que 1) Consiste en el análisis del analista. Con él cada analista dará cuenta de su análisis para el avance de la doctrina. 2) Crítica interna de la praxis como formación. 3) Control de los analistas en formación.

Y psicoanálisis en “extensión”. El psicoanálisis aplicado a la terapéutica y a la clínica médica, compuesto por personas psicoanalizadas o no que estén en condiciones de contribuir con el psicoanálisis para la doctrina de la cura y sus variaciones. Trabajo que excluye todo conformismo y preconcepto.
Luego en un apartado propone: ética del psicoanálisis pensada como la praxis de la teoría1.

Es a partir de esta propuesta, que si se piensa el psicoanálisis como la práctica que realiza un psicoanalista, (pensada como práxis) ésto nos conduce a preguntarnos sobre lo que se propone como psicoanalista. En la propuesta del 9 de Octubre de 1967 en la que Lacan da una escritura de la transferencia, reescribe el algoritmo de Sansurre que implica un S (significante de la transferencia) que remite a un S (q) significante cualquiera, sobre la barra, debajo de la barra, tenemos el s (significado) y (S:S:S:) la cadena significante. Es decir que el saber que se lo propone como textual, pasa al inconsciente, por debajo de la barra.

Una lectura posible del SSS (sujeto supuesto saber) implica a alguien, un psicoanalista, que encuentra un saber supuesto que trabaja allí, esto marca el deseo de psicoanalista como función. Mantener el saber como supuesto marca entonces el límite de la doctrina, lo cual conduce a una ética, que propone “la praxis de la teoría” donde va a funcionar el deseo de analista como función y motor. Por lo tanto, esto constituye un límite de la práctica del psicoanálisis que va a imposibilitar, por estructura, definir objetivos a-priori. Dado que todo objetivo, que a su vez va a tender a la idealización, se opondría a la praxis de la teoría, que implica mantener el saber supuesto. Este es un límite de la praxis que se funda en una ética.
Toda operación en la cura (que es lo que dirige el analista) va a ser en transferencia. Si suponemos un saber en el Otro que como código, funcione de tope, finalidad y llegada, que marque valores, el individuo va a tender a identificarse a este ideal como punto límite posible, lo cual le da una meta clara, si bien con ésto se va a anular la brecha entre simbólico e imaginario. Esto va a impedir la producción de sujeto.

En otros términos, la identificación, en una tal concepción, se propone como una aspiración respecto de un referente absoluto, quedando reducida a los términos de una identidad buscada y deseada.
Moverse en los estrechos márgenes de la identidad, implica manejarse con un esquema cuyos límites están demarcados por su afirmación o su contradicción. La fijeza de esta propuesta de identificación detiene la historia, ya que hacer historia, supone una actividad que en su reversión2 al pasado, siempre resultará deficitaria respecto de su recuperación, lo que hace de este modo evidente la presencia de la falta. Es por lo tanto muy diversa la consideración de la identificación en psicoanálisis, donde se trata de identificación a rasgo, ya que no participa de la consistencia que puede darle un referente basado en el dato empírico o en atributos en los que se sostiene una identidad imaginaria, sino que el referente, en tanto perdido, queda como real e imposible de ser designado (lo que debió haber sido). No pienso que se le pueda suponer alguna intencionalidad al sujeto, que se produce por efecto significante.
Tomemos ahora por caso “el drogadicto”, esta es una identidad y como tal, si se la fija anula sujeto, se los identifica con determinados patrones que los iguala, donde se pierde de vista lo singular, ya que se basa en una generalización y de este modo a partir de identificarlos, ya no se habla en singular, sino que se generaliza. Es una manera de suponerle imagen al concepto o a la idea, que ninguno la tiene sino prestada, solo tenemos cada apariencia. Lo que hay más allá de la apariencia lo suponemos.

Siempre se los identifica con determinados patrones que los iguala. Además se difunde un saber sobre los así llamados drogadictos, en el cual es fácil quedar atrapado.
Esto sucede con cualquier diagnóstico, que fácilmente pasa a engrosar el saber vulgar y se incluye como un conocimiento cierto que identifica sin discriminar a los diferentes individuos clasificándolos.
La operación que propone el psicoanálisis en estos casos, es desarticular el saber instaurado. De este modo, la psicopatología basándose en los aspectos fenoménicos construye un saber sobre la clínica que se resume en cuadros que arma cuidadosamente. El psicoanálisis va a operar, en el sentido de desarmarlos al quitarles imagen.
El psiquiatra, en su intervención, recurre a un saber consolidado a partir de un proceso de identificación y tipificación, que le permita una correcta aplicación en cada caso. Este saber, además, lo tiene que difundir y enseñar. No escapa a este saber que cristaliza identidades circunscriptas, valga la redundancia, la definición de normalidad.

Como en el psicoanálisis no se trata de ser, sino de des ser, es por esto que debe apuntar en su accionar en el sentido de desmontar las diferentes propuestas de identificación.
Un diagnóstico es un concepto. Este parte de la negación del dato, dado que el concepto es de la razón (subjetivo). Aquí la paradoja, el diagnóstico aleja de lo fáctico. Una vez construido el concepto produce una imagen que lo objetiva, el problema es confundir el concepto con la realidad, suponiendo una unión entre el concepto y lo denotado. Es al psicoanálisis al que le toca desarmar la imagen del concepto. Cuando hablamos de histeria por ejemplo, nos debemos preguntar ¿qué es?

Por otra parte en Freud la histeria más que un cuadro de la psicopatología, es una teoría, que a su vez va modificando a lo largo de su obra.
Es más adecuado pensar al concepto en términos de premisa, que al hacer valer la escritura hace innecesario adjetivarlo. El movimiento será entonces, del concepto que se funda a partir de una letra que lo nomine (como puro litoral)3 luego se debe pasar el concepto de signo a significante, abriéndolo a la cadena. Hacer del concepto escritura. Si identificamos en un diagnóstico que referimos a un saber, y con ésto se constituye sistema.

Graciela Gonzáles Rossi plantea cuestiones interesantes en relación a la poética que nos permite pensar el ejercicio del psicoanálisis como un ejercicio poético. De la palabra griega poiesis, derivan poesía, poeta, poética, esto alude a la producción, como una acción creadora, y a legislar (el poetés es también el legislador). La poiesis siempre produjo sin saber acerca de su productividad. Cuando Lacan dice que el lenguaje es una elucubración de saber sobre lalangue, es porque si bien la idea misma de lenguaje hace suponer que todo se puede decir, y que se puede hacer una ciencia sobre él, es necesario aclarar que el círculo es imposible de cerrar, lo cual marca un saber imposible de completar, si bien esa incompletud es la que justamente va a permitir operar. Freud en el entwurf es donde propone que el aparato psíquico se constituye a partir de inscripciones por marcas que fundan huellas que no han sido percibidas por la conciencia y que van a ser siempre leídas en el a posteriori. Esto nos da una teoría de la memoria por el armado de un mapa que se reescribe permanentemente, en cada lectura que pasa a ser lecto-escritura, de allí sus efectos. Es por lo tanto a partir de los signos de la memoria que el presente es reconstruido. Si bien es por el sesgo de la escritura que el pasado se va rearmando, es bueno aclarar que se trata de la escritura como textual, que va a marcar la apertura a los múltiples sentidos.

De la práctica de cada analista solo tenemos sus relatos, que son reconstrucciones de un acontecimiento, que ha quedado perdido. Es en estos relatos, que van a ser singulares, que cada analista va a dar testimonio de su práctica en la singularidad. Con esto se puede proponer que el testimonio no va a ser estadístico, sino singular, del caso por caso. Esto marca una diferencia con la medicina y la psiquiatría, que en sus diagnósticos, como generalizaciones de lo singular con criterio estadístico va a necesitar producir saber. Se marca una diferencia fuerte entre lo testimonial y lo estadístico.

Con relación a la ética también creo necesario marcar algunas cuestiones. Si se marca la ética del psicoanálisis como la praxis de la teoría, ésta es una ética que se propone para el psicoanalista, no deja fuera de la ética a otras prácticas que tendrán sus propuestas, solo es un límite que produce el psicoanálisis en su misma praxis. Como de la práctica solo tenemos relatos, que van a ser a-posteriori, vamos a tener solo lo que cada analista de como testimonio y es en ese punto que podrá dar cuenta de su práctica y sus efectos. En esto se marca una cuestión ética en cuanto al dar cuenta en el a-posteriori de cada práctica, se trata más de operaciones y efectos que de aplicaciones de teoría.
Con respecto a las llamadas psicosis y los que serían cuadros psiquiátricos, creo que la postura debería ser la misma, un analista solo puede dar cuenta en el a-posteriori de su práctica4, si sus testimonios sirven para producir teoría o técnicas o teoría de la técnica, esas son cuestiones para la doctrina del psicoanálisis o de la disciplina a la cual le sirva.


Bibliografía
Gonzáles Rossi Graciela. “Acerca de la poiesis”.
Lacan J. Autres écrits. « Acte de fondation – Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanaliste de l École ». Seuil Paris 2001.
Pasqualini Gerardo. La clínica como relato. La clínica psicoanalítica. Publicar. Bs As 1998.
— — Nudos escritura de lo real. La formación del psicoanálista Letra Viva. Bs. As. 2004.
— — Escritura de la Clínica Del relato a la retórica. Letra Viva. Bs. As. 2008.

Notas
1. Praxis de la teoría o teoría de la praxis, el límite excéntrico de estas “tareas”, pienso que tiene que ver con la interrogación del juego perpetuo que nos involucra más allá o más acá de la ciencia, la filosofía, etc. En el seminario 11 Lacan dice que el psicoanálisis es una praxis, vale decir un tratamiento dado a lo real por lo simbólico. En la ciencia y la verdad lo relaciona con las cuatro causas aristotélicas: causa final tiene que ver con la religión que es teleológica; causa formal, con la ciencia; causa eficiente, con la magia y causa material, con el psicoanálisis a partir de la materialidad del significante.
La clínica como lo real imposible a soportar es muy interesante pensarla como praxis de la teoría y esto como ética del psicoanálisis, ya que si el psicoanálisis en intensión no se interesa por la terapéutica, ni tampoco se trata de una elucubración vana, ahí se produce anudamiento de real, simbólico e imaginario. Entonces esto llevaría a pensar el nudo como escritura fundante.
La práctica del psicoanálisis podría llevar para el lado de la técnica por ejemplo. Duración de las sesiones, cúando y cómo intervenir, cuestión del pago, etc.
2. Conviene detenerse en las connotaciones que este término condensa: tanto el movimiento retroactivo, como la posibilidad de las sucesivas versiones que se construirían en el despliegue discursivo.
3. La letra misma no es signo, sino que en tanto letra abre a la operación significante.
4. Pienso que cualquier práctica (como praxis) enfocada desde una reflexión sobre la escritura, lo escrito, el anudamiento, remite en última (o primera) instancia a lo que caracteriza o deslinda al hablante.
 
 
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