Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Separata

Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein
  Décimoquinta entrega
   
  Por Oscar  Zelis  y Gabriel Pulice
   
 
Al acercarnos al segundo período del pensamiento de Wittgenstein, es preciso sopesar previamente los alcances de su propia ruptura con las principales ideas del Tractatus: hay actualmente una tendencia a cuestionar su verdadera dimensión, centrándose el interés sobre los puntos en común entre las formulaciones de ambos períodos, y no se debe soslayar que el propio Wittgenstein nos deja entrever que, a pesar del definitivo abandono de algunas concepciones suyas ahora rechazadas, puede sin embargo hallarse entre las Investigaciones Filosóficas y el Tractatus cierta relación de complementariedad.

Si hay entre ambos un común denominador, es éste su determinación por desentrañar tanto los fundamentos lógicos, como los límites y las miserias del lenguaje; para poder establecer los alcances de la incidencia que ello tiene en el pensamiento y la vida misma del hombre. Sobre este punto decisivo, observamos que se produce en Wittgenstein un giro crucial: a diferencia del Tractatus —en donde, junto con él, nos descubrimos cautivos tanto de las condiciones lógicas como de los límites del lenguaje, que se nos imponen bajo el signo de la fatalidad—, hay en las Investigaciones Filosóficas un aire de liberación, los pensamientos de Wittgenstein parecen al fin liberarse de su jaula, invitándonos a salir a jugar… No podemos sustraernos de conjeturar que el «estado de ánimo» que prevalece en él, en cada uno de esos momentos, resulta determinante respecto de la dirección que toman sus cavilaciones en uno y otro período1. A partir de ello, los enfoques que propone son distintos, como también lo es el conjunto de problemas asociado a cada enfoque: «…por ejemplo —señala E. Rabossi—, las disquisiciones ontológicas que ocupan la primera parte del Tractatus desaparecen (…) Las cuestiones de fundamentación de la matemática, escuetamente referidas en el Tractatus, reciben amplia consideración en el segundo período. Lo mismo ocurre con problemas asignables a la teoría del conocimiento y a la teoría de la acción humana», siendo los aportes efectuados por Wittgenstein en todas estas áreas, en opinión de este autor, de primera magnitud2.

Es en este segundo período que su concepción de la filosofía lo aproxima a la posición de Sócrates y otros filósofos griegos, quienes la practicaban como una terapia: el objetivo de la filosofía es «que los pensamientos estén en paz...». Si no estamos en paz con nosotros mismos ni con los demás, es porque nos atrincheramos en hábitos de pensamiento falaces que tienen, sin embargo, una incidencia crucial en el modo en que vivimos. El ser humano, asevera Wittgenstein, «…está profundamente enmarañado en confusiones filosóficas, es decir, gramaticales, que no se pueden liberar sin primero extraerlas de la variedad extraordinaria de asociaciones que las tienen prisioneras. Se debe, por así decirlo, reconstruir todo su lenguaje...». El problema del Tractatus era que había intentado penetrar en las cosas del mundo, como si su esencia estuviera escondida y debiéramos descubrirla y extraerla por medio del análisis lógico. Proclamaba allí haber encontrado «verdades inexpugnables y definitivas», y «la solución final de los problemas de la filosofía». Su nueva terapia, por el contrario, no pretende explicar ni deducir nada, ubica simplemente las cosas ante nosotros: «Ya que todo está a la vista, no hay nada que explicar. Porque lo que está oculto, por ejemplo, no nos interesa…». Sus «investigaciones» se despliegan ahora abriéndose paso a través de las formas del habla cotidiana que, equívocamente, se dan por sentadas, dando lugar a confusiones y simplificaciones abusivas que afectan tan profundamente nuestros hábitos de pensamiento, que ni siquiera somos concientes de ellas. La actividad filosófica pasa a ser para Wittgenstein «una batalla librada con el lenguaje contra el hechizo de nuestra inteligencia», el hechizo del lenguaje nos lleva a ver «esencias» ilusorias que surgen de las figuras del lenguaje, aunque nos parecen sumidas en las profundidades de la mente o el mundo. No se perciben las diferencias, los ojos están «cegados por el ideal», al cual intentamos vanamente extraer de las profundidades, sintiéndonos de algún modo obligados a penetrar en los fenómenos. Todo esto nos conduce a hablar, en opinión de Wittgenstein, sobre disparates encubiertos.

Al abandonarse la creencia en una forma lógica de las cosas que vendría a ser figurada o reflejada por las proposiciones, el concepto de «forma correcta» pierde, a su vez, todo sentido. Las proposiciones, dice Wittgenstein ahora, están bien como están, están en orden. No se trata pues de corregirlas, sino de comprender lo que figuran o reflejan a partir de discernir la función que cumplen, el trabajo que ejecutan: «A menudo se opera con una imagen muy equivocada de la función que ejerce tal o cual proposición y no resulta fácil desprenderse de ella (…) lo verdaderamente relevante es el hecho de que proposiciones y expresiones puedan ser malentendidas. De no haber lugar a estos malentendidos lingüísticos no existirían los problemas filosóficos», observa Hartnack. La cristalización de un problema filosófico se revela entonces como síntoma de la existencia —aún no suficientemente reconocida— de un uso deficiente o abusivo de la lógica del lenguaje. A diferencia de los juegos como el ajedrez y el bridge, o los sistemas deductivos propios de la lógica y de la matemática, que obedecen a reglas muy precisas que estipulan lo que en el marco de los mismos puede ser considerado como válido o ilícito, nada de eso ocurre en el lenguaje: carecemos de reglas que nos permitan decidir sin equívocos cómo han de ser usadas una palabra, frase o expresión en una situación dada. En sintonía con ello, los argumentos destinados a sostener una teoría —propios de la filosofía tradicional—, pasan a carecer para él de todo valor, dejando de este modo a la verdad por fuera de la filosofía, quedando ésta limitada a la lógica proposicional. Vemos en estas disquisiciones cómo Wittgenstein va despejando el terreno a su nueva propuesta, su «método terapéutico». ¿En qué consiste su «terapia»? Es lo que retomaremos en la próxima entrega, iniciando el último tramo de nuestro recorrido.


Gabriel O. Pulice: nbpulice@intramed.net.ar
Oscar Zelis: oscarzelis@speedy.com.ar
______________
1. Algo análogo —aunque en una secuencia inversa— a lo que puede observarse por ejemplo en el Museo del Prado cuando se recorre la galería de Goya: las tertulias, los bellos retratos, las lúdicas escenas campestres, de pronto dejan su lugar en sus pinturas al horror de la guerra.
2. Rabossi, E.; obra citada.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 172 | julio 2013 | La Lógica Triádica (de Peirce a Lacan) 
» Imago Agenda Nº 136 | diciembre 2009 | Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein  ÚLTIMA ENTREGA
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein  Decimocuarta entrega
» Imago Agenda Nº 132 | agosto 2009 | Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein  Decimotercera entrega
» Imago Agenda Nº 131 | julio 2009 | Dos referencias lacanianas: Pierce y Wittgenstein (duodécima entrega) 
» Imago Agenda Nº 130 | junio 2009 | Dos referencias lacanianas: Pierce y Wittgenstein (undécima entrega) 
» Imago Agenda Nº 129 | mayo 2009 | Dos referencias lacanianas: Pierce y Wittgenstein (décima entrega) 
» Imago Agenda Nº 128 | abril 2009 | Dos referencias lacanianas: Pierce y Wittgenstein (novena entrega) 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Dos referencias lacanianas: Pierce y Wittgenstein (octava entrega) 
» Imago Agenda Nº 126 | diciembre 2008 | El problema de la transmisión y los límites del lenguaje en la experiecia analítica.  Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein (Séptima entrega)
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | El problema de la transmisión y los límites del lenguaje en la experiencia analítica  Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgenstein (Sexta entrega)
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | El psicoanálisis no es Lacan, ni Miller, ni tratamiento ni erotología... ni siquiera Freud 

 

 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com