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Más allá del mercado: La diferencia entre las TCC y el psicoanálisis
  Por Jesús Manuel  Ramírez Escobar
   
 
El presente trabajo busca poner a la luz los diferentes problemas emprendidos al hablar de las terapias cognitivo-conductuales (TCC) frente a la propuesta del psicoanálisis. Para tocar dichos avatares es pertinente un recorrido sobre aquello que fundamenta el abordaje clínico tanto de una como de otra teoría, es decir, el sustrato epistemológico que evidencia la manera en que cada una organiza su saber y cómo, posteriormente, adecua su práctica.

De lo anterior, cabe la aclaración sobre el objetivo de este esquema de trabajo, puesto que muchas veces se recurre a la crítica descalificadora sin ningún grado de argumentación epistémica al respecto; la apuesta sociológico-económica como explicación central desde muchos psicoanalistas acerca del repunte en algunos países de las TCC, muchas veces no logra afrontar el elemento central del debate entre éstas y el psicoanálisis. A manera de ejemplo, mencionemos la guerra de descréditos suscitada por las apariciones del Libro Negro del Psicoanálisis (2005) y su respuesta: El Libro Blanco del Psicoanálisis (2006); donde se presentan varios ataques entre analistas y practicantes de las TCC respectivamente, discutiendo desde la lógica que cada uno profesa en su clínica, pero sin retomar la base teórica que las diferencia al darse por sabida.

Desde el psicoanálisis, suponer una carencia de elementos que fundamenten una epistemología en la base de las teorías conductual y cognitiva, lleva a una desautorización del mismo modo que, en aras de una crítica al modelo socioeconómico, el psicoanálisis ataca a la ideología capitalista de la época; por lo que la mayoría de textos que se producen por partes de algunos analistas refleja una actitud muy cercana al desmerecimiento que muchos teóricos de las TCC atribuyen a la clínica psicoanalítica por no arrojar datos empíricamente demostrables. A su vez, otorgando un grado de responsabilidad desde el interior del psicoanálisis, se observará, como menciona Assoun (1982), que de las lecturas elaboradas por algunos analistas han surgido reflexiones que permitieron la creación de las TCC en un afán de reformulación de los preceptos freudianos, tratando de traducirlos a un lenguaje científico- experimental.Al final de este recorrido podremos elucidar un esquema posible de diálogo entre ambas disciplinas, sin que necesariamente se caiga en un eclecticismo como ocurre en algunos países como intento de sumar fuerzas, o en una amplia discordancia que se quede en una guerra donde los opuestos tengan que ganar o morir.1

Las TCC como herederas de la ciencia, problema epistemológico.
Dentro del campo de estudio de la psicología existen concepciones propias sobre los fundamentos que la soportan como ciencia, al grado de proclamarse como tal sin necesidad de una reflexión sobre su propia constitución, previa a toda aplicación psicoterapéutica.

Ante esto, Deleule (1972) menciona que la psicología se ha enfrascado en la importación de métodos y técnicas basándose en ideales cientificistas pero sin clarificar su objeto de estudio. Dicha concepción se ha visto identificada con el paradigma positivista, el cual se caracteriza por ubicar una construcción teórica cuyo fin es conceptualizar lo empírico tomado como primordial. A su vez, partiendo de las concepciones desarrolladas por González Rey (2002) sobre este tema, de acuerdo con el paradigma positivo, la teoría psicológica privilegia el método como elemento que garantiza captar la realidad de manera pura, excluyendo toda participación de la subjetividad del investigador como sujeto del conocimiento e incluso del mismo objeto de donde se emana el saber y estudio.
Lo anteriormente expuesto se enlaza con la cuestión de la objetividad del conocimiento científico, de la mano de la posición epistemológica que define la objetividad por la capacidad del método para descubrir la realidad en base a teorías. Como muestra de esto podemos ver, en palabras de Skinner (1945), que el conductismo encuentra su base empírica en la operacionalización de términos que demuestren su validez a diferencia de aquellos que carecen de ella agrupándose en el mote de mentalistas.

Por tanto, la psicología buscó la precisión en los métodos simplificando la complejidad de su objeto, desglosándolo en categorías que permitieron su descripción y cuantificación. La amplitud y discusión del origen de un término queda reducido a su aplicación y medición. Esta tendencia ha traído consigo una acumulación de datos provenientes de la investigación, donde la búsqueda de lo empírico sobrepasa la formación de un saber cuya aplicación es guiada estrictamente por la predicción.

Por otro lado, la psicología cognitiva se ha agregado al esquema conductual para aumentar el concepto de comportamiento a tres componentes: cognitivo, afectivo y motor; lo que trae como efecto, a decir de Van Rillaer (2005), que la conformación de las TCC va más allá de un modelo de saber ostentado por el especialista que opera sobre la conducta observable, ahora se estaría abogando por el rescate de la subjetividad.2 Sin embargo, las cosas no parecen estar tan claras cuando cada una de sus intervenciones es mediada por un esquema importado del método científico, es decir, que en cada paciente se buscará demostrar una efectividad general, lo que hace pensar que cada persona debe ser pasada en sus resultados por un esquema de validez y eficacia que trasvasa su singularidad.

Lo anterior arroja efectos en la clínica, veamos algunos de ellos. Primero, la separación drástica entre sujeto y objeto supone y reproduce la idea de que el sujeto de conocimiento es el propio experimentador, aquel que sabe; y por otro lado, el sujeto que se presta al estudio es el objeto de conocimiento. El clínico, entonces, se hace cargo de su saber sobre el otro. El ejemplo más claro y común es el del saber médico: El médico hace preguntas y luego sabe lo que al otro le acontece y sobre ese supuesto es que se construye la posibilidad de la mejoría. Dentro del esquema de acción de las TCC el accionar del paciente no podrá ser sino a partir de una permanente consulta con el otro, dado que la posición del saber se encuentra en el especialista. Si deben realizar un trabajo en común, cada movimiento presupone un cierto consenso mínimo para seguir adelante, aunque sea para la elaboración de nuevas estrategias de acción.
En conclusión, la psicología científica produce una particular concepción del objeto de estudio en lejanía con el experimentador (o también el clínico), manteniendo un rango de objetividad en el marco terapéutico. Por lo anterior, el psicoanálisis se ofrece así como blanco, debido a que su discurso sobre lo psíquico lo podría encasillar como una versión esencialista, cuyo sustrato material no es claramente visible, perdiendo sus características de demostración, falsación y objetividad. Desde este punto se entendería entonces al psicoanálisis como un antagonista del procedimiento científico mientras su principal sustrato se encuentro del lado de lo inmaterial y alejado de la conciencia ligada a la razón.

Esto ofrece una visión, aunque no acabada, de aquellas cuestiones que científicos y profesionales de la psicología científica tienen en su punto de mira desde la ubicación de lo que Robles (1996) llamara el “encubrimiento psicológico de la separación cartesiana”, al proponer que la psicología moderna se ubicó en el paradigma científico a fin de ser una disciplina mediadora entre la res cogitans y la res extensa de manera que la estructura esencial de la psicología en primera cuenta se ubica en el orden de lo representacional, entre lo científico y lo natural, entre la razón y la realidad misma.

Epistemología psicoanalítica, caminos y desviaciones.
Al hablar sobre las posibles relaciones entre el psicoanálisis y la ciencia en general el resultado es una trama amplia de debates que generan una extensa polémica, en particular si se contrasta al primero con las ideas provenientes de la psicología que, como se trató anteriormente, se autoproclama dentro del orden de las disciplinas científicas. Por ello, el psicoanálisis parte ante la ciencia con una hipótesis que interroga directamente el reinado del sujeto de la razón.
 La reacción de los teóricos del psicoanálisis ha sido diversa. Algunos de los apegados a la letra freudiana, sostienen que la práctica psicoanalítica se desarrolla por entero conforme a los postulados de la ciencia empirista. A esto cabría agregarle lo que comenta Assoun en su estudio sobre la epistemología del freudismo.3 En dicho trabajo se observa una clara convicción de algunos analistas como Fenichel, Rapaport y Dorer, entre otros; por acercar al psicoanálisis a la psicología científica como una disciplina que captara globalmente la vida mental bajo un método similar al de las ciencias naturales: “lo que es irracional es la materia del psicoanálisis, no su método” (Assoun, 1982: 32). Por lo tanto, la teoría freudiana sufriría de una traducción hacia el esquema científico, alterándose ciertos términos que llevaran a la dinámica de la represión a una pluralización de manifestaciones comprobables, a la tópica freudiana hacia un rompecabezas hipotético y a la energética a indicadores cuantificables.

Como ha podido sospecharse, los términos freudianos han sido operacionalizados, es decir, han pasado a la explicación práctica con el fin de definir la objetividad para producir y verificar el fenómeno considerado, que en este caso sería la vida mental. En la denegación de las premisas más importantes de Freud el psicoanálisis se ha convertido en un mentalismo, tal como se mencionó anteriormente al hablar del esquema de Skinner.
Bajo estos hechos es que ciertos psicólogos experimentales como Eysenck, o algunos partidarios de la teoría cognitiva como Ellis y Beck abordarán una crítica hacia el psicoanálisis. Detrás de una lectura que olvida identificar la diferencia entre el esquema epistemológico empirista de la ciencia experimental y el del propio psicoanálisis se provoca el surgimiento y la crítica feroz de las TCC hacia la clínica freudiana.
En el extremo contrario a dichas lecturas, podemos encontrar una versión de la epistemología freudiana que organiza su saber sin necesidad de importar términos o llevarlos a una traducción donde la esencia de la propuesta quede en riesgo. Ahí estará el importante trabajo de Lacan sobre la separación Hombre- Sujeto.

Tomando como punto de partida lo anterior, en la historia actual de la filosofía desde el surgimiento de la epistemología crítica en Francia de la mano de Bachelard, se abordará la figura del cogito cartesiano como índice del surgimiento de la categoría filosófica de Sujeto, la cual desde la modernidad busca vislumbrar un pensamiento que se piensa a sí mismo y que en su pensar reconoce su existencia, separándose totalmente de la esencia que lo compone.
Lo antepuesto dará paso tanto al movimiento racionalista como a lo impensable, abriendo un camino a un “más allá de la razón”. Será en este proceso en donde el psicoanálisis busque mostrar los límites de la categoría filosófica de Hombre, entendiendo por tal a aquel que actúa bajo el camino de la razón; en aras de revelar que la imagen del Yo, en la que se sostiene éste en cuanto facticidad, ha de desvanecerse dando libre pensamiento al terreno sobre el cual el Sujeto, como categoría, se funda logrando una escisión entre el Yo y el Sujeto4.

De acuerdo con esto, la modernidad que inaugura Descartes, conlleva a una nueva concepción de la subjetividad, en la cual el Yo queda reducido a mera res cogitans, a mera “sustancia pensante”. De manera obvia para dicho pensador y para la tradición que le seguirá, en la subjetividad no existen elementos no conscientes. La crítica de esta idea clásica de subjetividad alcanza en el psicoanálisis una reformulación. Así, al hablar del sustrato teórico de la psicología, se observará su relación con la filosofía desde la epistemología clásica, entre la división sujeto- objeto, de la cual se alejará del psicoanálisis en la primacía de la categoría Sujeto.
Por otra parte, para Lacan (1966) en “La Ciencia y la Verdad”, el Sujeto del cogito inauguró la vía de la ciencia moderna, por lo que ha sido necesario este paso para el surgimiento mismo del psicoanálisis, en tanto que el Sujeto sobre el que éste opera es el Sujeto de la ciencia. Esto puede parecer una paradoja, pero se trata de pensar que el psicoanálisis opera sobre el Sujeto que la ciencia excluye, y que sin embargo da paso a su nacimiento.

A lo anterior, se le puede anexar el comentario de Lacan en el seminario de la Lógica del Fantasma dentro de la clase del 12 de abril de 1967, donde propone que la misma ciencia da paso a la creación de la idea del inconsciente, pues es a partir del vacío que ésta genera por medio del lenguaje, es que el inconsciente hablará desde ese sitio, entendiéndose que la ciencia al expulsar al Sujeto, lo relega a una función que sólo por medio de considerarse efecto del lenguaje es que podrá dar cuenta de su existencia como efecto de ese vacío.

Así, podemos concluir que el efecto de la ciencia es alejar el espacio inconsciente de su práctica al privilegiar la unificación de la conciencia, la razón y la individualidad, pero es a través de su anverso que puede comprendérseles. Por consiguiente, la noción de Sujeto de la Ciencia sólo encuentra validez al contraponérsele la categoría de Sujeto del Inconsciente quien da cuenta de aquella y de sí misma.
Lacan, en el Seminario 11 refiere:
Prenderé la función del cogito cartesiano del término feto u homúnculo. Viene ejemplificada por la caída, que no ha dejado de producirse en la historia de lo que se llama el pensamiento, que consiste en tomar ese yo del cogito por el homúnculo que, desde hace tiempo, es representado cada vez que se quiere hacer psicología (…) Por el contrario en nuestro vocabulario, simbolizamos por S tachada ($) al sujeto, en tanto que constituido como segundo con respecto al significante”. (Lacan, 2003, p. 147)

Este análisis resulta fundamental, partiendo de que el cartesianismo se encuentra en la génesis del pensamiento científico, ubicando una postura con respecto a la crítica que se ha realizado a los abordajes de la psicología de corte experimental. Finalmente, podrá entonces decirse que el Sujeto se objetiva a sí mismo en un Yo, al que el psicoanálisis debe deconstruir para mostrar la dimensión fundante del deseo y por consiguiente del Sujeto del inconsciente como categoría epistemológica propia.

Hacia una posible conclusión: la aceptación de la diferencia.

En conclusión, tras evidenciar los principios rectores tanto de la psicología científica que soporta a las TCC y aquellos que dan base al psicoanálisis, notaremos que cada uno tiene un componente epistemológico distinto, sus aparatos conceptuales no les permiten una discusión si no es bajo la adaptación a su propio lenguaje. Comprendiendo que la traducción es una traición en sí misma, podremos vislumbrar que toda lucha terminará en algo que vaya más allá de las diferencias teóricas, se convertirá en una pugna especular que obligue a la lucha por la supervivencia de una sobre la otra.

Un efecto caótico de esta oposición es la necesidad de conciliación que se deriva de la guerra, lo cual puede verse en algunos de los planteamientos que se realizan en aras de un eclecticismo clínico, producto de la falta de clarificación del objeto de estudio dentro de una práctica que más da cuenta de la ignorancia del agente, que de una real capacidad para resolver problemas clínicos.
Así, el objetivo de abrir este debate a un más allá de la descalificación no obliga a una síntesis si no a la aceptación de la diferencia de ópticas, de lo contrario cabría la pregunta siguiente: Si la discusión rebasa el campo de la clínica (y del campo teórico que le da base) ¿no estaremos sólo peleando por un mercado de acción cuando es hacia allá que estamos orientando nuestras críticas?


BIBLIOGRAFÍA
Assoun, P.L. (1982) Introducción a la Epistemología Freudiana. México DF. Siglo XXI Editores
Deleule, D. (1972) La Psicología: Mito Científico. Barcelona. Anagrama.
González Rey, L. (2002) Sujeto y subjetividad: una aproximación histórico-cultural México. Editorial Thomson
Lacan, J. (1964/2003) Seminario XI: Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Buenos Aires. Paidós.
Lacan, J. Seminario XIV: Lógica del Fantasma (inédito)
Meyer, C. (Ed.) (2007) El Libro Negro del Psicoanálisis. Vivir, pensar y estar mejor sin Freud. Buenos Aires. Editorial Sudamericana.
Miller, J.A. (2008) La Respuesta del Psicoanálisis a las Terapias Cognitivo Conductuales en: Revista Bitácora Lacaniana # 3. Consultado el 9 de junio de 2009. Disponible en: http://www.nel-amp.org/bl/bl03/periscopio1.html
Robles, F. (1996) Para aprehender la psicología España. Siglo XXI Editores.
Skinner, B.F. (1945) El Análisis Operacional de los Términos Psicológicos. Publicado en Psychological Review #52. Consultado el 9 de junio de 2009. Disponible en: http://www.dsstgo.cl/deptos/filosofia/biblioteca/skinner/Burrhus%20Frederick%20Skinner%2020El%20An%E1lisis%20Operacional%20De%20Los%20T%E9rminos%20Psicol%F3gicos.pdf


1 Notas:
En este punto recuérdese la guerra lanzada en el interior de la Asociación Mundial de Psicoanálisis frente al llamado “avance de las TCC”, lo que genera la idea inmediata de que los analistas deben de luchar en contra de una forma terapéutica que amenaza políticamente la apuesta del psicoanálisis. Al respecto cfr. Miller, J.A. (2008) La Respuesta del Psicoanálisis a las Terapias Cognitivo Conductuales. Revista Bitácora Lacaniana # 3. Consultado el 29 de noviembre de 2009. Disponible en: http://www.nel-amp.org/bl/bl03/periscopio1.html
2 Van Rillaer, J. (2005) Las terapias cognitivo conductuales: la psicología científica al servicio de la persona. En: Meyer, C. (2007) El Libro negro del Psicoanálisis. Vivir, pensar y estar mejor sin Freud. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 562- 579 p.p.
3 Cabe señalar que este término le permite distinguir al autor una diferencia entre el freudismo y la epistemología freudiana, puesto que el primero es una adecuación, a manera de traducción, de la teoría freudiana a esquemas aceptados por las ciencias naturales.
4 Para un trabajo en profundidad de esta separación cfr. Ramírez Escobar, Jesús M. (2009) El sujeto del Psicoanálisis… y su relación con la psicología. Buenos Aires, Letra Viva. 17-35 p.p.
 
 
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