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   El juego

La hemorragia del juego y su pérdida
  Por Norma Bruner
   
 
La práctica clínica con niños nos demuestra que la presencia de los significantes primordiales en el Otro, es condición necesaria –no suficiente– para su inscripción y funcionamiento de manera encarnada y no anónima del lado del infans.
Los significantes primordiales requieren, en la infancia, de una serie diacrónica de redoblamientos y repeticiones de inscripciones simbólicas fundamentales para su encadenamiento, encarnadura y anudamiento definitivo del lado del niño.
Mi trabajo como psicoanalista y supervisora de varios equipos e instituciones clínicas que trabajan con bebes y niños con problemas en el desarrollo (gran parte de los cuales pueden tener una base orgánica congénita o adquirida) da cuenta cotidianamente de la importancia que tienen, “las condiciones” para los actos de apertura de vías y caminos a recorrer para el nacimiento del sujeto y de objetos en el deseo.
He recortado en estos 20 años de trabajo, una serie de fenómenos clínicos que si bien son diversos podríamos ubicarlos como “cortes, lesiones, interrupciones, suspensiones, vacilaciones, transitorias e incluso definitivas, de la función y funcionamiento en el juego (y operatoria) de los significantes primordiales”.

Venimos investigando y ocupándonos de las consecuencias que tiene, en el nacimiento del deseo de manera encarnada y no anónima, a las que da lugar aquella dimensión en la infancia que hemos nombrado como: “la hemorragia del juego y su pérdida” intentando su formalización para el abordaje clínico.
Si bien este fenómeno se encuentra facilitado en los casos de bebes y niños con patologías de base orgánica (principalmente neurológicas, genéticas y/o metabólicas) por la colaboración y combinación de factores de distinto orden y desde distintas vías, no es exclusivo de este campo y representa, creemos, un problema a formalizar y a abordar incluso mas allá de él.

¿Que pierde o expulsa la hemorragia del juego significante a través de su pérdida en caso de no encontrar un límite y cierre desde lo simbólico? Hemos denominado en trabajos anteriores a la “posición melancólica” como aquella en la que el niño y su cuerpo, quedan tomados e identificados como objetos de “insignificancia fálica”2.
La melancolía en la infancia denuncia la no inscripción (y/o funcionamiento) de la función del duelo (de estructura) y del juego, que considero son dos trabajos que van juntos en la infancia de manera articulada, por razones de estructura y de desarrollo. Hemos ubicado y demostrado a dicha posición como una de las más comunes y frecuentes puertas de entrada al autismo y/o psicosis en caso de no modificarse decidirse y perpetuarse.3
También hemos podido establecer que “el funcionamiento del juego significante primordial”, pudo en muchos casos pasar a funcionar y ser retomado, relanzado, reconstruido por la mediación eficaz de la intervención clínica temprana e interdisciplinaria.

En la infancia reconocemos una formación psíquica central y particular, “el juego” formación de lo inconsciente y del inconsciente como tal, donde el complejo de castración, en sus condiciones y consecuencias, se inscriben y articulan.
Desde nuestra experiencia clínica y propuestas conceptuales: “El juego, encarna la estructura, articulando y anudando a ella el desarrollo y lo real orgánico. El juego y sus formaciones, suponen la puesta en acto de la función del significante y sus leyes.
Nuestra tesis es: “El juego cumple función de sinthome propio de infancia4.
¿A qué está llamado a encarnar el analista en el juego clínico en transferencia con un niño con problemas en el desarrollo? ¿Por qué, la lesión del juego y su hemorragia se traducen en dolor? Por exclusión, ya que la ruptura de asociaciones siempre se traduce en términos de dolor en la obra de Freud.
¿Qué sucede cuando “el dolor” proviene del cuerpo “lesionado” de un hijo? En la posición melancólica de un niño, debemos suponer “un juego herido” cuyas aberturas y pérdidas traducen ese característico dolor impreciso, que carece de límite, sentido y palabra. En caso de decidirse y no modificarse, esta posición no advendrán del lado del niño, “los juegos de engaño” de los personajes de la comedia del falo en su “dimensión tragicómica”, ya que “el juego del equívoco y la obra de las equivocaciones” no hará su función.

¿Cuál es la función y valor del juego, por estructura y en la clínica, para la inscripción y operatoria de los significantes primordiales?
Ubiquemos que: El valor del juego, su cuerpo, está hecho de lenguaje.
Podríamos decir que el lenguaje toma forma de juego y apuntalándose en múltiples objetos se incorpora, siendo el niño, el agente y producto (o resto) de esta operación. Los representantes del sujeto, los juguetes, dicen del lugar de deseo respecto al Otro primordial del niño como objeto, entonces, un niño “es dicho” en aquello que estos objetos, los juguetes o compañeros de juegos, dicen de él. Es que solo al jugar, y mientras se juega, el juego “toma cuerpo” y pasa a ser un objeto del niño.

Los juguetes dicen aquello que aún el niño no puede asumir en nombre propio, como su discurso, se trata más bien y más exactamente de “Un discurso de juguete”. Una práctica protegida (en su doble sentido) de discurso.
El juego en la infancia es la “puesta en acto” de la lengua como discurso. El niño hace entrar en acción a la lengua al jugar y al mismo tiempo es al jugar que la lengua se incorpora y llega a advenir como discurso. El juego sería la puesta en acto de la lengua como discurso y de ello su valor clínico. El juego en transferencia y durante un tratamiento analítico con un niño, no es un juego cualquiera, el analista forma parte de él y de sus condiciones de construcción y constitución.5
Freud dice: es en la marca reveladora que es la invulnerabilidad donde se discierne sin trabajo a “su majestad el yo” el héroe de todos los sueños diurnos de todas las novelas6.
El niño se hace de un yo invulnerable en el juego, de un cuerpo seguro y protegido por el sentimiento heroico, por las condiciones de no-peligro real que el juego implica.
Si “es solo un juego”, en el interior del juego y solo mientras se juega, el hilo que lo aguanta, lo separa y une a la vida, puede sufrir cortes, lesiones, heridas, mutilaciones, desgarramientos, suspensiones, sin que la amenaza de daño, real o imaginario, se realice realmente.

En el juego, un niño podrá entrenarse para la soledad y la paz, corriendo todo tipo de batallas, guerras, pesares y desdichas, proezas y hazañas, disgustos, victorias o derrotas, desamparos y desesperanzas, abusos y maltratos, ya que “Eso no puede pasarte a ti"7 y funciona como límite porque “es solo un juego”. El borde del juego tiene función y funciona como límite y protección, excluyendo, cortando, dividiendo el goce, que se separa y expulsa fuera del juego (y del cuerpo).
En un niño en posición melancólica, la insignificancia fálica, inscribe el agujero en lo simbólico y las consecuencias clínicas de los efectos de retorno en lo real.
Desde un criterio diagnóstico riguroso un niño en esta posición, presenta ausencia de juego, sin embargo se tratará, según mi experiencia, de suponer en la clínica, un juego herido y a un supuesto sujeto-jugador.
La apuesta clínica y su dirección será intentar construir en transferencia, las condiciones de posibilidad para poder colegir y volver a situar aun así, a un niño. Además y de manera absolutamente singular, con ese niño y sus padres, operar para intentar volver a poner en juego “la construcción de los bordes de un juego significante expulsado de lo simbólico y que por no haber sido jugado simbólicamente retorna desde lo real y sus formaciones”.

Cobra significancia la operación del analista y del equipo interdisciplinario que podríamos ubicar como: “La transformación de lo real en elemento indispensable como parte del juego y de la transferencia”8.
En la temprana infancia, si por una combinación de factores y condiciones, las formaciones del juego y del jugar con sus bordes simbólicos, los que hacen no equivalentes lo real y lo imaginario, no se inscriben ni se escriben, comenzará a abrirse, o bien desde el campo del Otro o bien del lado del niño, la brecha por donde se introduce en el niño y su educación (en el sentido mas amplio del término) la dimensión de la psicosis y/o autismo.
Creemos que la denominación más correcta para la operación e intervención del analista en esta configuración de la clínica, con el niño y los agentes parentales, no es de interpretación, aunque pueda tener a veces dicho efecto, sino de construcción, en el sentido freudiano del término. Proponemos definir la operación del analista en la configuración de la transferencia que el juego clínico implica como: “La construcción y/o reconstrucción de puentes significantes”.

La construcción del puente significante eleva lo real a categoría de ser significante y significable para Otro y produce como consecuencia, el espacio imaginario donde la obra del juego y la infancia pueden llegar a tener lugar y transcurrir.9
____________________
1. Bruner, N.: “Luto y melancolía en la infancia”, en Revista de Psicoanálisis de APPOA (Asociación. Psicoanalítica de Porto Alegre), núm. 19., 2001, Brasil.
2. Bruner, N.: “El juego en los límites: Psicoanálisis y clínica en problemas en el desarrollo infantil”en www.elsigma.com.
3. Brener, N.: ob. cit.
4. Bruner, N.: “Los signos del juego”, en Goldemberg I -Silveyra L y colab., El psicoanálisis con niños, hoy, vol. 2. Imago Mundi, 2007. .
5. Freud S: 1914 “Introducción del narcisismo”. Tomo XIV. Pág. 88. 1984 O. C. Amorrortu.
6. Freud, S.: (1942 ) “Personajes psicopáticos en el escenario”. Tomo VII. Pág. 278. Amorrortu. 1984. Frase de Anzengruber, una de las favoritas de Freud, como surge del texto “De guerra y de muerte”.
7. Bruner, N.: “Luto y melancolía...”, ob. cit.
8. Bruner, N.: “Con eso no se juega: algunos aspectos acerca del limite en la función del analista que trabaja con un niño”, en Fort-Da, núm. 6, Junio 2003, www.fort-da.org
 
 
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