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   Colaboraciones exclusivas

Discusiones sobre psicoanálisis, cultura y realidad [Tercera parte]
  Por Germán Gárgano
   
 
VI. La Cosa.
¿La madre como cero?

Decís: “El problema es dónde situar el corte que te es tan necesario, y entender qué se corta en el corte de la barra o del falo. ¡¿Y qué quiere decir que lo Real es incognoscible?! Hay niveles de incognoscibilidad en lo Real mismo: depende dónde vos sitúes el tuyo. Por otra parte esa interpretación metafísica que le das a Freud no la encontré nunca así planteada: es tu lectura desde Lacan.”

Y aquí el antiguo y siempre a la mano recurso de devolver la pelota: fui yo quien te dije que no encuentro en ningún lado referencia alguna de Freud que me permita hablar de tu “emanación sentida de la Cosa”. Hay niveles de incognoscibilidad sí, en la realidad del discurso científico. En torno a la incognoscibilidad en lo Real de la Cosa, que no es metafísica, no se trata de niveles. A “la Cosa” (neurona ‘a’) el psiquismo inconsciente no la siente, la predica con la neurona ‘b’, dice Freud desde “El Proyecto…” mismo. Y los atributos, con las que se la rodea, serán sí, satisfactorios o insatisfactorios, afectivamente placenteros o displacenteros.

Y en una de sus últimas obras Compendio del psicoanálisis (3ª parte cap VIII) lo dice más claro aún:

“(la psicología como la física) persiguen el fin de revelar, tras las propiedades (cualidades) del objeto investigado, que se dan directamente a nuestra percepción, algo que sea más independiente de la receptividad selectiva de nuestros órganos sensoriales y que se aproxime más al supuesto estado de cosas real. No esperemos captar este último, pues, según vemos, toda nueva revelación psicológica debe volver a traducirse al lenguaje de nuestras percepciones, del cual evidentemente no podemos librarnos. He aquí la esencia y la limitación de la psicología.”

“Es como si en la física declarásemos: contando con la suficiente agudeza visual comprobaríamos que un cuerpo, sólido al parecer, consta de partículas de determinada forma, dimensión y posición relativa. Entre tanto, tratamos de llevar al máximo, mediante recursos artificiales, la capacidad de rendimiento de nuestros órganos sensoriales; pero cabe esperar que todos estos esfuerzos nada cambiarán en definitiva.

Das Reale (lo real –y no wirklichkeil, la realidad-) wird immer «unerkennbar» bleiben”, lo real permanecerá «incognoscible» (las comillas de Freud en incognoscible, van destinadas a que no es del orden de lo sensible ni de la fe). La elaboración intelectual de nuestras percepciones sensoriales primarias nos permite reconocer en el mundo exterior relaciones y dependencias (o en traducción de Amorrortu: “la intelección de nexos y relaciones de dependencia que están presentes…”) que pueden ser reproducidas o reflejadas fielmente en el mundo interior de nuestro pensamiento poniéndonos su conocimiento en situación de «comprender» algo en el mundo exterior, de preverlo y, posiblemente, modificarlo. Así procedemos también en psicoanálisis. Hemos hallado recursos técnicos que permiten colmar las lagunas de nuestros fenómenos conscientes, y los utilizamos tal como los físicos emplean el experimento.” (las negritas son mías).

No se hace aquí entendible tu desprecio por los “recursos técnicos” de la matemática, de la lógica, o de lo que cada cual, Freud la física, utiliza para llenar las lagunas a las que no se puede llegar, y que no se pueden explicar con el lenguaje de la sensibilidad material.

*********


¿Cuál es el fundamento para Freud? ¿Ser madre o el falo? El falo, universal masculino (que no es sexo genérico) que la madre debe portar como fundamento para la constitución del sujeto.
Decís: “¿Por qué para significar y para que haya psiquismo la madre debe ser no un punto de partida pleno y no sólo un lugar equivalente a la nada?”

A partir del psiquismo que tenemos vemos que nunca hubo un algo pleno. La falta en la madre no es la nada materna. Interpretar el recurso matemático del conjunto vacío y la necesaria inscripción del cero al que Lacan apela, es despreciar esos “recursos técnicos artificiales” de los que hablaba Freud necesarios para teorizar ese borde de inaccesibilidad a lo Real de la Cosa.

El cero no es la nada ni la “cerificación de la madre” como torcidamente me cuestionás, deformando así también el pensamiento de Lacan, sino la posibilidad de inscripción del vacío constitutivo de lo Real, que sí será viable desde la función materna.

Y por si no quedó claro, se trata de 2 cuestiones:

1) el espacio abierto por lo que Freud llama la incorporación masiva del padre (que en realidad es padre-madre juntos, dice Freud), freudiana identificación primera que Lacan denomina incorporación significante. Este vacío primero no es otra cosa que un espacio aún no discrimandado por el infans (discriminado a partir de la demanda).

2) La matemática vendría en nuestra ayuda a mostrar que, recién con la repetición de la demanda, en una segunda vuelta pulsional, aparece la localización de ese espacio en los lugares del cuerpo como un algo no como una nada, una inscripción imprescindible para la movilidad psíquica. Y el cero ha encontrado su lugar.

Una cuestión es la oposición razón-afecto que hace el racionalismo, y otra la toma de distancia que nos caracteriza como humanos y que proviene de esa primerísima circunstancia constituyente.

Podemos caer en una radicalización de oposiciones (pleno-no pleno, razón-afecto, naturaleza-cultura, individuo-sociedad) siempre jugadas en ese borde que con Freud seguimos recorriendo entre lo cognoscible y lo incognoscible, o en Lacan, entre lo necesario y lo imposible.

Es de mala fe, intelectualizar, según vos, a esta madre puro afecto. ¿No es de mala fe, después de todo lo dicho por mí a partir de Lacan, que supongas que la intelectualizo? ¿Marx intelectualiza la explotación cuando analiza y formula, no formulea, el capital (M D M’ --> D M D’, y tantas más complejas!)? Son las herramientas que cada cual tiene de encontró para un trabajo riguroso.

Cuestiones sobre el afecto.

No des vuelta la tortilla y te ofendas. Mi frase “lenguaje no es suponer que la zona anal lo es por tener letritas inscriptas en el culo” no es un “desprecio agresivo” sino mi respuesta a tu agresión de mofarte del “formuleo”. Me decís que necesito de una inscripción. Claro que sí. Necesito de una inscripción que no se explica diciendo primera satisfacción. Fue Freud el que comenzó a “formulear” el inconsciente con las herramientas de su época, las herramientas positivistas incluso, no Lacan. Sos vos el que me llevaste a hacerte las preguntas que de ningún modo suponen que concibas al niño como un perro: ¿Cuál es para vos la diferencia entre el afecto humano y el animal? ¿Por qué acariciamos un animal y no lo hacemos humano? ¿Por qué si me cría el animal me hubiera hecho “niño-lobo”? Porque el nivel afectivo está en ambos, e incluso, como me decís, un perro puede sernos más fiel que un hijo. Recuerdo que Freud también se refirió al afecto incondicional de su perro. Claro, justamente, porque en el humano el afecto es un efecto. Me decís que el evolucionismo más ramplón lo explica. ¿Qué explica León? Tautológicamente me habla de salto cualitativo. ¡Hay un salto, hay un salto! Pero ¿cuál es, en qué consiste? Se habla de la cultura, de la determinación social. Y ¿por qué hay cultura? El antropólogo, el sociólogo, el político, etc. está bien que hablen así. L. Strauss habla del lugar prohibido. Muy bien. Pero el psicólogo, Freud, que hurga en los vericuetos microscópicos del sujeto obviamente va a buscar su especificidad.

¿Cómo es que la inscripción del contacto carnal humano se realiza? ¿No sos soberbio vos, al acusar a estas preguntas y respuestas, de intelectuales? ¿Acaso llegado ese punto me dirías: c’est la vie? Así como Freud dijo que un cigarro es un cigarro, ¿vos dirías, el contacto materno es eso y punto? ¿Tu piso es ese? No me parece que admitas pisos así, por eso tengo derecho a inferir y leer ahí una concepción que en nada subestima tu saber de la diferencia entre el humano y el animal. La cuestión es cómo lo diferenciás vos y como lo diferencio yo; la cuestión es la diferencia de la diferencia.

Y retorna la pregunta por el fundamento. Decís que la madre es fundamento del lenguaje. Sin semejante no hay lenguaje. ¡Por supuesto! Pero si hay lenguaje es porque ese semejante es a su vez, de lenguaje. Esa es para mí la cuestión. Y no es que algún cientificismo soberbio nos lleve por el camino de explicar intelectualmente lo inexplicable, sino de operar con lo que está a luz vista a partir de lo que Freud establece, el inconsciente no es sin lenguaje. No se trata de inconsciente y afecto. Al Ello no llegamos en la clínica por ningún continuum del afecto, sino a esos signos, marcas, letras, como dice Freud en El Yo y el Ello. Se trata de la materialidad de esas inscripciones, no lo ensoñado.

Por otra parte, a renglón seguido de suponer que uno se regodea en la ironía fácil, respondés “Freud le devuelve (al paciente) su contenido sensible, no su forma lógica aritmética”, “Freud interpreta: por lo tanto sí era su madre. Llena su vacío sin metáforas metafísicas”.

¿Qué querés decir? ¿Que Lacan le devuelve al paciente: “-ahí está su cero inscripto como uno”? ¿En ese caso, Freud le devolvería al paciente: “-Sr. de los Lobos, usted desestimó la castración”? Obviamente es ridículo y te muestra que aunque Freud no use la matemática, también lo podríamos ridiculizar. A Freud en su época tampoco le fue sencillo que sus elaboraciones teóricas le fueran bien escuchadas.

Y seguís: “Freud nunca diría ni tampoco dice algo que implique descender del denso y complejo nivel de las palabras que el paciente enuncia hacia una abstracción numérica”. No es ese el punto. El punto es en la elaboración teórica, no confundas a la audiencia con ridiculeces. Freud no habrá “descendido” a los números (¿por qué no, ascendido?), pero “descendió” al esquema del peine por ejemplo, y en el Proyecto, a sus herramientas médicas de la neurología, y tantas más abstracciones complejísimas.

Si tu radicalidad de los contenidos, con el temor a no sustancializar porque eso se va de la realidad concreta y sensible, supone tan sólo que así como el término “vaca” designa a la vaca, el “cero” designa una nada, entonces no nos entendemos. La vaca no es vaca si no la nombro, y esto se ve a diario escuchando a los pacientes y a nosotros mismos, se ve cuando las cosas no se resuelven hasta que no las podemos, de la forma que sea, nombrar. No es un nombrar teórico, abstracto, las nombramos de hecho, internamente, como sea, como de pronto tan habitualmente decimos: ‘ahora lo tengo claro’, y no importa de qué manera, pero seguro que no intelectualmente o por medio de la razón. Nombrar es nombrar con el cuerpo. De última se verá en el hacer, en la producción, y no en lo que uno hable o deje de hablar de su vida. Y allí se verá si –y por ejemplo en mi pintura, o tus libros- esas marcas puestas en juego podrán ser nombradas.


VII. Freud no fue marxista.

Cuando decís que aún estamos en la prehistoria, recuerdo obviamente a Marx pensando que la historia estaba por ser inaugurada post-capitalismo. No puedo dejar de pensar en la suposición de sociedades “buenas”, pre lucha de clases, que por el decurso propio de la historia estarían objetivamente por venir, cuando se tome conciencia (para-sí) de que eso está en nuestras manos. Era la época del optimismo histórico, que tenemos suficientes razones para poner en cuestión, sin por eso caer en los relativismos postmodernos. Creo vislumbrar esto también en tu pensamiento a propósito del sujeto. Estadio previo, judaico, pre-paternal, o maternal, de alguna manera una experiencia primera de satisfacción, que nos alumbra el futuro con su fuego histórico, individual y social.

Freud no fue marxista, y me parece un exceso suponer que “la salvedad de la determinación cultural” que hiciera en algún lugar de su obra implique que su elaboración quede circunscripta al padecimiento del sujeto que le tocó en suerte –judeocristiano-, y que tanto esto como la lectura de la castración sólo recién como fase “posterior”, dejaran todo abierto para que tu lectura de Marx lo recupere dándole una, entonces sí verdadera, dimensión social e histórica, que pueda ser fundamento de la filosofía. Como te dije en mi respuesta anterior, con todo lo fino que era Freud, hubiera al menos titulado “El malestar en nuestra Cultura” y no, “…en la cultura”. Mi opinión es que más bien pertenece a otro corral, y no por ser un “viejo burgués”, ni tampoco porque se ocupara centralmente del sujeto y no de la sociedad, sino porque inaugura otra concepción del sujeto, que pertenece a otro universo simbólico, a otra lógica. Querer establecer articulaciones que permitirían una especie de síntesis freudomarxista, es algo en lo que no coincido, debido a que la lógica que inicia Freud es otra. No creo en la síntesis. Ni en la síntesis dialéctica. Por tanto lo individual, lo subjetivo, lo social, los cruces entre ambos registros, etc. se reordenan en otra dimensión.


¿Lacan “científico” vs. Freud “mítico”?

Fue Freud efectivamente el que inició una vía “científica”. No es Lacan el que viene a poner la ciencia al inconciente, para así desenraizarlo del fundamento mítico que vos suponés Freud hubiera preservado. El mito de Freud es científico porque (L. Strauss siguiendo a Freud) en él –transmisión oral, repetición y diferencia- se manifiesta el inconsciente. Y Lacan continúa esta línea, lo que hay de verdad inconsciente en el mito de Edipo, o del protopadre, o en la forma más alta que Freud designara como nuestra mitología: la doctrina (y no teoría) de las pulsiones. Y como si fuera poco agrega, “grandiosas en su indeterminación”. El mito que postula Freud hace ciencia. No es la ciencia positiva, la ciencia sin sujeto, sino como dijo Freud “la bruja metapsicología”, es decir se construye con fantasías, y especulaciones. Como dijo Lévi-Strauss, el mito es la forma, o una de las formas, en que el inconsciente se manifiesta; al trasmitirse oralmente, se repite con diferencia, y no se conforma desde lo racional. A partir de Freud entonces cae la oposición mito-razón, mito-ciencia. A partir de que el articulador es el inconsciente estudiado por Freud es que podemos hablar de mito científico. No es el mito el que funda un sujeto, o necesariamente una teoría.


Michel de Certau y proveniencias culturales.

Michel de Certeau puede pensar lo que quiera como que el significante lacaniano es para él de “pura cepa cristiana” porque corta y no separa como pareciera ser en la tradición bíblica judía. Quizás a Certeau le interesaba que fuera así porque convalidaba sus afinidades con el pensamiento teológico místico, o todo lo contrario, lo dijo para demostrar, como vos, que Lacan era reaccionario.

No dejo a un lado de ninguna manera las proveniencia cultural del pensador pero llevarla al extremo y decir que: “no puede no pensarse que Lacan, de formación católica y con su hermano católico, no pueda no introducir eso en su pensamiento”, me parece ya una arbitrariedad suprema que le quita seriedad a la discusión, padeciendo de los mismos vicios de la izquierda que apostrofa por el origen de clase.

Toda la cuestión de Lacan con su hermano cristiano y católico, la cuestión hasta del pedido de una entrevista con el papa, me parecen nimiedades. Para mí, son centralmente cuestiones políticas, política de Lacan con respecto al psicoanálisis como institución. No hay que olvidar que quien decide ponerse al frente de algo entra en política sí o sí, incluso por qué no, con ambiciones personales, egolatría, poder y todo ello. Freud también, se sabe, no era ningún pastor devoto.

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