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   Colaboraciones exclusivas

Problemáticas del Seminario [Primera parte]
  Por Carlos Faig
   
 
El trabajo (del sueño entre otros) omite pensar, calcular, incluso juzgar. Sabe lo que tiene qué hacer.
Es su definición: supone un “sujeto”, es Der Arbeiter. Lo que piensa, calcula y juzga es el goce,
y el goce en tanto es del Otro exige que el Uno, aquel que del sujeto hace función, resulte simplemente castrado,
es decir simbolizado por la función imaginaria que encarna la impotencia, dicho de otra manera, por el falo

J. Lacan, resumen del seminario …Ou pire



Espero que en el curso de la charla se aclare el epígrafe, que no es nada fácil.
Para que se puedan ubicar: voy a tomar dos grandes sectores de la enseñanza de Lacan. Uno refiere a Proposición, el otro a los nudos. La charla está divida en esas dos partes. Allí voy a ir ubicando la ilación del Seminario en relación con el complejo de castración. Mi título, entonces, lo extiendo en dos frentes: la teoría del final del análisis, por un lado, y la teoría de los nudos borromeanos y el desarrollo sobre lalengua que le es más o menos contemporánea, por otro. Además, y justamente, son sectores de la obra de Lacan −especialmente el primero− donde se condensa la elaboración, puntos de llegada de la investigación.

I. Proposición
Comienzo con la Proposición del 9 de octubre, un texto que resume los primeros quince seminarios de Lacan. Proposición condensa: intersubjetividad (que refuta), grafos, ética, transferencia y deseo del analista, ágalma, identificación, pulsión, fantasma, acto analítico, etc. Asimismo, la relación con Freud queda implicada en los desarrollos. En este punto, con este artículo, estamos en la cuestión de la transferencia, su instalación y su disolución, en particular en lo que hace a la formación del analista, un viejo anhelo de Lacan, y parte sustantiva de su programa. Pero también, y sobre todo, estamos en la problemática de la castración que es teóricamente, como vamos a ver, el horizonte mismo del Seminario. Comento el texto parágrafo por parágrafo y después lo escribo en el pizarrón a modo de una sinopsis.

Los distintos sectores de Proposición se hallan separados por espacios en blanco (salvo el último que muestra un losange). Son diez parágrafos los que componen la versión escrita de Proposición del 9 de octubre y se hallan cortados en dos secciones por el sexto punto del texto. El plano proyectivo parte el texto por la mitad. Lacan plantea allí la articulación invertida de la intensión y la extensión del psicoanálisis mediante esa figura topológica (y digo “figura topológica” porque Lacan lo equipara al cross-cap).
El primer parágrafo, introductorio, se basa en una doble distinción: por un lado opone el grado a la jerarquía, y, por otro, diferencia extensión e intensión. La jerarquía viene a coincidir con la extensión, y el grado converge con la intensión.
El segundo parágrafo trata sobre el sujeto supuesto saber (SSS). El tercero sobre la destitución subjetiva. Y en el cuarto un “flash” –como dice Lacan– sobre el análisis original según el planteo de Mannoni (Lacan expone allí alguna divergencia de opinión) prepara el remate de este sector del escrito: el deser.

Los parágrafos séptimo, octavo y noveno, ya del lado de la extensión, invierten “el didáctico” en las líneas de fuga del psicoanálisis en lo simbólico, lo imaginario y lo real.
El Edipo, en lo simbólico, puede equipararse al ya allí de una intersubjetividad cuya base es la familia humana.
La sociedad analítica, en lo imaginario, correlativamente con la referencia al padre idealizado, detiene el movimiento de la transferencia en la identificación. Ya allí encontramos la organización del ejército o de la iglesia, como SSS, es decir, al líder.

En lo real, los campos de concentración, el lazo social concentracionario de nuestra época, la universalidad del sujeto de la ciencia, completan las figuras del ya allí. En este caso la referencia puede pasar, también, por la objetividad, la materia o la clausura del problema del SSS en la lógica científica o la epistemología. Aquí se encuentra el famoso párrafo donde Lacan nos vaticina un porvenir fascista: “la profecía de Lacan”, como se llamó con propiedad a esto.
El padre, el líder y el Uno –el principio único– resumen los puntos de dispersión de la extensión.
El décimo parágrafo concluye volviendo sobre la cuestión de la autorización y las garantías.

A primera vista, entonces, observamos que el artículo de Lacan se arma mediante la oposición del SSS y el ya allí. Algo se construye sin haber estado, y estamos de un lado del plano proyectivo; del otro, la instancia del ya allí funciona como denegación del deseo del analista. Es un juego de la sabanita, si se quiere, jugado por el cross-cap: “¡No está!” Y “¡Acá está!”
Así pues, si el texto resulta articulado en su totalidad por el plano proyectivo (referencia relativamente metafórica, hay que decirlo) no debe escapársenos que la articulación de su sector más importante se basa en una comparación clásica en el psicoanálisis: el ajedrez.

Lacan compara la teoría de las aperturas y el SSS (parágrafo segundo), y luego, el final del análisis y el de la partida de ajedrez, allí se ubican la destitución subjetiva y el deser (parágrafos tres y cinco), esto es: S y (a), respectivamente.
Es llamativo que el plan del texto se altere por la alusión a Mannoni. Ese punto se intercala con el propósito de otorgar cierta dimensión al deser. La referencia al artículo de Mannoni recuerda que Fliess pudo ser analista sin saberlo (y no sólo sin saber). El deser golpea una posición que no fue sostenida, y que resulta ajena a toda intencionalidad. Hay que notar que este parágrafo corta los desarrollos correlativos y ligados que mencionaba antes.
El SSS, introducido por el segundo parágrafo como dije, es correlativo de la idea de que el sujeto es supuesto simultáneamente con el saber.
En cuanto al “final de la partida” es esencial entender que S y (a), los dos términos que conforman el fantasma, devienen de la evacuación del SSS.
El esquema sinóptico sería el siguiente:





La caída entonces del SSS (de la transferencia) es el fantasma, podemos agregar atravesado, es decir, transformado en un solo elemento, y vamos a ver por qué.
Hay que agregar en este punto que la liquidación de la transferencia −y el atravesamiento del fantasma, que como decía es lo mismo (resulta de la misma operación)− es causada por la disyunción de −φ y (a). El sujeto se halla representado en la díada sexual en tanto (a) sostiene homotópicamente al instrumento de la copula sexual. Cuando esta superposición, esta homotopía, se anula, la transferencia –la instalación del (a) en el Otro– termina, y por la misma razón se toca al fantasma (porque, insisto, lo hallamos ligado, hasta cierto punto automáticamente, al SSS). El término ágalma, bastante citado en este texto, designa el valor transferencial del objeto (a). Su contrario en Proposición es el latín palea, resto de la evacuación de la transferencia.

En la fórmula de representación del sujeto el Otro significante, para el cual el sujeto se representa, es el Otro sexual, el partenaire. Luego, la representación del sujeto, en esta perspectiva, es fálica. Por tanto, si cae la representación del sujeto se produce castración, se sigue como consecuencia inmediata.
La disyunción entre (a) y menos fi se encuentra así en el núcleo del texto, en el riñón de la Proposición. Vamos, pues, hacia ese núcleo. Allí encontramos que menos fi está formada por el (a) y es una falta. Esto alcanza la problemática del complejo de castración.

Ejemplifico con una serie de cuadros de Archimboldo. Hay una colección de este pintor en el Louvre: La primavera, El verano, El invierno, El otoño. Son rostros, retratos, que se componen de frutos de estación que “llenan” una cara. Ahora bien, si saco los frutos que hacen al rostro no me queda un contorno. No hay un trazado aparte de los mismos frutos. Si retiro los elementos que componen el dibujo obtengo “la ausencia de rostro”. Esta ausencia es equiparable a menos fi. El rostro solo existe por los frutos y menos fi solo existe por el (a). Esto que intento ejemplificar es lo que Lacan llamaba “estructura combinatoria del (a)” en el seminario XIII (cf. lección del 15 de junio de 1966).
Si en los primeros diez seminarios, en el organon, se construye el objeto (a) hasta llegar a la especie de menos fi, y desde el XI al XV se nos presenta una vuelta inversa por la cual (a) y menos fi se desunen, podemos notar el movimiento así:

(a) lleva a -φ
----------------------->
<----------------------
(a) en disyunción con -φ


Para todo este punto de la charla les pido que lean mi artículo La estructura del Seminario, en Imagoagenda.com. Ahora paso muy rápidamente sobre estos temas.
En una cara de la cinta de Moebius, que el dibujo supone, vamos desde (a) hacia menos fi, y en la otra, y en simultáneo, vemos la disyunción de ambos términos.
Si mientras (a) y menos fi funcionaban juntos se sostenía la representación fálica del sujeto, con la disyunción de los términos se hace posible leer la falta, lo que origina la S barrada, el significante elidido en el que consiste el sujeto. La castración se hace correlativa e instituyente de la subjetividad. (De ahí la gran cantidad de referencias y desarrollos sobre Descartes entre los seminarios XI y XV.)

En la medida en que menos fi juega como un borde sobre el límite sexual (que queda indicado por la falla del acto analítico), Fi mayúscula va a designar el goce forcluido. Se va a constituir en “un significante convencional para designar lo que del goce sexual se halla radicalmente forcluido” (cf. seminario XVI, ed. du Seuil, p. 321). Esto conduce al movimiento de sustitución del sentido al sexo, en tanto Fi cumple precisamente esa función. Fi, sabemos desde La significación del Falo, designa el conjunto de efectos del lenguaje, y ahora se radicaliza. Todo esto en el contexto de una teoría de lalengua que comienza a surgir.

(Una digresión a propósito de esta cuestión. Tenemos aquí otro aspecto que hace a la problemática del Seminario: la relación de Lacan con Lévi-Strauss y el estructuralismo. La importación de los modelos del estructuralismo y especialmente de la antropología estructural no habría servido si no se los descompletaba para dejar lugar al sujeto, al deseo, etc. Como en el juego del senku se trata de que falte una pieza para que haya posibilidad de desplazamiento, de movimiento. No podríamos operar en psicoanálisis con un código cerrado. El estructuralismo partió de una teoría del lenguaje, de Saussure y especialmente de Troubetzkoy (porque las estructuras en fonología son claramente “inconscientes”, de ahí las referencias en Antropología estructural). Extrapoló esos desarrollos a las ciencias sociales, de donde pasan al psicoanálisis. Finalmente, la situación se invierte y comienza a elaborarse una teoría del lenguaje propia del psicoanálisis. Se completa un ciclo y se produce un giro que retoma el programa que le dio origen. Este movimiento es el que va a llevar al segundo programa teórico de Lacan orientado hacia la matemática, que comienza en el congreso de Montpellier, en 1973, y da por concluido los veinte años de enseñanza ligados al estructuralismo que se habían abierto en el Discurso de Roma. Cf. Letra nº 15, p. 244.)

Retomo. Si al final del análisis se produce el significante de la falta del Otro, si el A no existe, resulta problematizado el S2. Se nos dice literalmente que no hay Otro significante, el saber se resuelve, se disuelve.
La unidad “bizarra”, alternante, un lado sin el otro y el otro sin el uno, de los términos del fantasma está expuesta en las páginas 25 y 26 de Proposición con el ejemplo de la puerta giratoria. Voy a leer los párrafos: “El pasaje del psicoanalizante al psicoanalista tiene una puerta de la que ese resto que hace su división es el gozne…” Y en página 26 tenemos dos ejemplos de este movimiento: “Así de aquel que ha recibido la clave del mundo de la hendidura de la impúber, el psicoanalista no tiene ya más que aguardar una mirada, pero se ve devenir una voz. Y este otro que, niño, ha hallado su representante representativo en su irrupción a través del diario desplegado donde se abrigaba el campo de expansión de los pensamientos de su genitor, reenvía al psicoanalista el efecto de angustia donde él bascula en su propia deyección” (el subrayado es mío).

Esto que ocurre con el fantasma al final del análisis tiene correlato necesariamente en el significante, como se sabe a partir del acto, de su concepto: la repetición en un rasgo. Si podemos ejemplificar al fantasma con la raíz de menos uno, podemos hacer lo mismo ahora con el S1 y el S2, con lo que hasta este momento aparecía en la enseñanza como la cadena significante, o la fórmula de representación del sujeto o aun el trabajo de la significación.
Estamos frente a una paradoja: los términos de la fantasía se desunen haciéndose “uno”. Esto porque el fantasma sostenía la ilusión de una relación entre sujeto y objeto. Si lo hago equiparable a la raíz de menos uno −equiparo la puerta giratoria con la raíz de menos uno−, esta relación ya no se sostiene. La raíz de menos uno en cuanto quiero resolverla en el terreno de los números enteros halla una imposibilidad. Tendría que multiplicar -1 por +1. Esto es lo que no puede figurar de un lado y otro. Entonces puedo decir que el S2 vale por otro S1. Los términos se vuelven alternantes. El S2 queda siempre y definitivamente supuesto, del otro lado de la puerta giratoria. Y de ahí que su valor sea eminentemente transferencial. Los significantes en cuestión ya no son dos. Si cuento los “unos”, los S1, ahora hacen tres porque queda el saber supuesto en el desciframiento. El trabajo del Uno cifra la lengua. La idea de cadena significante, el estatuto de la cadena queda en cuestión. Sin embargo, en un primer momento, el acto analítico cubre el problema. La repetición en un significante lo absorbe momentáneamente. Lleva a Lacan unos años enunciar el pasaje entre el trabajo de la significación y el trabajo del Uno.

Hasta cierto punto, hay que concluir, el uso de la expresión “cadena”, y sobre todo la idea de que haya cadenas que se encadenen entre sí, para referirse al significante fue didáctica, aproximativa.
Resumo el concepto que quería alcanzar. Con la cadena significante nos mantenemos en un ámbito binario. Y al privilegiar la oposición significante permanecemos más o menos próximos al estructuralismo. Si la repetición, en cambio, se establece en el S1 se privilegia el Uno −valga la obviedad−, el stoikeion, el elemento. La cosa gira en términos del intervalo y del significante que falta y podría designarlo. Naturalmente, esto nos remite a la no-relación.
Ahora bien −la pregunta del millón−, ¿por qué lalengua se liga al Uno y se instituye en él? Si nos remitimos al seminario …Ou pire −doy un rodeo− vemos que esta dividido netamente en dos sectores. En la primera parte Lacan produce una serie de objetos imposibles, de imposibilidades. El Falo es una de ellas, tal vez la más conocida de este desarrollo. En el segundo sector, el Uno designa a esas imposibilidades. Esto da la ilación mayor (que como se ve sigue a Frege) de ese seminario. En lalengua ocurre algo similar. El Uno que la constituye designa, circunda y repite la no-relación. Vamos de la inexistencia de la relación sexual a Y a d’ l’ Un.

(Antes de dejar esta parte de la charla, entro en otra digresión −pero no tan digresiva porque la voy a retomar en la segunda clase a propósito del final del análisis−. Si el fantasma en tanto se distribuye en analizante y analista (aunque de esta forma rara y que toca lo imposible) es parte sustancial de la demostración de Proposición, se sigue que la investigación que propone el pase no puede dirigirse a esos términos. No tendría sentido hacerlo porque ese despliegue es lo que el texto demuestra; le da su alcance. El desarrollo de Lacan puede ser correcto o no. Se puede discutir, incluso refutar. Pero no puede devenir objeto de una investigación empírica (salvo el caso, y no es el caso, de que deseáramos sostener la teoría a partir del método hipotético deductivo). El punto que quiere aprehender Lacan con su encuesta refiere a por qué se reproduce la instancia del SSS, por qué alguien que llega a experimentar un final de análisis y acceder a la ilusión del SSS quiere reproducir su aporía y adquiere de algún modo el deseo de hacerlo. La passe se abre sobre un impasse teórico y no, insisto, sobre una demostración ya hecha, anterior. En ese sentido, tanto el pase “milleriano” (el pase hoy en día es en su base milleriano) como lo que ocurre en otras escuelas, y las polémicas que se sostienen (que hacen a la cuestión de si el pasante tiene que dar cuenta o no del objeto de goce al final del análisis, cuando relata su testimonio) son incorrectas. Resultan de una lectura precaria, insuficiente, de Proposición. Asimismo, la ubicación del Prefacio a la edición inglesa del seminario XI, un artículo de 1976, como tercera versión del pase es posible solo por un violentamiento del texto. Esto resulta, en estas escuelas a las que aludía −millerianos y sollerianos, la AMP y la IF−, de una lectura no solo forzada sino, diría, político administrativa.)









 
 
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