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   Colaboraciones exclusivas

Discusiones sobre psicoanálisis, cultura y realidad [Cuarta parte]
  Por Germán Gárgano
   
 
VIII.

1. Comunismo Primitivo y Mito del Protopadre. Hay que diferenciar entre el comunismo primitivo de Marx, como punto de partida materialista histórico, y el mito del protopadre. No hay equivalencia entre ellos. No tanto porque Marx parta de la positividad, del hombre bueno, sino porque si bien incluso uno podría hoy día leerlo desde la perspectiva de un estadio mítico, es el mito de una lógica del todo. Esa es la diferencia radical. Y por supuesto nadie podría criticarle eso a Marx. Es su época. Hoy sí hay que enriquecer y problematizar esa cuestión porque se han abierto, la historia y los hechos han abierto, nuevas preguntas. En la raíz del optimismo histórico, y del hombre bueno al comienzo –y al final- está el concepto de ‘todo’. El TODO para Marx es un Ideal realizable, y así metafísico, aunque se lo plantee como científico. No es el Ideal necesario para el funcionamiento del deseo, de Freud, instaurado por el padre muerto. Lo metafísico no radica en que el hombre es castrado por naturaleza (que asimilás -irritado- a los que suponen natural la explotación). Lo metafísico es el ‘TODO’, como concepción.

2. No hay cosmos, pero tampoco caos. Partir del caos es tan metafísico como partir del cosmos. De ninguna manera Lacan resuelve la cuestión a partir de una “dehiscencia vital constitutiva del hombre” metafísica, que se expresa en “la noción heracliteana de la Discordia, anterior a la Armonía”. El prematuro es ya discordancia. La represión originaria freudiana es ya discordancia. Y es el materialismo clínico de ese padre terrible el que Lacan nunca ignora como lugar simbólico radicalmente inconsciente. Y como lugar de violencia superyoica, como lugar de culpa radicalmente inconciente (Freud). Como lugar de goce superyoico justamente. Es la función simbólica de ese mito la que abre camino al deseo.

3. La apropiación de la praxis
. Se acusa a determinadas concepciones –Lacan en este caso- de promover un inmovilismo reaccionario, de igual forma al “obtuso y poseso” –son tus palabras- L. Strauss de los 60-70. Lévi-Strauss habló de repetición, no dijo ‘que nada cambie’. Sin embargo en tu respuesta reducís esto a que “no hay un empuje hacia algo”, a que es un mero esperar, quedarse sentado a esperar. Vos en cambio te situás en la praxis que acciona. Cuando en el mayo del ’68 se mofaban: “¿Y ahora las estructuras donde están?”, la acertada respuesta fue: “bajando a la calle”. Si las estructuras bajan a la calle es porque hay sujeto que actúa, es porque el sujeto busca el cambio por estructura (piénsese como consciente, pre-consciente, inconsciente; como Yo, Ello, Super-Yo; como Real Simbólico, Imaginario; y quizás en el futuro puede que se la nombre de otros modos). Suponerlas robotizadas, confundir el significado perdido con el relativismo de la nada sin “empuje hacia algo”, es como confundir lo inconsciente con ser un inconsciente.

El estructuralismo ¿es o no es lo que nos permite plantear nuestra experiencia
como el campo donde “ello” habla? Si es así, “la distancia a la experiencia” de
la estructura se desvanece, puesto que ésta opera en ella no como modelo teórico,
sino como la máquina original que pone en ella en escena al sujeto
.” (Informe sobre
Lagache, Lacan 1960)


Acusás de que es lo que el sistema quiere, la ‘larga espera’, de la misma manera que acusás al psicoanálisis de hacer tratamientos largos. Este tipo de actitudes y concepciones que han caracterizado aquí también a la izquierda, con partido y sin partido, están también en el fundamento del ultraizquierdismo de los setenta. Concepción similar de la que no estás exento por haber estado en contra de la lucha armada. Si suponés que no quiero ver los métodos que la cultura creó para impedir transformaciones, digo que éste es uno de ellos.

Hubo distintas culturas -y hasta enfermedades distintas-, pero hay cuestiones cruciales que parecen permanecer, repetirse (el sujeto “paga” su singularidad con la repetición. Y al mismo tiempo su singularidad se muestra en la repetición, como diferencia en la repetición), y la repetición es radicalmente diferente de suponer al sujeto que yo soy “como el mismo pájaro que alguna vez cantaba en un bosque prehistórico” (Schonpenahuer). Las claves que garantizan la singularidad en la repetición, son en todo caso las que permitirán reordenar, recruzar, y re-anudar (perdón por el término lacaniano) incluso la dimensión social, vaya a saber cómo y de qué maneras. Incluso, por qué no, producir nuevas claves de la subjetividad. Pero esas claves –siempre en el terreno del sujeto- provendrán de la experiencia.

No hay síntesis, no hay reunión de psicoanalista, filósofo, antropólogo, político, que permitan una juntura tal que ilumine la denominada entrada a la Historia. Hay sí articulaciones. Hablar de que estamos en la prehistoria, no deja de ser la inversa del fin de la historia. Es una suposición, por más que se haga la salvedad de que los conflictos subsistirán a otro nivel. Qué me garantiza que ese otro nivel -¡donde está escrito!-, no sea tan funesto como el actual o el pasado. Poco le va a importar al humano, saber que es un nivel superior de la Historia. Cuando Freud dijo de los tres imposibles: gobernar, educar, psicoanalizar, es esto. No hay juntura posible.

La verdad subjetiva, es justamente lo que ha hecho de lo articulado, de las articulaciones inconscientes, síntoma. No hay otra verdad para el psicoanálisis que la verdad del síntoma. Una vez abierto el síntoma, en tanto su verdad no sea ya paralizante, el resto es la verdad de la producción: cuadros, libros, cambios sociales, vida.


IX. Lo atroz de la muerte simbólica.

Decís irónicamente que para mí parece ser más atroz la muerte simbólica que la muerte real: “¿De qué muerte simbólica más atroz me estás hablando?: ella lo manda (a Edipo), siendo madre, a la muerte para salvar al Tirano. Eso lo podés pensar dejando de lado la situación real desde la cual parte la tragedia: distinguiendo lacaniana y cristianamente nuevamente las dos muertes: frente a la del cuerpo que debía ser amado, una segunda muerte más atroz, porque es simbólica. La muerte simbólica no es más atroz y dolorosa: ahí te las den todas.” (L.R.). No tengo la culpa León, de que los cristianos hablen de que la muerte real es insignificante (cuando justamente la distorsionan porque es significante siempre, y vaya si lo es) en función de la otra vida, y de que aprovechen esto para sus exterminios.

Si lo querés en lenguaje llano, que es el que reclamás al “intelectual” Lacan versus tu lenguaje siempre “concreto y real” del judío práctico y político que no intelectualiza, no tengo problema: la muerte simbólica es más atroz porque Edipo es un muerto en vida. Pensé que nos íbamos a entender, aunque plantear algo como “más” o “menos” es casi una cuestión de detalle en circunstancias extremas como éstas. Porque estamos hablando de la muerte en vida, no de metáforas, no de sentirse mal. Y justamente te hablé de ¨simbólica¨ porque no es nada intelectual; está bien a la mano en Edipo. La muerte en vida, la que le destina también atrozmente la doctrina de la iglesia a los que deambulan en las “eternas tinieblas” del infierno. Esa muerte por la que muchos desean incluso morir definitivamente, sea por mano propia o pidiendo que los maten.

X. Aproximaciones finales.

Tu constante apelación al sentimiento y a la experiencia propia del ‘hablame de vos’, introduce algo muy atractivo, lo carnal y puro cuerpo contra el lacanismo que salva su cuerpo hablando y formuleando. El ‘hablame de vos’ se cumple, como en Freud por ejemplo, a partir de verlo funcionar en su obra, de la articulación lograda, de un despliegue en el que nos encontramos, y encontramos ahí la recuperación de nuestra experiencia, encontramos cómo Freud nos escucha en sus páginas. ¡Pintá lo que sientas, escribí lo que sientas, lo que te venga en ganas! ¡Por supuesto!! Este es el punto de partida radical, afirmativo. Y mítico, te diría con mucha propiedad. No mítico porque sea falso. Mítico porque es prediscursivo, lugar de afirmación alucinatoria incluso. Pero después, ahí nomás, vos revisás tu texto y yo mi cuadro, tomás distancia. Ves lo que funciona y lo que no funciona. No desde la razón, no es la razón que se adiciona al sentimiento. Vamos a coincidir en esto, supongo. Pero en lo que no vamos a coincidir es en que la toma de distancia, la objetivación necesaria que no hace a un lado al sujeto, según vos, es la que se asienta en tu premisa universal materna y se reúne con la verdad histórica judaica. Esta es la superioridad que trasmiten tus textos. Siendo vos el judío vital, la cosa pasa porque los otros –judíos y no judíos- no verían ese fundamento “sano” en nuestra sociedad occidental. Desde ahí hay un corto trecho a la ideologización de lo que habiendo comenzado por ser tu genuino niño histórico, y con todo derecho tu genuina experiencia real, universalizás filosóficamente desde la superioridad de una cultura como paradigma, en nuestra sociedad, para el resto de los “cristianos”.

Hay un avance de la filosofía sobre el psicoanálisis, para que ese psicoanálisis filosofado sea fundamento de tu filosofía.

Pensá todo lo diferente que quieras, no es ese el punto, pero mirá en los términos que planteás las cosas: tu superioridad sensible y aquello que no toma tus premisas universales es cartesianismo y metafísica (así como lo que no condice para la izquierda tradicional con lo suyo, es pensamiento burgués). Toda esa cosa de que al estar inmersos en la ideología dominante, si no pensamos de tal manera es porque respondemos a esa ideología. Ideologismo siempre, y no ideología en serio. Por esas supuestas ‘debilidades’ (ideológicas o culturales) de Freud es por donde entiendo que pensás que habría entrado el “cristiano” Lacan, usurpando así tu lectura marxista de Freud.

Nosotros en los ’70 hicimos lo que sentimos, lo que calificás de delirio -que lo fue-, pero no lo fue sólo por el contenido de sus ideales, por ser un discurso dogmático y equivocado, sino por plantear una cuestión de poder que la izquierda nunca había hecho, y lanzarse a la acción a rajatablas (a costa de no tener ni hacer política). Eso es lo que hoy mantengo en pie como válido en tanto verdad fallida -no verdad cierta-, y sin hacer apología alguna. No es el punto como creen muchos empalagosamente, el haber luchado por “buenos ideales”. Lo importante y lo que salió a luz fue una cuestión de poder que la izquierda nunca llevó a los hechos, y no admite que vos digas, ayer u hoy, que eso fue teología por no ser ensoñación materna. Porque, muy bien: y si fue teología y por eso fracasó, lo tuyo que no es teología, ¿por qué fracasó?

Mater vs. pater continúa siendo la prolongación de lo fálico en el terreno de la política. De por sí la política y la cuestión del poder parecen históricamente ir por ese lado (fálico), desde ya, y acá no vamos a pretender hacer poesía, pero vos desde el psicoanálisis intentás un nuevo fundamento filosófico, sin introducir el lugar de lo femenino como lugar de apertura y de profunda transformación. Es lo que tú enrosque en lo materno para enfrentar lo patriarcal de la cultura y la sociedad, deja de lado y sigue jugando esas oposiciones. En vez del padre terrible, la madre coraje y todo amor. Y vuelta el burro a la noria, la filosofía sigue sin sujeto (del inconsciente). De alguna manera, o de todas, es con lo que se topa Freud en su Malestar, y no lo resuelve la nueva vuelta fálica de lo materno. En la clínica, es la posición femenina del analista, no lo materno, la cuestión. En Freud y en Lacan el enigma está puesto en lo femenino, en lo que va más allá de lo fálico que nos habita, y que abre un espacio para toda búsqueda. En Freud, qué quiere una mujer. En Lacan, su no-toda. Una mujer, (pensador, psicoanalista, artista, etc.) no universaliza, busca, o encuentra, o trabaja el desencuentro. Y algo de esto es, con el mismo derecho que vos de tomar lo que el psicoanálisis nos brinda, lo que en todo caso habría que pensar si se puede prolongar en el campo social, histórico y político. Cuestión compleja dado que como Freud señalará la sexualidad no entra a jugar en las masas.

Se funciona con el Ideal necesario, como “algo y empuje” (no con el Ideal posible de realizar), que es justamente lo opuesto a la resignación del no hacer porque no se llega a nada, o porque ‘se igual’, o del “esperar que las cosas sucedan”. Es un lugar que desde tu superioridad omnipotente materna, desde tu “fuego vital”, tachás de relativismo. Yo no voy a estar en el lugar del romántico ideal, de los buenos muchachos que delirantemente hicieron algo, para que vos estés en el lugar de la “verdad histórica“que nos faltó. Asumo la elaboración que faltó y asumo también la acción equivocada. Pero en vos parece que queda impoluta tu verdad, y la hipotética acción válida que tu certidumbre teórica conlleva per se. No te das cuenta de tu ideologismo y del lugar de la verdad que tu ideología conlleva, suponiéndote poseedor de la materialidad sensible. Aquí nada tiene que ver que hayas escrito muchas verdades contra la izquierda y cómo yo acaso oso identificarte con esa izquierda. Te identifico sí, en el punto de no haber generado praxis alguna que haya hecho cuerpo histórico y social, pero siguen hablando desde el lugar de la verdad práctica e impugnan desde el origen de clase (en tu caso desde el origen cultural judaico-materno). Lo hizo te guste o no, sí el yrigoyenismo, quizás el anarco comunismo de las primeras décadas, y el peronismo del 45 al 55, y de ahí en más la derecha, recostándose en ese otro cuerpo social que fue la generación del ’80, sin tampoco generar nada hizo capote. Punto. Nadie de la izquierda (ni la izquierda armada) generó nada de ese nivel. Y ahí esa izquierda y el pensamiento de izquierda todo, que antecedió a los ‘70 (no se salva el tuyo), –por omisión- tiene responsabilidad. Dejaron el lugar vacío, cero política vos que reclamás filosofía política, no pudieron articular una praxis que hiciera cuerpo social. No basta con que vos y la miríada de agrupaciones o partidos supongan que plantearon cuestiones acertadas. Marx no está en pie por lo acertado de Los Manuscritos o El capital sino por su articulación –la de su elaboración- en una praxis que no importa si pudo plasmarse exitosamente (hasta Freud tiene más fracasos que éxitos). Pero generó un hecho, un cuerpo histórico, un paradigma, a seguir siendo pensado. Y esto va más allá de la coherencia personal que cada uno tenga y mantenga, que no está cuestionada por mí. Va más allá de que por ejemplo los ’70 queden escritos como un momento histórico de irrupción violenta, con su tragedia de vivos y muertos, cuerpos despedazados, pero no un cuerpo social. Y esto es lo que fracasó desde los que intentaron/intentamos, la primera del plural termina en ‘amos’ y revela también el saber que vino desde arriba. Te incluyo en esto. Suponés que tu elaboración teórica es correcta pero no escuchada. Ahí hay disociación.

Vos mismo fuiste increpado desde la izquierda por filosofar intelectualmente la política. Nunca por mí. Ahora tirás el golpe bajo del psicoanálisis político no intelectual, arremetiendo indiscriminadamente bajo el supuesto de que “la realidad política no es cosa que le interese al psicoanálisis” (L.R.). ¿Vos al menos permanecés con la coherencia de tu pensamiento y actividad, y yo te ataco excluyéndome? Viejo truco retórico. ¡Ojo al parche, León! Rechazo el dogma de la juvenil ‘teología’ política y también los impulsos que adosados a ella la inflaban y congelaban más aún, pero de ninguna manera los impulsos que fueron válidos aunque erróneos y sin “salvedad” justificatoria alguna: la cuestión del poder que la izquierda nunca conmovió. Fuimos los narodniki, pero aquí la izquierda no tuvo su Marx desde el que se pueda hablarnos.

“Freud y los límites del individualismo burgués” (¡Vaya título!) ¿Se repetirá aquí siempre los límites burgueses que les suponés a los demás, incluyendo a Marx y Freud? Según tus términos, Marx, aún y todo “sigue el logos griego”; Freud gracias a su judaísmo dice “algo nuevo, pero sólo hasta cierto punto”. Llegás incluso a decir despreciativamente que ni hay poetas (ni pensamiento político o social) lacanianos. ¿Qué sería lo freudiano, y el marxismo, en el arte? ¿Nuevamente sos vos el que va hasta el fondo y los demás vacilan repitiendo el logos griego? Quiero recordarte e insistir aquí, retomando la cuestión, que Lacan -aún con su estilo que tanto te pone los pelos de punta- en ningún momento -lo dice taxativamente así- declara ser la profundización o superación de Freud.
 
 
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