Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Testimonios clínicos de Jacques Lacan

La princesa, el sabio y el análisis (1)
  Por Jean  Allouch
   
 
Pure na regina ten bisogn na vicina.
(También una reina necesita una vecina.)
Proverbio napolitano

Breve recuerdo histórico
. El movimiento psicoanalítico ha distinguido dos formas de control, hasta el punto de darles dos nombres diferentes: Kontrollanalyse, (que apuntaría a analizar la contra-transferencia del controlante) y Analysenkontroll (que apuntaría al análisis del analizante, del controlante). Se pueden ligar respectivamente esas dos maneras de control a los nombres de Ferenczi y de Berlín (más que el nombre propio, aquí importa la institución). Sin duda, Lacan no creyó pertinente zanjar la cuestión para la École Freudienne: aceptando emprender un Analysenkontroll, sin embargo no excluía que este pudiera virar al Kontrollanalyse, e incluso claramente al análisis.
Dicho de otra manera; todo control es a priori portador de una apuesta propiamente analítica, para quien lo haya emprendido. De aquí se deduce la razón de ese recuerdo: invita a preguntarse sobre lo que pasó, para Élisabeth Geblesco, en ese preciso punto. ¿Su análisis estuvo en juego, en su control con Lacan?

El sabio y la princesa. Élisabeth Geblesco era una princesa2, es decir estaba prometida a ser reconocida reina. Tuvimos la felicidad de leer recientemente en Francia, una definición de la reina de una de las mejores plumas que existen, la de Pierre Michon.
Este autor escribe: “Puesto que ella era una reina, es decir alguien a quien desde su nacimiento el amor exclusivo no le faltó jamás, y cuando se ha tenido eso todo puede suceder, el cielo y la esperanza pueden derrumbarse, uno puede perderse en miles de bosques, incluso mil veces su corazón salir de su pecho y enloquecer, la alegría está siempre allí bajo, al mínimo llamado va a saltar, permanece allí y espera, invisible eclipsada solamente a veces, pero vivaz, eterna, como se decía cuando esa palabra tenía algún sentido”3.
En Occidente las princesas guardan un extenso lugar en el espíritu (como Diana la cuasi santa). Las reinas también, una entre ellas, Victoria, tuvo un efecto mayor sobre Lacan, puesto que su historia lo condujo a reconocer, a establecer alguna relación entre amor y no relación sexual.

Hay una manera “princesa” de amar. Y puede ser que esa manera no esté porque sí en la suerte de suscitación que las princesas ejercen sobre, digamos… los sabios. Uno sueña inmediatamente con el Tratado de las pasiones, escrito por Élisabeth de Suecia, pero también con Diderot, invitado por Catalina II a San Petersburgo y muy próximo a Sigmund Freud que tuvo, él también, su princesa: Las princesas o reinas serían a ciertos sabios, lo que las musas son a los poetas. Sin embargo esta analogía no es más que parcial.
A fin de esclarecer más adelante la especificidad de las relaciones del sabio y la princesa, propongo que nos reportemos a las notas de Élisabeth Geblesco. Un pequeño acontecimiento, al término de su primera entrevista, no engaña.
Mientras que se despiden, Élisabeth Geblesco sigue a Lacan yendo a buscar a otro analizante, estando segura de que él la acompañaba. Y en efecto no se deja a una princesa abandonar sola un lugar, sin conducirla justo hasta el umbral. Sin embargo el no agotó los cumplidos que suscitan en ella “un sentimiento de victoria” (p. 23). Es decir que una relación de poder está de entrada y definitivamente instalado, lo que ella no deja de notar: “Soy yo la que debe ser la más fuerte”. El sabio y la princesa conversan de potencia a potencia.

¿Cómo se configura el amor desde el momento en que se encuentra tomado en una tal relación de poder? El plural se impone puesto que no hay aquí reciprocidad: el poder de la princesa sobre el sabio no es idéntico al del sabio sobre la princesa. Pierre Michon, en su descripción abre la vía de una respuesta. El amor de una princesa, aquel que ella ha recibido, aquel que ofrece es exclusivo, infalible y eterno. Exclusivo, es sufriente con leer cómo Élisabeth Geblesco trata a los terceros en sus notas4, para ver confirmado ese rasgo. Infalible: su amor permanece intacto a pesar de las vejaciones que Lacan infringe a veces a su status de princesa. Eterno: Ella acompaña a Lacan hasta el término de su vida, incluso más allá, con la publicación en el 2009 de su Diario, estamos allí.
Percibimos por eso, que estaba fuera de cuestión que este análisis de control vire al análisis (su análisis, Élisabeth Geblesco, prudente quizás, lo había hecho antes, en otro lado y con un no-lacaniano). Ahora bien, un análisis no es efectivo posiblemente más que contando, por el contrario, con un amor no-exclusivo, (¡el Edipo!), falible (Che vuoi?) y temporalmente limitado (la transferencia tiene un fin).
Estando cerrada esa vía, ¿de qué amor se trata entre esas dos potencias que son la princesa y el sabio?
Repuesta: de un amor intercambio.

El amor intercambio. Élisabeth Geblesco ofrece Niza a Lacan y quizás más allá de Niza, Italia; Lacan le ofrece la École Freudienne, pero también la Universidad de Vincennes. Sin duda más radicalmente, Lacan le abre su “jardín”, y ella tiene por su lado la intención de modificar el paisaje. Cada uno con el acuerdo del otro, acepta la oferta del otro, la embolsa. O aún: Lacan le deja entender que su participación es bienvenida, en la elaboración del saber analítico, mientras que ella le hace don del carácter aristocrático de ese saber. De potencia a potencia, salvo en la guerra, ¿qué otra cosa hacer más que intercambiar? Los lazos son del orden de los servicios prestados.

El intercambio es una figura posible del amor, que Lacan sondeaba el 7 de diciembre de 1960 cuando, comentando El Banquete, se inclina sobre el discurso de Pausanias. El encuentra “irrisorio” ese amor intercambio del que Pausanias hacía elogio, un sentimiento que no deja de suscitar la lectura de los esfuerzos redoblados hechos por Élisabeth Geblesco para con sus señalamientos y preguntas contribuir al esclarecimiento, al progreso, incluso a una transformación del saber lacaniano5. Lo irrisorio de sus esfuerzos, impresiona aún hoy. Qué feliz es ella de que él le responda, la apruebe (¡cuando lo hace!)
No se trata de un intercambio generalizado, sino de un intercambio amoroso “entre aquellos que son a la vez los más fuertes y que tienen más espíritu, los que son también los más vigorosos y los que saben pensar”6. No se está menos impresionado, leyendo las libretas de Élisabeth Geblesco por esta inquietud que ella manifiesta frente a Lacan y que él apacigua regularmente: ¿Ella sabe pensar bien? Hacen una pareja aristocrática, están entre los suyos. Los “burgueses”, escribe Élisabeth Geblesco (los “bárbaros” y los “salvajes”, dice Pausanias) no tienen nada que hacer aquí.

A propósito de este amor intercambio, de este amor “superior”, Lacan señala aún que lo que el amante “va a buscar en el amado, es algo que darle”. Tal fue el camino de Élisabeth Geblesco, ofreciendo a Lacan su saber, sus preguntas, sus invitaciones a Niza, su seminario, sus escritos, para no decir aquí nada de su ser.
Comentando a Pausanias, Lacan usa el término “contribución”. Por allí se lee que lo que es donado es eso que se tiene, lo que se refiere a su posición de sabio y de princesa. Élisabeth Geblesco y Lacan han jugado el juego de ese amor intercambio. Y las cosas, todavía hoy, permanecen allí. La publicación treinta años más tarde, de las notas de Élisabeth Geblesco prolonga esta relación de “provecho”7, él le conviene a ella y ella a él de maneras diferentes.

La victoria de Pausanias. En los controles, en los análisis, la puesta en marcha de este amor intercambio, lejos de ser excepcional, como los partenaires pueden creerlo ¿No es más bien, usual? ¿No está allí la trampa tendida por excelencia, a todo análisis didáctico? ¿Pero qué es, entonces lo que en principio, permite que el ejercicio analítico adopte así el régimen del amor intercambio?
En esto también, los cuadernos de Élisabeth Geblesco son esclarecedores: el sabio y la princesa hacen causa común, consagrarán todos sus esfuerzos, si no su ser, al psicoanálisis. O más exactamente, nada, viniendo del sabio psicoanalista, inocula alguna duda en esta princesa que se presenta a él, al servicio de esta causa, que ella supone ser igualmente la suya.
 
¿Dónde está el error? Consiste en una no-separación radical del ejercicio analítico (análisis o control), de los problemas y de las apuestas institucionales.
Bastante regularmente, el analista es cuestionado sobre ese punto, de la forma más concreta. Por ejemplo: el analizante quiere desplazar una sesión con el fin de participar de una actividad propuesta por el grupo al que pertenece el analista. ¿A qué analista va a dar la prioridad? ¿Al análisis? ¿A la actividad elegida? O también ¿el analista va a tomar apoyo sobre el poder del que dispone el analizante (poder de abrirle el espacio de una conferencia, de proponerle realizar una presentación de enfermos, de publicar un texto en una revista que él dirige, o no sé qué otra cosa más), para empujar más adelante sus propios peones? ¿Va a instrumentalizar al analizante, por el motivo de que este analizante está en posición de introducir el análisis en tal ciudad en tal país, por ejemplo?

¿Qué sucede según la lógica de esta no-separación de las apuestas del análisis y las del grupo analítico? Se puede, al respecto, ir hasta casi formular una ley: más alguien se presenta a un analista (que, él mismo, no opera ese clivaje), muñido de un poder (actual o en potencia), más la transferencia tendrá chance de elegir esta figura del amor que es el amor intercambio.
¿No está allí el régimen vuelto el más común del amor de transferencia, ese al que el deceso de Lacan ha abierto largamente las compuertas? Es verdad que en otras partes, la cuestión ni si quiera se plantea, las entrevistas preliminares que supuestamente deciden sobre el emprendimiento de un psicoanálisis didáctico, anudan de entrada la apuesta analítica y la apuesta institucional. Si los grupos analíticos parecen gozar de buena salud, ¿qué es de los análisis?
Es posible precisar, aquello a lo que la empresa del amor intercambio no ha dado lugar y que habría permitido que las sesiones de Élisabeth Geblesco con Lacan advengan como sesiones, hablando con propiedad, de análisis. Posible y deseable, puesto que una gran confusión reina sobre ese punto, desde que Élisabeth Geblesco habla de su transferencia a Lacan y más aún, del “fin del análisis” con Lacan (p. 233). ¿Qué motivo le atribuye a estas últimas palabras? Ella piensa que Lacan “no quiere ser más el Otro para mí”.

Escribe ésto el 5 de abril de 1980: el fin de Lacan es considerado corresponder al fin de su análisis con él. No se trata de un fin de análisis, al menos no en el sentido de Lacan, sino de una interrupción por sustracción del analista en posición de gran Otro. Así el amor intercambio perdurará, más allá de la muerte de Lacan (que permanece en posición de gran Otro), luego de la de Élisabeth Geblesco.
Ahora bien, si la historia ofrece diversas figuras del amor, también atestigua de posibles metamorfosis del amor en otra figura del amor. La actualidad parisina de octubre del 2009 testimonia igualmente, de tales posibilidades.
Gounod, en Mireille, hace virar el amor, el amor que Mireille tiene respecto de un hombre en otra forma de amor, del cual el amado es ahora Dios, el amado primero, quedando el hombre mal parado. Se capta, por así decirlo hondamente, cómo el amor intercambio, característico de la transferencia de Élisabeth Geblesco sobre Lacan y al cual se prestó largamente, no pudo virar jamás en este otro amor, falible, temporalmente limitado y no-exclusivo que hubiera vuelto posible y terminable el análisis. Puede ser que simplemente hubiera faltado un cierto tiempo. Cuando Lacan dijo a Élisabeth Glebesco “no es necesario que pase algo” (p. 147) cuando incluso pasaba “algo” que ninguna prohibición estaba en posición de reducir ¿No era, aún simplemente en su avanzada edad, sino en su muerte próxima que el pensaba?

Traducción: Graciela Graham [gracielagraham@yahoo.com]
_________________
1. Sobre el libro de Élisabeth Geblesco. Un amor de transferencia. Diario de mi control con Lacan (1974-1981), Paris, Epel, 2009.
2. «Fui criada como una princesa de Racine, tan antigua» (p. 103).
3. Pierre Michon, Les Onze, Lagrasse, Verdier, 2009, p. 32-33.
4. Ella escribirá (p. 71) : «Salvo a Lacan creo que odio a todos los analistas».
5. Habla de «un campo nuevo que quería abrir con él: Estética y análisis» (p. 113). ¡Nada menos! O: «Creo que soy de hecho una informante de la extraña tribu de las mujeres, y que escucha como tales» (p. 121).
6. Cita tomada del discurso de Pausanias.
7. Lacan utiliza este término en su comentario sobre el discurso de Pausanias.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | Falsos amigos... ¿Autodestrucción del psicoanálisis? 
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | Despatologizaciones: homosexualidad, transexualidad… ¿otra más? 
» Imago Agenda Nº 156 | diciembre 2011 | Antropotropismo 
» Imago Agenda Nº 149 | mayo 2011 | Un relámpago de apertura sobre Jacques Lacan.  Sobre el Portrait silencieux de Jacques Lacan de Claude Jaeglé (Paris, Puf, 2010)
» Imago Agenda Nº 138 | abril 2010 | Jacques Lacan desmantelando su propia clínica 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | El amor Lacan 
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Avergonzados 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com