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   Testimonios clínicos de Jacques Lacan

Un Dios antirreligioso
  Por Norberto Rabinovich
   
 
De todas las historias de Lacan que he conocido, hay una, ampliamente difundida, que ha concitado mi mayor curiosidad: que hubiera abandonado el dictado del Seminario de Los Nombres del Padre del año 1963-4, después de su primera clase. Más extraño aún es que reafirmara año tras año y hasta el fin de su vida, la decisión de no volver a abrir el tema. No puedo imaginar, por ejemplo que Lévi-Strauss anunciara silenciar la comunicación de un hallazgo en su disciplina porque las autoridades de la Universidad se lo exigieran o porque su auditorio no estaba preparado para ello, o cosas por el estilo.
¿Cómo entender que haya clausurado un capítulo de su enseñanza que él mismo consideraba nodal? ¿Cuál era el peligro? Cada vez que tocaba algún tema vinculado a lo que decidió callar, hacía público su desconsuelo por no haber podido dar el seminario en cuestión. ¿Por qué? ¿Qué tenía para decir?

Estas preguntas se me impusieron hace muchos años y me impulsaron a escribir un estudio tan exhaustivo como pude, acerca de la categoría lacaniana del Nombre-del-Padre1. Hoy, a más de diez años de su primera publicación, retomé la apuesta con la pretensión de interrogar los temas, que según sus dichos, Lacan tenía pensado abordar antes de la interrupción.2
Del conjunto de comentarios hechos por Lacan acerca de la clausura definitiva del seminario de Los Nombres del Padre, deduzco que el desarrollo de su discurso lo enfrentaba a resistencias de dos tipos: una concerniente a las conveniencias de la institución analítica que integraba en ese momento y otra, de carácter estructural, vinculada a las tendencias religiosas de su auditorio. Ambas forman parte de la misma madeja.
No hace mucho tiempo escuché en una charla que un colega manifestaba que la cuestión del Nombre del Padre de Lacan le resultaba sospechosa porque sentía en torno a eso un tufillo de religiosidad poco compatible con el espíritu científico que animaba al maestro. Yo pienso, por el contrario, que la función del Nombre del Padre elaborada por Lacan es el concepto que hiere más profundamente el sentimiento religioso universal, y por ello sigue y seguirá siendo, el más incomprendido.

Lacan solía denunciar que la Asociación Psicoanalítica Internacional estaba organizada a la manera de la Iglesia Católica, a la que consideraba como garante de la “verdadera religión”. Por ello no debería sorprender que sus autoridades, las de la I. P. A.: “… una camarilla muy especial que podríamos ubicar por el lado de la tradición religiosa”3, “personas, quizás más advertidas de la importancia de lo que tenía que decir, velaron para que yo mantenga mi palabra de no decirlo en ciertos casos…”4 La piedra del escándalo irrumpió a la hora de dictar su seminario sobre Los Nombres del Padre, precisamente porque podía lesionar fuertemente el sedimento religioso de la cohesión institucional. Lamentablemente, la propuesta original de Lacan de establecer una institución analítica que no respondiera a la lógica sobre la que se había edificado la primera, no logró evitar que se reprodujera en su interior la misma estructura religiosa.
Vale la pena recordar que en la “Carta de disolución” de la Escuela Freudiana de Paris que había fundado dieciséis años antes, al año siguiente del seminario interrumpido, reconoció su fracaso aduciendo que su enseñanza había virado en la Escuela, hacia la religión.

Las instituciones, psicoanalíticas o no, pueden consolidar poco o mucho la necesidad religiosa de sus miembros, pero no la inventan; la religiosidad, como demostró Freud, es algo consustancial a la estructura neurótica, una prolongación del fantasma. Esta es una cuestión nodal en el psicoanálisis en tanto su principal herramienta, la transferencia, es de la misma naturaleza. “El psicoanálisis, es preciso decirlo, gira en el mismo círculo, es la forma moderna de la fe religiosa.”5 Por ello la cura analítica, en tanto se propone liquidar la transferencia, no puede menos que ir a contramano de la demanda religiosa.
Cuanto más los analistas aparten sus narices del fenómeno religioso, más inadvertidamente estarán tomados por él; consecuentemente, menos idóneos serán en su práctica para desmantelar la religiosidad anudada a la demanda transferencial.

¿Y por qué la conceptualización del Nombre del Padre tendría ese alcance tan peligrosamente antirreligioso, siendo que la expresión misma, el Nombre del Padre, es de inspiración religiosa? Afirmar, como lo hizo Lacan, que el Nombre del Padre existe en lo real, que “Existe al menos Uno” donde se afirma el soporte último de la función paterna, ¿no implica afirmar que Dios existe? Si, pero no cualquier Dios, porque lo innovador de la postura de Lacan es que introduce en el campo teórico una distinción que permanece velada en la religión: el Nombre del Padre opera como la causa real de la creencia en Dios como ser todopoderoso. El Nombre existe como significante primordial, el significante maitre, pero el Otro omnipotente es una ilusión.

La religión, toda religión, particularmente la que Lacan definió en varias oportunidades como “la religión verdadera”, la católica, se dedica a salvar al Otro sin fallas. La afrenta de Lacan a la doctrina de la Iglesia es mucho más grave que la de Nietzsche, Freud y los grandes filósofos que partieron lanzas contra la religión. Lacan, se mete con el Nombre del Padre, pilar que conserva la fe cristiana, planteando que, paradójicamente, dicho Nombre localiza la presencia de una falla en el Otro que se encarna en la imagen de Dios todopoderoso.

Para teorizar su concepto de significante primordial, Lacan no se remitió al Dios de los filósofos, o al Dios trinitario del cristianismo, o al Dios del Corán, como tampoco a alguno de los dioses de las sabidurías orientales. Lacan se sirvió del Dios de los judíos. El Dios de Israel no es planteado como un padre mítico, originario y poderoso que tiene un nombre, sino que la tradición judía afirma que el Nombre de Dios “es” el padre real, que el nombre sagrado “es” el Supremo Creador. Algo de la misma estructura que el Nombre del Padre lacaniano: “yo llamo a eso el Nombre del Padre, lo que no quiere decir nada más que el Padre como nombre –lo que no quiere decir nada al comienzo– no solamente, el padre como nombre, sino el padre como nombrante”.6

El Dios que aparece en la fundación del monoteísmo es diferente de todos los otros dioses, no por ser Uno sino por presentarse como un nombre sin ninguna imagen, y que, por ser impronunciable, está impedido de circular como tal, por los carriles imaginarios del lenguaje. “Pero no quiero entrar hoy en este registro que nos conduciría al centro de uno de los elementos más esenciales de la operación de los Nombres del Padre, que existe un pacto que se puede establecer más allá de toda imagen. Por ahora, la imagen sigue terciando en la relación con la divinidad y si Yavéh prohíbe a los judíos hacer ídolos, es porque complacen a los otros dioses”.7 Esta exigencia de Dios no se adecua a la estructura del fantasma, no alimenta la exaltación imaginaria del Otro, se enfrenta a la tentación permanente de construir becerros de oro. El Nombre de Dios que presenta la Biblia hebrea y cultiva la tradición judía, reúne el conjunto de propiedades como para definirlo, en el sentido lacaniano del término, con el estatuto de referente real de la fe. Esta fe al Nombre vacío de imaginario no se corresponde con lo que entendemos por religión.8 El Nombre del Padre es por definición un operador antirreligioso aunque está en el origen de la religión del Otro. A mi entender, el planteo de Dios como un significante en lo real es la razón de la afirmación de Lacan que “dios es inconsciente”.
Los analistas suponemos la existencia del inconsciente que, como cuenta la Biblia acerca de YHVH, habla y revela su verdad oculta por medio de enigmáticos mensajes. Caramba, ¡que coincidencia!

______________
1. Norberto Rabinovich. El Nombre del Padre. Una articulación entre la letra, la ley y el goce. Hommo Sapiens Ediciones. 1998
2. Ver Norberto Rabinovich, Escrituras: judaísmo y psicoanálisis, editado en tres partes en www.imagoagenda.com 2009
3. J. Lacan. Seminario 14. O…Peor. 14/6/72
4. J. Lacan. Seminario 13. El objeto del psicoanálisis. Clase 15/6/66
5. J. Lacan. Seminario 24. L’insù….Clase 14/2/1976
6. J. Lacan. Seminario 22. R.S.I. Clase 15/4/75
7. J. Lacan. Seminario 11. Conceptos fundamentales del psicoanálisis. Clase 11/3/64
8. Una breve investigación de los términos empleados por Lacan al respecto, facilitado por el buscador de la PC, me llevaron a descubrir que nunca se refirió a la “religión judía” sino que habló de “tradición judía”.
 
 
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