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   Colaboraciones exclusivas

Problemáticas del Seminario [Segunda parte]
  Por Carlos Faig
   
 
II. Nudos
Entonces, llegamos a la segunda parte de la charla: los nudos y el desarrollo general sobre la teoría de lalengua (todo junto).
El primer efecto, las primeras consecuencias sobre la cadena significante de los desarrollos de Proposición aparecen ya en el tema mismo del seminario XVI: la relación entre el saber y el goce. Ahí encontramos diversos esquemas de esta relación, reproduzco el que aparece en la página 356 de la versión francesa:


del uno                                                                              al Otro
    1                                                                                         1

Cito, para agregar y sumar ideas a este esquema del seminario XVI, dos desarrollos unos años posteriores:
“(En el nudo borromeano) basta que ustedes corten uno para que los otros dos, aun cuando parezcan anudados −como en el caso que ustedes conocen bien, a saber de los tres anillos de los juegos olímpicos que continúan unidos aun cuando uno se haya largado del campo−, para que los otros dos se separen. (…) Es necesario recordar que cuando hablé de cadena significante estaba siempre implicada esta concatenación.” (La cita corresponde al seminario XIX, lección nº 5, 9 de febrero de 1972. El subrayado es mío.) El estatuto de la cadena significante cambia, se transforma. Empezamos a encontrar textos donde el problema es abordado directamente.

Dos años después, en el curso del seminario XXI, Lacan enuncia lo siguiente: “El lenguaje es un efecto de lo siguiente, que hay significante uno. Pero el saber no es la misma cosa. El saber es la consecuencia de que hay otro. Con lo cual hacen dos, en apariencia. Porque este segundo obtiene su estatuto, justamente, del hecho de que no tiene ninguna relación con el primero, de que no forman cadena, aun cuando yo he dicho en alguna parte, en mis plumíferajes, los primeros, Función y campo, eso no era tan boludo. Quizá en Función y campo dije que formaban cadena. Es un error, porque para descifrar fue preciso que yo hiciera algunas tentativas, de allí esa boludez, incluso es lo propio del descifrado. (…) Me hacen sudar un poco al responderme siempre con un eterno “dos”. Mientras que nunca lo produje sino como índice, es decir, como síntoma. Por otra parte, la palabra misma lo confirma. Lo que cae conjuntamente, es esto lo que dice. El dos no puede ser otra cosa que lo que cae conjuntamente del tres. ” (Cf. seminario XXI, 3ª lección, 11 de diciembre de 1973. El subrayado es mío.) Hallamos aquí indicado nuevamente que el estatuto de la cadena significante se halla mutado: el “dos”, el segundo significante es otro uno. Es otra marca, exactamente igual que la primera y por eso es radicalmente otra. No se sostiene en su diferencia más que por ser otra.

Respecto de este cambio de status quiero aclarar que no se trata de que Lacan no hable más de cadena significante. No se trata de que en un momento de su enseñanza haya abandonado ese concepto y no lo utilice más o lo refute. El problema radica en que en cierto punto de los desarrollos ya no significa lo mismo.

Queda por establecer si el uso del concepto de cadena significante “encadenada”, si se puede decir así, atañe solo al Discurso de Roma y aquellos primeros plumíferajes. Es probable que el desgarrón sea más profundo de lo que Lacan admite (pensemos, por ejemplo, en la relación entre el S2 y el Vorstellungsrepräsentanz; en el seminario XI el S2 es el significante binario). Algo similar ocurre con el concepto de intersubjetividad. Cuando Lacan lo retoma en Proposición minimiza el alcance de la refutación a la que se entrega de aquel concepto.

Ahora bien, el pasaje entre la cadena significante y el nudo no se produce por el hecho de que al haber trabajo de cifrado se den tres significantes. Ahí podríamos solamente establecer una homología o una analogía entre los tres significantes y el nudo. El pasaje se produce porque se presenta por un lado lo simbólico como S1, la lengua constituida al nivel del S1 –del essaim, del enjambre significante–; tenemos, por otro lado, un efecto de sentido en la sustitución, en el cifrado de lalengua y su pretendido desciframiento; y, por último, en tanto el sentido que se obtiene es enigmático queda indicada la ausencia de relación sexual sobre la que gira el reenvío en la lengua, y esto nos remite al registro real. Los tres términos, o registros, se ligan entonces al sentido, la sustitución (el desciframiento) y la no-relación.

Dejo de lado hoy los cuatro discursos y las fórmulas de la sexuación. En cuanto a los nudos, a los que sí me voy a referir, cito un sector: “Freud verdaderamente no se percató (aunque casi lo dijo en El malestar en la Cultura): el sentido no es sexual sino porque el sentido sustituye justamente a lo sexual, que falta. En su empleo analítico el sentido no refleja lo sexual sino que lo suple. El sentido, hay que decirlo, cuando no se lo trabaja es opaco. (…) Por eso todas las palabras están hechas para ser plegables en todos los sentidos”. (Cf. seminario XXI, lección 15, 11 de junio de 1974.)
Para simplificar el acceso, la aprehensión del nudo borromeano imaginemos un nudo más precario con solo dos hilos sueltos:

Lo real es el punto donde los dos hilos se unen, la atadura misma. Esto juega como una limitación del movimiento de la cuerda simbólica y la imaginaria, pero no tiene representación propia. No es aquí, en mi ejemplo, otra cuerda.

Veamos los intersticios del nudo con el propósito de alcanzar la atadura. El sentido se ubica por fuera de lo real porque como venimos viendo lo sustituye. Ahora bien, nos quedan los otros dos goces. ¿Cómo situar al goce del Otro? Está fuera de lo simbólico por definición. Si no existiera ese agujero en lo simbólico habría un significante apto para designarnos en el sexo, y todo sería diferente. Por eso, el goce del Otro se caracteriza por no existir. No hay goce del Otro (esta línea lleva, como ustedes saben, a desarrollos lacanianos clásicos: Dios y el goce de la mujer). Y en cuanto al goce fálico: se desprende solo, si se puede decir así, jugando con las palabras. El carácter parasitario que lo define en esencia, la infiltración sémica que padece, hace al hecho de que el cuerpo tampoco abastece la relación sexual. De un lado de los intersticios del nudo tenemos entonces al partenaire (el goce del Otro), del otro lado, al instrumento. Y todo se ordena a partir de la sustitución del lenguaje a la sexualidad y su forclusión, la tesis de la no-relación sexual: lo que ata al nudo ex-siste, falta. Y de ahí el ejemplo que traje antes y con el que pretendía mostrar mediante los hilos sueltos y atados la idea de real. En los intersticios del nudo tenemos entonces (la falta de) el significante de la relación en la lengua y (la falta) en el cuerpo. Se agregan, porque son también suplencias −efectos del anudamiento−, al sentido.

Entonces, ¿qué “piensa” el nudo? Lo real ata lengua y cuerpo (simbólico e imaginario), está en el lugar de la fórmula (y esto porque el psicoanálisis no es una ciencia). Lo real no es nada más que el nudo, carece de representación. Es la atadura. Y esto es lo que el nudo “piensa”. El nudo se impone así como una escritura de lo real.
Tomo el mismo problema desde una perspectiva un poco distinta con otros dos esquemas.
El reenvío significante:


La cuestión de la pulsión (que refiero en el dibujo a la esquizo del ojo y la mirada):



Con estos últimos dibujos quiero mostrar que se pierde algo que no se tuvo nunca. Ni siquiera había un sujeto en ese momento: lo que se pierde se liga a la captura del organismo (es lo que mitologiza la idea de objeto perdido). Y esto ocurre a partir de que se marca la zona erógena. Algo que estaba en potencia y rodeaba al organismo converge con el reenvío de la significación. Desde entonces, el trabajo de la pulsión va a consistir en el intento de instalar aquella presencia “perdida” en el Otro.

Hay un doble deslizamiento por donde el sentido va a concurrir con el goce sexual. Se produce una comunidad de las faltas en juego: el sentido desliza en el reenvío, y la pulsión parcial se sustituye, desliza sobre la ausencia de relación sexual. Para un desarrollo más amplio sobre la pulsión, que ahora apenas rocé, les pido que consulten Ilaciones en torno al axioma italiano, en elpsitio.com.ar.
Cito uno de los “periféricos” donde Lacan viene hablando de La interpretación de los sueños, el inconsciente estructurado como un lenguaje, y en general del deslizamiento significante, de que toda palabra es goce −todo esto va a hacer pendant con la cita−: “¿Qué quiere decir la expresión “pulsiones parciales”? (…) Para un cierto número de goces –comer (bouffer), cagar, beber, o charlar, justamente– (…) eso se halla derivado (c’est infléchi, y también podríamos traducir: se desvía, se curva), está tomado como sustituto, para decir la palabra, de otro goce, que es justamente el goce sexual.” (J. Lacan, El psicoanálisis en su referencia a la relación sexual, en Bulletin de l’Association freudienne, nº 17, París, 1986, pp. 9-10.)
Llegados a este punto entonces podemos ligar la cuestión que motoriza el desarrollo de Proposición, lo que llamaba su riñón, su núcleo, y la sustitución del sentido al sexo.
Nos daría una formalización, al menos provisoria, del Seminario del siguiente tipo:

(a)/−φ ≅ sentido/sexo (≅F)

−φ → F


Y podría formularse aun de otro modo: la salida de juego del pene, del instrumento copulatorio, su negativización, resume una parte del seminario, es el objeto de por lo menos diez seminarios, en realidad de quince si extendemos la demostración a la menos fi como causa del complejo de castración; a esto sigue una sustitución del sentido al sexo, que nos da la parte restante del Seminario, especialmente las fórmulas de la sexuación, muy claramente, y los nudos. Así, la problemática más general y básica del Seminario se liga a la cuestión de la castración.

Para concluir, resumo las cuatro “problemáticas” que esbocé hoy. A manera de digresión aludí a dos de ellas: el estructuralismo y el pase. La ilación que intenté establecer quedó ligada a un cambio de estatuto de la cadena significante. Este sería un tercer aspecto de las problemáticas del Seminario. Y la ilación central refiere a la castración, a “la causa fálica”, como decía Lacan en La disolución. Esta es la problemática principal del Seminario.
 
 
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