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   Culpabilidad y sacrificio

Algunos relatos sobre la culpabilidad y el sacrificio
  Por Juan Manuel Rubio
   
 
La problemática en torno a la culpabilidad y el sacrificio trabaja al psicoanálisis desde su mismo origen. Fue desarrollada en El malestar en la cultura, donde la renuncia a la satisfacción es basamento de la convivencia humana, siendo que “el resultado último debe ser un derecho al que todos –al menos todos los capaces de vida comunitaria– hayan contribuido con el sacrificio de sus pulsiones y en el cual nadie –con la excepción ya mencionada– pueda resultar víctima de la violencia bruta”1. Está fundada, a su vez, en la culpabilidad histórica en Moisés y la religión monoteísta, pero se encuentra ya en la prehistoria en Totem y tabú. Sin embargo, puede rastrearse desde mucho antes la condición del hombre que, creyéndose inocente, es culpable, en su fantasma, desde su deseo. Tomemos como muestra una sola de las torpezas analizadas en Psicopatología de la vida cotidiana, la rotura de la pequeña Venus de mármol al catapultar una pantufla: “el ataque de furia destructiva sirvió para expresar un talante de agradecimiento al destino y me permitió consumar una «acción sacrificial», como si yo hubiera hecho la promesa de ofrendar tal o cual objeto si ella sanaba”2. En el estudio del padecimiento neurótico desde sus primeras publicaciones, en la oblatividad sacrificial o los escrúpulos del obsesivo, en el autorreproche melancólico, en el desencadenamiento de la locura histérica por la culpabilidad por sus deseos eróticos, enfermar a partir de un triunfo, buscar castigo, no querer renunciar al padecimiento, continuar un matrimonio desdichado o un mal trabajo o, explicitado más conceptualmente, en el narcisismo, el superyó, la pulsión de muerte, donde va explicitando que cuanto más inocente se cree el sujeto, más torturas recibe.

¿Estamos entonces ante un sujeto responsable? Para la respuesta que demos es necesario tener en cuenta los peligros de deslizamiento propios de la homonimia. En el cruce de discursos que participan podemos nombrar al jurídico, criminológico, de la victimología, antropológico, etnográfico, filosófico, de la teorías de las religiones, de las mitologías, teológico, ético, sociológico, de la teoría política, económico, y seguramente aun más. Así, enmarcando el tema del mal en la naturaleza humana, a fines del Siglo XVIII Kant afirmaba que “que el mundo está en el mal es una queja tan antigua como la historia; incluso como el arte poético, más antiguo aún; igualmente vieja incluso que la más antigua de todas las poesías, la Religión sacerdotal. Sin embargo todos hacen empezar el mundo por el bien: por la Edad de Oro, por la vida en el Paraíso o por una vida más dichosa aún, en comunidad con seres celestes”.3 Freud, recurriendo al mito dirá, en el origen hay un crimen.

Tomemos sólo algunos relatos. Desde la teoría del delito, sin la culpabilidad no se podría juzgar a alguien, lo cual queda de lado cuando se emplea el concepto de “peligrosidad”, ya que no remite al “momento del hecho”, del acto realizado (típico y antijurídico), sino a un futuro posible, a una anticipación imposible (va a cometer tal acción)4. En un sentido jurídico amplio, se puede definir “la culpabilidad como el con­junto de presupuestos que fundamentan la reprochabilidad personal de la conducta antijurídica”5. Cuando Lacan trabaja el tema, pone el acento en la exigencia del asentimiento subjetivo al castigo impuesto por la sociedad, ya que apoya en éste al establecimiento de la relación entre el crimen y la ley. Entonces afirma: “La responsabilidad, es decir, el castigo, es una característica esencial de la idea del hombre que prevalece en una sociedad dada”6. Corriendo el riesgo de ser abusivos, al trabajar el tema lo transcribí como “la responsabilidad establece la relación entre el acto y la ley”7.

Un paréntesis. ¿A qué ley nos referimos? Una definición de diccionario es “regla y norma constante e invariable, nacida de la causa primera”8. Sin embargo, no es lo mismo la norma jurídica, entendida como la que refuerza el campo creado por el ordenamiento pautado por un grupo, que la regla antropológica de la prohibición del incesto como paso de la naturaleza a la cultura propuesto por Lévi-Strauss, o la ley de castración, sin la cual no habría deseo. Problemas de homonimia: norma, regla, ley. Una lectura posible es que la regla se inscribe en forma singular como ley, lo que permite que, según la modalidad en que ésto ocurrió, el sujeto se articule de una manera concreta a la norma.

Volviendo a la responsabilidad, cuando en el Seminario 7 Lacan trabaja el horizonte de la culpa en el contexto de un mundo orientado al servicio de los bienes o la perpetuación del poder, señala que lo que el psicoanalista puntúa es el campo del deseo. Allí su clásica afirmación, “Propongo que de la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido en su deseo”9. Este orden de la falta fundante, desde otros relatos, permite captar la condición de deudor. En palabras de Agamben, “el hombre, siendo potencia de ser y de no ser está, por tanto, ya siempre en deuda, tiene ya para siempre una mala conciencia antes de haber cometido un solo acto culpable”10. Postula que antes del acto culpable ya está la constatación del mal, como fuera captado con la postulación del pecado original. Esta afirmación sorprende porque en general no es rescatada, sino, por el contrario, leída en su costado de engaño. Antes de considerarlo, tomemos un elemento desde otro relato de la muerte, sobre la cual Levinas diferencia el conocer naturalista a través de la experiencia razonada de la muerte del otro, del saber proporcionado porque “la inminencia de la amenaza no viene de un punto preciso del porvenir… El carácter imprevisible de la muerte viene de que no está en ningún horizonte. No se ofrece a ninguna aprehensión”11. Esta experiencia ha llevado a diferenciar los sentimientos de miedo, temor y terror, pero lo que este autor destaca es que no es ante la nada, sino ante la violencia, por lo que no queda aniquilado el otro, sino que se continúa ante lo absolutamente imprevisible, Otro. “El asesinato al cual se remonta la muerte revela un mundo cruel, pero a escala de relaciones humanas”12.

Pero, antes de considerar el asesinato, detengámonos un momento en la mencionada noción de pecado original. El camino lo tenemos facilitado por las consideraciones sobre lo originario en la obra freudiana, sea como fantasmas de los orígenes, protofantasías, padre primordial… Planteado como un saber de la culpabilidad con formato cuasi jurídico (por causa de los padres… cuando para que sea reprochable jurídicamente debe ser “voluntario”), así como con un modo de transmisión simil biológico de un vicio de herencia (ya lo porta el recién nacido) no es tampoco ajeno al pensar actual. El planteo neurobiológico como causa, en línea con el viejo paradigma naturalista por el cual el trastorno psíquico fue sustancializado en el cuerpo –localizado o por una condición del terreno como la herencia–, siendo su fundamento que la Razón era alterada en su naturaleza por algo de fuera de sí. Aunque lejano, no parece tan distinta la causalidad lineal planteada por Spitz en un lenguaje de derechos, victimización, orden social y violencia13. Según la lectura del autor de quien tomamos nota, el concepto de pecado original se gestó en el siglo IV de nuestra era cuando la teología cristiana queda próxima, en su enunciado, a un pensar gnóstico que pretendía combatir. La cuestión giraba en torno al mal, y se podría plantear desde dos preguntas: ¿qué es el mal?, o ¿de dónde proviene el que hagamos mal? Aunque próximas, su misma formulación lleva a cuestiones totalmente distintas. La primera llevaría a responder sobre lo que “el mal es”, dándole la categoría de cosa del mundo, con naturaleza propia y sustancia, llevando incluso a poder considerarlo como “la mundanidad misma del mundo”14. La otra pregunta, por el hacer del hombre, lleva a plantear que es el hombre el que hace entrar el mal al mundo, siendo, por ende, un sujeto responsable. En su carta a los Romanos, tan trabajada por Lacan en torno a la ley, San Pablo plantea en forma invertida las figuras de Adán y de Cristo, siendo que el primero corta la historia en dos con su caída y el segundo también, retomando para el fin de los tiempos la humanidad precedente a la caída. La traducción del capítulo 5 –en especial– y del 9 de dicha carta es lo que centra los comentarios, intentando dar cuenta de una paradoja: es propio del hacer del hombre, pero “el mal ya está allí, para toda conciencia que despierta a la responsabilidad”15.

¿Cómo Agamben rescata esta noción? Recapitulemos lo dicho. Cuanto más inocente se considere, más padece –el pecado es anterior a la toma de conciencia–; la constitución es desde el Otro –surge de una dimensión comunitaria, no individual–, es culpable por ceder en su deseo –la falta actual es recubierta por la imposibilidad de la voluntad–.

Dejamos en barbecho el tema del asesinato, para lo que tomamos breves notas de un autor que pone en relación el origen de la normatividad occidental, el nazismo y su programa científico de exterminio. Ubica tal origen en el momento que considera de metaforización dado por el concilio de Jerusalén (alrededor del año 50), donde se romaniza el judaísmo a partir de establecer la ligadura genealógica no ya desde la circuncisión en la carne sino por el bautismo, llevado luego en la secularización al trámite de inscripción del estado civil. Legendre postula que el acto hitleriano retrotrae el problema hasta aquel origen, volviendo la filiación a la pura corporalidad, pues desde el postulado de un biologismo racial establece la no hibridación y el exterminio de quienes podrían contaminar a lo ario, generando así una desmetaforización16. Tal legislación tuvo un fundamento “científico”, el espacio de la verdad quedó ubicado en la corporalidad bruta, observable científicamente. Lacan no fue ajeno a tal situación, “la tercera facticidad, real… es lo que se puede hablar gracias al término de: campo de concentración. Abreviemos diciendo que lo que vimos emerger, para nuestro horror, representa la reacción de precursores en relación a lo que se irá desarrollando como consecuencia del reordenamiento de las agrupaciones sociales por la ciencia y, principalmente, de la universalización que introduce en ellas”17. Agamben considera que los Lager actualizan una figura del derecho romano, el homo sacer, donde el hombre queda reducido a su nuda vida. Avanzando en el hoy, lanza la arriesgada hipótesis de que el paradigma biopolítico ya no es la ciudad, sino el campo de concentración, por lo que los genocidios modernos no son al modo colonialista, sino que se ubican en el adentro, con el otro doméstico al que se lo observa desde una lógica degenerativa18. Relatos sobre culpabilidad y sacrificio y la cuestión del Padre.


____________
1. Freud, S. El malestar en la cultura. Amorrortu. Buenos Aires. 2006. p. 94.
2. Freud, S. Psicopatología de la vida cotidiana. Amorrortu. Buenos Aires. 2006. p. 167.
3. Kant, I. La religión dentro de los límites de la mera Razón. Alianza. Madrid. 1969. p. 29.
4. “la culpabilidad es el juicio que permite vincular en forma personalizada el injusto a su autor y de este modo operar como el principal indicador que, desde la teoría del delito, condiciona la magnitud de poder punitivo que puede ejercerse sobre este”. Zaffaroni, R. Derecho penal. Ed. Ediar, 2000. Buenos Aires. p. 620.
5. Jiménez de Asúa, L. La ley y el delito. Novena ed., Sudamericana. Buenos Ai­res. 1979, p. 352. “la cul­pabilidad es un elemento característico de la infracción y del carácter normativo, puesto que no se puede hacer sufrir a un individuo las conse­cuencias del acto que les es imputable más que a condición de declarar­le culpable de él” (p.326).
6. Lacan, J. Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología. Escritos I. Siglo XXI. Argentina. 1988. p. 129.
7. Rubio J.M. y col. Psicología jurídica-forense y psicoanálisis. Letra Viva. Buenos Aires. 2010. p. 144.
8. Casares, J. Diccionario ideológico de la lengua española. Gustavo Gil. Barcelona. 1985
9. Lacan, J. La ética del psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires. 1991. p. 379.
10. Agamben, G. La comunidad que viene. Pre-textos. Valencia. 1996. p. 31.
11. Levinas, E. Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Sígueme. Salamanca. 1987. 246.
12. Idem. 249.
13. “Privados de la nutrición afectiva a que tienen derecho, su recurso único es la violencia. El camino único que les queda abierto es la destrucción de un orden social del que son víctimas. Infantes sin amor, terminarán en adultos llenos de odio”. Spitz, R. El primer año de vida del niño. Fondo de cultura económica. Argentina. (6º reimp.) 1980. Pág. 222.
14. Ricoeur, P. Introducción a la simbólica del mal. Megápolis. Buenos Aires. 1976. p. 9.
15. Idem. 21. En Finitud y culpabilidad trabaja temas que servirían para una lectura psicoanalítica, así mancha-tabú, ley-pecado, culpabilidad personal-pena.
16. Legendre, P. El crimen del cabo Lortie. Siglo Veintiuno. México. 1994. En la línea del recupero de la metáfora se podría releer la carta de Pablo a los Romanos en la articulación que hace entre Ley – Fe.
17. Lacan, J. Proposición del 9 de octrubre de 1967.Sobre el psicoanálisis en la escuela.
18. Agamben, G. Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-textos. Valencia. 1998. Harari, R. Palabra, violencia, segregación y otros improptus psicoanalíticos. Catálogos. Buenos Aires. 2007.
 
 
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