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La marcha del No
  Por Élida E Fernández
   
 
“Coja a un animal hambriento y acosado, con una hembra y cachorros que alimentar, y póngalo en un buen redil, entre tiernos corderos en un verde prado... sin embargo saciado, habrá sido tan manso e inofensivo como cualquiera”.
De El Maestro de almas de Irene Nemirovsky1
Esta frase es puesta por la autora en boca de su personaje central. Es conmovedora… y falsa. La retomaremos. Esta novela sobre el desarraigo y la búsqueda de reconocimiento social fue publicada por entregas en el semanario Gringoire, entre mayo y agosto de 1939, tres años antes de la desaparición de la autora en manos de los nazis, y reeditada por primera vez en forma de libro en 2006.

Corren los años treinta. Dario Asfar, médico de clase baja originario de Crimea, se instala en Niza junto a su mujer y a su hijo recién nacido. Darío lucha por sobrevivir pero sus orígenes, su traje raído, su falta de elegancia inspiran rechazo y desconfianza. Es entonces cuando descubre las grandes posibilidades de hacer negocio, ante el auge reciente del psicoanálisis, proponiéndose aliviar la infelicidad oculta en las almas de aquellos que tanta riqueza parecían poseer.
Dice el protagonista a un acaudalado “cliente” al que quiere atrapar: “me conoció en una época difícil de mi vida, cuando en el anonimato y casi sumido en la miseria llevaba a cabo investigaciones delicadas, difíciles, cuyo resultado fue una teoría psíquica que ya ha aliviado a tantos enfermos en su misma situación.

—Espero que no sea el método psicoanalítico. Ya lo he probado, sin éxito.
—¡No, no! Ya he dicho que lo he creado yo. Y como todos los precursores, he de sufrir el ataque de mis colegas, principalmente de esos que usted menciona, los partidarios de las teorías de Freud. Que tienen cosas buenas… y reconozco haberlas utilizado como punto de partida. Para llegar a la raíz misma del mal, son necesarios largos y minuciosos análisis, pero una vez descubierta, no opino que la curación se produzca de forma inmediata. Creo que es entonces cuando empieza el tratamiento. Simplificando mucho, para poner la cuestión al alcance de un profano, se trata de lo que llamo la sublimación del yo.” (Pág. 106)
Es destacable el comienzo de la que hoy es esta novela:
“—¡Necesito dinero!
—Le he dicho que no.
Darío se esforzaba en vano por mantener la calma. En momentos de emoción, su voz sonaba estridente. Gesticulaba. Tenía el tipo levantino, un aire inquieto y ávido de lobo, unos rasgos diferentes a los de allí, un rostro que parecía modelado a toda prisa por una mano febril.
—Usted presta dinero, ¡lo sé! —Gritó furioso.
Todos se negaban cuando les rogaba humildemente. Había que usar otro tono. ¡Paciencia! Alternaría el empleo de la astucia con el de la amenaza. No retrocedería ante nada. Mendigaría o le arrancaría el dinero por la fuerza a aquella vieja usurera.”

Demos un salto en el tiempo y en el espacio: Argentina, 2010. Un video que podemos ver en youtube contra el cierre del Hospital Borda por Anush Mouratain termina con la siguiente leyenda: “En el 2006 había 3500 internos en el Borda. Actualmente hay 480.

¿Qué pasa? ¿Tenemos menos locos en la Argentina?
Casualmente el proyecto de Macri de casas de medio tiempo tiene esa capacidad…
En vez de hacer que los hospitales Borda, Moyano, Tobar García funcionen correctamente, ponen trabas para que ingresen más pacientes y les dan el alta a muchos que todavía no están curados. Muchos no tienen familia y terminan en la calle.

Curiosamente alega que no se justifica un espacio tan grande para tan pocos internos.
Como si fuese excusa suficiente para que le cedan los terrenos con valores fiscales millonarios. Ellos no tienen voz ni voto y desconocen su futuro incierto.”
A esto podríamos agregar que en el Centro de Salud N° 3 “Ameghino” se dispuso arbitrariamente la remoción del director Rubén Slipack, elegido por el voto de la mayoría de los profesionales, poniendo en su lugar a una médica psiquiatra a punto de jubilarse, afín seguramente a los planes del Gobierno de la Ciudad, sin consenso entre los profesionales. Este Centro es reconocido desde hace años por su labor psicoanalítica y su fuerte cohesión en la Asociación de Profesionales. Es un lugar donde se trabajó y se investigó con libertad de criterios y donde conviven y debaten distintas escuelas psicoanalíticas. El recurso de amparo interpuesto por la Asociación de Profesionales llevó al juez interviniente a ordenar la restitución del director en su cargo. Esta medida, que tuvo mil trabas, recién se ejecutó el 18 de febrero último. La directora puesta por la fuerza ya apeló la decisión el juez. Obviamente esto implica un largo camino del que desconocemos el final.

Detrás de un supuesto intento de renovar la salud mental, el lobo muestra sus garras. Con el accionar contra el Ameghino queda al descubierto que la intención está lejos de desmanicomializar, ya que justamente este es un centro de salud que trabaja sin internación y con la clara intención de, en lo posible, evitarlas.
Junto con la destitución arbitraria del director del Ameghino, ocurrió lo mismo en otros hospitales, imponiendo directores que más que curriculum parecen poseer prontuarios, que fueron rápidamente denunciados por amenazar, insultar y despedir sin causa a distintos profesionales de cada hospital. Cada uno de los directores expulsados de sus cargos había firmado su adhesión a la Ley 448 y el pedido de su implementación.

En todos estos conflictos muchos de los psicoanalistas, psicólogos, terapeutas, psiquiatras, que trabajan en estas instituciones públicas han tomado no sólo la palabra sino la acción: marchas, protestas, apelación a la justicia, denuncias, publicaciones y congresos donde el tema no sólo es debatido, sino que en muchas instituciones la intervención es resistida por el grueso de los profesionales.
¿Los psicoanalistas dejaron de lado la abstinencia?

Es llamativo que las rondas que se organizaban diariamente en el Ameghino, para protestar contra la autoridad impuesta, consistieran en dar vuelta por todo el hospital, sin hora prefijada, invitando a todos los presentes –trabajadores, profesionales y pacientes– que estuvieran en ese momento y quisieran, con la única consigna de gritar “NO”.
Sin insultos, sin agresiones. La consigna era el “NO”.

¿Qué tiene en común la realidad que en su novela ficcionaliza Nemirovsky y lo que ocurre en Buenos Aires y en el resto del país en el campo de la Salud Mental? ¿Qué diferencia profundamente la estafa de este médico extranjero y pobre que en nombre de salvar a las almas de los ricos de su secreta infelicidad no se detiene ante nada, ni siquiera ante el asesinato, de las luchas por salvar las instituciones de salud mental ante la estafa del discurso del poder ejercido por las autoridades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?
Si hay que gritar que NO, es porque algo de ese NO que funciona de límite y de subjetividad falla, falta.

Cuando la negación como operación del juicio de atribución y de existencia, marca del sujeto, posibilitador del juicio de condenación, funciona en esta doble vertiente de “lo sé, pero sin embargo…” estamos ante la desmentida.

En la novela el personaje está desde el principio al fin atravesado por la apelación al mecanismo de la desmentida. El único que ejerce sobre él un juicio de condenación es el hijo, no así su esposa, que es su íntima cómplice hasta que muere. Habiéndole suplicado al hijo que se presentara aunque fuera sólo un momento en la reunión para celebrar su nueva boda, con la viuda del que él había “dejado” morir, cuando constata que su hijo no vendrá, que no lo volverá a ver Darío piensa: “Si aún me quedara mucho tiempo de vida, tendría oportunidad de volver a verlo. Se hará mayor y se volverá más cínico y sensato. Pero cuando me muera todavía será un niño. Aún no me habrá perdonado. No volveré a verlo”.
Cuando su nueva mujer entra y trata hipócritamente de consolarlo, el anuncia “Volverá. Por la herencia”. No puede dejar de desmentir la condena de su hijo.
Al mismo tiempo, la propia Irene Nemirovsky parece desmentir lo que se avecina, lo que está en las puertas de sus ojos: no huye, no escapa del infierno que sabe escribir tan bien y muere en un campo de concentración.
Antes deja a sus hijas una maleta que éstas conservaron durante decenios con los manuscritos que, una vez publicados, fueron un éxito editorial sin precedentes y ganaron varios premios, algunos de los cuales jamás habían sido otorgados antes a un autor fallecido.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se sancionó la Ley 448.
Sin embargo… no hay un plan de Salud Mental, o hay un plan no dicho que nada tiene que ver con el ejercicio de la ley. No hay ejecución ninguna tendiente a la tan sonada desmanicomialización.
Estamos de acuerdo en que los hospitales no sean asilos, no queremos internaciones prolongadas injustificadas, no queremos el aislamiento social del paciente, ni exceso de medicación. Queremos talleres, hospitales de día, hospitales de noche, casas de medio camino, trabajo supervisado y remunerado para los internos, internaciones de acuerdo a cada caso y fundamentalmente: “seguimiento del tratamiento pertinente a cada sujeto en cuestión a cargo de profesionales que elijan trabajar con pacientes graves y se preparen para ello desde su propia decisión y desde la formación, con supervisiones, ateneos, grupos de estudio, investigación y su propio análisis”.
El problema no se termina cuando externamos a un paciente. No acuerdo con los que sostienen que, con tal de que la internación sea corta, no interesa las veces que se tenga que internar al año. El tema que debemos encarar, debatir, es cómo se pueden evitar o espaciar las internaciones y no aumentar la cantidad de ellas.

Algunas reflexiones acerca de estos discursos:
Por un lado tenemos la frase citada en el epígrafe del personaje de ficción Darío Asfar.

Esta frase es lógica y biológicamente falsa. Sólo ciertos animales comen corderos, y sabemos que la saciedad del instinto es temporaria, y que siempre volverán a comer corderos. Los animales cebados no paran de matar. Asfar llega a una buena posición económica y la pierde, la despilfarra volviendo una y otra vez a recurrir a su accionar corrupto. Darío justifica sus malas acciones, diciendo que son sus circunstancias las que lo empujan a eso, mientras que de ser otras las condiciones, él no se vería “obligado” en nombre del supremo bien de mantener su familia a actuar de esa manera. No hay subjetivación de la responsabilidad, él se autojustifica y se absuelve.

Por otro lado tomemos la “frase” que queda dicha en el accionar de Macri y su equipo cuando al dejar al Borda sin pacientes alega “¿Para qué quieren tantos terrenos si son apenas 480 locos?”
En ambas situaciones el sujeto escamotea la responsabilidad de su acto, desmiente una realidad que queda oculta, y en nombre de ésto que escamotea, como un hábil prestidigitador: engaña, no solamente porque hace creer una falsedad sino por las consecuencias que tiene esto sobre los semejantes. Hablamos de estafa, de engaño, de uso arbitrario de la autoridad. Hablamos de la existencia de una ley que no se cumple, que no se implementa. Hablamos de un discurso que avala el accionar perverso del que ostenta el poder, ya sea el poder sobre el otro a través de la transferencia o el poder, mucho más amplio, sobre todos los otros cuando detenta el gobierno.
Se puede abordar el tema de múltiples ángulos. Elijo pensarlo desde la desmentida y su efecto en el lazo social. El tema de la Verleugnung es complejo en los textos freudianos, tanto como en los lacanianos.
“La renegación o desmentida es en principio un mecanismo psíquico por el cual todo niño se protege ante la amenaza de castración: repudia, desmiente, reniega la ausencia de pene en la niña, la mujer, la madre y cree por un tiempo en la existencia del falo materno”. Esto es lo que en principio leemos en el Diccionario de Psicoanálisis.

Dice Octave Mannoni: Freud nunca renunció a lo que había descubierto con Breuer: que en la base de todo estaba la amnesia… Sólo que la dividió en dos tipos: la represión y la desmentida-forclusión. Así reúne ambos mecanismos con un guión.
Seguir los meandros y laberintos del término verleugnung en el corpus freudiano y lacaniano es una tarea muy ardua y no es mi propósito hoy. Sí lo es intentar pensarlo en el tema que nos convoca. Volviendo a la definición del Diccionario intentemos pensar que esta defensa es propia de la constitución subjetiva del cachorro humano, a merced de los adultos que no sólo amenazan con castrarlo de las mil maneras que esto puede manifestarse, y no sólo simbólica, sino que además pueden hacer de él lo que quieran. Esta dependencia primaria del infans hace que se defienda de la castración y del espanto concomitante.

Claude Rabant al señalar los caminos que unen castración con espanto, muestra la creación del “al menos uno que no ha pasado por ella”. Hay uno que tiene y qué mejor prueba que el fetiche.
Mirta Goldstein dice “La relación entre incredulidad y desmentida se aprehende a partir de fenómenos sociales tortuosos, en los cuales el espanto y el horror son moneda corriente, se aprehende mejor pues las masas obedecen con fe incondicional al que ocupa el lugar del Ideal, ese otro elevado a Otro absolutizado como salvador brutal.”

Vemos que entramando la desmentida en los lazos sociales nos llevan al espanto, a lo tortuoso, a la pérdida del juicio de realidad y por ende del juicio de condenación.
La verdad se semi-dice porque está primariamente velada, porque es difícil de soportar para cada uno, y porque requiere el duelo de no ser, el duelo por lo que nunca se tuvo.
Cuando una verdad en el cuerpo social está desmentida, rechazada, no se desgasta y reaparece una y otra vez como “el espanto que no sabe del espanto”. Muchos han abordado este mecanismo como “El Mal”, que tiene como compañía inseparable la renegación fetichista de la culpa, produciendo la inversión fundamental y necesaria que sostiene estos discursos (me refiero a los dos que tomamos en este trabajo).
1) “Las circunstancias me obligaron” 2) “Para qué tanto terreno para tan pocos locos”.

iek destaca que la renegación puede ser colectivizada, especialmente si se articula con la identificación a alguien que desde cierta función de Amo, establece qué mentira puede sostener la solidaridad del grupo. El liderazgo abrocha preferentemente con la capacidad de una comunidad de sostenerse unida en base a la renegación de la culpa.
Muestra este autor cómo, cuando la Ley pública fracasa, se opera una escisión de la misma entre la escrita y su reverso, el código “no escrito”, secreto y obsceno. Esto implica una forma específica de goce de la ilegalidad: el reverso de la ley sería la orden superyoica y su puesta en práctica el ejercicio sádico sobre el otro.

Quizás venga al tema recordar el caso Carrasco que estremeció de horror al país y puso fin al servicio militar obligatorio. Como lo señala el antropólogo Máximo Badaró2, “el caso Carrasco implicó un punto de quiebre: Hay un fuerte temor a pasarse con ‘La manija’, ese es el término que utilizan3. Pero también continúa la confianza en la efectividad pedagógica de ese tipo de trato.”
Volviendo, para concluir al ejemplo paradigmático de lo ocurrido en el Centro de Salud N° 3 y que puede hacerse extensivo a todos los otros atropellos que se están haciendo en las direcciones de muchos hospitales:
¿Cómo alguien puede asumir un cargo para el que no sólo no ha sido elegido por ningún tipo de consenso sino que además es abiertamente condenado por la gran mayoría de los profesionales y trabajadores de la Institución?
¿Cómo hacerlo sin pensar allí un goce de la ilegalidad?

Goce de la ilegalidad propia del cinismo.
¿Cómo defenderse de esto sino gritando No?
Aunque sepamos que se nos responderá “sin embargo”…

Nota: presentación de la autora en las Jornadas Amaicha 2010 Tucumán. “Demandas y problemas éticos en Salud Mental” “Época y Subjetivación”

Bibliografía
Freud, S.: “La Negación”. O.C. Amorrortu. Buenos Aires.
“La escisión del yo en el proceso defensivo”. O.C. Amorrortu. Buenos Aires.
Lacan, J.: “De una cuestión Preliminar a todo tratamiento de la psicosis”.
Chemana, R. y Vandermersch, C.: Diccionario de Psicoanálisis. Amorrortu, Buenos Aires.
iek S.: Las Metástasis del goce. Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad. Paidós, 2003. Buenos Aires.
Rabant, C.: Inventar Lo Real. La desestimación entre perversión y psicosis. Nueva Visión. 1993. Buenos Aires.
Glasman, S.: “Culpa y Ética” Conjetural 30. Ediciones Sitio, 1995. Buenos Aires.
“El juicio sobre nuestra acción”.
“Es tarde”. Conjetural 37. Nuevohacer, 2001.
“Paradojas éticas del deseo”. Ediciones Sitio, 2009.
Goldstein, M.: Xenofobias, terror y violencia. Erótica de la crueldad. Lugar. 2006. Buenos Aires.
Braceras, D.: “La Ética del Psicoanálisis y la ley mordaza” en www.cancerteam.com.ar/bracO59.htmi febrero 2010.
Badaró, M.: Clarín domingo 7 de marzo 2010.
Youtube: Borda vs. Macri http://www.youtube.com/watch?v=x10AV52Wb2w.
_______________
1. Irene Nemirovsky: [Kiev 1903 - Auschwitz 1942]. El Maestro de Almas. Ediciones Salamandra. 2009. Pág.178
2. Clarin, Suplemento “Zona” del domingo 7 de marzo de 2010: “La Institución militar no tiene categorías nuevas para vincularse con los otros”, entrevista al antropólogo Máximo Badaró.
3. “Manija” es el termino utilizado en los cuarteles para referirse al castigo que un militar superior ejerce sobre un subordinado.
 
 
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