Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Comentario de libros

La "instancia" de Lacan
  Actualidad de “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, de Héctor López.
   
  Por Martín  Alomo
   
 
El objeto

Si nos detenemos en la relación entre el título y el subtítulo, notamos que el segundo explica al primero. La “instancia” de Lacan consiste en la actualidad de “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”. La “instancia” de Lacan y “La instancia de la letra…” refieren al mismo elemento, repetido. Más adelante, a propósito del método, comentaremos cómo la repetición juega un papel primordial tanto en el texto lacaniano como en el estudio de Héctor López. Pero ahora nos interesa destacar el que consideramos un elemento clave del título: la “instancia” de Lacan consiste en la actualidad de “La instancia de la letra…”. Proponemos simplificar del modo más básico los dos elementos presentes en ambos términos, quedando de manifiesto lo que creemos principal: el pivote del libro no es sino la actualidad entendida en todas las acepciones posibles.

En primer lugar, se trata de la actualidad de “La instancia de la letra…” considerada a la luz de una crítica prolija y minuciosa respecto de otros estudios que se han ocupado del escrito con anterioridad. En este sentido, López revisa con potente lupa los trabajos de Nancy y Labarthe-Racoue, Miller y Roudinesco entre otros. Pero también se trata de la actualidad entendida como lo que “La instancia de la letra…” nos dice hoy, en acto, a los analistas. ¿Que del lado de quién queda este acto? Justamente la función de la escritura y la lectura están puestas en cuestión todo el tiempo, no solo por el texto de Lacan, sino por la propuesta de López. Si consideramos el hecho de que la lectura funda a la escritura -noción ampliamente recorrida en el libro- no cabe duda que el acto en cuestión depende del compromiso de los analistas por prestar oídos a la clínica, es decir a lo que se escucha, se lee, se escribe. En este marco, la actualidad de “La instancia de la letra…” es un saber en acto, una lectura performativa del escrito lacaniano. Texto que tal como señala López, se encuentra a mitad de camino entre un escrito acabado y una charla frente a unas copas. Momento privilegiado de tensión y determinaciones suspendidas, en el que es necesario que el lector sitúe las coordenadas que lo ordenan, en una lectura eminentemente activa. “Al lector no le queda otra salida que su entrada”, dirá Lacan.

Una lectura performativa entonces de “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, he aquí la segunda de las acepciones del trabajo de Héctor López. Pero la actualidad en cuestión, pivote de esta nueva instancia, encuentra las condiciones de su realización afortunada en un contexto abierto: nada más y nada menos que la universitas litterarum.

La actualidad de “La instancia de la letra”, entonces, será considerada primero en relación a sus comentaristas; luego, a la luz del acto de lectura realizado por un analista (“lectura de autor” diremos parafraseando el cliché de moda que nombra las nuevas tendencias en que diseñadores de toda índole pergeñan sus mercancías); y por último, como una lectura performativa cuya condición de realización es su participación en el campo de la universitas litterarum. Este último punto subraya la necesidad de la apertura. Apertura que como bien señala López, no se trata de la ausencia de mediación con lo real, tal el reparo interpuesto por Lacan en 1955 en relación a la noción heideggeriana, sino una apertura al universo de las letras, al mundo del lenguaje y al lazo discursivo.

Queda definido el objeto de La “instancia” de Lacan, entonces, como una lectura performativa que despliega su actualidad en tres puntos: el estado del arte; una lectura en acto del escrito lacaniano que es escucha clínica de dicho texto (Freud hizo lo propio con Schreber; Lacan con Schreber y con Freud, por ejemplo); y una lectura de los nexos con otros campos del saber: un estudio interdisciplinario de “La instancia de la letra”. De este modo entendemos que el autor encuentra los parámetros que condicionarán su lectura, su modo de “imponerse límites”. En este marco “el camino elegido pone en juego, inevitablemente, esa función que Saussure denominó ‘punto de vista’, donde el objeto es creado por la lectura, engendrado por ella”.

En cuanto a “repetición” y “apertura”, dos elementos presentes en nuestra delimitación del objeto del libro, nos llevan directamente al apartado siguiente.


El método

Una lectura “en espiral” de “La instancia de la letra…” incluye en su operación el concepto de repetición. Una lectura “en repetición” del texto lacaniano es lo que nos propone Héctor López en La “instancia” de Lacan. Y para que nos quede claro, de entrada nos da referencias precisas para entender que se trata no de una repetición vana, circular, análoga a la propuesta por Copérnico en De revolutionibus orbium celestium, sino de una repetición abierta, radicalmente alejada de la idea de sistema. Una repetición no circular sino elíptica, y que en su recorrido “donde lo único consistente es el trazo” lejos de producir la vuelta al punto de partida, cada nueva vuelta “produce una diferencia de sentido que reduce la dispersión o imprecisión del giro anterior”.

Si bien la lectura de “La instancia de la letra…” siguiendo el método de la espiral es una ocurrencia de López, no se trata de una simple invención ingeniosa, sino que remite a una lectura “a la letra” del escrito de Lacan, y aun del decir que ec-siste al texto. Siguiendo la elucidación de López, comenzamos a entender mejor cuando consideraramos el destino del término “letra” en el título y en los tres subtítulos del texto lacaniano, donde la iteración, además de subrayar suficientemente la preeminencia del concepto en construcción, es colofón de una nueva vuelta que porta nuevos sentidos, nuevas alusiones, nuevas precisiones. La letra en el inconsciente es encarada con una noción fuertemente pertrechada con conceptos lingüísticos. Luego, si el último parágrafo del escrito conmueve los cimientos mismos del ser, puede hacerlo desde el inconsciente freudiano leído a la letra. Pero ello no implica que la conmoción del ser no produzca efectos retroactivos sobre la letra en el inconsciente. Y la espiral continúa.


El plan de la obra

El trabajo de López representa el logro de una empresa colosal por su propósito: la localización de todas las referencias del escrito de 1957, incluso de aquellas que están aludidas difusamente, “sin título ni nombre de autor”. Solo esto, per se, constituye un meritorio trabajo de investigación, y supone una consecuencia fácilmente previsible en el contexto académico y entre los analistas interesados en profundizar su conocimiento de lo real del inconsciente. Tal consecuencia previsible señala la elevación de dicho compendio de referencias a la estatura de una obra clave, ineludible a la hora de estudiar y escribir. Sin embargo, La “instancia” de Lacan nos ofrece mucho más. Cada referencia ha sido objeto de una concienzuda, reflexiva y generosa elaboración por parte del autor, a la luz de su vasta experiencia clínica e investigativa. Por citar un ejemplo, que debemos considerar en serie con la propuesta de lectura “en espiral” del texto, López rastrea el concepto de Lógos en “La instancia…” localizándolo hacia el final del escrito. Sin embargo, al inicio de su obra en dos volúmenes, inmediatamente después de explicitar el método -la espiral- inaugura el apartado de “Comentarios y referencias” con su esclarecedor desarrollo sobre el Lógos. Justifica este ordenamiento “en tanto se trata de un concepto que recorre furtivamente, desde el inicio, toda la espiral del texto”. ¿De qué modo puede un concepto recorrer furtivamente toda la espiral del texto? No lo explicaremos aquí, pero diremos que queda suficientemente señalada por este re-curso al Lógos la importancia del concepto de repetición. Una vez más.

Como decíamos, un compendio exhaustivo de referencias bastaba para revestir la obra de una importancia capital. Los comentarios, con explicaciones esclarecedoras e incitantes (explicaciones que no cristalizan el decir del escrito en conceptualizaciones acabadas, sino que participan de la lógica abierta de la espiral) elevan el valor de La “instancia” de Lacan con un plus que no se consigue a la vuelta de la esquina: un pensamiento fresco y renovador de los sentidos ocultos en el escrito lacaniano. Ocultos no en un sentido esotérico ni oscurantista, sino ocultos en la inquietante presencia de la letra, que una vez leída, se hace evidente y se revela como habiendo estado allí sin que nos hayamos percatado de ello.

La “instancia” de Héctor López va siguiendo el texto de Lacan línea por línea, por momentos letra a letra. En su recorrido nos encontramos con la secuencia de los tres parágrafos que ordenan el escrito relativos al sentido de la letra, la letra en el inconsciente, y la letra, el ser y el Otro, cada uno con su respectivo apartado de comentarios y desarrollos propios. En el primero de ellos, López detecta, amplía e ilustra los comentarios lacanianos, muchas veces alusivos, respecto de conceptos nodales de la lingüística que serán clave para la elucidación de la letra en el inconsciente. Así transitamos con Benveniste a través de sus niveles de análisis lingüísticos, con sus extremos delimitados por el rasgo diferencial mínimo de la letra y la frase. Notamos que su aporte representa un importante apoyo para la elaboración lacaniana, con la salvedad hecha respecto del polo mayor, la frase, y de la concepción de cuál es el referente del continuo discursivo específico del psicoanálisis. Con Jakobson, nos detenemos convenientemente en su distinción, a propósito del estudio de los afásicos, de los aspectos metafórico y metonímico como constitutivos del lenguaje. Y Saussure, el gran maestro, cuya potencia se encuentra acrecentada en el escrito de Lacan por la referencia a los anagramas, encuentra en el libro de López un extenso despliegue. Con el trabajo de Starobinsky sobre los anagramas López desarrolla ampliamente el punto, proporcionando además un texto introductorio de Adriana Corti a “Le texte dans le texte”.

El desarrollo minucioso del libro, además de internarnos en los vericuetos de sus elucidaciones, nos invita a una lectura apasionada sobre las referencias para e inter-textuales de Lacan. De repente, cuando estamos inmersos en lo más profundo de un complejo desarrollo respecto de los tropos a propósito de la referencia a Quintiliano y la importancia del contexto discursivo en el uso de la metonimia, nos encontramos con una nueva oración en cursivas (apelación a la letra de “La instancia…”) que resignifica el contexto y nos reubica como lectores: rendimos homenaje aquí a lo que debemos… Y lo que importa ahora es la alusión al hecho de que por medio de evadir el recurso a la “comunicación personal” como referencia, Lacan agradece a quien corresponde, Jakobson en este caso (referencia no evidente, sino detectada con la lupa de López), y además sostiene su disputa política con un adversario indigno a juzgar por sus métodos (el uso de la “comunicación personal” como ejercicio de la infatuación y el desconocimiento avisado, que en el contexto correspondiente no puede ser leído sino como argumento ad hominem). Y al seguir estas referencias detectadas, proporcionadas y desarrolladas en la obra de López (muchas de ellas tenues guiños para entendidos esbozados en el texto de Lacan) notamos que no se trata de una vana discusión respecto de si cortar el huevo por la punta fina o por la punta gruesa, inciso oportunamente desarrollado a propósito del decano Swift.

A la hora de ingresar en los dominios de la letra en el inconsciente, Lacan elige hacerlo por la puerta de la Traumdeutung. El sueño es un rébus, escribe Lacan citando a Freud, y ésto da lugar al primer comentario del tomo II de la obra de López, en el que la función de la lectura como fundante de lo escrito será recorrida una vez más. La lógica de la letra en el inconsciente prosigue su derrotero con Saussure y Jakobson, quienes permiten a Lacan situar con fuerza y precisión la condensación freudiana en la metáfora, y el desplazamiento en la metonimia. Y López seguirá este desarrollo lacaniano hasta su resolución en la duplicidad enunciado / enunciación, pero no sin antes pasar por Descartes y su Cógito.

El gran escrito freudiano Tótem y Tabú constituye otro de los lugares donde rastrear subrepticiamente la presencia del lógos heraclíteo revitalizado por Heidegger. Al respecto, Héctor López produce -insertado en el cuerpo de comentarios correspondientes al segundo parágrafo del texto de Lacan- un trabajo que ningún analista debe dejar de leer. Del mismo modo que señalaremos luego para el trabajo sobre el señor Perelman que cierra los comentarios al parágrafo tercero, nos encontramos frente a una investigación dentro de la investigación. Un botón de muestra que nos enseña cómo procede un investigador que se precie de tal. Decimos que encontramos las huellas del lógos en Tótem y Tabú, ya que del mismo modo que Heidegger va a buscar lo originario en el decir de los presocráticos y por ello es tildado por muchos de ingenuo, del mismo modo Freud va a buscar lo originario en las investigaciones etnológicas de su tiempo. Para una correcta valoración del escrito freudiano es necesario no solo poder extraer las consecuencias que él ofrece a la teoría psicoanalítica, sino situarlo convenientemente en el contexto en el que se inserta en relación a las investigaciones antropológicas. Para precisar la idea, del mismo modo que Heidegger va a buscar en lo originario no lo que estaba allí inerte sino lo que aquellos decires nos dicen hoy en la actualidad vivificante de una lectura, de un preguntar, Freud encuentra en su interrogación sobre las investigaciones antropológicas construcciones mitológicas que refieren al origen. Eso es lo que los textos etnológicos le dicen a Freud, y lo que él encuentra allí no es lo que hay, sino lo que no hay. López es preciso y abunda en referencias para situar las coordenadas de la recepción que el genial libro de Freud ha tenido entre los antropólogos, y entre los hallazgos de su investigación encuentra algo sorprendente: Lévi Strauss resulta en su crítica “más freudiano de lo que cree serlo”, y su vacilación da cuenta de “que no encuentra el punto desde dónde leer a Freud”.

Preludiando el ingreso a las cuestiones de la letra y el ser, el concepto de repetición comienza a hacerse notar con mayor evidencia en el texto de López. Por un lado, en referencias al inconsciente freudiano como una memoria localizable -en tanto discurso- únicamente en la materialidad de la letra de acuerdo a la lógica de lo que se repite, ya sea de modo automático o aun azaroso. El inconsciente como accesible por medio de la repetición es seguido en el libro de López por un extenso comentario sobre el retorno a lo originario en Hölderlin, que nos acerca a la idea de la imposibilidad de repetición kierkegaardiana. A propósito de esta última, a modo de ejemplo, López nos refresca el encuentro afortunado de Freud con las antinomias de Empédocles, un freudiano presocrático.

Estas referencias no tendrían sentido sin una correcta articulación con el concepto de repetición, que en definitiva articula la lógica de la teoría y la clínica psicoanalíticas. “Todo esto implica para Lacan que la pulsión de muerte es estrictamente un principio: el principio regio del Lógos (…) y no hay más retorno que la repetición fallida en torno de un origen que no existe”, escribe López citando en las cursivas el texto lacaniano. De este modo, habiendo cernido a la letra como centro de la materialidad del inconsciente y sede de la repetición que en la operatoria significante es requerida como participante de sus retornos, con Lacan, López logra señalar el Kern unseres Wesens, el núcleo de nuestro ser: la letra, en el centro, señalando un vacío irreproducible.

Siguiendo el texto lacaniano, Heidegger y su lógos vuelven a aparecer también en la “instancia” de López. Y en esta vuelta, la repetición ataca diagonalmente el lógos instaurado en el comentario del tomo I, ahora poniendo en cuestión y extremando la tensión de las diferencias entre el decir lacaniano y el pensar del filósofo. Si bien queda señalado una vez más el parentesco, incluso la fraternidad en el decir, sobre todo en lo que de Destruktion propone Heidegger respecto del pensar occidental, sin embargo, la imposibilidad en la que funda su vacío central la teoría psicoanalítica resulta de muy difícil aprehensión desde el campo de la filosofía. A propósito de la posibilidad de sentido vs. la imposibilidad del ser, aclara bastante esta división de aguas una oportuna referencia de Raúl Sciarreta apuntada convenientemente por López. En esta parte del libro, que abunda en referencias y generosos desarrollos relativos al Heidegger de posguerra, posterior a Die Kehre (el giro o viraje), escribe el autor: “Heidegger baliza el camino de Lacan en su retorno a Freud, pero la doctrina, no solo sobre la letra, sino también sobre el ser, es la freudiana”.

Hacia el final del capítulo de comentarios del tomo II, encontramos un trabajo de Héctor López sobre “El tratado de la argumentación” de Chaïm Perelman, otra referencia lacaniana. Este trabajo procede con el texto de Perelman del mismo modo que lo ha hecho con las otras referencias: primero, situando el contexto en que Lacan lo introduce; luego, revisando lo publicado al respecto; por último, produciendo una observación sobre el material de referencia, y resaltando allí dos cosas: por un lado, a qué puntos de él se refiere Lacan y para qué; por otro, qué cuestiones han quedado intocadas por los autores que han escrito previamente sobre el tema. El resultado es un trabajo claro, preciso y penetrante, que toca no solo a la especificidad de la metáfora en la “instancia” sino al modo en que los conceptos de sujeto y ser se articulan a ella, y de pasada es una clase rigurosa acerca de cómo debe proceder metodológicamente un analista interesado en investigar sobre un tema específico.


Los anexos

“Algo está ahí (en un tiempo localizable) para ser leído con el lenguaje, cuando todavía no hay escritura”, nos recuerda y precisa Teresa Traynor apoyándose en el seminario sobre la identificación para abordar luego la célebre conferencia “Lituraterre”, a propósito del destino de la letra después de “la instancia”, en el sólido artículo que abre el capítulo de anexos del tomo I.

Si el compendio exhaustivo de referencias y los comentarios y explicaciones de las mismas (que en definitiva constituyen artículos independientes que de por sí conforman un libro dentro del libro) dan al trabajo de Héctor López el peso de una obra fundamental, los anexos presentes en ambos tomos merecen una consideración aparte.

“Un marxista no puede considerar el idioma como una superestructura sobre la base, confundir el idioma con la superestructura significa incurrir en un serio error”. ¿Que si Lacan o acaso Héctor López se han vuelto marxistas en esta cita? No señores, el que habla allí es José Stalin y hasta la publicación de la “instancia” de López el texto constituía una referencia inhallable.

Siguiendo con la materialidad de la letra, leemos: “Por tanto, hay signos que entre las cosas que significan se significan a sí mismos”. ¿Que si la frase es de Condillac, Destutt de Tracy, Maine de Biran, Austin, Foucault, Recanati o Lacan? No, se trata del diálogo de San Agustín con su hijo Adeodato, data del año 389 y lo encontramos en el anexo del tomo I. Allí también leemos acerca de la conveniencia de “un modo de decir interrumpido, con silencios y con detenciones… de esta suerte el otro se echará a adivinar aquel no sé qué, que tal vez no creería si lo oyese, y lo creerá porque piensa que él mismo es quien lo ha acertado”. ¿Que si se trata de un fragmento de L’etourdit, o un comentario sobre él que explica el decir a medias del analista? No, se trata de las Instituciones Oratorias de Marco Favio Quintiliano.

Mencio, Mauriac, Valery, Tardieu, Strauss, Silberer, Pascal, ellos completan los anexos de ambos tomos, convirtiendo de este modo a la “instancia” de López en una especie de Enciclopedia sobre “La instancia de la letra”. En todo caso, una Enciclopedia crítica y comentada.


Recapitulando

La “instancia” de Lacan, de Héctor López, constituye un corpus literario ordenado por el decir de un analista que arriesga en cada letra su lectura, entendiendo que ello importa un acto que pone en juego necesariamente su posición enunciativa.

Dicho corpus está habitado por referencias que en un orden secuencial pueden ser fácilmente ubicadas en el escrito de Lacan, ya que se ofrecen escrupulosamente los números de página correspondientes a distintas ediciones de los Escritos. A la vez, y de un modo subordinado al método -la espiral- dichas referencias secuenciales son acometidas esporádicamente por nociones y conceptos que retornan con potencia renovada para tratar con la materia del texto desde distintos niveles de complejidad con alusiones y resonancias diversas cada vez. El lógos, un nombre de la repetición, tal el anuncio temprano del autor “recorre furtivamente toda la espiral del texto”.

Se destacan producciones originales de gran calidad sobre temas específicos inherentes al objeto de la obra, encaradas con solvencia metodológica, desarrolladas con precisión y creatividad, que saben encontrar sus propios hallazgos -novedosos- como resultados accesorios del objetivo principal del libro (que como dijimos, consiste en el desarrollo de un punto de vista respecto de la obra de referencia). Pero no por accesorios menos importantes: ejemplo de ello son los trabajos sobre la recepción de Tótem y Tabú por parte de los antropólogos, y “Un océano de falsa ciencia”.

Completan el corpus literario once textos que nutren los anexos de ambos tomos, correspondientes a los autores mencionados más arriba, haciendo más evidente con su presencia la participación de la universitas litterarum misma en la obra de Héctor López, y viceversa.

Recapitulando, la exhaustividad de las referencias y sus comentarios críticos, la aplicación de un método para el desarrollo de la investigación, la elaboración de trabajos originales sobre puntos problemáticos específicos, y la presencia en los anexos de la obra de algunos de los textos más difíciles de encontrar referidos por Lacan “muchas veces sin título ni nombre de autor”, erigen a La “instancia” de Lacan por su calidad investigativa, su escucha sutil y su imponente extensión, en una nueva especie entre las publicaciones sobre psicoanálisis, algo así como una Summa Analiticae.

Con Jean Starobinsky y los anagramas de Saussure, toma otra dimensión la sugerencia de Héctor López de predisponer el oído para escuchar analíticamente el escrito de Lacan. Seguramente, para nombrar al autor de La “instancia” de Lacan, aunque no se mencionen campos de trigo y cebada ni barbas plateadas, se dirá que su pluma no era avara y tenía oído.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Si todo está determinado... ¿para qué los analistas? 
» Imago Agenda Nº 169 | abril 2013 | Unidos por interés. Clínica de la folie à deux 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | El problema de la posesión demoníaca 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Joyce, el sínthoma: invención y suplencia 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | A la pesca de la Verwerfung 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Reseña del libro Posiciones perversas en la infancia  de Lujan Iuale, Luciano Lutereau y Santiago Thompson. Ed. Letra Viv

 

 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com