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   Colaboraciones exclusivas

La referencia a la hipótesis anagramática de Saussure en la enseñanza de Lacan
  El sujeto en fuga
   
  Por Juliana Zaratiegui
   
 
En el presente trabajo se rescata una referencia de Lacan al trabajo de Saussure con la poesía védica y latina en el escrito "Instancia de letra o la razón desde Freud" y en el Seminario, Libros 20 y 21. El interés que reviste esta referencia, radica en tres cuestiones articuladas:

  • Alude a la polifonía de la cadena significante inaugurando la posibilidad de una lectura de un texto en otro texto bajo la forma de un tema o asunto. Lacan coloca, de este modo, en el tablero del campo del psicoanálisis un sujeto al que intentará darle su especificidad diferenciándolo del sujeto de la filosofía. Para ello partirá del descentramiento de este último propuesto por el estructuralismo1 para volver a incluirlo en su propuesta con el sesgo de este recorrido: en virtud de la presente referencia, y como se verá, el sujeto quedará extendido en un texto y resultará de una combinatoria.
  • Permite deducir la posición de Lacan respecto de una formalización en psicoanálisis que incluye lo particular. Un particular con el que se sale del puro determinismo que propone el estructuralismo, pero sin dejar de apoyarse en él.
  • El inconsciente

En "La instancia de la letra o la razón desde Freud", Lacan desarrolla la estructura del significante. Para ello, se apoya en la teoría del signo saussuriano leída en clave levistraussiana, es decir, haciendo hincapié en la función significante, en la medida en que el significante impone sus leyes sobre el significado.2
Establece que la letra es la estructura localizada del significante.
Con estructura, alude a que la letra ejemplifica la función significante.3 Una letra pareciera que en sí misma no significa nada, pero Lacan toma como referencia las letras chinas y señala que para éstas se encuentran un abanico de sentidos en el diccionario, así como sucede con nuestras palabras. Las definiciones de ambas están limitadas a cierta cantidad de empleos; pero articuladas en un juego combinatorio da lugar a un sentido que se propone como modificación de su empleo ya aceptado.
Con localizada, se refiere al vínculo posicional de los significantes que determina que no es lo mismo decir Pablo pega a Pedro que Pedro pega a Pablo. En "Intervención tras una exposición de Claude Levi-Strauss en la Sociedad Francesa de Filosofía…", Lacan afirma:

Diré que los significantes están hechos de algún modo para seriarlos, para organizarlos, para llevar a cabo una elección. Ese es el fondo sobre el que se inscribe la experiencia analítica…4

Por otra parte, Lacan afirma que el significante se articula según las leyes de un orden cerrado; es decir, que el juego combinatorio da lugar a un sentido distinto pero no a cualquiera, es decir, las leyes limitan el juego. Esta propiedad se desprende del planteo de Saussure acerca de la mutabilidad e inmutabilidad del signo lingüístico.5 En función de esta propiedad, Lacan establece que el sustrato topológico del significante es el de la cadena, que define como anillos de un collar que se sella en otro collar hecho de anillos.6 En esta definición introduce la bidimensionalidad del significante que habilita un sentido en un texto más allá de su empleo común.

En el Curso de lingüística General de F. de Saussure, la cadena hablada es lineal y horizontal, es decir, unidimensional: un significante tras otro, determinada por la línea del tiempo.7
¿En base a qué ideas produce Lacan el salto para pasar a considerar a la cadena significante de dos dimensiones? La respuesta más a la mano apuntaría al trabajo de Levi-Strauss acerca de los mitos, en función de sus desarrollos sobre la estructura; pero de seguir por este camino no se caería en un error sino en una imprecisión. Lacan indica por donde buscar señalando hacia la hipótesis anagramática de Saussure. En esta fuente ha bebido el mismo Levi-Strauss para armar la grilla de lectura estructural, y hacia ella se dirige Lacan. En “La instancia de la letra…” dice:
Pero la linealidad que F. de Saussure considera como constituyente de la cadena del discurso, conforme a su emisión por una sola voz y a la horizontal en que se inscribe en nuestra escritura, si en efecto es necesaria, no es suficiente. No se impone a la cadena del discurso sino en la dirección en que está orientada en el tiempo…
Pero basta con escuchar la poesía, como era sin duda el caso de F. de Saussure, para que se haga escuchar en ella una polifonía y para que todo discurso muestre alinearse sobre los varios pentagramas de una partitura.8

Luego, en el año 1966, cuando edita sus escritos, agrega una nota a pie de página en relación a este párrafo que dice:

La publicación por Jean Starobinsky, en el Mercure de France de febrero de 1964, de las notas dejadas por Ferdinand de Saussure sobre los anagramas y su uso hipogramático, desde los versos saturninos hasta los textos de Cicerón, nos da la seguridad que nos faltaba entonces.9

Si bien el artículo de Starobinsky se dio a conocer en el año 1964, es posible suponer que Lacan tenía conocimiento del trabajo de Saussure con la poesía a través de Roman Jakobson. Jakobson ha sido divulgador y practicante de la hipótesis anagramática de Saussure en sus análisis semióticos de la poesía y se ha transformado, de este modo, en el principal responsable de su vigencia y valoración científica en los medios filológicos. Jakobson proclamó que el anagrama poético transgredía las dos leyes fundamentales establecidas por el propio Saussure: la de la arbitrariedad del signo y la de la linealidad de los significantes.10
En este artículo, se intentará demostrar cómo, relevando el trabajo completo de Saussure, es decir aquél sobre la lengua y sus desarrollos sobre poética, Lacan establece un funcionamiento de la estructura que incluye un sujeto como un tema que se repite y que es legible en función de una combinatoria.

En el rastreo de lo publicado sobre el tema en el campo del psicoanálisis, se encontró sólo un artículo titulado "El enigma de los anagramas de Saussure"11, escrito por el psicoanalista Héctor López. En él, subraya el problema del autor de la poesía saturnina. Plantea que los anagramas leídos por un psicoanalista, devienen una prueba de un saber que se escribe por su cuenta, y que muestra la repetición y legalidad propias del inconsciente freudiano a expensas de la unidad del sujeto. Afirma que el autor se desconoce en su dependencia de la materialidad de la letra. Considera al poeta de los versos saturninos como un sujeto dividido entre su inspiración y las vías trazadas por las leyes del lenguaje que van dejando marcas en el texto. De este último renglón se desprende que habría cierto anclaje del sujeto dividido en la persona del poeta, ya que no queda demasiado claro de donde provendría la inspiración, el texto parece indicar que no lo haría del lenguaje.

Hipótesis anagramática de Saussure

Paralelamente al Curso de lingüística general, Ferdinand de Saussure se entregaba con pasión al estudio de ciertas figuras fónicas en varias tradiciones literarias del dominio indoeuropeo como los versos saturnios, entre otros. Y al escuchar uno o dos versos, oía surgir en forma discontínua los fonemas principales de un nombre propio, separados entre sí por elementos fonéticos indiferentes.

Los Cahiers d’Anagrammes, cuadernos que recogen las reflexiones del lingüista, permanecieron inéditos por más de medio siglo, cuando Jean Starobinsky, en el año 1964, los da a conocer en un artículo, al que ya se ha hecho mención, aparecido en el Mercure de France, con el título de "Los anagramas de Ferdinand de Saussure". Luego Starobinsky publica en el año 1971 un compilado al que da el nombre de Las palabras bajo las palabras. Los anagramas de Saussure. El desinterés por este tema y la demora en su publicación, respondería, en primer lugar, al prurito de Saussure respecto del estatuto científico de sus hallazgos, así como también a la conmoción que sus planteos suponían respecto de sus desarrollos en el Curso de Lingüística General y lo que ello representaba para la lingüística en ciernes.12

Más precisamente, Saussure descubrió que en la estructura métrico- rítmica de la poesía latina se producían repeticiones de pares de elementos fónicos (raramente Saussure utiliza el término fonema) a los que llamó dífonos (grupos de dos fonemas sucesivos como mínimo, a veces coincidentes con sílabas). Consideró que estas repeticiones eran el producto de la aplicación de una regla consciente seguida por los versificadores. Esta recurrencia tiene por nombre “aliteración”. Un ejemplo que presenta proviene de la Odissia de Livio Andrónico:

IBI MANENS SEDETO DONICUM VIDEBIS
Y señala la correspondencia BI (IBI, VIDEBIS) o la DE (SEDETO, VIDEBIS).

El principio del dífono como unidad irreductible de recurrencias fónicas desactiva la objeción de gratuidad de los acoplamientos monofónicos, y establece un orden mínimo, el de la secuencia difónica. Este análisis de la poesía a partir de elementos pares llevó a Saussure a descubrir que las insistentes aliteraciones, rimas interiores y acoplamientos fónicos variados en los versos de la Ilíada y la Odisea, en la epopeyas germánicas y en los himnos Rig-Veda parecían tender a evocar un nombre propio, que era el del dios o héroe concernido por los versos. Y así, los nombres Agamemnon, Bellerofontes y Zefiros, descompuestos en dífonos resonaban anagraméticamente en el espacio de unos pocos versos homéricos.13

A este anclaje fono- semántico lo llamó “palabra-tema”14. Saussure diferencia su anagrama de su homónimo más tradicional, que supone combinar letras de un nombre en otro15. Para él, en el anagrama se trata de extender las mallas fónicas de un nombre o un pequeño texto, convirtiendo aquel en la matriz sobre la que éste se arma. Esta especificidad fue nombrada como hipogramatismo y es considerada por algunos autores como germen de la textualidad.16
Este modo de lectura de la poesía, envuelve tres cuestiones respecto del lenguaje: el problema del tiempo, el problema del espacio y el del valor.
Saussure se encuentra con el problema del tiempo en el lenguaje: la palabra-tema aparece dislocada, sometida a otro ritmo que el de los vocablos que componen el discurso manifiesto. En este sentido, Starobinsky compara la palabra-tema con el tema de una fuga.

Una fuga es una pieza musical que se basa en un tema que se va tocando en distintas voces y en distintos tonos, y a veces, a diferentes velocidades o con intervalos tonales invertidos o de atrás para adelante. La marca que caracteriza a una fuga es la manera como empieza: con una sola voz que canta su tema. Entra luego una segunda voz que comienza a cuatro tonos por encima o por debajo de donde ha comenzado la primera. Mientras tanto, la primera prosigue su camino cantando el contratema o contrasujeto, esto es, un tema secundario, destinado a suministrarle contrastes rítmicos, armónicos o melódicos al tema. Cada una de las voces va entrando y canta el tema, acompañada por el contrasujeto.17
La analogía de la palabra-tema con una fuga resalta la particularidad de un tema que se repite en el despliegue de un texto o pieza musical y que se arma en función del diálogo de varias voces. Lo que las diferencia es que la palabra-tema nunca se expone como el tema de la fuga, sino que hay que deducirla de una lectura atenta a los posibles encadenamientos entre fonemas espaciados.

De esta lectura puede desprenderse un orden por el que el texto, sometido de oficio a la dimensión temporal, conecta fuera del tiempo lineal sucesivo –pero no fuera de todo orden temporal- dos o más fragmentos.
Esta temporalidad inaugurada por la lectura anagramática desborda la linealidad de los significantes. A la vez, inaugura una espacialidad distinta. La poesía anagramática supone que la palabra como la música –en su dimensión de melodía- es lineal, pero en la medida en que se le agregan los acordes a su lectura, adviene un plus de valor. Entonces el anagrama debe ser entendido como una polifonía.
Se advierte como Saussure da con una temporalidad que no responde a la lógica de la flecha del tiempo, y con un espacio en el que se agrega a la dimensión de la línea horizontal, la de la línea vertical constituyéndose así en un espacio bidimensional.

El anagrama poético consiste entonces en una recolección selectiva que como valor añadido se superpondría a la recolección habitual, y sin interferir con ella, la enriquece con resonancias y la llena de peso mítico.18 Estas resonancias sancionan y refuerzan el tema del relato.

Cuando Saussure se topó con el inconsciente… Lacan acudió al encuentro


Los estudios de Saussure sobre los anagramas están basados en la tesis que afirma que el poeta de los versos védicos, de los Kavis hindúes y de la poesía latina se entregaba, como oficio habitual, al análisis fónico de las palabras. La imposibilidad de tener una prueba indiscutible de la intención anagramática, lo impulsó a abandonar su investigación.19 El sujeto/autor se dio a la fuga. Allí donde Saussure se detiene, Michel Arrivé sostiene que Saussure en su investigación sobre los anagramas, sin buscarlo, se encuentra con el inconsciente y aclara:

Este inconsciente [de la forma] de las lenguas no es asimilable al inconsciente definido por Freud.20
Con la referencia a los anagramas, que Lacan toma para pensar el inconsciente, se puede leer entonces:

  •   Que existe un problema para homologar el inconsciente que propone Freud con el de Lacan. No podría escribirse Freud- Lacan en relación a este concepto.
  • Que en el inconsciente se trata de un tema o sujeto que nada tiene que ver con quien lo dice sino con una operación de lectura por combinación de letras que se repiten.
  • Que el tiempo del inconsciente es un tiempo distinto del lineal, es un tiempo dos que se deduce de la operatoria de lectura.
  • Que el espacio del inconsciente tampoco es lineal, sino que implica dos dimensiones: una vertical y otra horizontal, espacio que Lacan define como “anillos de un collar que se sella en otro collar hecho de anillos”, es decir, dos cadenas enlazadas.
  • Que la lectura del sujeto aporta un valor en plus al texto como resultado.
Lacan con Saussure y el sujeto supuesto saber

En el Seminario 20, Lacan retoma la referencia a los anagramas saussurianos en relación a la estructura del saber y su relación con la verdad. Sostiene que el psicoanálisis se postula con la presunción de que a partir de su experiencia puede constituirse un saber sobre la verdad; y en este sentido, coloca al analista en la posición de interrogar como saber lo tocante a la verdad.
En la clase 8, del 20 de marzo de 1973, dice:

¿Qué es el saber? El análisis vino a anunciarnos que hay saber que no se sabe, un saber que tiene su soporte en el significante como tal. Un sueño es algo que no introduce a ninguna experiencia insondable, a ninguna mística: se leen en lo que se dice de él, y se podrá avanzar si se toman sus equívocos en el sentido más anagramático de la palabra. En ese punto del lenguaje se planteaba un Saussure la pregunta de saber si en los versos saturnianos donde encontraba las más extrañas puntuaciones de escrito, eran o no algo intencional. Allí es donde Saussure espera a Freud. Y se suscita de nuevo la pregunta del saber.21
El saber del que se trata en un análisis tiene estructura significante, es por eso que propone leer los sueños en relación a lo que se dice de ellos y en clave anagramática, tal como Saussure proponía leer la poesía, el resultado de ello renueva la pregunta por el saber.22

En la misma clase continúa:
¿Es necesario todo este rodeo para hacer la pregunta del saber bajo la forma no quién sino qué sabe?
A partir de los desarrollos del estructuralismo, se abandona la pregunta por las intenciones del autor y puede darse el paso que Saussure no pudo dar para afirmar que es el lenguaje el que produce saber sin que pueda imputárselo a nadie en particular. “Eso” habla.
Continúa:
¿No se dan cuenta que es el Otro? Lo postulé al inicio como lugar donde el significante se postula, y sin el cual nada nos indica que haya en ninguna parte una dimensión de verdad, una dichomansión, la residencia de ese dicho cuyo saber postula al Otro como lugar. El estatuto del saber implica como tal que, saber, ya hay, y en el Otro, y que debe prenderse. Por eso está hecho de aprender.
El saber, se encuentra en el Otro, en los dichos que se encuentran en el Otro como lugar, y ya están ahí. Queda claro en esta cita que el saber no es de nadie. Lacan en las dos últimas frases de la cita realiza un juego de palabras entre se prendre (prenderse) y apprendre (aprender), que en castellano se pierde. Según el diccionario Le Grand Robert se prendre significa hacerlo suyo para tenerlo, utilizarlo, hacerlo pasar de un lugar a otro y apprendre alude a la adquisición de conocimiento acerca de algo.

Continúa la cita:
El sujeto resulta de que este saber ha de ser aprendido…23
Es decir que el sujeto es un resultado de una operatoria con el saber que podría proponerse en la relación entre aprender y prender con las acepciones que se situaron anteriormente. Que el sujeto deba ser aprendido, refuerza la hipótesis de este artículo, que lo señala como un asunto o tema. Y, en función del juego de palabras mencionado con anterioridad, podemos agregar que ese aprendizaje tiene un valor de uso.

En el Seminario, Libro 21, da un paso más en relación a este tema y, a la vez retoma en forma de bucle lo planteado al respecto en La instancia de la letra. Propone que el saber se inventa con letras enlazadas, sólo basta con una redistribución para que algo nuevo se produzca. Por tanto el saber está en articulación con lo que se escribe. En esta clase afirma que es para enfatizar esta dimensión de invención del saber, que deslizándose desde el escrito Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis, intitula a otro de sus escritos -al que considera pivote- Instancia de la letra en el inconsciente y no Instancia del significante en el inconsciente. Lacan produce un salto teórico de un escrito al otro a través de la apelación a la lógica como ciencia de lo Real; en la medida en que considera que esta última se ha abierto a partir de un vaciamiento de sentido de las palabras para sustituirlas por letras. En este contexto propone respecto de los anagramas:

Planteo aquí la pregunta: ¿Acaso el anagrama, en el nivel en que Saussure se interrogaba, o sea en el nivel donde en los versos llamados saturnales puede encontrarse justamente el número de letras necesario para designar un dios, sin que nada del cielo pueda socorrerlo para saber si era la intención del poeta haber rellenado lo que tenía que escribir ya que lo escrito funcionaba ya, por haberlo rellenado con cierto número de letras que fundan el nombre de un dios?24

Lo escrito funciona más allá de las intenciones del autor y las letras fundan el nombre del Dios, lo crean.

¿No se siente aquí que incluso cuando no está soportado por nada, por nada que podamos atestiguar, es preciso que admitamos que es lo escrito lo que soporta, que hay aquí una suerte de entidad de lo escrito?¿Cómo traduciremos “entidad”?. ¿La empujaremos del lado del ser o del lado del ente? ¿Es ousia o es on? Creo que será mejor abandonar esta dirección.25

En este párrafo, Lacan afirma que lo escrito tiene entidad, pero que la misma no debe buscarse ni por la vía del ser ni por la vía del ente, sino por la del supuesto.

Y les propongo como fórmula de lo escrito el saber supuesto sujeto.26
Según el Diccionario de la Real Academia Española, supuesto significa: objeto y materia que no se expresa en la proposición, pero es aquello de que depende, o en que consiste o se funda, la verdad de ella; y, en su segunda acepción, suposición, hipótesis. Es decir, al saber, que reside en el Otro, se le supone un sujeto o tema. Lacan sitúa a este supuesto, en función de lo escrito, en el lugar de un borde; en la medida en que deja de escribirse, porque no se expresa en la proposición, pero no deja de repetirse en la medida en que se hace presente ordenando la misma. Establecer este supuesto sujeto/tema es lo que da lugar a un análisis.

Tal como se ha establecido en este artículo, existe un determinismo del orden simbólico en la medida en que el saber reside en el Otro desde siempre. En este sentido, el sujeto en su acepción de individuo, persona autónoma se da a la fuga, desaparece, en la medida en que su vida, lo sepa o no, se encuentra trazada por el farfullar de sus antepasados. ¿Es posible situar alguna condición particular en este marco? Si el orden simbólico atraviesa a todos por igual, ¿cómo situar las diferencias, el caso por caso? La lectura del sujeto como tema o asunto habilita esta posibilidad, en la medida en que establecerlo da como resultado un caso. El sujeto está hecho de una combinatoria de letras que se encuentran alojadas en el Otro como dimensión del dicho. Es decir, se delimita un particular que incluye el determinismo que impone tanto las leyes del lenguaje como las de la historia. Y en la medida en que se trata de letras, se habilita la posibilidad de la creación con la que se produce el rescate del sujeto/tema del puro determinismo.


Bibliografía
Lacan, J. (1985): “La instancia de la letra o la razón desde Freud”. Escritos. Buenos Aires: Siglo XXI.
Lacan, J. (2005): Discurso a los católicos. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (2009): Intervención tras una exposición de Calude Lévi- Strauss en la Sociedad Francesa de Filosofía, “Sobre las relaciones entre la mitología y el ritual”, con la respuesta de este…. El mito individual del neurótico. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (1981): El Seminario. Libro 20. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (1974): El Seminario. Libro 21 (Inédito).
Roudinesco, E. (2000): Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Colombia: Fondo de Cultura Económica.
Hofstadter, D. (2003): Göedel, Escher, Bach un eterno y grácil bucle. Barcelona: Tusquets.
Saussure, F. (1983): Curso de Lingüística general. Madrid: Alianza.
Starobinsky, J. (1985): “Los anagramas de Ferdinand de Saussure”. Ferdinand de Saussure. Fuentes manuscritas y estudios críticos. Mexico: Siglo XXI.
Rodríguez Ferrándiz, R. (1998): Polifonía del signo en Saussure. Los anagramas y el curso de lingüística general. Rev. E.L.U.A Estudios de Lingüística Universidad de Alicante n° 12.
Arrivé, M. (2001): Lingüística y psicoanálisis. Mexico: Siglo XXI.


1 Cf. Zaratiegui, J.(2008): “La noción de estructura en el escrito Función y campo de la palabra y el lenguaje de Jacques Lacan”. El Rey está desnudo N°1.
2 Cf. Lacan, J.(2009): Intervención tras una exposición de Claude Lévi-Strauss en la Sociedad Francesa de Filosofía, “Sobre las relaciones entre la mitología y el ritual”, con una respuesta de este. El mito individual del neurótico. Paidós: Buenos Aires. p.104.
3 Cf. Lacan, J. (2007): El triunfo de la Religión. Precedido por el discurso a los católicos. Paidós: Buenos Aires. pp. 25-26.
4 Lacan, J. (2009): El mito individual del neurótico. Paidós: Buenos Aires. p. 109.
5 Al respecto en el Curso de lingüística General, Saussure dice: Si con relación a la idea que representa, aparece el significante como elegido libremente, en cambio, con relación a la comunidad lingüística que lo emplea, no es libre, es impuesto. A la masa social no se le consulta ni el significante elegido por la lengua podría tampoco ser reemplazado por otro. Este hecho, que parece envolver una contradicción, podría llamarse familiarmente la carta forzada. Se dice a la lengua “elige”, pero añadiendo: “será este signo y no otro alguno”. La carta forzada es una expresión del francés coloquial que Lacan utiliza en dos oportunidades en su enseñanza – en El Seminario Libro 8 y en “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, en este último caso traducido por Tomás Segovia por mapa forzado- que tiene un sentido que es ni más ni menos que el siguiente: “La carta a jugar que el prestidigitador fuerza al espectador a extraer, mientras éste cree elegirla”. o también “Una solución impuesta por otro o una acción que hay que cumplir a pesar de uno”. Cf. Saal, F. (1997): “La carta forzada de la clínica”. El laberinto de las estructuras. Siglo XXI: México. Lacan relaciona la carta forzada a la respuesta en la neurosis y la opone a la función de la pregunta.
6 Lacan, J. (1975): “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”. Escritos 1. Siglo XXI: Buenos Aires. p. 481.
7 Saussure, F. (1983): Curso de lingüística general. Alianza: Buenos Aires. p. 141-142, 197
8 Lacan, J. (1985): “La instancia de la letra o la razón desde Freud”. Escritos 1. Siglo XXI: Buenos Aires. p. 483.
9 Op. cit. p.483, nota 14.
10 Tal como lo afirma Elisabeth Roudinesco en el libro Lacan. Esbozo de una vida, historia de un pensamiento, es precisamente de la mano de Jakobson que Lacan despliega su teoría del significante. Es decir que su lectura de Saussure estaba orientada por el lingüista ruso. Roudinesco plantea que con la construcción de su teoría del significante Lacan renuncia a toda ontología, la que arrastraba desde Función y campo con la referencia a Heidegger. (2000) Fondo de Cultura Económica: Colombia. p. 338-339.
11 López, H. (2001): Nexos. , v.14, n.1, p. 29 – 32.
12 En la medida en que, como ya fue explicitado con anterioridad, sus descubrimientos en el ámbito de la poesía transgreden los dos caracteres fundamentales del signo lingüístico.
13 Rodríguez Ferrándiz, R. (1998): Polifonía del signo en Saussure. Los anagramas y el curso de lingüística general. Rev. E.L.U.A Estudios de Lingüística Universidad de Alicante n°12. pp: 227-247.
14 En francés “mot-thème”. Según el diccionario de francés Le Grand Robert la palabra thème significa sujeto, idea, proposición que se desarrolla en un discurso, una obra didáctica o literaria. En francés la palabra sujeto mantiene más fuertemente la acepción de tema o asunto que en castellano. Si bien en el diccionario de la Real Academia Española la palabra sujeto tiene como acepción asunto o materia, en el uso común del término la acepción más fuerte es la de persona innominada.
15 Estos anagramas se encuentran comúnmente el última página de los diarios junto con otros juegos de palabras.
16 La textualidad es lo que se estudia en una disciplina que nació en la década del ’70 llamada Análisis de discurso y que tuvo una gran influencia en los desarrollos de Lacan a partir de su trabajo sobre los cuatro discursos.
17 Bach ha sido uno de los grandes maestro en el arte de las fugas.
18 Tal como señala Rodríguez Ferradiz (op. cit. p. 238): es claro que para Saussure la palabra- tema era un nombre propio, y que la semántica de éstos parece hacer dificultosa su proyección como tópico textual. No obstante, no olvidemos que el nombre propio saussuriano es invariablemente mítico, funcionando perfectamente como clave de un micro-relato en el que se evidencian textualmente las descripciones definidas que corresponden a ese nombre propio en la tradición.
19 Existe una anécdota que cuenta que Saussure, deseoso de hallar una “prueba viva” de su tesis, localiza y escribe a Giovanni Pascoli, poeta italiano contemporáneo, cuyos versos latinos analiza en clave anagramática. En sus cartas le pregunta acerca de la intención en esta construcción. Nunca obtuvo respuesta. Cf. Rodríguez Ferradiz, R. Op. Cit y Arrivé, M. (2001): Lingüística y psicoanálisis. Siglo XXI: México.
20 Arrivé, M. (2001): Op. cit. p. 28.
21 Lacan, J. (1981): El Seminario. Libro 20. Buenos Aires: Paidós. p.116.
22 Ibid. p.116-117.
23 Ibid. p.116-117.
24 Lacan, J. (1974): El Seminario. Libro 21. (Inédito)
25 Ibid.
26 Ibid.
 
 
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