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   Lo Real como límite en psicoanálisis

¿Lo Real es realmente un límite al psicoanálisis?
  Por Rubén Zukerfeld
   
 
Introducción: un cuento sin moraleja. ¿Es lo Real un límite al psicoanálisis? Si lo entendemos como lo que está fuera del lenguaje y es inadmisible a la simbolización –como define el último Lacan– y además se piensa que la clínica psicoanalítica es a pura palabra, la respuesta es sí. Pero si se entiende que esta inadmisibilidad es constitutiva y se expresa desde el buen andar en bicicleta hasta el conocimiento relacional implícito, desde el hábito al goce y desde la eclosión somática hasta la irrepresentabilidad de la vivencia traumática mi respuesta es no. No se trata estrictamente de un límite al psicoanálisis sino más bien un obstáculo para los psicoanalistas, en especial para los que no han podido aún pasar de una escucha monoaural a una escucha estereofónica.

El psicoanálisis –como es sabido– nace de la histeria. Esta “madre” fundacional del descubrimiento freudiano ha sido reconocida, valorada y convertida en el epígono carismático de un pensamiento que cambió la forma de conocer al sujeto humano. Pero como toda madre omnicomprensiva, ha hecho también estragos. El cuento –al que alude el subtítulo– es que Madre Histeria es muy atractiva, y junto con sus primas Neurosis Obsesiva y Fobia constituyen una familia representativa y significante. Y esta familia se invistió como la familia rica con la riqueza propia de ese inconsciente reprimido que retorna en sus formaciones, y que el analista arqueólogo descubre. Y como toda familia rica tiende a ocultar algo de sus orígenes –los parientes pobres– que podrían perturbar su prestigio. Y esta parentela pobre y necesariamente olvidada la constituyen sus hermanas Neurosis Actuales. En los inicios de sus estudios psicopatológicos Freud planteó con toda claridad que en toda neurosis de transferencia existía un núcleo de neurosis actual. Es decir: en toda manifestación de alta jerarquía simbólica hay algo “inadmisible a la simbolización”, es decir algo no interpretable en el sentido de no descifrable porque nunca se cifró. Pero los modelos freudianos del aparato psíquico no parecieron incluir ese núcleo que tan tempranamente Freud había alertado en su clínica porque en realidad hasta 1927 existió un inconsciente homogéneo basado exclusivamente en la dinámica de la represión. Esto no se modificó ni con la introducción del narcisismo ni con el más allá de 1920.Pero ya por esa fecha la positividad de aquella familia neurótica se ve afectada no solo por aquellos parientes pobres, sino por una prima lejana y negativa: la Perversión. Y con ella aparecen la formulación freudiana de la escisión y la coexistencia. Ahora spaltung no separa solo un “arriba” de un “abajo” sino que plantea existencias simultáneas en un mismo plano, es decir que a la barra horizontal que representa a la represión se le adosa la barra vertical que representa a la escisión.

Los mestizos y la estereofonía. Considero entonces que independientemente de cómo se establezca su origen, se trata de la “coexistencia de dos posturas psíquicas” una que gira alrededor del Ideal del Yo donde opera la represión y es la fuente de la intersubjetividad y otra –apartada, escindida– que es la sede de la desmentida radical y a su vez ha sido constituida por ella: el Yo Ideal permanente, monádico, duplicante y de pura descarga que no reconoce la alteridad.
Y con ésto quiero decir que en todo acto psíquico, en todo producto de la subjetividad y en su misma construcción, conviven constantemente el enmascaramiento represivo y la eficacia de lo no representable asociado a la pregnancia inevitable del narcisismo tanático. Desde allí conviene recordar que entre la primera y segunda tópica Freud introdujo el narcisismo pero que éste no tuvo su figuración tópica. Mas, desde el momento que es posible diferenciar un Ideal del Yo y su sesgo imaginario y simbólico, de un Yo Ideal inscripto en el orden de lo Real, están dadas las condiciones para revisitar la tópica freudiana en línea con Freud. Aquí es importante hacer una lectura de acuerdo a lo que entiendo como “lógica de autor”. Así es que cuando Freud descubre la represión lo que describe al principio es solo un mecanismo de defensa de ciertas enfermas llamadas histéricas. Luego resulta ser también el mecanismo de defensa de ciertos enfermos obsesivos y fóbicos. Y finalmente es la noción estructurante y universal del psiquismo humano. La misma lógica se percibe cuando describe la escisión como el mecanismo de defensa de los fetichistas. Luego lo planteará no solo para esas patologías sino también para la psicosis. Y finalmente como mecanismo general del Yo “joven” frente a lo disruptivo y en las neurosis en general. Por ésto pensar la escisión no solo como un mecanismo de defensa, sino también como un mecanismo estructurante y universal solidario de la represión primaria, es una posibilidad que entiendo de valor heurístico. Para aceptar esta caracterización hay que estar de acuerdo también en que en Freud la posibilidad de ligadura representacional se establece en condiciones económicas definidas por el principio de constancia. Tanto la pulsión con su anclaje somático, como la condición siempre in-justa del objeto auxiliar inexorablemente generan magnitudes no ligables que dejan huellas activables pero no evocables. Esto implica que coexistirá para siempre aquello que es subsidiario de la legalidad edípica y el conflicto, con aquello que queda apartado, no reprimido, que consideramos escindido y que en parte se expresa como déficit. Esto significa también que existe desde el vamos una heterogeneidad inconsciente radical, es decir distintos modos de procesamientos inconscientes en la patología, en la salud y en la cotidianeidad de las memorias declarativas y las implícitas, del recuerdo narrado y de la memoria del cuerpo. Esta coexistencia de lo reprimido con lo inconsciente escindido, es lo que entendemos como “tercera tópica”. (ver Figura 1).


Se trata de una concepción teórico-clínica de tres espacios psíquicos que extiende la noción de inconsciente dentro de una tópica de sesgo freudiano sosteniendo la universalidad y la coexistencia de procesos inconscientes que determinan que todos sus productos sean “mestizos”. En ella además describimos tres dinamismos: el clásico de la represión (1) que determina qué accede y cómo a la conciencia, el de la escisión (2) como vaivén que determina el predominio en la percepción de aquello expresable en el orden de la palabra y/o de aquello inefable propio del orden somático y del acto, y finalmente la dinámica vinculante de los procesos terciarios (3) que ponen en relación a esos dos órdenes. Esta última dinámica constituye la articulación de la riqueza fantasmática del Preconciente con lo que se encuentra escindido: es justamente el campo donde se desarrolla lo que denominamos el potencial heurístico del sujeto a través del lazo social con el otro, es decir el campo de la creación de lo nuevo. No se trata aquí solo de descifrar sino de crear, de inventar un sentido, de generar una narrativa verosímil y compartida, lo que es posible solo en transferencia con un vínculo significativo. La importancia –a mi modo de ver– de introducir lo escindido como fundante y estructurante es jerarquizarlo como apartamiento o separación originaria, universal y persistente que implica la posibilidad de puentes no reduccionistas con otras disciplinas que se ocupan de la mente y de la construcción de subjetividad. En esta concepción no hay un centro y por tanto no hay bordes sino que el descentramiento y la complejidad es intrínseca al funcionamiento psíquico, de modo que el analista siempre oirá dos canales simultáneamente.

Ahora la escucha puede ser estereofónica.



Ni el “atracón” ni la “depresión” existen. Así es que lo inconsciente escindido implica reformular la posición psicoanalítica frente a la patología de modo de poder pensar que en todo síntoma hay algo inefable y que en todo lo inenarrable hay algo sintomático. Y que el analista lidia siempre simultáneamente con el [su] conflicto y el [su] déficit. En este sentido las clínicas del desvalimiento, de los excesos, del acto, de las toxicidades no serían ni bordes ni límites a la acción psicoanalítica, porque aunque no lo veamos la carencia o el acto siempre está1 en cualquier expresión neurótica, y el deseo y sus vicisitudes se infiltran también en las llamadas patologías no neuróticas.
El modelo de la tercera tópica radicaliza entonces la noción de mestizaje de las manifestaciones sintomáticas ya presente en las teorizaciones freudianas. Esto se plantea así porque “lo inadmisible a la simbolización”, lo irrepresentable acompaña siempre a lo simbolizable y simbolizado. En la clínica si se piensa así se descubrirá por ejemplo que esa ordalía bulímica epocal está en realidad plena de atracon 2/ es o de at / racones o tal vez de atra / cones pero nunca de “atracones” porque toda formación clínica es mestiza.
Y también en el caso del “señor A”. que es un hombre de 55 años, técnico industrial, que trabaja en la empresa que fundó el padre, un importante ingeniero, quien falleció hace cinco años. Desde ese entonces él debe hacerse cargo de otras funciones “y hace un tiempo se generaron problemas que no me dejan dormir”. Describe entonces episodios de insomnio con angustia que atribuye a las exigencias laborales. En un momento de la entrevista los ojos se le llenan de lágrimas: “discúlpeme doctor –¿o licenciado?– pero me cuesta hablar de mi separación. Ella tuvo razón en dejarme porque la verdad, quién puede estar con alguien como yo...”. “Decía que estaba cansado de alguien tan rígido. Me quedé solo... pero estaba bien. Ahora no se qué me pasa, no tengo hambre; en realidad no tengo ganas de nada, a veces pienso que lo mejor sería morirse...” Relata que su madre falleció cuando él tenía cinco años y su padre no tuvo más ganas de vivir y lo medicaron con antidepresivos al igual que a un tío suyo que se suicidó. “Hizo bien, cuando uno no quiere vivir ¿por qué tiene que seguir?”. ¿Usted quiere saber si yo me quiero suicidar? Ya otras veces lo intenté y me internaron. Hoy no sabía si venir aquí o irme con el auto por la Panamericana...”.
¿Se puede decir que el señor A. padece una “depresión” con todo el sentido homogeneizante que posee el término? De acuerdo a lo aquí desarrollado sucintamente en el señor A. encontraremos momentos de de / presión, mejorando hacia la depre / sión y empeorando hacia la d / epresión donde reina el predomino absoluto de lo escindido con sus riesgos y la necesidad de la intervención psicofarmacológica. Pero el analista aún se vincula con esa “de” que representa la circulación de una palabra que quizás devele el significado de “licenciado-doctor” en la historia de “técnico-ingeniero”, o la pérdida de esa esposa-madre y esa identificación paterna. Y el analista además debe y puede soportar la / presión de lo Real presente tal vez en una genética peculiar. Lo Real está siempre y es obstáculo si no se lo escucha. Pero el analista que trabaje en estereofonía escucha ambos parlantes y habla, y al hacerlo se ofrece y al ofrecerse no solo habla y algo de lo Real es capturado.
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1. Como el sol de la famosa ópera rock Hair.
2. “/” representa la escisión que hace que no haya manifestaciones clínicas homogéneas.
 
 
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