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   Comentario de libros

Investigar la subjetividad
  de Gabriel Pulice, Federico Manson y Oscar Zelis (Letra Viva, 2007)
   
  Por Miguel  Calvano
   
 

Podríamos pensar alguna fantasía oral para representar la relación libro-lector: los libros comidos por los lectores, libro objeto digerible o indigesto para la economía digestiva de sus lectores, posición, muchas veces, de analistas principiantes y a veces no tanto. Borges pensaba distinto, pensaba el viejo que a la noche las letras del libro se desordenaban...y se iban y que al volver a abrir el libro...las letras se ordenaban otra vez, una suerte de toy story literaria. El lector, el ojo lector, organiza al texto deteniendo la “natural” irreverencia de la letra, esa sería la ley de lectura borgeana.
Este verano leí la novela de Saer La grande. La ley que me impuso ese libro fue otra: me tomó su escritura, los movimientos de los personajes, su protagonista haciendo un viaje hacia el origen, no pude parar hasta que no concluí su lectura.
La ley de lectura que proponen Pulice, Manson, Zelis e invitados es otra: hay que leerlo pensando, siguiendo sus recovecos, sus articulaciones, sus impasses, sus detenciones, sus conclusiones. Es un libro que hace pensar y pensando “hace” pensamiento, lo crea.

El texto mismo está dividido en dos apartados, precedidos por una introducción. El primer apartado se titula: “Acerca del campo, el objeto y el sujeto de la investigación psicoanalítica”, el segundo se dirije hacia la fundamentación metodológica y sus conexiones con la semiótica de Pierce, la lógica de Wittgenstein y las interconexiones entre ambos. O sea que la fundamentación metodológica tiene una cuadrípoda en las que se asientan el psicoanálisis, la semiótica, la lógica y la filosofía.

Esta compleja articulación se produce para intentar sostener....la práctica analítica, su clínica, “revitalizar el poder terapéutico de la clínica psicoanalítica”, tal como se define en el primer párrafo del libro.
Si Lacan define a la clínica como lo real imposible a soportar, los autores investigan cómo la lógica, la semiótica y la filosofía hacen aportes que el psicoanálisis, particularmente el lacaniano, importa, modifica, transforma, con el objeto de soportar ese real imposible que es nuestro pan de cada día, para seguir con la metáfora oral.
Ahora bien, si se habla de revitalizar... hay una desvitalización supuesta en ese enunciado. En la introducción del libro se orienta, significante que también tiene su insistencia en el texto, se orienta hacia algunas cuestiones sobre la revitalización.

Revitalización que los autores ubican en la multiplicación de prácticas que muchos analistas hacemos. Prácticas ligadas especialmente con el sector que se denomina Salud Mental, los hospitales públicos, las obras sociales e instituciones públicas o privadas de todo tipo que se ocupan, aunque sea subsidiariamente, de atender pacientes.
Revitalización en relación a las intervenciones de los analistas, a cómo pensar no solo la transferencia o la interpretación, sino cómo pensar el dinero, el tiempo, el encuadre, el encuentro/desencuentro con colegas de otras disciplinas que también trabajan con el otrora “mi” paciente.

Una pregunta que podemos hacernos es porque hay psicoanalistas haciendo su trabajo en los hospitales, trabajando en lo que los autores llaman: sistema de salud mental. Durante mucho tiempo hubo una sola y poderosa razón: fuimos durante varias décadas los únicos practicantes que nos ocupábamos de los pacientes, solíamos ser los solitarios acompañantes del personal de enfermería, al menos de los pacientes muy graves.
El retorno de la democracia, alla por el lejano 83 también produjo el ingreso de ingentes masas de profesionales psicólogos y de otras profesiones deseosos de ejercer, de aprender a hacerlo en las esferas públicas.
Quiero decir, hay razones clínicas, hay razones culturales, seguramente ésta es solo una introducción del tema. El asunto es que ya estamos ahí, hace mucho que estamos ahí, cerca de cuarenta años. Muchos de nosotros tenemos responsabilidades de conducción en equipos, en servicios. La cuestión es qué hacemos, cómo pensamos las prácticas, los problemas, no solo los problemas clínicos, los problemas de articulación con otras disciplinas, los problemas de admisión, de derivación, de armado de equipos, en fin problemas de salud mental, aunque esta expresión no es la que más me agrada. Pero el asunto es que el psicoanálisis allí donde se ejerce, cualquiera sea ese lugar, produce efectos en lo real del goce, en lo real de los cuerpos, en lo real del sufrimiento que aqueja al hablanteser.

Ya no crecemos a la sombra como los hongos, Freud dixit, el problema de la globalización ya no lo hace posible, no hay invisibilidad que valga.
Como decíamos en otra época: o los psicoanalistas nos ocupamos de las instituciones o las instituciones se ocupan de los analistas.
Son todas estas cuestiones del psicoanálisis en extensión, anche en intensión. Sobre estas cuestiones trabaja este texto, al menos tiene la lucidez de plantear estos temas.
Y es justamente desde este planteo que el texto se pregunta por la subjetividad. Se pregunta por una subjetividad de época, cómo articular la fijeza de la estructura con la variabilidad que impone cada momento histórico. O sea se plantea sobre la pertinencia de preguntarse por la subjetividad desde esas prácticas “impuras”, se lo plantea ejemplificando con películas, con literatura, no solo con ejemplos de la clínica analítica, que también los hay.
Todas estas cuestiones llevan a interrogar el modo de transitar, circular, el modo de consistir de un analista en este tiempo histórico. Ya no hay una sola manera de hacer ni de parecer analista. El análisis personal, la supervisión, el estudio no son reemplazables ni descartables, continúan con su valor de insustituibles en la formación de un analista. Pero lo demás se ha vuelto más contingente: si una escuela, si otra, si ninguna... cómo decirlo: ya no existe Villa Freud, analistas hay por todas partes.

 Disertación del Lic. Miguel Calvano, en la presentación del libro Investigar la Subjetividad, Buenos Aires, Letra Viva, 2007, realizada el 30 de junio en el Centro Dos.

 
 
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