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   Saber de la historia

Rudolf von Urbantschitsch, el noble que castró a Freud... y a su propia hija (Primera parte)
  Por Mauro  Vallejo
   
 
El 28 de abril de 1879 los ciudadanos de Viena se agolpan en la Ringstrasse para asistir a los festejos de las bodas de plata del Emperador Franz Joseph y la Emperatriz Elizabeth. En una de las lujosas casas que dan a esa calle, cerca de las tres de la tarde nace el hijo de un acaudalado médico, miembro de los circuitos aristocráticos más envidiados. A comienzos de 1890 aquel niño es ya un joven con una vocación muy firme y meditada: transformarse en religioso; la culpa que sus prácticas y fantasías sexuales dejan como saldo no hace más que reforzar su convicción. Hacia fines de 1895, el joven Rudolf retorna a casa luego de sus clases de esgrima, y asiste a un espectáculo que, según dirá en sus memorias, cambió su destino. Una muchedumbre intenta lidiar torpemente con un cerdo que se ha escapado del camión que lo transportaba, y parece imposible lograr que ingrese a la carnicería. El muchacho indica al carnicero qué actitud convenía asumir ante el animal para que éste se dirigiera hacia el negocio. El hombre, un poco descreído, obedece el consejo y todo se soluciona. «Cuando la multitud se dispersó, dos caballeros se acercaron; uno de ellos dijo, “¿Por qué cree que el cerdo actuó de forma contraria a lo que se esperaba de él?” Mi respuesta fue, “Porque su instinto le sugirió no confiar en el hombre, pues finalmente el hombre lo matará; y el cerdo tenía razón” “Eres un niño perspicaz”, dijo el extraño, sonriendo. “¿Qué quieres ser cuando seas grande?” “Un sacerdote católico”, respondí. “¿Por qué no un psicólogo?”, dijo. “Dado que conoces la mente de un cerdo, tal y como tan hábilmente has demostrado, creo que también podrías entender a las personas”»1. El joven, confundido tras esa conversación, siguió caminando con los dos hombres, en dirección a la casa de uno de ellos, ubicada en Bergasse 19. De esa forma Rudolf von Urbantschitsch (1879-1964) conoció a Sigmund Freud. El otro caballero era Joseph Breuer, con quien el joven volvería a conversar a menudo –el terapeuta de Anna O. era amigo del padre de nuestro personaje–, a resultas de lo cual decide cambiar de planes y estudiar medicina para algún día ser psicoanalista.

Las extrañas memorias de este médico vienés permiten conocer algunas de las peripecias de un sujeto que, usando un lenguaje cinematográfico, podría ser definido como una mezcla de Indiana Jones y Forrest Gump. A los 21 años huye de Viena con su prometida, con el objetivo de casarse en Venecia, pues allí era posible obtener un matrimonio por Iglesia. En la ciudad de las góndolas ve que los titulares de los periódicos austríacos se referían a su escape, y decide volver. En su ciudad natal, en Julio de 1900, se casa con su novia judía en condiciones que su familia no acepta, por lo cual se ve obligado a vivir humildemente por los siguientes años. Luego comienza la larga seguidilla de escenas marcadas fundamentalmente por el modo en que, de manera casi inexplicable, Rudolf von Urban convence a las personas para que apoyen sus proyectos. Y ya veremos que Freud no logró escapar a los encantos de este convencedor... Al punto que el creador del psicoanálisis, siguiendo un consejo de este maestro de la persuasión, dejó que sus órganos sexuales fueran intervenidos quirúrgicamente, y vio con buenos ojos el proyecto de abandonar su oficio...

Su primera víctima tal vez haya sido el doctor Konried, director de un exclusivo Sanatorium ubicado en las afueras de Viena. Habiendo obtenido recientemente su título de médico, y sumido en la pobreza, Urban viaja hasta la clínica para pedir ser incorporado al staff. Konried, altanero, se burla de la ingenuidad de este advenedizo, y le comunica que hay una larga lista de espera con médicos deseando ingresar a la institución. Sin saber el motivo de su reacción, el visitante contestó abruptamente: “¡Sin embargo, doctor, dentro de unos días yo trabajaré con usted!” (90). Al regresar a su casa, un telegrama lo esperaba; el doctor Konried le decía que uno de los médicos del sanatorio había abandonado su puesto, por lo cual el trabajo era suyo si podía ir allí de inmediato...

Así comienza un período de abundancia. A pesar de que ingresará al grupo psicoanalítico de Viena recién en 1909, afirma que por ese entonces (1904) sus conocimientos sobre la teoría freudiana le ayudaban a desarrollar mejor su trabajo en el sanatorio (91). A raíz de la jubilación de Nothangel, se le ofrece al profesor Karl von Noorden, de Frankfurt, la dirección de la clínica médica de la Universidad de Viena. Habiendo tomado conocimiento de esa designación, el joven e ignoto médico, luego de cinco meses de experiencia en un sanatorio, decide escribir una carta al prestigioso invitado, aconsejándole la construcción de una lujosa clínica en Viena, para cuya dirección lo más indicado era asignar un médico local. Dos semanas más tarde, von Urban recibe la visita de von Noorden, quien le propone un importante cargo en la nueva institución (98). Tiempo después, el médico proveniente de Frankfurt tuvo que dirigirse a Bucarest para tratar al Príncipe Ferdinand de Rumania; durante esa ausencia, von Urban era la máxima autoridad de la clínica. Una tarde suena el teléfono; del otro lado, la voz de Franz Ferdinand, el Archiduque, pide por von Noorden, pues su suegra estaba muy enferma. El futuro psicoanalista se encarga de la emergencia y salva a la paciente. De allí en más se transformará en un invitado habitual del castillo Belvedere. Durante una de esas veladas, von Urban convence a Franz Ferdinand de la necesidad de construir una clínica de lujo en Viena, que será inaugurada en 1908 con el nombre de Cottage-Sanatorium für Nerven- und Stoffwechselkranke, y cuyo director, hasta 1920, no será otro que el autor de la idea (101)2. De esa forma, este médico aventurero se apresta a unirse al grupo de psicoanalistas vieneses, en el cual jugará un curioso papel...

______________
1. Rudolf von Urban (1958) Myself not least. A confessional autobiography of a psychoanalyst and some explanatory history cases. London: Jarrolds; p. 53.
2. Freud enviará al Hombre de los Lobos a esa institución, y pasarán por sus habitaciones los grandes personajes de la nobleza y la política de ese entonces. En 1917 von Urban jugará dos veces por semanas al ajedrez con un paciente que él halla encantador (p. 169). Un día la policía aparece en la clínica, buscando a un peligroso agitador ruso; el compañero de juego, misteriosamente, había desaparecido. He allí el encuentro de Leon Trotsky con un psicoanalista...
 
 
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