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   Psicoanálisis y Tecnociencia

El malestar en la reproducción asistida por la ciencia
  Por Silvia Jadur
   
 
Los universales problemas vinculados a la reproducción humana han sido ocultados y estigmatizados desde tiempos bíblicos. En la actualidad, los avances médico-bio-tecnológicos permiten aliviar el sufrimiento de muchas parejas con diagnóstico de “infertilidad” o “trastorno reproductivo”. Es una opción posible para construir una familia a través de tratamientos de baja complejidad o de técnicas de reproducción asistida. Sin embargo, la procreación sigue siendo enigmática y azarosa.
El diagnóstico de infertilidad es, de por sí, un saber reconocido, aceptado en los otros, pero muy raramente pensado para sí. Los diversos métodos de asistencia, como la donación de gametas, conmueven representaciones, creencias y mitos tenidos por inamovibles.

Arribar primero a la decisión de consultar a un especialista, atravesar luego el proceso diagnóstico, sus resultados y tratamientos, necesitan de un largo camino de aceptaciones de una realidad no esperada ni querida. Se habla de duelos, ¿lo son? ¿Se trata de la pérdida de una ilusión?
En los orígenes históricos del encuentro de una pareja suele aparecer el proyecto íntimo de formar una familia, el deseo de tener un hijo. Lo que, ante la dificultad, motoriza la entrada de un tercero, el médico reproductólogo, con vistas a restituir también algo de la subjetividad golpeada, del narcisismo necesariamente herido. Con sus beneficios y sus dificultades, los desarrollos de la ciencia brindan muchas veces la posibilidad de lograr esa experiencia intransferible y única que constituye la creación biológica de un ser humano. El temor básico que suele surgir se refiere a no poder lograr la mater-paternidad, con el fantasma consecuente de pérdida de la continuidad genética, y de no recuperar el control sobre el propio cuerpo.

Tramitar la mater-paternidad desde la infertilidad y la renuncia genética requiere de un proceso de elaboración. Así, el cuerpo y el deseo adquieren un nuevo estatuto en la economía psíquica donde se entrecruzan el dolor físico y mental. El sufrimiento les otorga otro lugar y otra perspectiva en el mundo, los ubica en la intersección de la realidad material, la realidad psíquica y desiderativa.
Cabe considerar que la primera demanda de la pareja recae masivamente en la figura del médico, depositario de angustias y expectativas. Pero durante el, a menudo, largo y engorroso proceso diagnóstico, y en el transcurso de los diversos tratamientos posibles, cada sujeto necesita interrogarse sobre cuestiones no abordables desde la exclusiva perspectiva biológica. Los aspectos emocionales pertenecen a otro campo del saber y su atención reclama una escucha diferente que dé lugar a la trama subjetiva. Los múltiples efectos que la imposibilidad de concebir un hijo tiene sobre la subjetividad llevan a develar interrogantes, contradicciones, ordenamientos, desconciertos, y marcará los propios límites de acción de la pareja.

Un tema recurrente en los pacientes es la demanda a los equipos tratantes. Como en toda relación médico-paciente de cualquier especialidad, la diferencia de saberes y la asimetría de poder tienden a sostener el lugar de idealización del médico y la medicina, que responde en gran medida a nuestro imaginario social. En las situaciones de consulta, esa idealización se ve incrementada en la medida que, fantasmáticamente, de la figura del profesional depende “la continuidad genealógica” simbólica de los pacientes. Esta representación es tan pregnante que, en muchas ocasiones, los miembros de la pareja no se permiten ser escuchados desde sus necesidades y derechos.
En este contexto, la sexualidad es raramente contemplada, excepto en la anamnesis realizada con el fin de establecer diagnósticos diferenciales, y su vertiente erótica suele, a lo largo del proceso, ser conmovida. En efecto, en el complejo recorrido de la fertilización asistida, como lo testimonian las parejas, “se sufren modificaciones en los hábitos sexuales”. El condicionamiento es que algo de la intimidad, de la órbita de lo estrictamente privado, pasa a ser público. La sexualidad al servicio de un estudio, atenta al momento de la ovulación, funciona como amenaza de deserotización vincular, atentando contra el deseo de encuentro amoroso. En la medida en que tiende a mutar el deseo sexual placentero en “obligación reproductiva”, y hombre y mujer ven reducida la posibilidad de disfrutar del juego de la seducción, la libertad erótica de desear, la diversión y el placer sexual. La ansiedad es causa y efecto, a la vez, de la disminución del cuerpo a cuerpo, de la pérdida de la envoltura erótica que apacigua el malestar doloroso. Poder recuperar el vínculo erótico permite inscribir el deseo de hijo en una dimensión más saludable. La comunicación corporal de orden sensual, permite dar lugar a la palabra amorosa y ayuda a tolerar los avatares de los tratamientos.

Es oportuno considerar que el deseo de la pareja es construir una familia a la que llegarán de una u otra manera, incluyendo la adopción. Constituye un derecho de toda persona el disfrutar de la posibilidad de tener y criar un niño, independientemente del camino elegido.
La filiación se construye a partir del deseo de ser padres, la elaboración de los problemas de infertilidad y, en ocasiones, la aceptación de la renuncia genética. Maternidad y paternidad pertenecen, al fin y al cabo, a un orden simbólico que, en tanto tal, es independiente de la biología y la genética.

El modo en que se transite y se articulen cuerpo y palabra, puede colaborar a generar las condiciones subjetivas más favorables para el hijo por venir. La historia de deseo es lo que el niño conocerá como su propio origen, origen de la familia. Como escribe Silvia Tubert en el año 2001: “el hijo nace en una relación intersubjetiva originada en la intimidad corporal pero es, o ha de ser, un miembro de la comunidad y, por ello, el vínculo con él está regido por relaciones contractuales y códigos simbólicos”. El proceso de concepción y gestación humana requieren, por ello, de la tarea social, cultural, simbólica y ética de hacer posible la constitución un nuevo sujeto humano..

Co-coordinadora de Filium asistencia psicológica en reproducción. Coordinadora del Capítulo Psicoanálisis y Medicina Reproductiva (APA). Asesora de Concebir (Grupo de apoyo a parejas con trastornos en la reproducción).
 
 
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