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   El dinero en psicoanálisis

Dinero: amor, goce y castigo ante la pregunta ¿Qué es ser un padre?
  Por Elena Jabif
   
 
“La fuerza psíquica del odio es mayor de lo que creemos.
 La sortija que me diste ha perdido su piedra y no se deja reparar, no se deja”
. ¿Quieres ahora separarte de mí?... (Las habitaciones góticas)
Sigmund Freud (“Psicopatología de la vida cotidiana”)

Animado por una curiosidad de investigador insaciable, Lacan exploraba todas las figuras posibles del nexo transferencial, del tiempo y del dinero en la técnica psicoanalítica de los años dorados del psicoanálisis. El primer testimonio que permite comprender lo que fueron los quince últimos años de su práctica clínica, fue titulado Le Pitre –El Payaso–, que apareció en 1973 bajo la pluma de Francois Weyrgans. Primera novela de un joven escritor, ese largo relato de la cura con Lacan, fue también el único publicado, en vida de éste.

Se trataba por lo demás de una ficción bastante alejada de la realidad. El doctor llevaba el nombre de “Gran Visir” y se parecía a la vez al marqués de Sade, a Cagliostro y al Pére Grande. Fascinaba el narrador por su amor a los objetos y su arte de robarle dinero hasta de los bolsillos. No vacilaba en enviarlo al burdel, al encuentro de una soberbia criatura que debía curarlo de su impotencia.
El segundo testimonio fue el de Stuart Schneiderman, publicado en Nueva York en 1983 bajo el título de The Death of an Intellectual Hero, mezclaba alegremente las fantasías con los rumores y la hagiografía con las anécdotas de la vida privada, para presentar a los norteamericanos la imagen de un Lacan a modo de maestro Zen. Por primera vez, sin embargo, se explicaba sin rodeos novelescos la realidad de las sesiones reducidas a unos minutos: “Había algo del horror de la muerte en la sesiones cortas, en esas sesiones de psicoanálisis cuya duración no podía saberse de antemano…”

En 1989, Pierre Rey redactó un largo relato titulado “Una temporada con Lacan”, que fue el primer libro dedicado a la historia completa de una cura con él. Escrito con una pluma simple pero alerta, el texto mostraba un periodista que luego de ser redactor jefe del semanario Marie-Claire, había ido con Lacan por consejo de un amigo analista, suicida, apodado “El gordo”. Duró hasta 1978, se desarrolló cara a cara y costó un precio exorbitante: “Mi confusión de los valores era total, se hizo aberrante el día en que descubrí el juego por hastío de las fiestas de gala. Cada vez me levantaba más pronto de la mesa de la cena para ir a sentarme en la del treinta y cuarenta. Vivía a la pulsación del corazón de los casinos...”.
Al cabo de tres meses el paciente se sentía mejor. Sus síntomas fóbicos habían desaparecido. El análisis prosiguió a un ritmo infernal, girando en torno a la cuestión del suicidio, el dinero, el sexo, el tiempo y las obras de arte. Un día trae a la sesión un álbum de dibujos originales, titulados: “Los hijos de phallo.”

El autor solo poseía un solo ejemplar. Lacan los miró y rogó a su paciente que le dejara la recopilación durante algunos días: “Tres semanas más tarde quise recuperarlos. Volvió a decirme que los apreciaba y me pidió con aire goloso si no aceptaría regalárselos. Y hubiera dado de buena gana mi sangre pero no mis dibujos… Finalmente sacó fotocopias de ellos.”

El juego transferencial del Maestro muestra un acto analítico. Sade prueba que la noción de valor y de precio, están inscriptos en la emoción voluptuosa, y que nada es más contrario al goce que la gratuidad.
La Sociedad de Amigos del Crimen tiene su gloria en la prostitución del dinero, y toma de rehén al mundo de las sublimaciones institucionales, donde la emoción de la suma pagada, tiene como premisa la exclusión de millares de vidas humanas.
El dinero gastado en la expropiación del cuerpo de Juliette, significa el aniquilamiento de miles de bocas, las miserias del goce en la condición humana, garantiza la monstruosidad integral del fantasma perverso.
Desde la Segunda Guerra Mundial la reducción de masas humanas enteras a la función de excrementos, de un pueblo elegido entre los otros justamente por ser el elegido, para pasar por hornos crematorios, al estado de algo que finalmente se repartía en la Mitteleuropa, en estado de jaboncito, es parte del Mal que habita al sujeto.


El deseo del analista enseña que semblanteando al Otro gozador, que demanda pedacitos de voluptuosos pagos no puede faltar en determinado momento de la cura.

El relato publicado por Jean-Guy Godin, un año después bajo el título de Jacques Lacan, 5 rue de Lillie, aportaba de manera contundente la técnica lacaniana de la cura sobre el tiempo y la extraordinaria gula de Lacan respecto del dinero (información suministrada por la biografía de Elisabeth Roudinesco). “A los que venían por primera vez y se inquietaban del precio por pagar, les susurraba: ¡Ya me dará usted alguna cosita querido mío!... déjeme pues alguna cosita… en tono delicado de la Lazzarone napolitano”. Dice Godin: “Es que, para cada uno de nosotros, Lacan era una sociedad por acciones de la que poseíamos cada uno, una parte; sobre todo en el comienzo de los años setenta, su cotización no paraba de subir. Pero no nos pertenecía de veras, aunque tuviéramos la ilusión de pagar una parte, de comprar un trozo de él”.

Los analistas se cuidan de los suicidas, una muerte en la clientela siempre hace mal efecto (aclara Giroud en sus Lecciones particulares). Françoise se había refugiado en el sur de Francia, después de un acto suicida bien organizado. Lacan fue a buscarla para llevarla a una representación del Don Juan de Mozart. En el camino de regreso le pidió un análisis. Muy pronto él comprendió que ella corría el riesgo de reincidir, cosa que sucedió: “Cuando empecé ese análisis mi vida privada era un terreno baldío. Cuando hubo terminado, pude reconstruir con un hombre una relación armoniosa y sólida sobre un nuevo diapasón.” Esa cura lograda, solo le implicó un pago clásico es decir más bien moderado, se llevó a cabo cuando Lacan tenía en análisis al hijo de Françoise que moriría en un accidente en 1971. Hacia 1968, también en su diván, Carolina, otra hija de su paciente suicida, después de sus estudios médicos se haría psicoanalista.

Franco comienza su sesión diciendo: “Máteme, hoy no traje el dinero para pagarle”. La crueldad del superyó en una abierta demanda pulsional de su voz, merecía el silencio del artesano.
Escucho una posición religiosa, en un momento de obstáculo en la transferencia con un goce al desnudo, de un cordero sacrificial a un Otro siniestro, que lo deseaba muerto.
El inconsciente se abre en su pulsación significante, relata un episodio del día anterior con la analista de su pequeño hijo, quien padece un retraso madurativo. Las intervenciones de la colega habían sido ágiles y directas sobre la madre. Le dice que ella por temor, toma a su hijo contra su cuerpo para luego expulsarlo, dejándolo caer en un agujero negro.

Rápidamente Franco pesca el dolor de su mujer, intenta tapar el vacío producido en su dama y empieza a parlotear, llenando la escena de sentido; se define a sí mismo melancólico, deficiente, impotente, fracasado, etc.
Ante el personaje pecaminoso creado como tapón, objeto a, para la angustia del Otro, en la entrevista de pareja se pierde el rumbo, tampoco la analista sitúa las dificultades de Franco con su paternidad y su fascinación con su mujer, Madre Naturaleza.

Escondido en el personaje cargado de impotencia psíquica, Franco había retornado a su segundo despertar sexual, un biombo era el resguardo de sus masturbaciones en la pubertad, y de niño un escondite de gozosas defecaciones. Freud en “El carácter y erotismo anal” plantea las relaciones existentes entre los complejos del amor, el dinero, y la defecación.
En las civilizaciones antiguas, en los mitos, las fábulas, la superstición, el pensamiento inconsciente, el sueño y la neurosis, aparece el dinero estrechamente vinculado con la inmundicia. El oro que el diablo regala a sus protegidos, se transforma luego en estiércol, y el diablo representa el carácter más demoníaco de la pulsión.

La superstición que relaciona el descubrimiento de tesoros ocultos con la defecación, y la figura folklórica del “cagaducados”, se presentan para Freud en las antiguas leyendas babilónicas en el oro, estiércol del infierno. “Mammon: ilu mamman
Lo más valioso y lo más despreciable, la escoria que el sujeto arroja de sí, a veces retorna con el brillo del oro y otras con los despojos de la inmundicia, en la doble vertiente del objeto a, cuando logra el pasaje de la pulsión al fantasma por la vía de la castración.

La ardiente ambición de Franco, lo conduce a elegir inicialmente a una mujer por su dinero, repetición de un fantasma ancestral materno donde este niño eterno había quedado capturado. Sin embargo, su mujer posee rasgos que ameritan sus celos, su goce, su amor y escasamente su deseo. Conforme a las leyes que rigen la expresión de su fantasma, él debía salvarla, ésto implicaba hacerla madre de sí mismo como la hija del faraón en la leyenda de Moisés.
Le digo: “si su pregunta sobre ser padre quedó sucia y escondida detrás del personaje armado en la entrevista”.

El plus de gozar en un primer tiempo mostró el oscurantismo de su goce sadiano, renegando la falta de la madre, mientras que el superyó reclamaba con una voz atronadora una sanción religiosa dentro de la transferencia (“¡máteme!”).
La sesión transcurrió en silencio de mi parte, no tomando otro acto que la espera de la sustracción de la demanda de muerte, puesta en el pago no producido.
La abstinencia de la crueldad por parte del analista era el corte necesario para que el dinero pasara al discurso en su valor de ecuación simbólica, resignando la pulsión de dominio que conlleva en sí la ambición egoísta sobre el prójimo.
Sólo en la dirección de la cura por la vía de la transferencia se podrá reducir dicha ambición, a la solidaridad generosa del vuelo de la mariposa de Lao Tsé.

Bibliografía:
Rey, Pierre, Una temporada con Lacan, Letra Viva, Buenos Aires.
Rudinesco, Elisabeth: Lacan, FCE, Buenos Aires.
Freud, Sigmund: “Consejos al Médico”. Amorrortu Editores, Buenos Aires.
— — “Carácter y erotismo anal”. Amorrortu Editores, Buenos Aires.
Lacan, Jacques: Seminario 10 “La Angustia”. Paidós, Buenos Aires.
Klossowski, Pierre: La moneda viviente. Alción Editora. Córdoba.
 
 
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