Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Fanatismo

De la fascinación al padre (eterno) a la nominación
  Por Silvia Tomás
   
 
“El Nombre del Padre es también el Padre del Nombre” dice Lacan en el seminario “El Sinthome”; a través del Nombre del Padre es que uno puede llegar a hacerse un nombre.
Si un adulto es aquel que se autoriza de sí mismo, es porque ha contado con el Nombre del Padre en la estructura. Podrá prescindir, tal vez, de enredarse en el circuito infernal de la demanda, en búsqueda de aprobación o reconocimiento para hacer su acto.
El neurótico es alguien en quien la metáfora paterna ha operado, por tanto cuenta con la posibilidad de entrelazar goce, deseo y amor en su anudamiento borromeico, ya que al hacerse preferir al deseo materno, el significante del Nombre del Padre, lo reprime interdictando el incesto y regulando los goces, habilitando la vía del deseo.
Escribamos la metáfora :





Si bien es cierto que el neurótico, es alguien en quien la metáfora paterna ha operado, no podría decirse que por esa razón necesariamente, llegue a ser un “adulto” en el sentido analítico y por tanto se autorice de sí mismo; por el contrario, hará falta cierto recorrido lógico que le permita situarse en la posición de “desprendimiento de las garantías del Otro” para llamarse adulto.

Antes de que ésto suceda y pueda arribarse a la situación de “contar consigo mismo”, de hacerse un nombre, luego de haber operado el nombre del padre en la estructura, el neurótico echará mano, desde pequeño, y a lo largo de su vida, a ciertas “herramientas”, apoyaturas que podríamos definir como nombres del padre “patológicos”, éstas son: inhibición, síntoma y angustia que, tal como Freud lo indicara en el texto homónimo, “no han nacido en el mismo suelo”.
A la altura del Seminario 22, Lacan despliega estos tres en su nudo borromeo, indicando que se hacen presentes cuando se efectúa la “invasión” de un registro sobre otro. En el lugar de la inmixión de lo simbólico sobre lo real, ubica el síntoma; cuando lo real se presenta arrasando lo imaginario el nombre es angustia y a la inmixión de lo imaginario sobre lo simbólico la llama inhibición.



La clínica con niños nos enseña, de manera particular, cómo el síntoma, la inhibición o la angustia se presentan en el lugar donde el Nombre del padre aparece como deficitario. Por eso, como analistas, a diferencia de lo que haría un psicoterapeuta no “barremos”, no despreciamos al síntoma, por considerar que está allí para algo.
Decíamos unas líneas más arriba que, si bien se cuenta con el Nombre del Padre en la neurosis (a diferencia de lo que sucede en la psicosis); ser neurótico, no garantiza por sí mismo la adultez en el sentido analítico, ni la posibilidad de realizar el acto, ser responsable de su goce y saber hacer con su deseo, ni tampoco se da por sentado que porque el sujeto sea neurótico pueda “hacerse un nombre”.

Por el contrario, el intento de recurrir una y otra vez a inhibición, síntoma y angustia, da cuenta de que a esta adultez y a la posibilidad de hacerse un nombre, difícilmente pueda llegarse si no es por medio de un análisis.
Si planteamos que el Nombre del Padre es regulador de goce, podríamos decir que cuando éste presenta un gran déficit o peor aún, cuando no ha operado, los goces no están regulados, pudiendo “arrasar” al sujeto, parasitándolo; en dichas ocasiones es frecuente que se presenten el amor y el odio, de manera desmesurada y desenlazada.

“En su hogar era un hombre de temperamento absolutamente inestable. Muy a menudo sentado a la mesa por la noche, no exactamente ebrio, porque entonces dosificaba muy bien el aguardiente, pero habiendo tomado lo suficiente como para no tener apetito y estar de un humor aborrecible. Tenía el horrible hábito, cuando estaba un poco achispado, de mascar sus poderosos dientes, produciendo un ruido que yo atribuía al crujir de su cuello almidonado. En años posteriores, mi madre me confesó que a menudo le daba miedo quedarse a solas con él, aún cuando no era hombre violento”1.
De este modo se refiere, Stanislaus, el hermano de James Joyce, a su padre, en el exquisito texto que cito a pie de página y que cuenta con el también imperdible prefacio de Thomas Eliot.
Se trata de un pequeño parágrafo escrito por Stanislaus Joyce, pero todo el libro está “embebido” por la crítica que él formula hacia su padre, quien una y otra vez daba señales de no poder operar como tal, sino más bien de ubicarse como el “padre del goce”.

¿Qué hizo James Joyce con esta carencia de Nombre del Padre?
En Retrato del artista adolescente, para quien se decida a abordarlo, podemos encontrar un relato que corresponde a una parte de la vida de un joven que, luego de cursar por los duros caminos que le dicta la religión, produce un viraje a partir del cual deviene artista. Cabe aclarar, que dicho libro puede considerarse como una autobiografía de James Joyce. (El hecho de apelar a esta cita con el fin de ilustrar nuestra idea, no implica caer por esto en el desmerecido “análisis aplicado”).
Allí veremos cómo, en tiempos de adolescencia, el joven Stephen caminaba en los bordes del fanatismo religioso. Son tramos del texto que me conmovieron por la crudeza del autocastigo que se infringía, estando en el colegio jesuítico que, a falta de significante de Nombre del padre le sirvió de marco. Colegio religioso que podemos considerar parte de la “masa artificial” planteada por Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo”, y que posibilita, en ocasiones, contener, referenciar, otorgar “Un Padre” allí donde no lo hay, allí donde la carencia se muestra.

Veamos en Retrato… cómo el autor se refiere a Stephen, el protagonista, en su ligazón extremadamente particular a los dictámenes de la religión:
“Cada uno de sus sentidos estaba sometido a una rigurosa disciplina. Con objeto de mortificar el sentido de la vista, se puso como norma de conducta el caminar por la calle con los ojos bajos, sin mirar ni a derecha ni a izquierda y ni por asomo hacia atrás. Sus ojos evitaban todo encuentro con ojos de mujer. Para mortificar el oído dejaba en libertad su voz, que estaba por entonces cambiando, no cantaba ni silbaba nunca y no hacía lo más mínimo para huir de algunos ruidos que le causaban una penosa irritación de nervios como oír el afilar cuchillos en la planchada de la cocina… No cambiaba nunca concientemente de posición en la cama, se sentaba en las posturas menos cómodas, sufría pacientemente todo picor o dolor, se separaba del fuego, estaba de rodillas durante toda la misa”2.

¡Cuán grandes las torturas, los autoflagelos, las restricciones! proporcionales, seguramente, a la carencia del Nombre del padre.
Si continuamos adentrándonos en el texto de Retrato… veremos, que luego, el protagonista, fue generando un viraje que va, desde el encorsetamiento asfixiante de la religión, hacia la posible invención en el arte de la “escritura”, así lo dice Joyce: “… Le atormentaba la garganta un deseo de gritar, de gritar como el halcón, como el águila en las alturas, de proclamar penetrantemente los vientos de liberación de su alma, no la voz grosera y turbia del mundo lleno de deberes y de pesares, no la voz inhumana que le había llamado al lívido servicio del altar. Un instante de vuelo pleno le acababa de liberar y el grito de triunfo que sus labios aprisionaban estallaba en su cerebro”3.
Pero Stephen en Retrato…, no sale del enclave masoquista y a la vez protector, del fanatismo religioso, hacia la vía del artificio, sin llevarse puesto, al “sinthomadaquín”, homófono de Saint Thomas d Aquin o para nosotros Santo Tomás de Aquino, por tanto saint homme, es decir, santo hombre y entonces sinthome.

Este sinthome, es una invención que puede darse, en parte, gracias a su pasaje por el colegio jesuita y constituye una hebra que le sirve para artificiar su escritura; escritura enigmática, resistente al efecto de significado y que produce en él un artesanando singular por medio del cual durante años y años mantendrá trabajando a los estudiantes venideros. Tal es su intención y es, desde este lugar, que Joyce se postula como escritor.
Menciona Lacan que, es con su arte, que Joyce suple su sostén fálico y anuda los registros por medio de un cuarto, de un modo no analizable como una versión hacia el padre.
El fanatismo, según el diccionario Wikipedia, es una pasión exacerbada, tenaz y desmedida particularmente hacia una causa que puede ser religiosa. Consta de un apasionamiento incondicional o una adhesión a una causa de modo obstinado y persistente. En los casos extremos, los fanatismos superan la racionalidad, dice el diccionario. La palabra, proviene del latín fanatiche y su raíz “Fanum” griega significa templo.

Cuando el Nombre del Padre no opera en la estructura, o cuando está inscripto deficitariamente, el supuesto amparo del fanatismo que suele proporcionar la masa viene a ocupar ese lugar vacante que dejara el significante del Nombre del Padre; con la consabida desregulación de goces que imposibilita al sujeto responsabilizarse y saber hacer con su deseo. Por el contrario, lo deja preso de las pasiones.
Al proponer Lacan, como el cuarto anillo a la nominación, que podrá ser imaginaria, real o simbólica, introduce la idea de nombrar a modo creacionista. Tal vez pensando en una vía singular, particularísima, que es del orden de una invención, diferente, al empuje a la masa como solución y suplencia a la carencia de la función paterna. De la lectura de los textos de Joyce, con el trabajo que ésta nos ofrece, se infiere que efectivamente, a pesar de la enorme carencia paterna, pudo “hacerse un nombre”, virando de lo que podría haber sido un fanatismo religioso al sinthome, en el que logra escriturar nada menos que “las letras” de otra manera.


_______________
1. Joyce, Stanislaus. Mi hermano James Joyce. Adriana Hidalgo Editora.
2. Joyce, James. Retrato del artista adolescente. Traducción Dámaso Alonso. Ed. Lúmen, pág. 177 y 178.
3. Joyce, James. Retrato del artista adolescente. pág. 200.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 189 | febrero 2015 | Falo o Virginidad 
» Imago Agenda Nº 171 | junio 2013 | Neptuno, un dios del goce 
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | El acento demostrativo del acting out  
» Imago Agenda Nº 152 | agosto 2011 | De cómo un análisis produce una re-fundación subjetiva 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Función materna y constitución subjetiva 

 

 
» Fundación Tiempo
PASANTÍAS GRATUITAS CUATRIMESTRALES  Observación de admisiones. Supervisión clínica. Inicio en Agosto
 
» Fundación Tiempo
POSGRADOS EN PSICOANÁLISIS CON ATENCIÓN RENTADA DE PACIENTES  Inicios mensuales. Duración: 12 meses. Derivación de pacientes sin tope fijo.
 
» El Kaso Dora
La Comedia Teatro  Lunes 20:30hs
 
» Fundación Tiempo
FORMACIÓN Y ASISTENCIA EN PRIMERA INFANCIA  POSGRADO EN ATENCIÓN TEMPRANA CON PRÁCTICA ASISTENCIAL
 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  comienzan en Junio
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
La Formación del analista  El analista y su práctica - actividad no arancelada
 
» Fundación Tiempo
Curso de inclusión en la escuela con práctica rentada  Inicia 1 de Abril de 2019
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com