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   Colaboración

Secreto-confesión-verdad
  Por Daniel Rubinsztejn
   
 
Introducción: La frase resultó inapelable: el análisis no se propone que la gente confiese alguna verdad, o un secreto. No consiste en eso.
Por supuesto, dije. Pero es un falso problema. Es tan general –como decir que el análisis no se propone que la gente se case y tenga hijos– que sufre de generalidad.

El caso: Su paciente continúa hablando con Cristo, lo siente en su corazón. Dice que no puede contarle cosas que pasaron con su padre. Que ella está internada para ayudarlo a él. Grita en una sesión que la madre no es la madre. En una entrevista con los padres, la madre dice que la hija es adoptada pero que jamás se lo dirá, el padre interrumpe diciendo que no puede escuchar lo que hablan… y se va.
El tratamiento así –me dice la analista– no avanza. Le pregunto cómo incide en su escucha el saber que su paciente es adoptada.
Responde: la paciente lo sabe sin saberlo, ¿no lo gritó acaso?
Me pregunto ¿qué significa que lo sabe sin saberlo? Considero que no es lo mismo que sus padres se lo hubieran dicho a que en la entrevista la madre diga que jamás se lo dirá. Es una diferencia que tiene consecuencias.

Volvamos a la frase inapelable.
Si un amigo se esconde en una casa y una dictadura brutal lo busca, y preguntan si está allí, Kant no duda en que hay que decir la verdad: está aquí. La confesión costará la vida del amigo (¡pero se ha respetado la máxima!). La verdad está por sobre la vida y no puede depender de circunstancias que la relativicen. Es universal: hay que decirla siempre.
La pregunta que rompe con la alternativa, decir o no decir la verdad, Lacan la formula de este modo: ¿Por qué hay que satisfacer al amo, con la respuesta? Con esta interrogación estalla ante nosotros el ejemplo, ubica en otro lugar al analista y lo quita de la alternativa impuesta (decir o no decir). Cuestiona al discurso del amo (en nuestro caso, es la madre quien ordena), la satisfacción de obedecer e introduce una alternativa distinta, inédita, que hace a nuestra ética. La verdad de la que se trata en el psicoanálisis es inconfesable. Como dice la analista, lo sabe sin saberlo.
No se trata entonces de secreto ni de confesión. Que no se diga1, ¿satisface a la madre? ¿Acaso se establece una complicidad con ella? Si le dijeran la verdad, ¿dejaría de delirar?

La verdad, ¡ay! la verdad. 2: Lacan sostiene que la verdad tiene estructura de ficción (frase archiconocida), es decir que la ubica en función de los efectos del significante. La operación analítica es la puesta del saber en el lugar de la verdad (a/S2; Seminario 17). Se refiere así al discurso del analista. Pero, ¿qué sucede con el saber en esta operación? ¿Qué relación mantendrá con la verdad? El saber del que habla el psicoanálisis es inconsciente y está lejos de decir alguna verdad. Introduce así una disyunción entre saber y verdad.

Lo fundamental es concebir este saber inconsciente como restos de saber, saber caduco; saber imposible de saber, saber mítico. Y la verdad se dirá (“Yo, la verdad, hablo”) a medias, se dirá no-toda.
“Schelling afirmó que el mito no tiene nada de alegórico, sino que es taute-górico: no dice ‘otra cosa’, sino que esta cosa misma no puede ser dicha, en ningún caso, de otra manera3.
Freud calificó a su texto Tótem y tabú de mito científico. Los dos mitos freudianos de Edipo encuentran su origen en textos escritos bajo formas literarias distintas: uno en una tragedia y el otro en un texto de erudición, demostrativo”.
Intentar reducir el mito al logos fracasa. Se trata de una verdad que habla, que hablando dice enigmas; es un corte que ningún saber puede colmar. Es la verdad de la irreductibilidad de la dimensión de la verdad: no es reducible a ningún saber.

“Todo lo que hay en el mundo solo se vuelve propiamente un hecho si se articula con el significante. Nunca, jamás surge un sujeto sino porque el hecho es dicho. Lo que del hecho no puede decirse se designa, pero en el decir, por su falta, y eso es la verdad… puede inscribirse también de manera perfectamente calculada allí donde solo ella tiene su lugar; entre líneas”.4
La palabra define el lugar de la verdad, una verdad que carece de contenido. Es la palabra la que asegura su dimensión de verdad. Su función consiste en ser la única forma de acción que se plantea como verdad. No es hablar, sino un decir: una palabra que funda un hecho. Sólo con la dimensión de la palabra se cava el surco de la verdad en lo real. Con la palabra se introduce la verdad... y con ella la mentira. Lacan hace un juego de palabras: “vraiment” (verdaderamente): “vrai” (verdadero) - “ment” (mentira).

Mentir diciendo la verdad, así lo enseña el chiste que relata Freud: Me dices que vas a Lemberg para que yo piense que vas a Cracovia… cuando en realidad vas a Lemberg. Y decir verdad mintiendo como en la paradoja del mentiroso (Epiménides):
Todos los cretenses son mentirosos/ Yo soy cretense/ Yo soy mentiroso.
Si dice que es mentiroso y dice que todos los cretenses lo son, ¿por qué creerle… al mentiroso? ¿Y si dice la verdad, no miente?
La práctica del análisis no necesita dividir su acción en dos: verdad o falsedad, datos ciertos o engañosos; cuestiona así el uso llano de la noción de verificación, tanto como el de validación.
El analizante dice lo que cree verdadero. Lo que el analista sabe, es que no habla sino al costado (à côté) de lo verdadero, “porque lo verdadero, lo ignora”5. La interpretación analítica llama, golpea, al costado. No elude, sino que alude. Y su corroboración no puede más que retornar también desplazada, indirecta. Lo probable no es necesariamente cierto, ni tampoco la verdad es siempre probable.

En una suerte de banda de Möebius, V y F no son pares antitéticos, sino caras, rostros, máscaras que se alternan y rizan el rizo de lo no realizado. “El genio propio del hombre, es el genio de la mentira”.
La arbitraria división entre interpretación y acto que reduce, en los términos de J. A. Miller, la interpretación a efectos de verdad y el acto al acotamiento del goce, es insostenible toda vez que la práctica indica que interpretar es en última instancia morder en la estructura del síntoma: estructura de deseo, de satisfacción pulsional, de punición del Superyo. Es entonces en los límites del sentido, en el sin-sentido, y en el no-sentido, que la verdad cava ese surco con su medio-decir. “No existe interpretación que no consista en dar a cualquier proposición que encontramos su relación a un goce”6. La verdad habla en el síntoma. No hay estrictamente hablando sujeto de la verdad como no hay sujeto del goce. La verdad es la repuesta a lo inasible del goce.

“La verdad es una boludez. Y la boludez es el carácter irreductible del acto sexual a toda realización de la verdad” (Lacan, Seminario 24, inédito). El acto analítico se articula a la deficiencia que experimenta la verdad en su acceso al campo sexual. Porque el encuentro sexual entre los cuerpos no pasa en su esencia por el principio del placer7. Es imposible la subjetivación del sexo –la diferencia de los sexos– que se inscribe sobre las tablillas del gran Otro: el cuerpo. La verdad sobre la relación sexual es que no la hay8.

Precisamente, por este imposible, la verdad aspira a lo real, que es su límite. Entonces, no hay “la verdad” sólo hay efectos de verdad que son plurales y fugaces, que iluminan, con su esplendor, lo que el pensamiento no puede pensar y que además conmueven (pathos) al cuerpo. La verdad es el decir sobre el sexo, y por ello es imposible. El decir introduce lo imposible (de articular) y no simplemente lo enuncia.
Varidad es el neologismo que inventa Lacan para decir que hay variedad y singularidad de la verdad.

Nuestro caso: Volvamos al caso. La madre no dijo ni le dirá –hasta aquí– su historia (remarco el equívoco del su9); el padre ni quiere escucharla. La analista sabe algo, que la paciente no sabe, por boca de ellos. Esta asimetría ¿condiciona al tratamiento? Cuando la analista dice que la paciente lo sabe sin saberlo, es necesario interrogar de qué saber se trata.
Lo grita, también la histérica lo grita en sus síntomas, pero ¿cómo se la escucha?
Además que lo sepa no significa que sea la verdad.

La diferencia que Lacan señala entre Hamlet y Edipo es que el primero sabe, y este saber (con el Otro, el espectro) lo lleva a postergar su acto, en cambio Edipo actúa sin saber; pero ¿de qué saber se trata?
El saber que Hamlet sabe, le es transmitido por las palabras del espectro de su padre que retorna de la muerte. ¡El muerto sabe! ¡Y además lo dice!
Pero ¿qué verdad se pone en juego? Hamlet realiza su acto, a partir de la escena del cementerio, cuando el duelo por Ofelia (pérdida del objeto) y el duelo con Laertes (identificación al semejante) se consuma… pero sin saber sus consecuencias.
Su saber, anterior a este desenlace, le impedía llevar adelante la orden del espectro.

Un relato: —De la puerta para afuera ustedes elijan a quien se lo cuentan, pero dentro de su casa lo mejor es decirlo: decirle a la hermana y al futuro bebé, que él ha nacido por ovo donación.
—¿Por qué? —preguntan ellos.
—Porque no decirlo es mentir —dice el psicólogo.
Al salir recuerdan las palabras del médico:
—Cuando estés embarazada te vas a olvidar que no era tu óvulo.

Non liquet

Bibliografía
Freud, S.: “Lecciones de introducción al psicoanálisis” O. Completas. B. Nueva, Madrid 1948.
Lacan, J.: Seminario 19 Ou Pire, inédito.
Lacan, J.: Seminario 24, Lìnsue…, inédito.
Lacan, J.: Radiofonía & Televisión. Anagrama, Barcelona 1977.
Lacan, J.: El Seminario, 16, De un Otro al otro. Paidós. Buenos Aires 2008. Pág. 61.
Lacan, J.: El saber del psicoanalista. Inédito.
Rubinsztejn, Daniel: Modos de abstinencia. Letra Viva, Buenos Aires 2006, Pág. 146
______________
1. Tan opuesto a “que se diga queda olvidado detrás de lo que se dice en lo que se escucha” Seminario Ou pire (inédito).
2. Las citas son de: Rubinsztejn, Daniel: Modos de abstinencia. Letra Viva, Buenos Aires 2006. Cap: “Variaciones de la verdad”.
3. El término es de uso schellingiano: “la mitología no es alegórica, sino tautegórica”. Mientras que en lo alegórico se debe hacer la distinción entre forma y significación (y atender a “lo otro que se quiere decir con lo que se dice”), para Schelling forma y significación son contemporáneas, de modo tal que no se establece entre ambas la distancia de uso habitual en las simbólicas. Lo “taute” instaura una historia nueva, un sentido nuevo. No refiere a nada anterior.
4. Lacan, J.: El Seminario 16, De un Otro al otro. Paidós. Buenos Aires 2008. Pág. 61.
5. “Porque el durmiente, yo os aseguro, no sabiendo que lo sabe, cree ignorarlo”. (Freud, “Lecciones” 1917).
6. Lacan, J.: El saber del psicoanalista. Inédito.
7. “Afectos idénticos tienen, sin embargo, un tempo distinto en el hombre y en la mujer: por ello hombre y mujer no cesan de malentenderse” (Nietzsche).
8. “Hombres y mujeres, eso es real. Es esto lo que enuncio cuando digo que no hay relación sexual”. (Radiofonía).
9. Relectura: releo mi texto y encuentro que SU insiste. La afirmación de una relación, la convicción de una adopción está cuestionada en nuestro caso.
 
 
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