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   Colaboraciones exclusivas

De “malo de Constitución” a “maliato”
  Por Amelia Haideé  Imbriano
   
 
Realizaré un breve recorte clínico sobre el primer desencadenamiento de una psicosis (esquizofrenia) de un joven de dieciocho años, que ingresa al hospital por guardia llevado por la policía con orden judicial. Estaba en la Plaza Constitución, muy excitado, (en un cuadro de excitación psicomotriz) cometiendo agresiones a terceros y a sí mismo con cadenas. El principio de atemperamiento del goce, con cese de las alucinaciones, se presenta en relación a la construcción del neologismo bajo transferencia (en relación al nombre del analista).

Antecedentes: se trata de un joven que está finalizando su último año de escuela secundaria. La madre lo describe como “un chico que ha sido siempre introvertido, distinto a los demás, siempre tuvo pocos amigos, siempre encerrado, le gusta la matemática o la computación, no tiene novias, es raro para su edad pero es muy bueno”. El episodio que lo lleva al desencadenamiento fue posterior al viaje de egresados que realiza con sus compañeros, en donde por el hecho de que él no quiere ir a bailar los otros le dicen “marica”. Al regreso el joven decide “probar ir a una disco, para ver qué le pasa”, “decidí ir solo para que no me carguen si me quiero ir”, “cuando entro a una disco tengo necesariamente que irme, algo me obliga a irme, me rajo”.

El desencadenamiento:venía de una disco [discoteca] en donde había mujeres que querían pija” [miembro viril]. Refiere: “las putarracas me miraban fijo, todas me miraban el bulto”. Se deduce que la situación pudo haber sido tal cual él la refiere, y en general a los muchachos disfrutan en ese momento. Pero el paciente ha realizado una interpretación cruda o desnuda del efecto de la mirada de las mujeres que fue significada como “sos un hombre”. Entendemos que es este el momento en donde Lacan sitúa que “el Otro ha tomado la iniciativa”, lo miran en tanto hombre, y él no puede responder a la altura de la situación. Estaba sentado en la barra cuando comienza a sentir que “me quedé con la cabeza vacía, no podía pensar”. Se ha producido el estallido de las significaciones con la consecuente despoblación significante, quedando al borde del agujero Seguidamente comienza a sentir que “me tocan la espalda y nadie me tocaba”, “me quería quedar y también me quería ir, no sabía qué hacer, quería salir corriendo, entonces pedí un trago y mientras me lo servían me pareció que me manoseaban los genitales, como si una mano me apretara los huevos [genitales]”. Toma unos tragos más pues al principio piensa que siente eso porque está asustado, pero luego cree en su perceptum (iniciaron los fenómenos elementales) y se retira velozmente del lugar. Refiere: “una mano me apretó y me arrancó los huevos y la pija, me rajé”. Podemos pensar que “me rajé” es el modo en que el paciente puede referirse a su estructura, se rajó la cadena significante. Cuando llega de regreso a su casa, encuentra a su madre esperándolo. Ella desacostumbrada a que el joven saliera de noche estaba preocupada por la llegada tarde de su hijo, y le dice a modo de regaño: “sos el único hombre de la casa y…”. Cualquier joven frente a esta situación no presta importancia, interpreta la preocupación de la madre como un exceso del cuidado materno y le resta importancia. Pero en este joven, el encuentro con la madre diciéndole “sos el único hombre” funciona como oposición simbólica, como Un-Padre en lo real, situación que lo impulsa a salir de su casa “corriendo con las cadenas del portón” hasta llegar a Plaza Constitución [plaza céntrica de la ciudad ubicada en un barrio denominado Constitución] en donde pasa varias horas inmerso en la situación que causa su internación por orden judicial con actuación policial previa. Cuando se refiere a la situación dice: “me dijo sos el único hombre de la casa y luego, con una voz muy grave dijo ‘sos malo de constitución’”. El joven, a quién llamaré X, había pasado varias horas usando las cadenas a modo de látigo, que agitaba circularmente alrededor de sí, en el cuyo trayecto golpeaba todo lo que estaba a su paso y su cuerpo, en la zona del bajo vientre, hasta lastimarse. Este circuito se reciclaba permanentemente, de izquierda a derecha y luego nuevamente a la izquierda. El cambio de circulación del movimiento se producía cada vez que el látigo encontraba su cuerpo, marcándolo, como un intento de inscribir algo en su cuerpo. Pensamos: a falta de inscripción de la castración en lo simbólico mediante la metáfora paterna, se produce el retorno desde lo real en esos golpes de cadena. En el trabajo analítico se verificó que “malo de constitución” se debió a la emergencia de una de las formas del fenómeno elemental, la alucinación verbal (comúnmente denominada alucinación auditiva) a través de la cual la voz del superyó realizó su mandamiento, y el sujeto acató: fue a Plaza Constitución a golpear y golpearse, produciéndose, sin duda, con consistencia real, el malo de constitución.

La presencia como su presencia-testigo:
Durante los primeros doce días, el paciente pasa todo el día en la cama, se niega a levantarse. No ingiere alimentos sólidos. Sólo acepta agua si le acerca el vaso un enfermero varón, pues si se trata de una mujer la rechaza tapándose con la sábana. Permanece mucho tiempo con los ojos cerrados. Aparentemente duerme mucho. Se ratifica que está despierto cuando realiza una actividad repetitiva: se saca mocos y se los come, se mete los dedos en las orejas y luego se los chupa, esputa sobe su mano lamiéndola después. Se masturba compulsivamente, eyacula en sus manos, y luego se las lame diciendo a modo de estribillo repetitivo: “papita de wacho” [hijo sin padre reconocido], instalando un circuito reiterativo. Un analista, que llamaré Dr. Xiato, interviene visitándolo varias veces al día, a través de unas maniobras calculadas como subjetivantes, simples y sostenidas en el sentido común: se trata de presentarse, se acerca a su cama, lo llama por su nombre, le dice su nombre, espera, no responde, lo vuelve a saludar y se va. Al día siguiente esta actividad se repite. Aparentemente la misma no es significativa para el paciente, quien yace en cama con cierta tranquilidad, sin manifestar ninguna respuesta a intervención del analista con su presencia y su locución. No ha presentado cuadros de excitación que debieran acotarse químicamente.

Las primeras respuestas:
en la primera semana no parecía registrar a nadie ni a nada de lo que lo rodeaba. Al iniciar la segunda semana comienza a responder a la presencia del analista con una frase clisé a modo de musitación, que después de tres días se logró entender, tratándose de una serie reiterativa que tendía a infinitizarse: “pajita, caquita al hocico”.

Intervención del analista:No, lo que sale por el ano queda afuera”. (Intervención limitativa). Única intervención del analista, seguida del corte de la “visita-sesión”. El corte se vuelve un instrumento para separar al sujeto de su goce.

Efecto: Comienza a significar la presencia del analista, lo mira y escabulle la mirada (fort-da en lo real), escucha el saludo y lo contesta con un gesto de movimiento con la cabeza. Durante un día que el analista está ausente (opera la presencia del analista en tanto falta, ausencia), comienza a levantarse para buscarlo, instalando un recorrido desde la cama al consultorio y su retorno (nuevo fort-da en lo real). Al día siguiente el analista se acerca a su cama, lo saluda y se retira. Luego el paciente lo busca en su consultorio realizando un solo acto, en un modo intrusivo: entra sin solicitar autorización, lo mira, baja la vista y se retira. Luego de varios encuentros de este estilo, el analista le dirige su palabra ofreciéndole tres horarios por día en los cuales puede atenderlo, e indicándole pautas referidas a “esperar afuera” si está ocupado (El analista se ofrece su presencia como destinatario). Las pautas no se cumplieron en un inicio. Fueron varias las veces que entró al consultorio en cualquier horario y sin solicitar autorización, o haciéndose ver a través de apretar su rostro en el vidrio de la puerta. Tratando de acotar el goce intrusivo, el analista calcula una única respuesta: la reiteración de las pautas (por ejemplo: diciéndole que debe llamar a la puerta y esperar dejando dos baldosas de distancia con la puerta), actitud que un día acompañó con el cierre inmediato de la puerta (intervención limitativa). Tras ello, el paciente se presentó en el próximo horario indicado y se iniciaron los encuentros. Durante los primeros se trató solamente de su asistencia en los horarios indicados, entraba, se quedaba parado, sin hablar, saludaba solo con un gesto realizado con la cabeza, lo miraba y retiraba la mirada, y se quedaba petrificado frente al escritorio sin hablar ni hacer gesto, hasta que el analista le indicaba que lo esperaba en el próximo horario calculando la no infinitización del goce. Luego de tres días en que la situación no cambia, se suscita la primera palabra dirigida al analista: “ellas quieren pija”. Así se abre una secuencias de entrevistas en donde puede hablar de lo que le sucede, refiriendo que las voces le dicen cosas que no entiende, que son voces masculinas, que hacen eco y murmullo. El analista interviene escuchando. El último día de la tercera semana de internación refiere que las voces le dicen: “te voy a matar….malo de constitución”. Y a partir de ahí, su trabajo consiste en armar una teorías sobre el origen, de su decir se destaca: “vaya a saber qué hizo mi vieja un aborto no sé quien es mi viejo”. (Analista como secretario del alienado)

La nueva operación de ausencia: el analista no concurre al centro de internación. El paciente pasa gran parte del tiempo caminando desde la cama al consultorio, diciendo, sin dirigirse a nadie, cuando comprueba la ausencia: “el Dr. Xiato está soy el malo de constitución”. Pasa largos momentos repitiendo incesantemente el nombre del analista, iteración a modo de verbigeración, que entendemos como una producción positiva en el sentido del armado de un recurso de significantización.

El secreto: En la entrevista siguiente refiere: “pensé putarraca”. El analista le refiere no entender y le solicita explicación, a lo cual contesta: “cuando me dijo ‘hombre’ pensé ‘putarraca’”. (Referencia al momento de desencadenamiento causado por la alusión sexual). Luego escuché: “malo de constitución”. Entendemos que “malo de constitución” ha sido una alucinación verbal, que impulsa al joven a darle consistencia en lo real, por eso se va a la Plaza Constitución.

Un significante nuevo: En una próxima entrevista comenta: “se sabe que soy maliato porque hablo con Usted Xiato, si Xiato está yo le hablo, es todo secreto, las voces se callan cuando le hablo, yo le cuento por eso soy maliato”. (Los subrayados muestran la consonancia homofónica).

Posible lectura desde una lógica retrospectiva:
Primera posición subjetiva del paciente: sujeto de goce tomado por lo pulsional autoerótico. La clínica de la esquizofrenia nos muestra que el cuerpo del sujeto se presenta en el inicio sin agujero, que necesita ser marcado por el golpe para significantizarse, aunque sea como marca en lo real del cuerpo, en sus genitales.
Primera intervención del analista: ofrece su presencia testigo, ofrece su nombre como significante.
Segunda Posición subjetiva: significación del analista, se abre el “ser dirige hacia nosotros” a través de un fort-da con la mirada.

Segunda intervención del analista: limitativa, señalando un agujero del cuerpo. Opera el No haciendo de prótesis a la prohibición que falta por estructura.
Tercera posición subjetiva: organiza un recorrido, al estilo fort-da en lo real, un tour pulsional más complejo, se abre la orientación “se dirige hacia nosotros”, se dirige al analista, lo busca, lo llama. Entendemos que el nombre del analista es un objeto significante, o un significante en su vertiente de objeto, que funciona como tapón del agujero y posibilita la inscripción del vacío. Es un puro significante que marca la ausencia. Algo del goce mudo e indiferenciado se fija en una marca significante, pero esta vez, a través de un cruzamiento simbólico-real.

Tercera Intervención del analista:
efectivizada por el ofrecimiento de horarios y pautas para el encuentro, instalándose una dialéctica entre el tapón y el agujero; para que el agujero venga es necesario primero el tapón: objeto significante.
Cuarta posición subjetiva: “soy el maliato porque hablo con Usted Xiato, yo le cuento por eso soy el maliato”. No es un significante que representa a un sujeto para otro significante. Se ha producido un viraje, desde la respuesta alucinatoria en lo real (objeto voz) a una articulación significante –el Dr. Xiato ¿está?-, pregunta que si bien está sujeta a la certeza del paciente, en tanto psicótico, posibilita una exterioridad y una posibilidad de nombrarse: “Maliato”, que al no producirse la definición significante, requiere del armado de un circuito en lo real: camina trazando un circuito de ida y vuelta, en donde “le cuenta”, al analista que ocupa la plaza de garante y le posibilita hacer la cuenta con él.

Reconsiderando, el paciente X, estaba instalado en un goce mudo. El analista lo visita varias veces al día, oferta su presencia, su palabra, lo saluda, se presenta por su nombre (“soy el Dr. Xiato, ¿cómo está?, ¿qué le pasa?”). Durante la primera semana, X no tiene ninguna manifestación que posibilite pensar en algún registro de esa presencia. Durante la segunda semana, aparecen signos de alarma en su rostro, una instantánea interrupción de los movimientos seguida de una mirada fugaz al analista, para luego continuar con la actividad autoerótica descripta. Frente a él repite “pajita, caquita, al hocico”. Frente a ello el analista realiza una intervención con brusquedad adecuada a la inmundicia en la que estaba instalado X. Se manifiesta sorprendido y fastidiado, e interrumpe su actividad. Es la posibilidad de la pérdida de los objetos lo que sacude a X del goce mudo.
A partir de su relato se puede reconstruir el punto que causa su desencadenamiento. Comenta que luego que la madre le dijo “sos el único hombre de la casa” él pensó: “putarraca” “y ella con voz de macho dijo “malo-de-constitución” (alucinación verbal).

Cabe preguntar si el nombre del analista, y luego el neologismo “Maliato”, funcionan como un Uno sostén del agujero en torno del cual se produce un tipo de anudamiento. “Dr. Xiato” se trata de un significante que no está dirigido al Otro. Es un puro significante asemántico que marca la ausencia. No hay llamado al Otro, pero sí es la dimensión de lo humano en su más simple expresión, una marca significante que inscribe la ausencia, teniendo valor de letra, de marca sostén del agujero, de significante con función de fijar goce.


Nota: este escrito se corresponde con desarrollos de la autora situables en LAS ENSEÑANZAS DE LAS PSICOSIS ¿Qué puede esperar un paciente psicótico de un psicoanalista? Editorial Letra Viva. Buenos Aires. Segunda edición corregida y aumentada 2010
 
 
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