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   Dossier

Impromptus que dan en hablar: ¿Qué es la cura en psicoanálisis?
  Por Pura Cancina  y Mara Musolino, Verónica Cohen, Mario Alfredo Ygel
   
 
Mara Musolino
Nos proponemos trabajar con otros, en cómo incide el analista sobre el síntoma, cuando el cuerpo entra en transferencia desde ese nuevo amor que el discurso analítico propone. Lo que nos preocupa es la cura psicoanalítica, desde los avatares de un sujeto golpeado por la cultura que habita.

El psicoanálisis, “es una práctica inédita que consiste en una cura por la palabra”. Si bien los analizantes están en el corazón de la dirección de esta cura –cure–, ella no consiste en ninguna curación –guérison1.
Del mismo modo que no son ellos los usuarios, clientes o pacientes de esta práctica. Sólo los trae el amor causado por la suposición de saber, que entrama su deseo al deseo del analista. Sólo en este entramado, el lenguaje del deseo analizante produce la transferencia. Es decir, la intromisión del saber inconsciente en los tropiezos de su hablaje.

Si hay usuario de esta praxis instituyente, ése es el analista en el deseo de analizar. Al incidir con su palabra, se distingue en el uso que hace del lenguaje que ese nuevo amor ha producido.
¿Qué define a una cura psicoanalítica, entonces? La cura psicoanalítica es lo producido por la clínica psicoanalítica. Y ella es, lo que se dice en un psicoanálisis.
Sin embargo, ese deseo no debe ceder al placer del dominio narcisista en la usura2 del lenguaje. Pues de ese no saber, depende la producción del analizante que da forma al deseo del analista.
En los encuentros entre analistas, son frecuentes las minuciosas demostraciones terapéuticas del deseo de analista: el que cada analista interrogado en su clínica cree tener. Nuestra responsabilidad y ética nos inquietan y tratamos de dar cuenta del acontecimiento de la cura.

Pero, a veces, demostramos cómo si se pudiera pensar el imposible que se nos presenta: el deseo del analista ex -siste a la imparidad subjetiva transferencial del acto analítico. La aplicación de la regla analítica sólo dirige las relaciones entre el Sujeto, el Otro y el objeto a que el analizante analiza.
Así, la cura surge con esa imaginación de consistencia subjetiva que, desde el diván3, interroga con sus palabras la nesciencia de su deseo.
Lo importante, es que el analista artificie el alcance de sus palabras para que el deseo aletee. Este trabajo de la transferencia, consiste en hacerlas ex-sistir en un discurso que no sea del semblante, dado que es con él que ellas dominan el discurso analizante.

Por esta razón, el artificio de la cura se inventa cada vez. No hay reglas, no hay manual de instrucciones prácticas más allá de las precipitadas por el propio análisis del analista que siempre tendrá que contra-analizar.
En psicoanálisis no hay dogma, ni formación erudita, que sea capaz de orientar una cura. Si así se lo propusiera, en el cómo hacer bien y cómo hacer para no hacer mal se desvanecería la posibilidad de que el saber y el sujeto resten supuestos. Recordemos que es la suposición de saber, quien inicia la transferencia de amor.
Si el analista afirmara un saber cómo, dirigiría el análisis hacia su propia vacilación fantasmática. Quizás podría dirigir al paciente, mas no la cura.
A pesar de todos estos avatares, la cura en psicoanálisis hoy pervive porque lo inconsciente permanece abierto produciendo sus insabidos efectos de significante. Ella no depende de nadie que se haga llamar analista. Acontece, cuando en abstinencia se convoca a la asociación “libre”.
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Pura Cancina


Cuando Freud perseguía la desaparición de los síntomas según la teoría traumática, con la idea de abreaccionar el trauma, la dirección de la cura la tenía el furor curandis, furor curandis que perseguía volver a un estado anterior como es el caso en la cura médica.
¿Qué podemos decir de ese estado anterior al que se desearía volver?

Respondemos con lo que la experiencia analítica nos ha enseñado: la neurosis, aún la psicosis, las estructuras clínicas en general, son maneras de responder a lo que, en la medida en que hablamos, falla de diferentes maneras. Son modos de hacer algo con lo que, como hablantes, nos aqueja: la castración o su fracaso, su no asunción.
Si esto es así, ¿qué sería volver al estado anterior? ¿Al estado anterior al haber encontrado esta solución precaria que es la enfermedad?
No. Enfermamos tratando de curarnos de estar enfermos de la patología del lenguaje. No se trata de volver a un estado anterior sino que trata de lograr un cierto saber hacer allí con lo que nos aqueja; se trata de responder de otra manera que con el goce sufriente del síntoma.

Limitándonos ahora a la problemática de la neurosis, ¿qué es un síntoma, en definitiva?
Freud lo cerca desde el comienzo: proton pseudos dice en el Proyecto..., primera mentira, vestimenta engañosa de la Cosa dirá Lacan, de la maldad de la Cosa. La Cosa freudiana, das Ding.
A partir de aquí, el psicoanálisis, siendo una práctica del desengaño, será lo que permita encontrar una solución más satisfactoria que el síntoma neurótico. Pero, esta diferente solución, este saber hacer allí con lo que nos aflige en lugar de enredarse, es el propio interesado quien debe encontrarlo. El analista sólo debe, ateniéndose al dispositivo analítico, propiciar el despliegue del discurso por el que el analizante se arriesga a llegar al corazón de lo que lo aqueja. Por ello, analista no dirige la cura ni desde un saber previo, ya que es el analizante quien debe poner en juego su propio saber inconsciente, ni desde un ideal, ni desde una concepción cualquiera del hombre y la realidad. La cura la dirige el deseo del psicoanalista, deseo de acompañar el derrotero analizante.
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Verónica Cohen

El psicoanálisis es un lazo sostenido en la palabra, donde se convoca a hablar a un sujeto, a un ser hablante, se lo escucha e interpreta.
La cura la podríamos definir como lo que se da a posteriori de un trabajo donde se pasa de lo que llamamos ser hablado, a decir, tener un discurso, a un decir donde hay lugar para el deseo. Freud lo definía como amar y trabajar.
Es interesante cómo lo dice una analizante – una investigadora importante– con mucho tiempo de análisis, habiendo pasado a otra cosa que los síntomas de siempre, las escenas repetidas, dice:
-Se acuerda que estaba pensando en terminar mi análisis. Yo me pregunto: ¿cómo sabe una cuando termina su análisis? Y pensé: Se ve como una escena importante, algo de lo que me hacía sufrir pero, en lugar de reproducir la escena una vez más, pero en lugar de que me pase de nuevo se la ve desde otro lugar, como si fuese algo recordado, como si ahora yo viese esa escena como otra que la que la sufría, algo que ya no es.
No es lo que se esperó de ella. Había una escena: la de una arregladita niña rubia de grandes ojos azules que debía saber bordar y tejer.

Bueno, soy rubia y de ojos azules, no tejo pero tejo redes de organización, redes simbólicas, dice riendo y en la vía de transformar la tragedia en comedia.
Un análisis hace un trabajo que llamamos “de duelo”, que no tiene que ver solamente con la muerte de un “ser querido”, sino con la pérdida del lugar de resto de ese objeto que los padres querían que el sujeto sea, el objeto que casi se fue.
¿De qué cura un psicoanálisis? Un análisis cura de las escenas fantasmáticas repetidas en exceso con angustia, temor o dolor hasta el cansancio y el hartazgo, de los síntomas e inhibiciones que sostienen esas escenas, de los trastornos del cuerpo y su imagen.

Un análisis cura de haberse perdido, separado, partido de ese Otro primordial. Es el duelo por lo que no se es, para tener una existencia en la que el deseo y la sexuación tengan un lugar.
Un sujeto llega angustiado, con síntomas, inhibiciones, pero también llega tomado por un goce sin palabras, algo lo enmudece y lo detiene, llega siendo hablado por lo que el deseo del Otro quería para él, sometido o rebelado no se apropia de ese deseo, inexiste como sujeto de deseo.

El analista convoca a hablar: hable lo escucho, convoca a que ese ser hablante exista. Escucha e interpreta. El decir saca ese goce del cuerpo que enmudece y paraliza. Es un lazo que convoca a existir como sujeto de ese deseo y no como objeto.

Surge un saber que el sujeto no sabía que sabía y un nuevo amor, el amor a ese decir, a un lazo con ese otro. Saca del cuerpo ese malestar al ponerlo en palabras, ese desinterés, ese desistir de sus proyectos, o esa falta de proyectos, surge otra satisfacción que la del sufrimiento o los síntomas o la alienación de estar en lo que quieren otros para él y no en lo que quiere, lo que desea.
El analista carga con ese objeto del sujeto, debe hacer andar al sujeto en el mundo, debe hacer posible el acceso a una existencia, produciendo algo nuevo que le da al ser hablante cierto grado de libertad.
¿De qué cura un psicoanálisis? No se trata de la salud, de eso se ocupa la medicina, el análisis cura de la inexistencia, de la falta de proyectos o deseos.

Un análisis cura de la inexistencia, y si el sujeto está dispuesto a llevar las cosas hasta el final de un análisis y la pulsión de muerte no lo impide, de las escenas repetidas donde se era ese resto de lo que el Otro deseaba para el sujeto.
Podemos decir que deja un lugar vacío, lo llamamos – causa de deseo- para que el sujeto tenga ese grado de libertad para orientarse en la vida según su deseo.
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Mario Alfredo Ygel

¿Por qué alguien, en determinado momento de su existencia, decide llamar a un psicoanalista? El tránsito por la vida no es sin malestar. Pero hay momentos en que ese malestar, ese dolor de existir, se intensifica tomando las formas del síntoma, la angustia o la inhibición. Existen ocasiones en que las vivencias de nuestro mundo subjetivo, las relaciones con nuestros semejantes más cercanos y queridos, o nuestro estar en el mundo se vuelve penoso y nos causa sufrimiento. El sufrimiento psíquico se expresa de diversos modos: Manifestaciones corporales como dolores de cabeza, malestar gástrico o estomacal, trastornos en la piel, problemas con la alimentación. También es dable observar dificultades en el dormir como insomnio o sueño excesivo. Se presentan asimismo síntomas de angustia, ansiedad persistente, o estados depresivos. Desasosiego, ansiedad o angustia, manifestaciones psíquicas o corporales, inhibiciones, son formas en que se expresa el malestar

El sujeto constata en esas circunstancias que “algo no anda bien”, desconociendo la causa de eso que le pasa Estos síntomas provocan una conmoción en lo cotidiano de una vida. Lo que se escucha decir habitualmente es “No sé lo que me pasa”. Sobreviene así un tiempo de interrogación, de pregunta. El sujeto se siente implicado en eso que le pasa y se pregunta ¿Por qué me pasa ésto que me pasa? En tanto no obtiene respuestas, ya que desconoce las causas que provocan lo que le hace sufrir, lleva esa pregunta a un psicoanalista en donde espera encontrar alguna respuesta a sus interrogantes.

Tiempo fecundo, ya que a pesar que lo que mueve al sujeto es un punto, a veces insoportable, de angustia y malestar, produce un movimiento subjetivo que lo llevan a producir un acto que abre la posibilidad de una modificación de su existencia. Puerta de entrada de un sujeto en la aventura de un análisis. Tiempo en que un sujeto se encuentra en condiciones de enfrentarse a sus fantasmas que le acosaron en su historia, para ir a descubrir su verdad.
El sujeto entra en análisis y ahora sus síntomas y padecimientos no son algo ajeno a él, sino que él se encuentra implicado en aquello que le acontece. Esta entrada en análisis lo remite a su propia historia y a las marcas que le pertenecen. Un análisis lleva a un sujeto a encontrar las causas de su estar mal en el mundo, de su sufrimiento subjetivo, llevándolo a un movimiento que produce las transformaciones que lo liberen de aquello que lo mantenía atrapado. La apasionante aventura, el camino de la cura en un análisis, saca al sujeto de la pasividad neurótica y le devuelve la capacidad de producir actos e ir a conquistar aquello que singularmente desea.
La cura en Psicoanálisis no es sin esa relación especial que se establece entre analizante y analista. Lazo singular, nuevo amor, transferencia, posibilidad de re-vivir con otro, de re-construir con otro, aquellas marcas que signan su existencia y lo mantienen atrapado a un goce que lo parasita, abriéndole una nueva chance en la apuesta de la vida.
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Nota: los presentes escritos se corresponden con la preparación y la temática del III Congreso Argentino de Convergencia: “Cuerpo, síntoma, transferencia, ¿un nuevo amor?”, a llevarse a cabo en octubre en Buenos Aires.

1. Jacques Lacan, “Variantes de la cura-tipo” en Escritos I. Siglo XXI, 1975.
2. Ganancia, fruto o utilidad que saca del lenguaje, especialmente cuando es excesivo.
3. Jacques Lacan, “Apertura de la Sección Clínica en Vincennes” en Ornicar 3. Petrel, 1981.
 
 
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