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Paradojas de ser humanos sacudieron Japón. Lo siniestro ¿443 réplicas a la espera?
  Por Sergio  Rodríguez
   
 
Automóviles costosos y casas, flotaron en una de las economías “locomotora”. Invisibles, las radiaciones atómicas inundaron la atmósfera.
Una dificultad fundacional humana, está en las paradojas que plantea la ambición1. La ambición, es una de las formas que toma como rasgo en cada ser hablante, modalidades fantasmáticas particulares para la puesta en acto de deseos. La modulación de la misma, producto de cómo se articulan los tres registros de la experiencia del hablante ser, deriva en modalidades de puesta en acto de sus deseos. Si predomina la articulación entre lo real y lo imaginario, la ambición toma la forma del “goce del Otro que no debería haber”. En cambio, si la articulación entre real y simbólico toma el peso adecuado sin desarticularse de lo imaginario, emergerá un criterio de realidad, lógicamente más indicado para la circunstancia que lo demande.

De todo esto deriva que la ambición pueda motorizar, lo mejor y lo peor. Ocurre, cuando se tensa en encrucijadas en las que somos colocados por lo real. O sea, nos afecta sin que poseamos un saber qué hacer con eso. Por ejemplo, en la “edad de los hielos”, el deseo de supervivencia encauzó a la ambición que llevó a núcleos de proto-humanos a emigrar hacia el ecuador africano, les facilitó sobrevivir.
Cuando no sabemos qué hacer, reaccionamos con la batería simbólico-imaginaria de que cada uno está provisto, buscando construir una realidad. Suele ser, sólo parcialmente suficiente, para dar cuenta de lo real que esté incidiendo. Lo mismo, le ocurre a cada Cultura en particular en función de su relación con el medio ambiente y con el desenvolvimiento de otras Culturas. También, pueden aparecérseles de cierto modo y en ciertas circunstancias, como un real y no solamente como rival imaginario.

Como psicoanalista, dotado con las herramientas del psicoanálisis y su ética, procuro analizar lo más posible –“escenas causas y razones”2– en la búsqueda de ir acotando hasta lo imposible a cada real. O sea, hasta otro real, que volverá a acosar. Es lo que me ocurre hoy, con los acontecimientos japoneses. Busco aportar algún granito de arena, explorando los mejores sentidos para elaborar dichos reales. Sólo analizando y elaborando en consecuencia, podremos exorcizar ideas pesimistas que alimenten, derrotismos, resignaciones y sentimientos depresivos disparados por ellas.
La ocurrencia3 “al ver flotar los automóviles costosos, como si fueran bloques de ‘mis ladrillos’, uno se da cuenta que poco valor tiene aquello con los que muchos creen que pueden parecer más importantes que los demás”, es muy precisa, con la plurisemia de este significante: precisar. De acertar y necesitar.

Los japoneses, quedaron atrapados en la siguiente paradoja. No tienen vías de aguas suficientes, como para sostener con centrales hidroeléctricas, su enorme capacidad de producción. Tampoco yacimientos de hidrocarburos. Japón está integrado por una isla mayor, tres menores y varias más pequeñas. Está superpoblado (127 millones). Se le podría decir, confórmense a vivir como en el siglo XVI, agrario, arado de madera y bueyes, siervos, señores feudales y samurais haciendo las guerras. Pero es en ese punto, en el que las otras culturas y sociedades funcionan como imaginarios y reales que presionan. En los comienzos del siglo XX su ambición por salir de las dificultades emergentes de su economía trabada por aquellas insuficiencias y sus límites territoriales, fue expansionista y los llevó a la guerra de 1939. La derrota de los alemanes y los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki, dieron fin a esas ambiciosas aspiraciones. El “uso pacífico” de la energía atómica, fue la nueva “salida” que los hizo entrar en el desastre actual iniciado por la naturaleza con el tsunami, pero multiplicado con la amenaza nuclear devenida del incendio de la central de Fukushima.
Trabajando esta desgraciada catástrofe con la lógica proveniente de usar lo mostrado por Lacan con el nudo Borromeo, creo poder conjeturar de este modo:

Lo real que afecta a Japón, no es sólo lo incontrolable y no sabido de la catástrofe natural. También lo era, el desarrollo industrial occidental que relegaba a un Japón medioeval. Pero ésto incidió, no solamente como una cuestión de competencia y rivalidad imaginaria. Incidió también, como muestra incontrastable que era posible vivir en otras condiciones. Lo que ofertaba una apariencia imaginaria a los deseos de los japoneses. Los que, como ocurre con los demás seres hablantes, sienten insatisfechos sus deseos. El desarrollo industrial de Japón y su enriquecimiento, amplió las expectativas de vida de los japoneses. Mejoró notablemente su dieta, su medicina, su promedio de vida, su desarrollo físico, etc. ¿Cómo podían rechazar, gozar de todo eso? Desenvolvieron fuertemente su ciencia y su técnica. De ahí, las 20 centrales atómicas. Arribaron a otra realidad (SI). Pero un efecto de esa realidad fue sobre-articular a lo imaginario con lo real (IR). Se reforzó entonces, el goce del Otro que no debería haber. Los japoneses terminaron siendo gozados nuevamente por las radiaciones atómicas, esta vez de su propia producción. Fueron anudados por un 4° nudo, que siniestra y contradictoriamente instaló como nombre anudador, a: “Progreso”. Instalando, la gran paradoja que ha sumido nuevamente a Japón, en una ominosa catástrofe.
Progreso, nombre que en Fukushima, llevó al Goce del Otro que no debería haber.
Realidad

Que no debería haber. Pero que por efecto inconsciente de lo imposible que no cesa de no escribirse en el hablante ser, aconteció en el intento de resolver paradojas. En Japón, condujo al predominio inconsciente de la pulsión de muerte. Volver al mismo lugar repetitivamente, por efecto de lo no simbolizado o lo no simbolizable, conduce a lo peor.

¿La responsabilidad del “accidente nuclear”, fue sólo de las grandes corporaciones de la industria atómica japonesa? ¿De sus gobiernos legislando normativas legales débiles, o renegando, desestimando, su insuficiente cumplimiento? ¿De las mayorías que votaron a dichos gobiernos, renegando de lo que en sus islas se estaba erigiendo? De todos ellos. Pero si hablo de responsabilidad, me precipita la pregunta. ¿Hubo elección, tenían a disposición otros caminos posibles?
En un artículo publicado el 26 de marzo del 2011 podemos leer4: “La organización social contemporánea, en los países de los más diversos regímenes políticos, se basa en un elevado consumo de energía que está dando lugar a formas de generación cada vez más caras y riesgosas, en forma directa para el ser humano e indirecta por el impacto en el medio ambiente.” El periodista une en este arco de producción de energía, a las gasíferas, petroleras y las que usan alimentos que utilizan nutrientes del suelo para la fabricación de combustibles. Agrega que la energía atómica usufructúa grandes masas de agua, a veces potable. He leído también, informaciones inquietantes sobre proyectos de grandes corporaciones mineras, para extraer metales preciosos de glaciares del sur y de la Antártida. Proyectos que para llevarse a cabo exigirían herir gravemente a esas masas de hielo, fuentes actuales y futuras de agua potable, además de refrigerantes contra el calentamiento global.

Surge una pregunta imposible de contestar, o que mi deseo de vida hace que prefiera no contestarla. La humanidad, sumida en las paradojas devenidas de la pérdida de sus instintos fundamentales, resueltos por el desenvolvimiento de la Cultura, la Razón, la Inteligencia: ¿Sobrevivirá como especie? 443 centrales nucleares, incluidas nuestras modestas y anticuadas 2, esperan. ¿443 réplicas a la espera de alguna contingencia, humano natural?

_______________
1. Decía Enrique Santos Discépolo en su genial Cambalache: Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.
2. Un recuerdo nostálgico para cuando con Ricardo Estacolchic, se nos ocurrió ese nombre para: Escenas, causas y razones de la vida erótica.
3. Reflexión de Susana Ruettinger, integrante de Psyche y responsable de comunicaciones de la red Marginación, no. Otro lugar.
4. En Clarín, por su columnista Julio Sevares, especializado en economía.
 
 
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