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   Colaboración

Efectos clínicos de las versiones del padre en la melancolía
  Por Jesús Manuel  Ramírez Escobar
   
 
Será en “Duelo y Melancolía” (1917), donde Freud aventurará una definición del mecanismo psíquico del segundo concepto, proponiendo que: “La melancolía se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo”. (Freud, 1917/2005, p.242)

En este contexto afirma que la elección de objeto del melancólico se realizó sobre una base narcisista. Se produce una identificación del yo con el objeto perdido. Se trata de la libido y su destino dado que la elección fue realizada con una base narcisista. Si el objeto desapareció el yo puede muy bien seguir ese destino. A partir de esta identificación, el yo será juzgado por la instancia crítica como si fuera el objeto perdido, sufriendo del odio proferido a él originariamente. La idea freudiana es que el melancólico al maltratarse ataca al objeto, pero como éste ha quedado identificado al yo, se daña a sí mismo. La melancolía muestra el funcionamiento más primitivo y cruel del funcionamiento de la naciente instancia crítica.
Más adelante en “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) Freud propondrá que el estudio de la melancolía muestra al yo dividido, descompuesto en dos fragmentos: uno de los cuales arroja su furia sobre el otro. Uno de dichos fragmentos será aquel alterado por introyección, incluyendo al objeto perdido, esbozándose como conciencia moral aquella que se comporta tan cruelmente sobre el yo.

En “El yo y el ello” (1923) Freud relaciona al superyó con la función protectora y salvadora que al comienzo recayó sobre el padre, tal como lo había anticipado en el “Proyecto” al referir que el desvalimiento original del ser humano se convierte en la fuente primordial de todas las motivaciones morales.
En el capítulo V de dicho texto se observa un acercamiento y distinción entre la melancolía y la neurosis obsesiva teniendo como base al superyó. Mientras en la melancolía es aún más fuerte la impresión de que éste ha arrastrado hacia sí a la conciencia, donde el yo no interpone ningún veto y se confiesa culpable sometiéndose al castigo; en la neurosis obsesiva se trata de mociones repelentes que permanecen fuera del yo. Por tanto, en la melancolía el objeto a quien se dirige la cólera del superyó ha sido acogido en el yo por identificación.

A lo anterior se unificará el segundo dualismo pulsional. Ahora el superyó podrá ser severo o cruel, un “puro cultivo de pulsión de muerte”; en el caso de la melancolía el yo se abandona a sí mismo porque se siente odiado y perseguido por el superyó, en vez de sentirse amado.
Previamente, en su artículo “Sinopsis de las neurosis de transferencia”, Freud comentará que el duelo por el padre primitivo surge de la identificación con él, demostrando que esta identificación es la condición del mecanismo melancólico.
Como vemos, al sujeto melancólico no le queda más recurso que remitirse a un destino al que atribuye la omnipotencia del Padre mítico, y detrás del cual se perfila la crueldad de un superyó. Al remitirse de este modo al Sino, el melancólico toma sobre sí la falta sin ninguna regulación.

Por su parte, Lacan a la altura del Seminario 7, “La Ética del Psicoanálisis”, mencionará al respecto de la identificación en la melancolía: “Entonces, si incorporamos al padre para ser tan malvados con nosotros mismos, es quizás porque tenemos muchos reproches que hacerle a ese padre” (1959-60/2003 p.366).

Posteriormente, en el seminario sobre La Transferencia, Lacan observa que el objeto del deseo que se encuentra enmascarado en la melancolía: “es allí mucho menos aprehensible, por estar ciertamente presente y desencadenar efectos catastróficos por amenazar allí a ese Trieb fundamental que los adhiere a la vida”. (Lacan, 1960-61/1999, p.225).

No será si no a partir del Seminario 10 sobre la Angustia que Lacan retomará el estatuto de objeto a como principal eje de la elucidación de la melancolía. En dicho seminario recordará el texto freudiano de “Duelo y Melancolía” destacando que es preciso que el sujeto melancólico se explique, cómo ese objeto a está habitualmente oculto detrás del i(a) del narcisismo quedando oculto, desconocido en su esencia a través de su propia imagen, la cual buscará atacar y cuyo mando se le escapa, y en su caída verá la propia.
Por último cabe señalar que ante el efecto mortificante del lenguaje, el sujeto responderá con el dolor de existir desprendido de su falta en ser. Sin embargo, en la melancolía se producirá un dolor en estado puro debido a la identificación a ese efecto mortificador del lenguaje vía el padre muerto, no existiendo ningún tipo de regulación simbólica que aminore tal efecto como en la neurosis.

Por esto mismo el sujeto psicótico estará en una relación directa al lenguaje en su aspecto formal de significante puro, como lo que no se encadena. Un traumatismo que produce siempre lalengua. Ante esto, el sujeto se verá impelido a una invención subjetiva, invención del sentido, que es siempre más o menos un delirio. Por otra parte, siguiendo a Miller (2006), el gran Otro es una invención, y puesto que éste no existe, el acento se desplaza del efecto al uso, se desplaza al saber-hacer-allí. Lo que hace que el sujeto esté condicionado a devenir inventor, siendo empujado, en particular, a instrumentalizar el lenguaje. Se puede ir más allá del Padre a condición de servirse de él.

Continuando con el tema de la identificación y del parasitismo del lenguaje, Laurent (1989) propondrá que el melancólico se identifica con el asesinato de la Cosa que nombra al mismo tiempo que eterniza, emprendiendo un sacrificio narcisista que depende del sacrificio simbólico, lo que establece una forma de separar el deseo de la causa. Con esto explicará que en el caso de la melancolía lo que es rechazado del lenguaje es el plus-de-vida que lo simbólico marca como una mortificación.
Haciendo alusión al desencadenamiento, para Colette Soler (1991) la melancolía se enfrasca en la instancia de la sola pérdida, desencadenándose y volviéndose absoluta. Por tanto el melancólico subjetivará la pérdida como dolor moral, adoptando la falta la significación de culpa, hecho que trae consigo el delirio de indignidad. Se presenta una responsabilidad delirante en tanto el sujeto toma la culpa a su cargo. Aquí el sujeto sitúa al mal en posición de causa, reduciendo todo el registro del sentido al de la culpa que cree encarnar, se produce una “megalomanía de la culpa”, lo que le permitirá tener una certeza sobre su ser: lo trata como a la hediondez del mundo, como al kakon fundamental, siendo a este a quien insulta dentro de sí, perseguido por el superyó.

Así, podríamos observar a la metáfora delirante en la melancolía como suplencia frente a la invasión de lo real desreglado por la forclusión, por lo que puede ocupar la función de estabilización en algunas ocasiones y en otras puede sólo ser un intento de solución que no alcanza a cumplir ninguna función de estabilización. Asimismo, queda abierta la posibilidad de otro tipo de suplencia como se menciona en la última enseñanza de Lacan, del padre como Sinthome, es decir, hacia una solución propia de cada ser-hablante. Con esto podremos decir que la dirección posible de la cura será el esclarecimiento de la posición singular tomada frente al discurso y frente a lo que queda fuera de él, ofreciendo un lugar a la invención de un saber-hacer-allí-con lo que resta del síntoma, más allá de silenciar la palabra por medio de diagnósticos culturales como los que denota el fenómeno depresivo en la actualidad.

Bibliografía
Freud, S. (2005) Proyecto de Psicología En: J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. I, pp. 323 – 446). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1950).
Freud, S. (2005) Duelo y Melancolía En: J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. XIV, pp. 235 – 255). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1917).
Freud, S. (2005) Psicología de las masas y análisis del yo. En: J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. XIX, pp. 63 – 136). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1921).
Freud, S. (2005) El Yo y el Ello En: J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. XIX, pp. 1 – 66). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1923).
Lacan, J. (2003) Seminario VII: La ética del psicoanálisis (1959-1960). Barcelona: Paidós,
Lacan, J. (1999) Seminario VIII: La transferencia (1960-1961). Barcelona: Paidós,
Lacan, J. (2006) Seminario X: La angustia (1962-1963). Buenos Aires: Paidós.
Laurent, E. (1989) Estabilizaciones en las psicosis Buenos Aires: Manantial.
Miller, J.A. & Otros (2006) La Psicosis Ordinaria Buenos Aires, Argentina: Paidós.
Miller, J.A. (2006.) La invención psicótica. Virtualia 16 Recuperado el 18 de noviembre de 2009 en http://www.eol.org.ar/virtualia/016/default.asp?formas/miller.html
Soler, C. (1991) Estudios sobre las psicosis Buenos Aires: Manantial.
 
 
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