Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Colaboración

El último amo
  Por Nicolás Cerruti
   
 
La cuestión de Drácula y el vampirismo no es sólo una cuestión de miedos y de fantasmas, está inserta en una época y en una actualidad a la que pertenecemos en parte. Quizás sea uno de los fantasmas más acabados de nuestro anterior siglo, junto con Frankenstein –modificación y reelaboración del mito del Golem–. Pero lo que nos aporta Drácula es quizás la bisagra a una cosa nueva que se representaría no sólo en la clínica, sino en nuestra sociedad. Ya no es el personaje de Drácula el tema principal o, tal vez, su historia de amor eterno, más bien el desplazamiento es hacia el vampirismo. De Drácula, el vampiro. El chupasangre. El chupasangre en comunidad también, y no como un personaje solitario. El vampiro con el semejante.

Es que nombrar al vampiro, o al vampirismo, es ya nombrar una relación y, en Lacan, lo encontramos en la mismísima relación primera con la madre. Se juega, se pone en marcha, alimenta desde ahí el fantasma que constituye el vampiro la pulsión oral y su objeto, el seno. Pero tal vez lo más importante es que desde aquí podemos rescatar algo que por lo general pasa desapercibido. No es lo mismo el deseo que la angustia… un poco más, no es lo mismo el objeto del deseo que el de la angustia… más aún, no es lo mismo el punto de deseo que el punto de angustia. Y lo que la pulsión oral nos muestra es justamente el inicio de esto, de esta separtición (partición en el interior), como afirma Lacan, donde el punto de angustia está más allá “del lugar donde se asegura el fantasma en su relación con el objeto parcial.”

“La imagen del vampiro nos revela, por el aura de angustia que la rodea, la verdad de la relación oral con la madre.” El vampiro es una imagen, o incluso un recurso ficcional, como lo es lo simbólico, que desde hace tiempo –y hasta un tiempo– supo perseguirme. Antes de pasar a un caso clínico donde, con su ayuda podremos tal vez elaborar lo que el vampirismo significa y representa, me veo llevado a incluirme (disculpen las molestias ocasionadas) en el mismo texto que relato. El vampiro, desde pequeño, fue mi susto favorito. Si de alguien tenía miedo era de ese vampiro que me vendría a morder, en la noche, y ante el cual algunas veces el recurso de subirme la sábana hasta el cuello era suficiente. Luego, como una elaboración más bien simbólica, cuando, como dicen, tuve más tela (más palabras a disposición en mi pensadero), me figuraba al vampiro viniéndome a buscar, subiendo por las escaleras, y yo lo visualizaba, lo cual hacía que controlara en parte la angustia que tal personaje me imponía. Subía un piso, dos; el truco neurótico era que no debía pensar más en él y entonces veía que bajaba. Si me angustiaba volvía a subir. El vampiro quería mi angustia, y tal vez, alimentarse de esta. Sólo una vez lo vi. Llegó hasta el mismo umbral de mi habitación, la luz lo golpeó desde detrás, y yo no podía verle el rostro, sólo su figura, a la espera, allí, delante de mí. Análisis de por medio, pude encontrarme que había visto esa figura de verdad, era mi madre. Ya en la adolescencia pude ver que su actitud era la misma, esperar en el umbral, observando, sin decidirse a entrar en mi habitación. No estaba del todo errado mi inconsciente cuando a esta vivencia la refrendó con la imagen del vampiro, pues el vampiro toma de la relación con la madre lo principal. Es más, es casi un cuestionamiento de la madre. Y esto, muy preciso, es lo que afirma Lacan con el punto de angustia: el punto de angustia está en el Otro (en la madre).
Pasemos a mi paciente. Adorno encontró en su análisis que el gran amor de su vida, único y último hasta el momento era una imagen del vampiro. Él sentía que era vampirizado por el Otro pese a todos sus esfuerzos por ser lo que este deseara. No había posibilidad de ser ese objeto de su deseo pues el otro afirmaba que Adorno tenía todo, era un muchacho perfecto, pero con una salvedad, él, el Otro, no lo deseaba. El Otro coleccionaba relatos de seducción, de aquellos que cayeron en ese lugar de Adorno, y también le comentó que hubo uno que llegó hasta matarse por su amor. Adorno fantaseaba con eso, ser el muerto de ese Otro, y de ahí la figura del vampiro como su resto: ser el muerto elegido por ese Otro. Sentía en su cuerpo cómo el Otro se alimentaba de su desesperación, de su angustia, tras el deseo. Para palear esto, Adorno recurría a su deseo de saber, con lo que se armó toda una metafísica del deseo. Quería alcanzar el deseo por intermedio del saber, y allí encontró su profesión.

Pero Adorno pudo constatar que el Otro recurría a él en los momentos en que algo pasaba, se quedaba vacío, deprimido, y entonces lo buscaba. Ahí, Adorno se predisponía a ser nuevamente un objeto para satisfacer al Otro, pero no podía sustraerse de la certeza de que el Otro se había angustiado. No había objeto, ni deseo, que la llenase. La defensa de este deseo de saber se superponía a la conservación casi coagulada de la imagen del Otro. Y ese Otro coagulado fue siempre una imagen materna. Incluso la llegó a visualizar: él era chico, su despertar sexual estaba a la puerta del asunto, recuerda que bajó unas escaleras y vio la desnudez de su madre, de espalda. ¿Acaso no es una excelente imagen para retratar a la madre fálica? Aquella que de la denegación hace su impronta, y de esta la fijación en una homosexualidad masculina. Adorno no deja de intentar ser un varón en su homosexualidad, con el correlato seguro de buscar en su deseo de saber ocupar el lugar de un solo sexo. Fantasea este lugar: es una mosca que escucha lo que dicen las mujeres de los hombres cuando se reúnen, o los hombres de las mujeres. Y entonces puede decir que en cuestiones de sexo las mujeres tienen un gusto por los detalles que los hombres transforman en una opacidad burda. De más está decir que es un gran aficionado a relatar con la escritura su pródigo de saber, y que esto lo deja tan ciego como Tiresias, el Tiresias interrogado por los dioses para dirimir quién goza más, si la mujer o el hombre. Sabe más de las mujeres y de los hombres que cualquiera, pues no pertenece a ninguno de los dos, es simplemente una mosca. Su identificación es femenina, mas el desarrollo de la misma parece ser de un terco varoncito que quiere saber. Es que Adorno ha sido vampirizado, y presenta en su subjetividad una envoltura donde objeto y sujeto se confunden, dentro de su huevo.

Si hiciéramos un corte de este huevo, una ana-tomía (función del corte según Lacan), podríamos acercarnos a que él mismo está presente en la misma mordida. Es que el vampiro encuentra su semejante en este punto preciso, en otro fantasma, el lobo hombre. Lo que tienen de similar y que constituye una profunda diferencia entre el vampiro y su pareja, el lobo hombre, es que a pesar de que en los dos la mordida contagia al otro, la del lobo hombre es brutal y despellejante y la del vampiro, succionante. El lobo hombre muerde donde el vampiro succiona, y por lo mismo, se alimenta. El alimento está presente en el fenómeno de la vampirización, y no tanto en el lobo hombre. Se hace difícil entonces encontrar el corte que daría al deseo su destino. Pero aquí Lacan es claro: la angustia está en el Otro, en el cuerpo de la madre, tanto como el deseo envuelve al sujeto, con su arrastre autoerótico.

El perverso masoquista (la estructura perversa) busca ser el objeto del goce del Otro (confundir ser con objeto, envolver sujeto con objeto), pero ésta es su fantasmática, su enmascaramiento de lo que se pone en acto: su propia voluntad de goce. “Por eso digo que el goce del Otro al que apunta es fantasmático. Lo que se busca es, en el Otro, la respuesta a esa caída esencial del sujeto en su miseria final, y dicha respuesta es la angustia.” Busca la angustia, es a eso que apunta el masoquista, e incluso llega a presentar que esa angustia es la de Dios (no Jesús, pues este último tiene el lugar del masoquista). Encarnar el objeto a, como residuo, como objeto caído, como alma, ser el alma de Dios.
Elaborando esto es como Adorno tuvo un sueño de angustia donde se ponía la piel de otro como un ropaje y, frente al espejo, intentaba unos cortes por todo lo que sobraba, si incluso tenía dos cabezas. La angustia aparece en la separación, porque el objeto figura algo enganchado, adosado. Por eso su deseo que se dirige al Otro, y que no hace más que encarnarse, se topa con la angustia y no con el goce del Otro. Y es aquí donde Lacan puede afirmar hermosamente que es esta su voluntad de goce, casi podríamos decir su voluntad de vivir, voluntad de potencia, pujanza, en el sentido más Nietzscheano posible.
Y esta voluntad de goce es lo más real que tenemos para decir. Tanto como para mantener vivo a un muerto, que es el vampiro, que supo ser un señor, un amo.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | Te vería infinitamente, si sólo no fuese tan ciega 
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | La continuidad de los “porqués” 
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | Un resonante cuerpo de palabras 
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | No es el amor una bella fábula 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Liarse al fracaso 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Mensaje Telepático.   Una comunicación posible

 

 
» Laura Caime
Taller de escritura  Para liberar el deseo de escribir y aprender a leer la propia escritura
 
» Centro Dos
Cursos con práctica clínica. Ingreso agosto 2020 
 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Seminario "Psicoanálisis con niños y bebes" • Ilda Levin 
 
» Adriana Bauab
Grupo de estudio • Seminario XI - Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis 
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Actividades virtuales 
 
» Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires - Distrito XII Quilmes
Test de colores - Max Lüscher - Test Mis Mano 
 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Seminario: El deseo y su interpretación. Una lectura clínica  Liliana García Maese • Stella Maris Guilian • Invitada Lidia Matus
 
» La tercera
Seminarios 2020 
 
» Fundación Causa Clínica
Ciclo de conferencias abierto al público. Gratuito. Con inscripción previa 
 
» AASM 2020
XIII Congreso Argentino de Salud Mental  
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Actividades incio AGOSTO 
 
» La tercera
Programa de formación integral en psicoanálisis 
 
» Fundación Causa Clínica
Cursos clínicos psicoanalíticos para graduados con práctica rentada - CURSADA PRESENCIAL / VIRTUAL 
 
» Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires - Distrito XII Quilmes
Nuevas paradas en el recorrido hacia el daño psíquico 
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Psicología Forense 
 
» Fundación Causa Clínica
Talleres • Acompañamiento Terapéutico 
 
» Fundación Causa Clínica
Pasantías Clínicas cuatrimestrales y Cursos breves. Virtuales / Presenciales 
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com