Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Psicoanálisis y Cine

Vértigo: el miedo a la tentación
  Por Claudia Zaiczik
   
 

¿Quién no imaginó su cuerpo cayendo en el vacío cuando se encuentra en un lugar alto, mirando el precipicio que se abre a sus pies? En general, la confianza en aquello que nos sostiene: balcón, baranda, peldaño, es suficiente para que esa fugaz idea no nos haga entrar en pánico. Pero cuando se trata de un síntoma, quienes lo padecen dicen no soportar las alturas; el abismo los atrae como tentándolos a arrojarse.
En la película Vértigo1, Hitchcock nos muestra con el estilo que lo caracteriza, cómo se conmueve la estructura del fantasma, y cuáles son sus consecuencias.
Hay un tipo de cine críptico, cerrado; como el de Bergman, Godard o Buñuel, donde en un principio no entendemos la trama, y luego interpretando la retórica de la obra le encontramos un sentido, descubrimos una lógica. En cambio, el cine de Hitchcock despliega un argumento aparentemente trivial y sencillo, lo entendemos de entrada, pero encierra un plato delicioso para cinéfilos y psicoanalistas.
Scottie es un detective retirado. Tiempo atrás en un operativo, su compañero a punto de caer a un precipicio le pide ayuda, pero a causa de su fobia a las alturas, se paraliza y no logra salvarlo. La culpa lo lleva a retirarse de la actividad.
Gavin, un antiguo compañero de estudios lo llama para encargarle un trabajo. Sabe que está retirado, pero le ruega que acepte seguir a su mujer Madeleine. El marido cree que ella está obsesionada con su bis abuela, como poseída, y teme que se suicide igual que ella.


Scottie acepta y la sigue. Ella va diariamente a un museo a observar el retrato de su bis abuela, y él nota que Madeleine se peina igual, compra las mismas flores, tiene puesto el mismo colgante en su cuello. Parece perdida, como si no estuviera en este mundo. Un día ella cae (o se tira) a un río, y él la salva. Comienza un romance entre ellos, un amor que saben imposible. Ella va saliendo del trance y de la obsesión que la desquiciaba, pero al no poder tolerar perder al hombre del que se había enamorado, sube a un campanario de una iglesia, y sin darle tiempo a Scottie a que reaccione, se tira y cae al vacío.
Otra muerte que Scottie no puede evitar y de la cual se siente de alguna manera responsable. Se deprime a tal punto que deben internarlo.


Al poco tiempo de salir de la clínica, ve a una mujer que se parecía de manera asombrosa a Madeleine. La sigue, comienzan una relación, su nombre era Judy. Él intenta que se le parezca aún más: le sugiere otro peinado, otro color de cabello, le compra ropa del estilo de la mujer que había perdido. Pero un día, él descubre (por un colgante que usaba Madeleine y ahora lo lleva puesto Judy) que son la misma persona. No hay una verdadera y otra que se le parece. Hay una.
Judy le confiesa la verdad en el mismo campanario del que ella (representando a Madeleine) supuestamente se había caído. Lo que le cuenta es que Gavin la contrata porque quiere que ella se haga pasar por su esposa Madeleine a quien quería matar para cobrar una herencia millonaria. La esposa estaba en el campo, entonces el plan era el siguiente: "loockearían” a Judy para que todos crean que es Madeleine, contratarían al detective para que atestigüe en el juicio que tenía ideas suicidas y que efectivamente la vio arrojarse por el campanario. Pero el cuerpo (ya muerto) que tiraron era el de la verdadera esposa de Gavin. Una vez cumplida su tarea, ella retomaría su identidad, volvería a ser quien fue: Judy. Y mientras le cuenta esto, le jura a Scottie que se había enamorado de él, que había querido bajarse del plan macabro, pero cuando subió al campanario para evitar la tragedia, ya era tarde, Gavin tiraba a la verdadera Madeleine. Scottie la escucha, el espectador cree por un instante que todo se arreglará, que él la perdonará y vivirán felices para siempre, pero no, alguien sube por la escalera del campanario, Judy se asusta y cae. Esta vez, es ella, Judy y no el cuerpo sin vida de la verdadera esposa de Gavin a quien él ve caer. Se asoma desesperado, y en ese mismo instante se da cuenta que había perdido el miedo a las alturas. El síntoma había desaparecido. Fin.


Hay algo interesante en Hitchcock, y es justamente lo que deja abierto, lo que no explica a modo de cuentito psicológico, él hace hablar la trama por sí sola. Nada sabemos de Scottie, ni de su infancia, ni de sus padres. Sólo sabemos que era un hombre maduro que nunca se había casado, y de pronto se enamora por primera vez, se apasiona, se "enloquece" por Madeleine. ¿Qué de Madeleine? ¿Su aire distante, la supuesta inclinación al suicidio, la necesidad de que él la salve? Puede ser, lo que sabemos es que no logra ese amor con Judy, quien no necesitaba que la salven, ni implicaba un amor prohibido o imposible. Esa cuestión fantasmática la encarnaba Madeleine y no Judy. Y eso nada tiene que ver con una característica intrínseca de esa mujer, sino con un lugar que le hizo jugar a Scottie.


Como ocurre de manera frecuente en fantasmas masculinos, obsesivos, donde hay dos mujeres; una elevada a lo sublime y la otra ubicada como posible. La primera, prohibida o inalcanzable, será eterna. Con la otra podría casarse y que la vida haga lo que tiene que hacer. En el amor romántico ocurre lo mismo, cuanto mayor es la distancia con la dama, mayor el goce narcisista de disfrutarse a sí mismo sin interferencias.
Cuando analiza esta película, Zizek2 dice que es diferente lo que se pone en juego en cada una de las dos pérdidas que sufre Scottie. La primera se trata de la pérdida del objeto amado, hay tristeza, melancolía, pero justamente la consigue cuando la pierde; en esa pérdida se vuelve eterna y omnipresente. La segunda, cuando recobra a la Madeleine real, y es ahí que se hace añicos su estructura fantasmática y desaparece el síntoma. Se trata de la pérdida de una pérdida. No sólo la pierde a ella en esta segunda muerte, sino su recuerdo, su poder de fascinación, la creencia que era inalcanzable.


Sabemos que el fantasma es una respuesta que el sujeto se da frente a la pregunta de qué quiere el Otro de él. El sujeto quiere captarse, pero se divide de sí mismo, entonces cree hallar la respuesta en el Otro, pero no la obtiene, tampoco él tiene el Significante que lo nombre; es ahí que un objeto viene de otra parte, del registro imaginario, para reemplazar la carencia en el Otro. Ese objeto que lo fascina y a su vez lo retiene cumple una función primordial, el sujeto se “suelda” a aquello que lo rescata en el momento de su desfallecimiento, cuando sólo encuentra un hueco frente a la pregunta de quién es o qué quiere.


Esta unión de simbólico e imaginario, provee la estructura necesaria para salir al mundo sin “aflanarse” frente al otro; es cierto que puede tornarse una armadura demasiado pesada, que le hace repetir al sujeto una posición que no comprende, y fabrica síntomas que le son funcionales; pero conocemos muy bien a través de nuestra clínica, los estragos que producen las fallas en la escritura del fantasma.
Una verdad se le develó a este personaje en ese momento, como cuando en análisis hay un velo que se corre, y el síntoma ya no tiene razón de ser. Pierde el vértigo. Pero atravesar el fantasma, conmover el objeto que obtura el agujero, no es algo que podemos llamar un final feliz. Hasta que el fantasma recobre su forma de fantasma y otro objeto ocupe allí su lugar, entonces el sujeto encontrará una traza más suelta, menos apretada y aparatosa dibujando su imaginario. Si le diéramos vida a Scottie nos preguntaríamos si podrá dejarse sorprender, y abordar sin vértigo a una mujer posible.


Zaiczik@hotmail.com



1 Vértigo. A, Hitchcock. USA 1958
2 Slavoj Zizek. Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se animó a preguntarle a Hitchcock. Parte II. Cap 7. Editorial Manantial.

 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | La ventana indiscreta 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | La muñeca que murió virgen y devino sexual 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | La escritura del acto en una película coreana 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Eros no entiende razones 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Crimen y castigo 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Dos versiones del Padre 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Cuando la consistencia es dolor  
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Atados 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | HISTERIA : comedia y drama  
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | OBSESIÓN: comedia y drama  
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | La verdad de lo verdadero 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Lo Unheimlich 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | La causa de la gracia  
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Al borde del desborde 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Alto voltaje 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | “No hay punto, ese es el punto”1 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | La peligrosa pretensión de hacer posible lo imposible 
» Imago Agenda Nº 45 | enero 2000 | Por siempre Elvis  Elegir morir. A esto quiero referirme.

 

 
» Lacantera Freudiana
Cuando la clínica interpela a la teoría  Sábado 23 de noviembre 15 a 17 hs • Actividad abierta y gratuita
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com