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   Comentario de libros

Fluctuat Nec Mergitur
  Número 5. ¿Cuántas clínicas para el psicoanálisis?
   
  Por Carlos Giusti
   
 
¿Cuántas clínicas para el psicoanálisis? Tema por demás interesante. Esta observación fue la que me hizo volver a los números anteriores y detenerme en algunas cuestiones que paso a contarles.
El primer numero de la revista publicado en otoño del 2003 fue la presentación en sociedad de Fluctuat como Publicación de Psicoanálisis y en la invitación nos proponían: “A quienes sean de la partida: las perspectivas y los caminos que el psicoanálisis abrió nos sitúan como deudores de las enseñanzas inaugurales… el malentendido hace que el muro de lenguaje este habitado por fisuras y por eso no apostamos a que la homogeneidad en el decir sea garantía. Existe en cambio la posibilidad de enunciar creativamente donde cada uno mostrara desde donde sostiene su decir y porque ese decir tiene que ver con el psicoanálisis”. Creo que la propuesta viene cumpliéndose y con creces.

El segundo número, que apareció en la primavera del 2004, nos invitó a pensar: “Lo actual en psicoanálisis. Condiciones de su práctica”. En su editorial una de las afirmaciones que abrían a la lectura decía “la experiencia analítica tiene un aspecto transmisible y es posible dar testimonio de ella pero, simultáneamente tiene algo esencial que la hace resistente a la captura. Mientras avanzamos en el camino recogiendo experiencias, el horizonte cambiante sigue siendo inalcanzable. Se trata de cómo lo inasible es transmitido”.

El numero tres, publicado en la primavera del 2005, tomaba como tema “Sujeto-subjetividad-deslindes”. En éste, la propuesta era: “el título de este tercer numero nos da la oportunidad de explorar diferentes dimensiones del concepto de ‘sujeto’ en psicoanálisis y la noción de subjetividad… por nuestra parte reafirmamos una vez más el concepto de sujeto como eje del psicoanálisis y a nuestra disciplina en lo que tiene de avance y de resistencia. Avance en el sentido de apostar por el deseo…”

Una frase, que da la pauta de la continuidad en la posición de los responsables de la redacción y de su director, se resume en el editorial: “queremos enfatizar que si decimos que la ocasión (la del foro) fue fructífera es por un lado por el tono de la discusión que favorece el dialogo y por otro las fecundas diferencias que en él se mostraron”.
Discusión y dialogo fecundo que albergan las diferencias es a mi entender la línea que perdura en todos los números.
En otoño del 2007, aparece el número 4: “Pasiones y sus destinos”. En las palabras de apertura del foro podemos leer que “el tema de las pasiones es un tema que desde el principio de los tiempos agita los espíritus y consume plumas y ríos de tinta… nos preguntamos entonces:¿qué tiene para decir el psicoanálisis de las pasiones? ¿Qué tenemos los analistas para decir de las pasiones? ¿ Es un término del psicoanálisis? Que un término sea del psicoanálisis: ¿lo determina el término, o la posición desde donde se aborde?

Interesante cuestión esta última porque sigue dándonos pistas de la posición de los responsables de esta publicación.
Y así llegamos a esta primavera del 2010 con la aparicion del número 5 ¿Cuántas clínicas para el psicoanálisis?
Antes de entrar al número en sí, desearía detenerme un momento en este dispositivo tan innovador que es el dispositivo del foro.
Dispositivo que consta, en primera instancia, de invitados a hablar sobre el tema propuesto para cada número. (Vale aclarar que la diferencia en este último es como nos dice Irene Di Matteo en su presentación: “que quebrando su habitual abstinencia tres componentes de la redacción participan de las puntuaciones”). Y un segundo momento donde participa el público con intervenciones libres.
La transcripción de este foro forma parte de la publicación.

El foro es propuesto como un modo, una variante que busca establecer lazos productivos en torno al psicoanálisis. “Se trata de encontrar modos diferentes de pertenencia al campo psicoanalítico de ir más allá de las formulas fundadoras y consagradas, de no quedarnos en el lugar de ser exegetas de nuestros maestros” al decir de Martín Vicondoa en su presentación del dispositivo en el número dos de la revista
Hay entonces líneas conductoras que atraviesan todos los números:

La ocasión fructífera del foro. Por un lado, por el tono de la discusión que favorece el diálogo y, por otro, por las fecundas diferencias que en el dispositivo van apareciendo. Y la posibilidad de enunciar creativamente, donde cada uno muestra desde donde sostiene su decir y porque ese decir tiene que ver con el psicoanálisis.

Esto se sostiene en este número Cuantas clínicas para el psicoanálisis? Con sus secciones: Editorial; Foro donde incluye además un trabajo relativo a él de Elena Álvarez; Otras perspectivas que reúne trabajos de Irene Di Matteo, Celia Rocca, Marcelo Peluffo y Silvia Sigal; En memoria homenajes a Mario Benedetti y Roberto Harari; Conversación esta vez con Carlos Repetto y Lecturas con artículos de Alicia Alvarez y Tatiana Reitman.
Foro sección que sigue al Editorial nos abre muy interesantes vías para pensar el tema propuesto: Clínica como un término que excede al campo del psicoanálisis, relación entre clínica; experiencia; transferencia y dirección de la cura. La clínica ubicada en un tercer lugar lógico en el relato ni del lado de la teoría ni del lado de la praxis. La idea del psicoanálisis como práctica de discurso.

Y para finalizar, diría jugando a participar hoy yo del foro: Si “la clínica es lo que se dice en un análisis”, un análisis es posible porque se sostiene una creencia respecto de un sujeto supuesto al saber, hablamos de transferencia. Es entonces que la clínica la hace quien está en posición de poder escuchar de modo diferente, pues implica una teoría y un discurso en el cual el analista se forma y fundamentalmente su propio análisis. Esto le permitirá escuchar al otro de un modo que nunca podrá ser escuchado en otra práctica. Es así porque quien habla no sabe lo que dice y es necesario que al menos uno de los dos y en este caso el analista sepa que ambos están sometidos al lenguaje o sea que es necesario algo que hace al saber del analista. Se desprende entonces que habría tantas clínicas como analistas, cada análisis es singular, es disjunto. Freud define en “La interpretación de los sueños” al deseo del analizante como un invariante. La estructura del deseo está presente en cada análisis pero su manera de aparecer en la transferencia varía por quien lo escucha en cuanto a su propia relación con la castración.
No me queda más entonces que proponerles adentrarse en la lectura de este numero 5 de Fluctuat.
Carlos Giusti
 
 
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