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   Conectados en soledad

La soledad contemporánea como efecto del discurso que no existe
  Por Amelia Haideé  Imbriano
   
 
Muchas veces hemos descripto a la sociedad contemporánea en relación a los modos en que se manifiesta el “malestar” en nuestra época. Nos hemos referido a: la odisea en la civilización contemporánea, el mundo-inmundo, la tecnociencia y tecnocracia, la producción de la aldea global como nueva Babel, lo aditivo adictivo “ready-made-trusch”, lo virtual, las víctimas del capitalismo, los nombres de la muerte, en relación a la globalización y la consecuente esclavitud del hombre tecnológico.

Hemos insistido repetidas veces respecto de que las transformaciones societarias derivadas de la conjunción del desarrollo de las tecnociencias y el florecimiento del liberalismo económico, construyen una variable cultural en donde es posible el incumplimiento de los derechos humanos y la transformación de lo ilegítimo en legítimo. Punto de ocasión para un debilitamiento de la función paterna en tanto operación jurídica. Al estar en disfunción lo simbólico en tanto Ley, las conflictivas imaginarias no tienen otra alternativa de resolución más que a través de un empuje en lo real. Allí encuentra posibilidad la emergencia del sujeto en una máxima expresión real: mato o muero. ¿Por qué? ¡Porque el sujeto se encuentra absolutamente solo frente a la pulsión! El padre ya no acompaña diciendo NO al goce.

Estamos asistiendo a una época muy particular, en tanto seres hablantes: por un lado existen grandes posibilidades de comunicación y los humanos de toda edad, género, etnia y religión se conectan muy fluidamente y a veces, demasiado. Por otro lado, estamos atrapados en un giro en falso del discurso, tan en falso, que ha perdido la condición de discurso, pues no logra efectuar el lazo social. Me refiero a la mutación denominada “discurso capitalista”, sobre la cual ya he escrito bastante en un libro que se llama La odisea del siglo XXI editado por Letra Viva, a quién siempre le estaré agradecida por ser una gran compañera del autor. En su 2da Edición de 2010 he podido escribir algo así como: ¡el discurso capitalista no es discurso! Se trata de una mutación capital. La mutación del discurso del amo.

Jacques Lacan, en 1970, en el Seminario 17 “El reverso del psicoanálisis”, se refiere a una mutación del discurso del amo. Nos proponemos considerar algunas de sus referencias para luego considerar el lugar de la verdad en el discurso del amo y en el discurso de “estilo capitalista” con el objeto de considerar algunas consecuencias posibles. Citamos:

1.- “Mutación capital que da al discurso amo un estilo capitalista”. En 1972, en la Conferencia de Milán, lo presentará como “discurso capitalista”.
2.- “Si esto ocurre no es por casualidad […] hay en alguna parte políticos […], basta con que estén, incluso en otro sitio, para que lo que pertenece al orden del desplazamiento del discurso se transmita”.
3.- “Gracias a una serie de mutaciones dialécticas […] que atraviesa todo el desarrollo de la cultura, finalmente la historia nos recompensa con ese saber que no se califica como acabado sino como absoluto, como incontestable”.
¿Qué implica una mutación? Todas las acepciones aluden a “mudanza”, a “cambios en el aspecto, naturaleza o estado”. Los diccionarios en las diferentes versiones del RAE, refieren principalmente tres acepciones y dos modalidades. Respecto a las acepciones: 1.- unas, hacen referencia a cambios producidos en los armados de escenas, por ejemplo, los cambios de decoración en el teatro; 2.- otras, se encuentran referidas a las modificaciones de la estructura, por ejemplo, las modificaciones producidas en los cromosomas; y 3.- una tercera acepción alude a destitución, por ejemplo: destituir a alguien de su puesto. Las dos modalidades consideradas son: a.- por su forma de aparición: espontánea o provocada, y b.- según el tipo de consecuencias.

Todo discurso, en tanto tal, debe cumplir con dos condiciones: con el objetivo de poder pensar el tipo de mutación producida en el “estilo capitalista” consideraremos brevemente algunas cuestiones: Hay cuatro lugares en el discurso: agente, otro, verdad y producción, cuyo algoritmo base es una fórmula que por su lado izquierdo presenta la relación agente-verdad, y por su lado derecho, la relación otro-producción. Algoritmo que puede leerse como: un agente posicionado respecto del lugar de la verdad, interviene sobre otro, causando una producción. Todo discurso, en tanto tal, debe cumplir con dos condiciones: 1.-imposibilidad: el término que funciona como agente no se reduce al otro; 2.- impotencia: el producto no se fusiona con la verdad (disyunción lógica entre verdad y producción) reforzando la imposibilidad. El modo discursivo depende de la gestión (gestión: “dirigir el ejercicio de actividades”) de los términos implicados según ocupen esos lugares. Los términos propuestos para esos lugares son los matemas fundamentales de la constitución del sujeto: S1, S2, $ y a.

El discurso fundamental, discurso del amo o discurso del inconsciente tiene una direccionalidad de gestión: $ – S1 – S2- a. Esta gestión se cumple a través de dos operaciones: el cuarto de vuelta dextrógiro y la interrupción. Son ellas los modos que posibilitan que las dos condiciones del discurso se cumplan. Su circulación dextrógira impide que S1 se reduzca a S2, y la interrupción entre $ y a impide que ambos se fusionen. Consecuencias: 1.- se produce el imposible entre S1 y S2, no hay binarismo significante, no hay pareja, hay aparejo significante y trabajo; 2.- la relación entre $ y a es fantasmática, 3.- como producción aparece una pérdida; 4.- se produce la representación del sujeto: un significante representa a un sujeto ($) para otro significante, a costas de pérdida de goce. O sea, en este discurso se trata de la emergencia del sujeto en tanto que dividido ($ sujeto tachado) y la producción de un objeto en tanto que perdido (a), que podrá tomar el valor de plus-de-goce o causa de deseo.

Para analizar el lugar de la verdad en este discurso, utilizaremos para ello el tetraedro vectorizado al que se le extrae una arista, que Lacan presenta en “El saber del psicoanalista”. Si lo pasamos al grafo propuesto por Marc Darmon, presentado por Peusner en El niño y el Otro (Buenos Aires, 2008, Letra Viva) y lo aplicamos al discurso del amo, observamos lo siguiente: la verdad interviene sobre el agente y el Otro, y no hay posibilidad de reversibilidad de esta dirección, - es imposible de ser manipulada-.
El discurso capitalista se define por un algoritmo, en donde el lado izquierdo de la fórmula del discurso del amo sufre una variación: $/S1. Esta gestión se cumple a través de dos operaciones: 1.- una inversión en el lado izquierdo de la fórmula y en consecuencia, el S1 ocupa el lugar de la verdad, 2.- no hay interrupción en el denominador. La circulación sigue partiendo del $ y hace posible una doble circularidad. No se cumplen las condiciones de imposibilidad e impotencia. Si volvemos a aplicar el esquema propuesto por Darmon las consecuencias no dejan dudas: en esta gestión la verdad es manipulada. El sujeto opera sobre el significante amo como verdad, el sujeto dirige la verdad, por eso este discurso supone el rechazo de la castración y en ello radica la mutación. En el lugar del agente aparece el sujeto ($) tomando el lugar del significante amo (S1) al cual estaba identificado.
El sujeto puede pretender ser el “autor” de su discurso desconociendo el significante que lo funda. ¿Se tratará del sujeto infatuado al cual Lacan se refiere como “hombre moderno” en su “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología” de 1933?

Respecto de la verdad, es una verdad dirigida, construida, desde el sujeto tachado que encubre su tachadura con un significante amo, absorbiendo o succionando objetos-partenaire proporcionales, quedando coagulado. La producción es engañosa, porque el discurso ofrece objetos anticipadamente. El objeto determina al sujeto. El sujeto efecto de esta gestión es un sujeto de goce, tomado por el empuje al exceso, lo cual facilita el imperio del ideal de consumo. Su costo es alto: los consumidores se convierten en consumidos, se notifican tarde, cuando su esclavitud está consumada.

Si retomamos las acepciones que sobre “mutación” encontramos en los diccionarios, podemos considerar que se trata de una mutación que aparece en las escenas, como si se tratara de cambio de decorado, enmascarando una mutación estructural, en donde el sujeto del inconsciente es destituido. Es provocada, y sus consecuencias se imponen hoy bajo figuras de patentización de un sujeto de goce que expresa las con máximas evidencias la pulsión de muerte.
Nos hemos referido, también repetidas veces, a los estados de excepción –siguiendo a Agamben– y sus consecuencias, hasta llegar a proponer que es esta mutación del discurso del amo la que funciona como estado de excepción. El 25 de Mayo pasado, tuve el agrado de presentar un libro de Mercedes Minnicelli llamado Infancias en estado de excepción. Derechos de niño y psicoanálisis (Noveduc, 2010) y les voy a comentar que desde su lectura reflexioné mucho pues la autora presenta como hipótesis el niño des-institucionalizado como efecto de los estados de excepción y nos referimos a la audiencia de este modo: “Es un libro que pone en trabajo el tema referente a las consecuencias de los estados de excepción, entre ellas los niños des-intitucionalizados, a propósito de una hipótesis mayor: el sujeto des-institucionalizado, y el lector se conmoverá al descubrir que se trata de todos los niños, también los suyos, y de todos los sujetos, también él”. A propósito les comenté que la presentación fue realizada un 25 de Mayo: trabajar estos temas es ejercer el derecho de ser ciudadano.

La autora trabaja desde el concepto de “estado de excepción” y el lugar de la ley en la cultura, pasando por interesarse como psicoanalista en la función de la ley en la construcción de la subjetividad hasta llegar a una conclusión: la infancia está des-institucionalizada y todos somos actores de esa situación, todos somos cómplices; y con coraje denuncia a la actual sociedad que no quiere ver y goza de la fascinación ante el horror. Marta Gerez Ambertín, la prologuista del libro, refiere sin rodeos: “Las instituciones no quieren ver lo que la infancia les muestra… son infancias con eclipse de institucionalidad (…) “Se procuran múltiples intervenciones para abordar la violencia infantil y adolescente, pero los adultos nada quieren saber de su complicidad con esa violencia”.

En la época de la comunicación, asistimos a la falta de memoria, a la des-historización, siendo un buen mecanismo para producir nuevos consumidores. La renuncia a la inscripción filiatoria en el linaje familiar, social y cultural, la ausencia de la función de los mitos en los modos actuales de la sociedad, causan una expropiación de la interrogación respecto de la vida. Las preguntas sobre el sexo y la muerte son sustituidas por respuestas “prefabricadas” desde la gestión comercialista globalizada.

Minnicelli refiere sobre la infancia: “Resulta sumamente paradójico que, mientras proliferan saberes sobre las técnicas psico-pedagógicas, sobre acciones psico-jurídicas, sobre parámetros psico-técnicos y se escriben nuevas legislaciones, padecen mayor precariedad la educación, la justicia, el cuidado y la protección. Este es el saldo a disposición de las nuevas generaciones, precipitadas en nuestro tiempo a ser parte implicada en el discurso mercantil como sujetos-consumidores en tanto objetos-de-consumo […] En ese mismo marco, se ha expropiado a las nuevas generaciones la propia experiencia ante la angustia, producto de la renovación de las preguntas ontológicas sobre el nacimiento, el sexo y la muerte, sustituyéndolas por explicaciones basadas en información científica”.

Y nosotros agregamos: no se trata solo de las personas llamadas “niños”, se trata de los sujetos, se encuentran absolutamente expropiados, han perdido los modos “propios” de inventar la relación que no existe y de soportar su incomodidad frente a la diferencia sexual y la muerte. El sujeto está solo frente a lo real, la institución lo ha abandonado.
El problema actual es que así como el discurso del padre (discurso del amo) está mutado hasta su disolución, la institución consecuencia del mismo también ha mutado: hay gentío, hay aglomeración, de la cual los “chats” y similares son evidencia.
La institución, desde la familia al Estado, se inscribe como neurosis infantil, y Freud descubrió que lo que tiene “hace camino al andar”, su patria en la infancia sigue viajando, hace del sujeto un posible ad-venir.
¡El sujeto está solo, está des-institucionalizado, la neurosis infantil no lo acompaña!
 
 
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