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   Saber de la historia

La desaparición del Dr. Gabriel Castillo Cerna y la Asociación Psicoanalítica Chilena (segunda entrega)
  Por Silvana Vetö
   
 
Antes de su desaparición, los psicoanalistas de la APCh se limitaron a expresar su preocupación porque la perturbación psíquica de Castillo, en el contexto de dictadura, lo pusiera en peligro. Las únicas acciones declaradas, aunque no realizadas, fueron las de intentar hospitalizarlo. La mujer de Castillo, en la indagación policial, dijo: “Posteriormente [a su separación] fui llamada por amistades de ambos que me decían que mi marido necesita pronta atención médica, cosa que yo traté que recibiera lo más pronto posible, pero sólo recibí ofrecimientos por parte de sus colegas ya que nunca logré que se le atendiera como lo necesitaba.” (Vicaría, foja 8). Por otra parte, estas iniciativas fueron emprendidas a título personal por quienes tenían más contacto con él, pero no hubo una posición institucional: “él no fue protegido por nosotros como analistas (…) yo creo que alguien cercano hicieron o trataron, ¿no es así? pero se debió haber hecho como institución, algo más activo de protección.”1 Así lo evalúa también alguien cercano a la familia de Castillo: “cuando lo vimos tan alterado, yo traté de formar una ‘comisión de hombres buenos’, para que lográramos que le dieran tratamiento ya, y llamé a Whiting, y me dijo ‘se nos psicotizó el muchacho’, así me dijo, en esas palabras, ‘no hay nada que hacer’, y no hizo nada, se retiró.”

Después de su desaparición, ninguna acción de la APCh o sus psicoanalistas es registrada, exceptuando la declaración de Whiting en el marco de la investigación policial. No hay recursos de protección, diligencias policiales, contacto con la Vicaría de la Solidaridad, con el Colegio Médico o con la IPA2. Ni siquiera -si puede aducirse temor a las acciones anteriores- un apoyo del tipo que fuere a la familia: “Los que eran sus amigos, que habían compartido con Claudia y su padre los últimos años, tampoco se acercaron más. Ella [su hija] sintió esto como un abandono…”3

En la revisión de las actas de la APCh, se pudo constatar que después de la última cuota pagada en junio de 1976, no hay mención alguna de Gabriel Castillo. Éste simplemente dejó de figurar, como si nunca hubiera existido, modo a través del cual la institución refuerza y duplica su desaparición. Así lo demuestra también este lapsus de un psicoanalista de la APCh: “creo que Gabriel se había desaparecido de la Asociación Psicoanalítica años antes”. Una de las justificaciones de los miembros de la APCh para no intervenir de ningún modo en la desaparición de Castillo, afirma que éste no habría estado en ese momento vinculado a la institución. Sin embargo, ya demostramos que Castillo era un participante activo de la misma en la época en que desaparece (véase la Primera entrega).

Ahora bien, el borramiento de Castillo de la APCh no es total, en su lugar aparece la reticencia a hablar del tema, acompañada habitualmente de relatos míticos o desfigurados. En este aspecto, quizás lo más evidente sea la inicial desfiguración del nombre: no se lo llama Gabriel, sino Daniel. En la APCh, la desaparición de Castillo fue transmitida de manera confusa, dejando una estela de enigma y una especie de exigencia tácita de silencio: “dentro de esto supimos que desapareció y se mantuvo esto así, como ‘desapareció’; “no recuerdo haber tenido noticias (…), una historia que no era muy clara. (…) la historia de él yo después la fui sabiendo, pero así de a poco, pero es que sabías algo, pero no quedaba tan claro…” Por otra parte, muy pocos de los entrevistados recordaban claramente dónde, cómo y en qué contexto se había realizado el tardío homenaje a Castillo. Algunos afirman que éste se hizo apenas el país hubo vuelto a la democracia, cuando no se realizó sino 9 años más tarde, 23 años después de su desaparición, en 1999.

Incluso en el acta que consigna la realización del homenaje, hay desfiguraciones interesantes. En el libro de “Asistencia a Reuniones Científicas. 1999-2001”, la reunión del 17 de junio de 1999 lleva el título “Sr. Fernando Revuelta”, como si fuera el nombre de un expositor, cuando realmente en la reunión se vio el documental Fernando ha vuelto. Luego, en el libro “Memoria Anual APCh. 1999-2000”, al describir las “Actividades Científicas” realizadas durante esos años, se lee: “se presentó un documental (proyectado después en el Congreso) ‘Juan ha vuelto’”, y posteriormente se señala que en esa ocasión se “suscitó una reflexión del grupo con relación a la desaparición de nuestro colega el Dr. G. Castillo (candidato del Instituto).” No es únicamente el nombre propio, Fernando en este caso, el que se ve deformado, sino también la vinculación de este último a la institución, puesto que Castillo no era “candidato”, sino “egresado” del Instituto. De esta descripción de la actividad también se desprende que no se trató de un homenaje propiamente tal, sino que a raíz de la proyección del documental el nombre de Castillo apareció en el debate y se reflexionó sobre su desaparición, sin que aquello fuera su objetivo inicial.

Después de la improvisada conmemoración, se empezó a hablar algo más de Castillo en la Asociación. En esas narrativas se subraya siempre el aspecto psicopatológico por sobre el político: “yo fui relativamente amigo del doctor Castillo, en la época de su desaparición, hacía tiempo que no lo veía y le cuento que el cuento que a mí me ha llegado, le digo, que Gabriel se psicotizó y que dentro de su psicosis lo agarraron dentro de una iglesia despotricando contra el régimen o algo por el estilo y ahí nunca más se supo y ese es el cuento que a mí me ha llegado y es el cuento que usted ha escuchado.”; “no sé cómo supe que a Gabriel lo tomaron preso porque fue a una iglesia a predicar, estaba en pleno golpe militar, predicar contra el gobierno (…) entonces el público pensó que estaba loco, era imprudente, era torpe y lo tomaron, lo detuvieron y como no eran muy finos de diagnóstico pensaron que era un subversivo.”
El estado psíquico de Castillo fue siempre el centro de la preocupación de los psicoanalistas, tanto antes de su desaparición, como al momento del debate llevado a cabo en 1999 -y en ciertos casos aún hoy en día-. Pero ¿qué sucede con el aspecto político?4 ¿Estaban sus colegas al tanto de sus inclinaciones o compromisos políticos, simplemente los niegan, o los reducen a su sintomatología? ¿Por qué los psicoanalistas habrían forjado esta explicación, sin cuestionar una posible motivación política en su desaparición? Las evidencias apuntan a que dicho aspecto era ignorado, probablemente porque, como otros psicoanalistas señalan, había una especie de pacto de silencio, un tipo de prohibición implícita a traer a colación temas políticos en la Asociación, que opera aún en la actualidad.
______________
1.    Salvo indicación contraria, los fragmentos textuales provienen de entrevistas realizadas durante la investigación.
2.    El 2 de octubre de 1973, el Secretario de la IPA, Daniel Widlöcher, envía una carta al Presidente de la APCh, ofreciendo su ayuda en las “circunstancias difíciles” por las que atravesaba el país: “Si usted piensa que nosotros podemos proveer una ayuda del tipo que sea, no dude en solicitarla.” (APCh, Cartas enviadas-recibidas extranjero, 1972-1975).
3.    Maldonado, Moya, Romero & Vega. (1999). Ellos se quedaron con nosotros. Santiago: LOM, p. 139.
4.    Castillo tenía una clara sensibilidad de izquierda, señalan quienes más lo conocían. Había sido profesor del curso “Higiene Mental”, de clara orientación izquierdista, y había trabajado desde 1972 con los filósofos Claudio Durán y Carlos Ruíz en una investigación sobre El Mercurio, que tenía conexiones con el CENOP, Centro de Estudios de la Opinión Pública, formado por Allende y que dependía directamente de él.
 
 
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