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   El rechazo en psicoanálisis

Transferencias y resistencias en el análisis de un niño
  Por Alba Flesler
   
 
Saber que la resistencia es siempre parte ineludible de un análisis y su presencia un elemento propio de su curso, no ha menguado la preocupación que ella genera, especialmente cuando alguno de sus rostros asiste a la escena analítica sin convite pero sin demora. A pesar de entender que su trenzado se teje con el mismo hilo de la transferencia, su despliegue y su trama nunca dejan de considerarse como límite y tope al avance de una cura.
Sin embargo, a pesar de coincidir con lo mencionado en términos generales, y aún sabiendo que cada palabra lleva su impronta en toda emisión, al abordar las expresiones de la resistencia no resulta improcedente colocar también sus diferencias. Más aún, cuando en lugar de ser ella parte de la cura pone en peligro la posibilidad misma de la empresa analítica, inundando con sus aguas el territorio todo, y con ello el análisis mismo.

Quienes afrontamos sus perfiles en el análisis de un niño, hemos constatado que su afluencia halla origen no sólo en el sujeto en cuestión sino también en los padres o en aquellos que lo han traído a la consulta. Por eso su presencia, la del adulto que trae al niño, no puede desconsiderarse. Como sabemos, tal presencia no sólo es condición de comienzo para iniciar la apuesta, asimismo su incidencia se percibe y gravita cuando las resonancias que movieron a la consulta toman protagonismo haciendo peligrar no sólo la meta y su cometido sino el encuentro mismo del analista con el niño.

Atento a esa vía, y a pesar de no haber abrevado copiosa experiencia al respecto, pues sólo intervino en el análisis de un niño, Freud no dejó de advertir que la presencia de los progenitores reales1 imprime en el psicoanálisis un sesgo particular y específico a la transferencia y su compañera ineludible: la resistencia.
De ese modo, en las lecciones escritas en la madurez de su vida, y como contribución a los esclarecimientos, aplicaciones y orientaciones en el psicoanálisis de un niño lanza una advertencia a los practicantes: “la transferencia desempeña otro papel, puesto que los progenitores reales siguen presentes”. Tal vez por eso, a continuación describe y aconseja: “… Cuando los padres se erigen en portadores de la resistencia, a menudo peligra la meta del análisis o este mismo, y por eso suele ser necesario aunar al análisis del niño algún influjo analítico sobre sus progenitores”2.

Haber dejado sin mayor despliegue la fórmula que indicaba, despertó en más de uno de nosotros el interés por abordarla.
¿A qué se refiere con aunar al análisis del niño algún influjo analítico sobre sus progenitores? Por mi parte, cuando me propuse formalizar su lógica, advertí que si deseaba desbrozar sus coordenadas se hacía necesario diferenciar los modos en que los padres se acercan a la consulta y atender, junto a esa perspectiva, las vertientes francamente diversas de la transferencia en las entrevistas mantenidas con ellos3.

Que algunos consultan pero no todos, me llevó a distinguir su presentación de la de aquellos otros que no consultan pero sí demandan. Advirtiendo a su vez, en cuánto difiere esta situación de la de aquellos otros que ni consultan ni demandan, sino que los mandan. Para el caso, es de constatar que la vertiente simbólica de la transferencia acompaña la primera situación, en tanto que predomina la vertiente imaginaria de la transferencia en la segunda y finalmente la vertiente real, en la última, haciendo más complejo el manejo de la palanca transferencial4.
Por lo general, y sin que sea casual su enlace, tal concurrencia de vertientes transferenciales suelen ser acordes con el lugar también diferente que un niño ocupa para la pareja familiar en su economía libidinal, rebotando a su vez, en variantes de la resistencia.

Un niño siempre es un lugar en el Otro. Y es necesario que así sea. Más aún, sólo quien ha sido niño puede llegar a existir como sujeto. Por eso suelo creer que el analista no puede no atender al niño que le traen en su discurso, y por esa razón lógica los recibe, para localizar el nudo de los padres. Pero, prefiero reiterar, que luego de atender a ello, también recibe al niño para apuntar al sujeto. Pues al hacerlo, se propone delimitar la respuesta del sujeto al niño del Otro5.
Por lo antedicho, suelo recibir en mi consultorio inicialmente a los padres y luego al niño, para delimitar qué lugar de objeto ocupa en el nudo de los padres y qué intervalo le fue donado al niño para que haya respuesta del sujeto. Esto es, qué intervalo le fue ofertado para que el sujeto pueda existir.

Los padres que efectivamente consultan vienen con una pregunta, y con ella domina la vertiente simbólica de la transferencia, abriendo chance a otras preguntas que siempre son efecto de una falta de saber. En cambio, no es inhabitual que otros padres vengan sin consulta, ellos no preguntan pero traen demandas acordes a la expectativa de que les reintegremos un niño “sano”.

Tal como nos recuerda Freud: “… por hijo sano entienden ellos uno que no ocasione dificultades a sus padres y no les provoque sino contento. El médico puede lograr, sí, el restablecimiento del hijo, pero tras la curación él emprende su propio camino más decididamente, y los padres quedan más insatisfechos que antes.”6
Por último, si los padres no demandan y sólo los mandan, montados en la vertiente real de la transferencia, nos ofrecerán el más rotundo rechazo al saber y sus razones, haciendo del encuentro con un analista campo de batalla para sus más primarias pasiones.

En cada una de las tres, harán pie las resistencias y sus sordas razones; ellas han de emerger según el trazado de la transferencia, enredándose en cuanto asomen sus diversas vertientes. De ese modo, cuando la vertiente simbólica de la transferencia se enreda resistencialmente, las preguntas se detendrán dando sitio al silencio o frenando la productiva tarea del comienzo.
En cambio, la demanda, que abrevaba la vertiente imaginaria de la transferencia, mudará el amor inicial en odio cuando la decepción no encuentre al niño que esperaban. Por último, las pasiones harán su fuerte cuando la resistencia anide en la vertiente real de la transferencia.

Me interesa subrayarlo siguiendo mi experiencia, pues con estas distinciones, el analista podrá asistir a la cita del análisis, muñido de una lógica. Desde ya, ella no lo relevará, por estructura, de no saber lo que dice, pero lo proveerá de herramientas para sí saber lo que hace.
La influencia analítica con los progenitores, que Freud indicara cuando ellos se erigen en portadores de la resistencia haciendo peligrar el avance del análisis, se refiere a mi entender, a que el analista, aún cuando no puede orientar padres, pues nada sabe de ello, sí puede tomar a su cargo la orientación del nudo7 con el que ellos traen al niño.
_____________
1. Freud, Sigmund: “34º Conferencia: Esclarecimientos, Aplicaciones, Orientaciones” (1932), Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1985, T.XXII.
2. Op. Cit.
3. Flesler, Alba: El niño en análisis y el lugar de los padres. Cáp. 7: “Los padres y la transferencia”, Buenos Aires, Paidós, 2011 (3ª reimpresión).
4. Freud, Sigmund: “Sobre la Dinámica de la Transferencia”, (1912) en Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1985, t. XII.
5. Flesler, Alba: “El Síntoma del Niño y la respuesta del Sujeto”, Imago Agenda, Buenos Aires, julio de 2009.
6. Freud, Sigmund: “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina” (1920), Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1985, T.XVIII, págs. 143-144.
7. Flesler, Alba: El niño en análisis y las intervenciones del analista, Buenos Aires, Paidós, 2011.
 
 
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