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   Saber de la historia

La desaparición del Dr. Gabriel Castillo Cerna y la Asociación Psicoanalítica Chilena (tercera entrega)
  Por Silvana Vetö
   
 
Se expondrán aquí algunas hipótesis que permitan explicar tanto el silenciamiento de la desaparición de Castillo en la APCh, como la tardanza de su “conmemoración”. Lo primero puede ser abordado desde tres puntos convergentes. Aspectos de la política institucional histórica de la IPA son sin duda determinantes, pero hay también elementos locales de peso, como la despolitización social implementada por la dictadura y algunas características de la historia de la APCh antes de 1973.

El rasgo más significativo de la política ipeísta puede resumirse del siguiente modo: “defender y preservar la institución a cualquier precio y garantizar la supervivencia de todas y cada una de las sociedades psicoanalíticas que atravesaban dificultades.”1 Esto quiere decir que la defensa y protección del psicoanálisis es de mayor valencia que cualquier otro compromiso, sea religioso, político o de otra índole. La “acomodación” de la Sociedad Alemana de Psicoanálisis al régimen nazi en la década del treinta y el encubrimiento por la Sociedad Psicoanalítica de Río de Janeiro, del Dr. Amilcar Lobo, acusado de haber participado en torturas durante la dictadura militar, son ejemplos sustantivos. Como si en las instituciones psicoanalíticas circulara el fantasma de que en contextos socio-políticos conflictivos, cualquier posicionamiento ético-político pudiera acarrear problemas que impidieran o dificultaran el ejercicio del psicoanálisis, éstas se han eximido de tomar partido alguno y han optado por el silencio. Así sucedió con la APCh respecto de Castillo.

Una de las características del proyecto dictatorial de Pinochet, fue la despolitización de la sociedad. La APCh, como muchas otras instituciones, sucumbió a dicha estrategia, aunque con una facilidad y una rapidez que no dejan de ser notorias. Si bien entre 1967 y 1973, la APCh registra una apertura a la sociedad y a lo político, una mirada más amplia a la historia de la institución, demuestra que ello fue más bien la excepción que la regla.2 De allí que pueda sostenerse que la eficiencia en su despolitización fuera más bien un retorno al status quo que una novedad.

Otro de los elementos que parecen haber propiciado el silenciamiento político, es la tendencia teórico-técnica predominante en la Asociación al momento del golpe. Desviar la mirada de la realidad social y las coyunturas políticas, tomando en cuenta sólo los aspectos pulsionales del malestar subjetivo, podía, pues, sostenerse en una lectura extrema del kleinismo.

Ahora bien, la pregunta por lo tardío de la “conmemoración” de Castillo, llevada a cabo en 1999, involucra dos elementos: por una parte, el acontecer político de la época, y por la otra, los avatares de los preparativos del Congreso Internacional de la IPA, llevado a cabo en Santiago en julio de ese año. En octubre de 1998 Pinochet era detenido en Londres. Uno de los efectos de este acontecimiento fue la explosión de iniciativas de memoria, justicia y verdad largamente postergadas. Al parecer la idea de que el dictador no quedaría finalmente impune amainó el temor y proporcionó un contexto socio-político para ellas. La APCh, como otras instituciones, se abrió entonces a una tímida reflexión sobre la dictadura. La “conmemoración” de Castillo puede incluirse quizás dentro de estas manifestaciones, pero sin duda este contexto no fue motivo suficiente para su realización. Colaboró en ello una polémica desatada en el contexto de la organización del congreso de la IPA. En 1998, la Newsletter de la IPA publica una reseña sobre la historia reciente de Chile, escrita por un ex Presidente de la APCh.3 El texto fue duramente impugnado y criticado en las cartas al editor de los dos números siguientes de la misma revista, por psicoanalistas argentinos, israelíes y franceses. La réplica principal fue el uso de eufemismos, la repetición acrítica de la historia oficial y la falta de claridad al tratar los asuntos más conflictivos. En efecto, el texto no hablaba de dictadura, de violaciones de Derechos Humanos, de desapariciones forzadas, ni de tortura, generalizando además ciertas posiciones que exageraban el grado de consenso de la sociedad chilena.
La situación creada por el texto estaba, además, inserta en un clima particular al interior de la IPA: se debatían los principios éticos que debían regir a las Asociaciones e Institutos locales, la práctica de los psicoanalistas y de los “candidatos”. Un código de “Principios Éticos”, que incluye el respeto a los Derechos Humanos, apareció en uno de los mismos números de la Newsletter en que se efectuaba el debate. Paralelamente, la revista desarrollaba una discusión titulada “Violencia, tortura y persecución”, en la que algunos de los psicoanalistas que contestaban al psicoanalista chileno, publicaron sus ideas. Si bien la revista dio espacio a la réplica de Arrué, tanto su imagen personal, como la de la APCh fue puesta en tela de juicio. En su respuesta, el autor explicaba que el texto daba cuenta de su propia posición y no de la de Asociación, pero esta aclaración resultaba nimia al considerar que fue la misma Asociación la que le solicitó dicho escrito, y que por ese medio lo hacían su portavoz.

Frente a esta situación, que arriesgaba traducirse en una disminución de asistentes al congreso, la Asociación tomó algunas medidas. Primero, poco más de una semana antes del Congreso, en una “Reunión Científica” de la Asociación (véase la segunda entrega), se vio el documental Fernando ha vuelto, en cuyo debate por primera vez se hablaba abiertamente de la desaparición del Dr. Castillo y de la responsabilidad de la Asociación, paradójicamente no en casos políticos extremos, sino en casos de perturbación psíquica de sus colaboradores. En segundo lugar, el programa oficial del congreso incluyó un “Cine Foro Especial”, titulado “Psicoanálisis y Derechos Humanos: ‘Los muertos que aún no se han enterrado: ¿Un duelo imposible?’”, donde se mostró el mismo documental. De este modo, pareciera que los motivos del tardío “homenaje” a Castillo no provinieron de una genuina necesidad de la Asociación de reconocer su inacción y silenciamiento, de reflexionar sobre ello y elaborarlo a fin de poder evitar sus retornos y repeticiones, sino de una especie de necesidad de reparar la imagen de la Asociación, un gesto de “maquillaje”: “toda esta historia que pasó en torno al Congreso, tiene que ver con que de repente nos dimos cuenta que la Asociación Chilena como un todo, que iba a llegar esta gente, yo te diría con una especie de cierta aprehensión, nos iban a cuestionar por una suerte de omisión o de no compromiso de la Asociación con todo lo que habían sido las violaciones de los DD.HH. en la dictadura, tiene que ver con una especie de trasfondo de ‘cómo lo hacemos para sellarnos’ (…) Entonces, yo te diría que fue como una especie de necesidad de rescatar a Castillo, entonces se hizo un homenaje en la APCh, pero que era al mismo tiempo como medio trucha, porque era como a destiempo (…)”4
__________
1. Steiner, R. (2003). De Viena a Londres y Nueva York. Emigración de psicoanalistas durante el nazismo. Bs. As: Nueva Visión, p. 42.
2. Entre 1967 y 1971, el Presidente de la Asociación fue el Dr. Enrique Rosenblatt, conocido hombre de izquierda e integrante del grupo Mandrágora, parte del movimiento surrealista chileno. En esa época surgió un grupo de psicoanálisis infantil, de clara orientación izquierdista, en torno al Dr. Guillermo Altamirano, el Dr. Castillo enseña Higiene Mental en la Escuela de Psicología de la PUC, se desarrollan ciclos de conferencias psicoanalíticas abiertas al público universitario general, y para noviembre de 1973 se estaba organizando un coloquio sobre “Ideología en la situación analítica. Aspectos clínicos”. Whiting, que sucedió a Rosenblatt en sus funciones, presenta en junio de 1973, en la APA, un texto denominado “El cambio social en Chile. La Asociación Psicoanalítica y el psicoanálisis en Chile” (inédito), donde afirma que la Asociación “patrocinó una ‘apertura social’ del Psicoanálisis: el uso y enseñanza de formas de extensión social del análisis; (…) la participación del analista en programas de higiene mental, grupos de relaciones humanas destinados a favorecer el cambio social, etc.”
3. Arrué, O. Brief Note on the History of Chile in the Last Thirty Years. Psychoanalysis International. IPA Newsletter, 7 (1), 1998, 34-35.
4. Salvo indicación contraria, los fragmentos textuales provienen de entrevistas realizadas durante la investigación.
 
 
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