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   Elegir un analista

Transferencia previa
  Por Daniel Paola
   
 
1. “Fiat Lux”. Hay un hecho que sucede primero que la transferencia sin la cual no hay elección posible. No podría haber difusión del psicoanálisis, según la lectura que hago de Lacan en el escrito L’étourdit, sin la primera presencia del discurso del amo o del maestro. Me propongo demostrar si estamos en condiciones de afirmar que esa modalidad del discurso ha cambiado.
Primero el Fiat Lux, que toma sentido en el Génesis, momento previo en el que Dios realiza la nominación de las cosas del mundo, es una metáfora imprescindible de no obviar para comenzar desde el inicio del verbo. Antes que Dios nomine es necesario preguntarse quién prendió la luz. Ese mismo Dios que las enciende, maravillosamente descripto, según interpreto por mi parte, en los Preludios de T.S. Eliot, se prende para que la pulsión escópica inicie el camino: “And then the lighting of the lamps”

Es el instante de ver, según mencionó Lacan, momento de la mancha que me ubica en el cuadro del que quiero formar parte, porque hay una fuente de luz que conduce directo a la difusión que el maestro establece, negando por supuesto que no lo haga con la intención explicita de analizar.

Triple negación en un comienzo: a) se niega el supuesto afirmando que la verdad existe, b) lo que diga un analista no se hace con intención de analizar, c) los efectos de la interpretación se niegan si no son aceptados en equivocidad.
Nuestro “Fiat lux” es el discurso del amo, sin el cual no hay difusión de psicoanálisis porque se produce la re-negación de fundar una verdad que es supuesta y por lo tanto mítica en relación al inconsciente. En cambio, ya en el discurso del analista el inconsciente no existe sin un sujeto que no es más que corte ubicado en una delicada y sutil letra.

Se difunde el psicoanálisis sin sujeto en el discurso del maestro, porque el sujeto no es la verdad sino el otro en el discurso del analista, en tanto la duplicidad imaginaria que me habita me hace partenaire de mí mismo como síntoma. En el discurso del maestro el sujeto ocupa todo el lugar de la verdad, mientras que el sujeto es sólo corte que desaparece en la letra si hay un analista que lo reduzca a ser sostén del síntoma.
Después al recordar a Nietzsche en la La gaya ciencia, encontramos el camino iniciado por Hegel, postulando que ese Dios ha muerto. Sin ese largo estofado filosófico no podríamos afirmar que el inconsciente sostiene una creencia en el lugar de la muerte que el agnóstico postula a la manera de una infección. Hubo maestros anteriores a Freud, Hegel y Nietzsche son sólo dos ejemplos que prepararon el camino.

2. “Quien prendió la luz”
. Fue por la constancia de Freud, quien prendió la luz separando las tinieblas y generando el invento del inconsciente, gracias a lo que se produjo como desarrollo de una praxis determinada al partir de una fábula ligada a la hipnosis. Más aún, no sólo ligada a la hipnosis sino también acuñada en un auto-análisis que demostraba a través del sueño, la via regia de acceso a la sexualidad y a la muerte, representado por los principio de eros y tanatos. “La Interpretación de los Sueños”, trajo más allá del chiste y del olvido, la demostración que el inconsciente existía porque había Un psicoanalista.

Freud dio pruebas de la amistad que lo unía Fliess, aceptando reiteradamente los ciclos de la sexualidad femenina y masculina, enlazados a los cornetes nasales y que en la actualidad figuran en la extensa reciprocidad epistolar. El testimonio se hace presente en sueños como en el de la “Inyección de Irma”, donde una extraña cirugía produce el encuentro con un “oblito” dando cuenta del olvido más importante: que la sexualidad se expresa en palabras descompuestas hasta el extremo de la división celular de la mitosis.

Freud y Fliess pensaron juntos una fábula, antes que Freud diera cuenta del “Complejo de Edipo”, y a los dos le pertenece la suposición de saber, que anulando a uno, el otro desarrolla hasta el confín de lo permitido. Se trata de una verdad, mítica por no decir fabulada, que marca un inicio para el inconsciente donde el auto-análisis quedará descartado, en una vuelta al principio de un dos elemental: analizante/analista.
Primero entonces tuvo que morir la hipnosis junto al auto-análisis, para que Freud considerara que el analista es al menos dos porque nadie puede analizarse sólo. Si bien es el maestro que se lleva el pecado original, no por ello no existe y son muchos los que se abandonan a considerar que pueden autorizarse sin el análisis suficiente que borre cualquier origen.
Con ello supongo que hay quienes se establecen en el campo del análisis como maestros pero no llegan a la forclusión del ser que implica posicionarse como analistas, porque dan por hecho la fábula de habitar un Olimpo que como escribió Goethe en Prometeus, desconocen lo humano hasta el extremo de habitar en las nubes de Úbeda de Alfonso VIII.

3. La verdad es mítica. Freud tuvo primero que negar a Fliess y su delirio de los cornetes y más tarde hace lo mismo con el auto-análisis, ya que sería él quien produciría las primeras curas basado en otra fábula que en Sófocles encuentra su valor universal con el “Complejo de Edipo”. Doble o tiple negación para un maestro: los cornetes, el auto-análisis, y la fábula que se podía terminar con el padecer haciendo entender a los demás que suprimiendo el deseo de acostarse con mamá y aceptando la intención de dar muerte al padre, se encontraba la curación.

Con respecto a las mujeres, la rivalidad con el hombre encontraba al fin del camino el deseo incestuoso con el padre del cual nunca se desprenderían. Hoy por suerte, la femineidad ha evolucionado hasta tal punto que la diferencia de género nos hace mirar el “heteros” como se miran dos seres extra-terrestres. Uno masculino maricón que aprende a no ser mujer y un femenino policía que se sabe impune como supone lo masculino.
En tal sentido no hemos avanzado un ápice y, como dijo el famoso político, hemos dado un giro de trescientos sesenta grados. Más allá del falo, que no es el pene, se desarrolla un complejo entre los sexos partiendo del “pene real”.
Se decía que Freud acostumbraba apoyar la mano en la frente del –o de la– analizante que estaba tendido/a en su diván, hecho que refería la filogenia del inicio hipnótico desde donde había nacido la posibilidad de observar en la catarsis, el advenimiento de un mundo sexual. Por mi parte yo hice siempre el chiste que Freud se valió de esta astucia para evitar que el analizante saliera huyendo del consultorio.

De esta forma Freud se valió en un comienzo del º, que operando de acuerdo a la magia del momento hacía desaparecer los síntomas y a su vez provocaba que otros hicieran lo mismo, una vez renunciadas las pretensiones edípicas que tenían finalmente un solo sexo: el masculino.

Pero de la denodada imposición de un discurso que el maestro enseñaba, otro distinto, el histérico hace pensar por primera vez a Freud el porqué del abandono del tratamiento de una analizante: Dora había sido traicionada por la “Sra. K.” y la fascinación que le producía ya había desaparecido mientras el pobre “Sr. K” se vengaba tontamente. La traición no reconocida fue la extracción que Freud hizo a posteriori dando lugar al nacimiento del discurso del analista, titulado de esta manera por Lacan.

Pero el discurso del amo con su doble o triple negación, fue previamente lo que estableció las futuras reglas del juego que hoy llevamos adelante. Sucede que aún cada analizante reproduce las mismas escenas y aún cada análisis se establece con la negación de la negación de la verdad-mítica que al analista despliega para que por fin surja la demanda que ubique la extracción que es preciso hacer, por la que el/la analizante paga precios de usura en función de verdades ajenas.

4. La función del chiste. Recuerdo una película que los entendidos me dirán que es de clase Z. Se trata de “Donde está el piloto 2” también conocida como “Airplane” y dirigida por Jim Abrahams, David y Jim Zucker estrenada en 1980. Un comandante, previamente excluido por alcohólico, es citado nuevamente a la torre de control porque es inminente una catástrofe: un avión debe aterrizar porque el piloto ha muerto durante el vuelo y en su lugar se encuentra un ex-combatiente de caza que no recuerda nada.

El comandante entra a la torre de control y todos los empleados se encuentran corriendo sin rumbo y a cualquier lado. Al detener al que circunstancialmente se le cruza en el camino ordena: cuénteme todo desde un principio. El interlocutor responde: “primero fue el Big Bang, luego vinieron los dinosaurios, después se hicieron petróleo y ahora los árabes son ricos”.
En treinta años nada ha cambiado. Ahora el capitalismo se asegura la propiedad de la reservas de crudo porque es sabido que la fuente de energía inexorablemente se va a agotar. En virtud de este chiste me interrogo por el futuro del psicoanálisis haciendo una analogía: ¿la difusión de los maestros alcanza para difundir el psicoanálisis ó se está agotando porque no tenemos más reservas? ¿Interrogado el psicoanálisis hasta su extremo y encontrando una serie de re-negaciones que hacen constituir al amo, es ésta una vía en extinción?

Son muchos los que nos hacen la guerra como si esto fuera poco. Hay quien vuelve secretamente a consultar al brujo, al chaman con su droga milenaria y al éxtasis del orgullo como si los demás no entendiesen nada. Son muchos los que transforman el psicoanálisis en sectas y muchos aún los que confunden Dios con creencia. Pero el discurso del amo o del maestro puede contener otras variables.
Ahora por último llegamos a “Apocalipsis” sin tiempo de comprender que recién se inicia la experiencia, si tenemos en cuenta una negación de origen y descartamos la re-negación. Simplemente la negación se registra distorsionada por un imaginario donde se demuestra un real. Nuestra práctica ha llegado por fin al camino de la resistencia del analista. En lugar de la solución final, sería posible descartar la re-negación constitutiva del discurso del maestro, para transformarla en simple negación que además surge distorsionada ya que el agujero está cubierto por la duplicidad imaginaria. Vale decir: es posible iniciar la transferencia aportando que la verdad es mítica y que por eso se dice a medias, al desconocer el “heteros” correspondiente del otro sexo de cada uno.

La Apocalipsis da lugar a que el injerto de dicho como lo planteaba Freud, quede relegado en el punto donde no hay equivocidades. Una interpretación produce un efecto pero ese efecto su vez, no puede explicar la interpretación. El analizante se independiza del analista y cada vez consiente más en aceptar la des-suposición de un saber sin que ello adelante un fin.
Si el psicoanálisis ha nacido de una fábula, de una verdad como mito antes que un sujeto demostrara la insuficiencia de un hecho real a otro hecho real, es decir de un S1 a un S2, ha nacido otra esperanza.
La resistencia del analista es la que dirige la cura, en una dirección que siempre le hará falta porque cualquier fin estalla por más “sinthome” que nos conduzca al bien decir. El psicoanálisis es una forma de vida, porque habiendo un fin demostrable con la experiencia del pase, la infinitud demuestra que hay un fin inagotable, en tanto la pulsión nos hace funcionar una y otra vez, por retroacción a las identificaciones no sólo edípicas sino actuales. El psicoanálisis es un espacio: cuanto más tiempo se le suponga saber mejor.
 
 
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